SIX

-Cuando me di cuenta… -Continuó contando su historia. -Olga le estaba comiendo la boca a uno de ellos, sentada justo a mi lado, te lo puedes creer? Y Eva seguía bailando con los dos en la pista. Miré a Olga, y el chico le estaba metiendo mano en las tetas y estrujándole el culo, así que empecé a sentirme incomoda allí. Me aparté lo que pude y seguí mirando a Eva, que ahora estaba con uno de los chicos delante, y el otro detrás, muy pegados, parecía que se la estaban follando, la muy guarra…

Ana de repente descruzó sus piernas para acercarse y coger su copa, mis ojos salieron disparados hacía su entrepierna, y vi como la faldita del vestido se estiraba dejándome ver una zona oscura entre sus piernas. Pero la luz del local, y la posición de Ana al agacharse no me dejaron determinar nada, fue como un gesto relámpago, y Ana juntó sus piernas sin cruzarlas, dejándolas caer hacía un lado.

Ahora veía su muslo, Ana se lo acarició mientras se agachaba a por algo de picar y dejaba su copa tras darle un trago.

Luego me miró, sonrió y continuó hablando.

-De las tres, Eva es la más… Lanzada. -Dijo usando un tono especial para “lanzada”
-Ya veo! Vaya amigas que tienes! Jajaja!- Bromeé.

Ana puso cara de sorpresa.

-Eh! Que son mis amigas!- Se quejó con una mueca en broma.
-Ya, ya… solo sé lo que tu me cuentas- Solté levantando las manos.

Ana entrecerró sus ojos y luego continuó.

-…cuando me di cuenta, Eva, estaba comiéndole la boca al que tenía frente a ella, mientras el otro se le pegaba más por detrás, e intentaba agarrarla por las caderas, que Eva no dejaba de mover, y frotándole bien el paquete por el culo.
-Joder… Y esa es la que tiene novio?- Dije.
-Si, ya ves, luego me dijo que estaba muy necesitada últimamente.- Soltó Ana riendose de manera extraña de su amiga.
-Y tu? Te quedaste a dos velas?- Pregunté sabiendo que algo me ocultaba.

Ana dejó de reir y volvió a morderse el labio.

-No.
-No? Y que hiciste?- Pregunté con cierto tono burlón, Algo me decía que Ana no se había quedado quieta.
-Yo… Joder! Que vergüenza!- Ana sonrió nerviosa, me miró y cogió su copa de nuevo para darle otro trago, luego la dejó en la mesita y cogió aire más tranquila. -Cuando pasó un buen rato, entre los magreos que se estaban dando ya Olga y su ligue, y ver a Eva en plan zorra con aquellos dos… Ufff… Es que no se si decírtelo…
-Joder Ana, dilo!- La animé, me estaba poniendo de los nervios tanta intriga.

Ana me miró, volvió a retorcerse agachándose para alcanzar algo de picar.

Yo volví a deleitarme con sus pechos, y como estos se agachaban y me dejaban ver el hueco entre sus tetas mientras se deformaban con el roce de sus brazos al alargarlos para coger algo.

De repente Ana alzó su vista, sin levantarse, y se miró hacía el escote, me había pillado de lleno admirando sus tetas, pero no dijo nada, solo se mordió el labio. Y no supe si era por lo que me quería contar, o porque yo la devoraba con la mirada.

Se incorporó sin dejar de mirarme, con esa miradita de “te he pillado y me las vas a pagar”.

-Está bien, te lo cuento, pero acércate que me da corte.- Me soltó dando un par de palmadas en el sofá, justo a su lado.

Me estaba invitando a que me sentara junto a ella en el sofá, no sé ni cómo dudé unos segundos, me levanté y me senté a su lado, mientras ella se echaba todo lo que podía hacía un extremo para dejarme sitio.

Ana se apartó dando unos pequeños saltitos con el culo, y la faldita se le subió lo suficiente como para dejarme ver las gomas negras de sus medias, me quedé embobado mirándolas un segundo mientras recorría el estrecho espacio entre la mesita y el sofá para llegar a su lado.

Ana volvió a darse cuenta que la miraba con descaro, y se miró la faldita, dandose cuenta de que se le había subido un poco el vestido, así que estiró de la falda hacía sus muslos y se tapó, sonriéndome.

-Prométeme que no te reirás.- Me dijo mimosa una vez estuve sentado a su lado.

Levanté las manos y apreté mis labios, haciéndole un gesto de que era inocente.

-Me tienes intrigado.- Reconocí.

Ana se mordió de nuevo el labio, tomándose su tiempo para escoger lo que quería decir.

-No quise ser menos que mis amigas, y… Yo ya… Estaba algo caliente esa tarde…- Empezó a decir.

La miré extrañado, esa tarde? Esa tarde la había pasado conmigo, se había puesto cachonda con el tipo del cine?

-Sigue…- La animé.
-Miré a Olga, a la que estaban metiendo mano por todos lados mientras le seguían comiendo la boca, y luego miré a Eva, que se lo estaba pasando demasiado bien con aquellos dos.- Ana hablaba ahora acelerada, como si quisiera soltarlo todo de golpe. -Por favor, no te rías.
-Que no, Ana, suéltalo de una vez!- Insistí ya frenético.

