SIX

Como lo echaba de menos! Su sabor, su olor, la textura de su boca y su lengua, era increíble.

Nos besamos durante un buen rato, se notaba que ambos nos teníamos ganas, se nos olvidó donde estábamos. Ana se movía contorneando su cuerpo para acercarse más a mí, intentando rozar su pecho con el mío mientras nuestras bocas seguían conectadas, nos besábamos con la boca abierta, girando la cabeza para clavar nuestras lenguas más adentro, había pasión, deseo y mucha necesidad entre nosotros. Y a mí se me olvidó el mundo, solo sentía la lengua de Ana y su sabor.

Mientras nos besábamos me clavó una de sus tetas en el pecho, y yo, aproveché para pasar la puntita de mis dedos por el lado de su teta, entre el sofá y ella, buscando el perfil del vestido y el sujetador para notar su piel.

Ana de vez en cuando descansaba sus labios y dejaba de besarme, y se me quedaba mirando a los ojos a milímetros de distancia, donde podía notar su aliento, ese que tanto había deseado notar tan cerca, y tantas veces. Luego volvía a besarme, y así durante un delicioso rato más.

Con Ana todo era una montaña rusa, ahora íbamos de bajada, por una de las rampas más empinadas, gritando y sin manos, sintiendo vértigo por los poros de la piel.

-Joder Ana…- Suspiré al finalizar un largo beso.

Me temblaban las manos. Me relamí para no desperdiciar ni una gota de su sabor. Y luego me retorcí para coger mi copa de la mesita, mientras Ana me miraba con los labios entre los dientes, sin perderse un detalle de ninguno de mis movimientos.

Bebí, no necesitaba beber, sino ese breve descanso, y el sabor amargo de la cerveza para traerme a la realidad y asegurarme de que aquello no era fruto de mi imaginación.

En ese instante me di cuenta de que sonaba música en aquel sitio, fue como si me acabara de despertar y fuera consciente en ese instante de que estaba entre un montón de gente.

La miré, y ella no decía nada, solo me miraba, inflando su pecho con respiraciones profundas. Me quitó la copa y le dio un trago.

-Y todo este tiempo, has estado así?? Pensando en mí?- Pregunté.

Ana apartó la mirada como si la hubieran pillado desnuda y no supiera como taparse.

-Entiendo…- Empecé a decirle despacio, con dulzura, mientras le peiné el pelo hacía atrás un poco.- Lo que no sé es porque no me lo has dicho antes, joder! Que no muerdo!

No quería admitir que yo también había estado en la misma situación que ella, echándola de menos y suspirando por su cuerpo y sus besos, obsesionado incluso a ratos. Joder! Me había masturbado pensando en ella!

Puto orgullo.

-No sabía cómo ibas a reaccionar…- Suspiró.
-Joder! Si me lo llegas a decir antes, no sé… Hubiera hecho un esfuerzo… No sé… Quizás te hubiera echado un polvo o algo… si lo necesitabas tanto… no sé… Lo haría por ti claro!!- Solté bromeando, exagerando mis gestos.

Volvía a salir mi mecanismo de defensa.

Surtió efecto, Ana empezó a reír, y su sonrisa lo ilumino todo, y mientras reía su cuerpo daba saltitos, y sus tetas bailaban ahora muy cerca de mí. Luego hizo un gesto coqueto, casi juguetón y tontorrón que achaqué más al alcohol que a otra cosa, y volvió a llevarse mi copa a los labios.

-Ah, ah, ah…- Le hice quitándole la copa de las manos. –Creo que estas bebiendo muy deprisa esta noche…

Ana me miró sorprendida, abriendo su boquita un poco. Luego sonrió.

-Eso es malo? O es bueno?- Preguntó mimosa.
-Depende, no me gustaría tener que llevarte en brazos.- Sonreí.

Ana volvió a sonreír juguetona.

-Levarme a donde?- Preguntó con el mimo tono coqueto.
-A donde quieras…- Dejé caer como si no estuviera deseando llevármela a casa.

De repente Ana se puso sería.

-Es que…- Volvió a bajar la voz. –No quiero que me tomes por lo que no soy… No quiero que pienses que soy una puta o algo…

“Eing?” Pensé.

