ISA HDEZ

“Cierro los ojos y su voz me susurra”, pensaba o, parece que estuviera soñando, pero le resulta tan real que no puede abrirlos, no los abre porque necesita oír su voz. Bien sabe que no es cierto, que no es real, aunque en su imaginación crea que sí lo es, él levantó velas para no volver, ella lo sabe y, aun así, lo presiente todas las noches como si volviera a su mente y la ensimismara de esa forma que cuenta en su diario cuando escribe cada amanecer al clarear el alba, a la luz tenue de la bombilla de su mesilla; entonces le cuenta todo lo que le ha musitado al oído y lo plasma con mano temblorosa como sí él la estuviera mirando, escrutando con suavidad y delicadeza, como la trataba siempre, como a ella le gustaba, con esa parsimonia que la extasiaba y la alelaba. Ella plasmaba con delirio llenando hojas en blanco, y sentía la figura del apego susurrándole, como un espejismo que surgía de la penumbra y llenaba de luz su alma, hasta el punto de que todo estaba en una sinfonía continua de notas de trompetas y violines en la consonancia de su vida. Cuando se avivaba lloraba de tristeza al comprobar que tenía que enfrentarse otro día más a la cruda realidad. El sueño había concluido.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s