ROCÍO PRIETO VALDIVIA

Algunas tardes cuando salía del colegio, mi abuelo me llevaba a pasear. Siempre íbamos a distintas partes del mundo en su pickup Chevrolet modelo 1945. Siempre iba al volante con su sombrero de ala ancha, su chamarra de mezclilla, sus jeans deslavados y sus botas campesinas. Los caminos eran sinuosos, el paisaje nos encantaba. Algunas veces lo vi besándose con alguna rapazuela. Mientras ella con su mano le decía adiós. Y cómo no ser un galán, si mi abuelo Agustín era ojiazul, de cabellos lacios, antes color amarillos que se platinaban sobre su sien. La frente ancha, sus grandes ojos, y esa sonrisa amplia que tenía. Te abrazaba con tal ternura, que te hacía sentir segura. Nos gustaba que nos contara historias, y verlo tomar su café y su chocolate al mismo tiempo. A mí en particular me gustaba realizar cada día un viaje diferente. Nuestro último viaje fue ese miércoles. Viajamos al país de los sueños, lo vi descender muy lento, mientras le decía adiós él se alejó en el pickup; lo oí gritar muy feliz “Adiós querida bisnieta, nos veremos muy pronto”; mientras se perdía de mi vista sacó su mano por la ventanilla, y me lanzó su par de llaves extras; las cuales caché en el aire. Se perdió de mi vista, al caer el último puñado de tierra sobre su ataúd. Algunas veces aún tomo el par de llaves extras, enciendo el coche y recorro algunos kilómetros. Mi abuelo siempre va a mi lado. En mi último viaje lanzaré tan alto las llaves, para que alguien viaje a nuestro lado.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s