-Porque crees que pensaría eso?- Estaba algo descolocado de golpe.
-No lo sé… Sabes mi lio con Marc… Y ahora te digo que ayer hice eso con alguien que ni siquiera conozco, y encima ahora estoy aquí, borracha, diciéndote que… que me pones cachonda…- Ana sonaba más al alcohol que había bebido que a algo pensado y reflexionado.
-Ana… Eso me da igual ahora…- La miré, no me gustaba mucho que la cosa se tornara en una conversación de esas de borrachera que intentan arreglar el mundo. –No eres una puta, no pienses así, no te comas la cabeza… Ahora estamos tu y yo, y el resto no importa… Joder! Si yo te contara la de tonterías que he hecho cuando me he puesto cachondo! O borracho!! Jajajaja!

Intenté bromear de nuevo, prefería no entrar en detalles melodramáticos, que no nos iban a llevar a ninguna parte.

Ana sonrió de nuevo, parece que mi comentario le hizo mucha gracia, más de la que tenía en realidad.

-Creo que se me unas cuantas! Jajaja!- Soltó ella riendo exageradamente.

Me puso una mano en el pecho al reír, y se acercó mucho a mí, no adiviné su intención, y me golpeó con la cabeza en la barbilla, no muy fuerte, pero si como si hubiera calculado mal.

-Uy… Creo que si que estas un poco contenta ya…- me burlé bromeando.
-Perdón! Jejeje! Si! Pero me da igual, no sabes el peso que me acabo de quitar de encima!

Me miró y la besé, pero no fue un beso cargado de sexo, sino que aquel beso fue dulce y tierno, saboreando su boca despacio, y aunque ella disfrutó, en realidad aquel beso lo necesité yo más que ella, fue mi manera de olvidar todo aquel tiempo desde Francia.

Ana me miró al separarnos, sorprendida por aquel beso, colorada.

-Esto es lo que me gusta de ti, que eres un hijo de puta, y un tío súper dulce a la vez.- Me soltó sonriendo.

No supe como tomármelo, así que sonreí.

-Eso ya me lo dijiste en Francia. Yo solo soy como soy, Ana. Reconozco que a veces se me va mucho la olla.- Me encogí de hombros.

Ana me miraba ahora maravillada, me hacía sentir cierta incomodidad, puedo parecer un tío que controla mucho todo tipo de situaciones, pero no es así, soy ese que se va a lanzar de puenting, se prepara, se lo ata todo, y luego cuando está al borde del precipicio, se lo piensa y da un par de pasos atrás.

Volvió a besarme, esta vez volvió a adelantar su lengua, y a clavármela una vez nuestras bocas se conectaron, como si quisiera agradecerme mis palabras. Me cogió de la nuca, y pegó su cuerpo al mío lo que pudo, rozándome con sus tetas, que sentí duras y calientes.

Cuando acabamos de besarnos, la miré y volvió a encenderse ese mecanismo de defensa que tengo instalado cuando no encuentra el rumbo, o intuye que me muevo hacía un abismo.

-Así que te has aficionado a los baños públicos!- Bromeé en un susurro.

Ana suspiró sonriendo.

-No te rías de mí, no sé porque lo hice, estaba muy borracha!- Soltó en plan juguetón.

Sonreí, y me acerqué a su oído, mientras Ana me miraba sin adivinar mis intenciones.

-Como ahora…- Le susurré.

Ana infló de nuevo su pecho, nerviosa por mi acercamiento y mis palabras, y luego quiso disimular su nerviosismo agachándose a coger su copa. Me miró justo antes de posar sus labios en el cristal, y le dio un traguito intentando contener una sonrisa, pero no lo consiguió y tuvo que dejar de beber para sonreír sin dejar de mirarme.

-Sabes?- Susurré de nuevo mirándola.

Ana puso atención en mis labios ahora, apartando su copa.

-Yo tampoco me he quitado esta boquita de la cabeza.- Le susurré acariciándole los labios con un dedo. –Ahora que me has confesado eso, me la imagino haciendo una de esas mamadas alucinantes que haces…

Ana abrió sus labios, sorprendida por mis palabras, y se puso de nuevo colorada. Luego, pasó de estar ruborizada y avergonzada, a mostrar una sonrisa que se fue transformando en algo lascivo, pasándose la puntita de la lengua por los labios, y sin poder dejar de sonreír.

-Si lo llego a saber no hubiera dejado que te marcharas ayer…- Le susurré.

Ana infló su pecho, ahora me miraba de manera diferente, juguetona.

-A lo mejor no tenías que haber dejado que me marchara…- Soltó.

Sonreí, me estaba picando, y lo estaba haciendo bien. Fui a decirle algo, pero me lo pensé, eligiendo mis palabras. Luego me acerqué un poco a ella.

-Así que esa mamada era para mí…- Susurré.

Ana volvió a abrir su boca, sorprendida y sonriente, le gustaba este juego.

-Puede…- Dejó caer jugando con sus palabras y sus gestos.

Sonreí.

Ana cruzó sus piernas en mi dirección, dejando una rodilla pegada a la mía, y yo dejé caer mi mano sobre su muslo. Ambos sonreíamos como tontos.

La besé, primero un beso en los labios, luego en la mejilla, y después en el cuello, buscando su oído.

-Me debes una mamada entonces…- Susurré al llegar entre su pelo.

Ana estalló en risas, se recostó en el respaldo del sofá, y volvió a morderse los labios, mirándome de arriba abajo, recreándose en mi paquete.

Luego alzó su mirada hasta mis ojos y sonrió con una cara de vicio tremenda.

-Uy… Te veo muy contento!- Se reía con ese tono entre juguetón y burlón al ver el bulto que formaba mi polla.

Ana no le quitaba el ojo de encima ahora, iba alternando entre mirar a mi cara y volver a mirar a mi polla.

Sonreí y cogí una oliva del plato, quedaban ya muy poquitas, y me giré de nuevo hacía Ana, que me seguía mirando como si la fuera a desnudar allí mismo y clavársela.

-Quieres?- Le dije sosteniendo la pequeña oliva entre los dedos y mirándola.

Ana de repente se incorporó como si hubieran tirado de un resorte, y se metió mis dedos y la oliva en la boca, chupando y succionando mis dedos dentro de su boca, sin dejar de mirarme, como si fuera otra cosa lo que estuviera chupando.

Sentí escalofríos, pero los intenté disimular, la textura de su lengua en mis dedos, me erizaba la piel. Recuerdo que hasta se me abrió un poco la boca.

Y Ana sonrió tras su travesura, sabiendo que había logrado el efecto que buscaba en mi. Luego me besó, llenándome la boca con el sabor de aquella oliva y su saliva.

Y mientras nos volvíamos a besar, retorció sus piernas un poco como si quisiera facilitar que la tocara, así que me lo tomé como una invitación para acariciarla.

Sentí el tacto sedoso de las medias en su muslo, sentí su piel caliente a través de la fina capa de las medias, extendí mis dedos haciendo una ligera presión, y le masajeé el muslo, apretándolo ligeramente como si quisiera agarrárselo, pero sin llegar a hacer fuerza como para lograrlo, dejando que mis dedos se deslizaran de nuevo cerrándose.

Ana irguió su espalda con su boca todavía conectada a la mía. Y cuando dejó de besarme, alargó su lengua para tocar mis labios un par de veces, quedándonos de nuevo pegados el uno al otro a milímetros de distancia.

-Ya que estamos confesándonos…- Susurré.

Ana me miraba a los ojos, y estos volaban de un lado a otro.

-…Hay otra cosa que no me he podido quitar de la cabeza…- Volví a susurrar.

Ana inflaba su pecho despacio, pero profundamente pegaba a mí, mirándome esperando a que continuara.

Sonreí antes de seguir. La agarré de la nuca y hundí mi boca entre su pelo, a la altura de su oído.

-…Esos gritos que pegabas mientras te follaba el culo…- Le solté siseando.

Ana se retiró un poco de mí, con la boca abierta, y vi cómo se ponía colorada, no supo que contestarme, solo se me quedó mirando.

Se agarró a mi cuello y me comió la boca de nuevo. Pero en un movimiento torpe estuvo a punto de tirar la copa de cerveza sobre nosotros.

-Uy!- Soltó levantándola como si así evitara el desastre.

Me reí. Y ella también.

-Perdón! Perdón! Jajaja!- Soltó dejando la copa en la mesita.

Aprovechó para picar alguna cosa de la mesa, luego se reclinó hacía atrás de nuevo. Ana me tenía empalmadísimo, aquella pequeña pausa fue como un soplo de aire fresco.

Continuará…

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