Ana suspiró.

-Me acordé de ti.- Me soltó mirándome a los ojos. -Y me levanté hacía la pista…
-De mi??- Pregunté extrañado.

Ana levantó una mano en señal de que no preguntara, y siguió contando.

-Si, y cuando llegué donde estaba Eva, me miraron, pero sin decir nada, cogí al chico que Eva tenia detrás de la mano, y tiré de el para que me siguiera… No sabía muy bien lo que hacía, pero quería hacerlo.

-Hacer que?- Pregunté extrañado.

Ana volvió a levantar la mano para que no la interrumpiera.

-Me lo llevé a los lavabos… Allí sin decirle todavía nada, me metí con el en el baño de las chicas, no había nadie, aun así me colé en uno de los retretes, y cerré con pestillo.

Me quedé flipando, se me abrió la boca un poco al escucharla, e intuir lo que me iba a contar después.

Hija de…

Estaba alucinando.

Ana continuó hablando.

-…El fue a decir algo, pero le hice callar, no quería escucharlo, solo quería una cosa…- Ana me miró haciendo un pausa, me di cuenta de que se estaba poniendo colorada. -…Me arrodillé, y le bajé los pantalones, sacando su…

Ana miró alrededor, acercándose más a mi. Sentí un poco de vértigo al notar a Ana tan cerca, y más confesándome aquello, su historia me la había puesto dura de golpe, sentía mi polla pegada a uno de mis muslos, entre el pantalón y mi piel, tenía una mezcla de sensaciones, sorpresa, morbo, deseo, y celos.

-Me la metí en la boca Oscar, le hice una mamada a un tío que no conocía de nada!- Susurró casi pegada a mi.
-Serás… Y porque me lo cuentas a mi!- Dije asombrado levantando las manos.

Ana se mordió la boca de nuevo, miró a la taberna, y luego se acercó a mi. Yo solo de escuchar aquella confesión, me imaginé su boca chupándosela a un extraño, y sentí una mezcla de sensaciones, sintiendo de repente un calor interior que lo envolvía todo, mi polla palpitaba.

-No se lo he contado a nadie, ni a Eva, ni Olga, solo les dije que me enrolle con él.- Me susurró.
-Y porque me lo dices a mi??- Pregunté de nuevo sin entender nada.

Ana me miró, y sus ojos recorrían mi cara, de mi boca a mis ojos.

-No lo entiendes Oscar…- Dijo.

La miré sin pillar nada de nada. Ana suspiró, se peinó el pelo hacía atrás, y cogió su copa para darle un buen trago.

Al incorporarse, volvió a mirarme, y de repente se abalanzó sobre mí y me besó otra vez. Me quedé petrificado unos segundos, luego empecé a reaccionar cuando el sabor de su boca lo inundó todo, al principio sabía amarga por la cerveza, y luego ese sabor dulce que me encantaba lo llenó todo, la cogí de la nuca para que no se separara.

Disfruté de su boca y sus labios un buen rato, metiendo mi lengua en su boca, al igual que ella en la mía, en ese momento, la taberna, su confesión, su historia, y todo lo que nos rodeaba me dejaron de importar una mierda. Solo quería seguir sintiendo sus labios, su lengua y su sabor. Era lo único que necesitaba.

La besaba mientras mi polla palpitaba libre dentro de mi pantalón, suerte que la posición ocultaba parte de la erección, aun así la notaba durísima, y me inundaba de calor.

De repente Ana se separó de mi boca respirando como si hubiera corrido una maratón. Pero no se separó de mi cara, nos quedamos pegados el uno al otro, compartiendo el aliento. Estaba alterada.

-Me dio igual quien era, solo quería sentir su polla en la boca, porque pensaba en ti, quería que fuera la tuya.-Me confesó de repente susurrándome a pocos milímetros de la boca.

Fue como un puñetazo en el estómago, como ese vértigo que sientes cuando estas arriba de una montaña rusa, y el trenecito se para justo encima de la cuesta antes de la bajada más empinada, ese “tak, tak, tak, tak, tak, tak” que se oye justo antes de que te lancen al vacío.

-Qué??- Fue lo único que se me ocurrió decir.

Ana me hablaba pegada a mi boca, mirando a mis labios.

-Que desde que vinimos de París no me puedo quitar tu polla de la cabeza… Y que ayer… Ayer me fui de aquí con muchas ganas de ti.- Me dijo.

Me separé de ella lo justo para mirarla y ver si me estaba tomando el pelo, Ana tenía cara de circunstancias, tremendamente colorada.

-Me estas… -Empecé a decir incrédulo. –Me estás diciendo que le comiste la polla a un tio que no conocías de nada, porque en realidad me la querías comer a mi?

Ana suspiró.

-Más o menos…- Se mordió el labio avergonzada. -Joder Oscar! La cerveza me ha subido un poco, y no sé muy bien lo que me digo!
-Entonces… A que ha venido todo este tiempo de pasotismo? Creí… Creí que no querías saber nada de mi!- Dije levantando mis manos sin entender nada.

Ana suspiró.

Yo estaba flipando, no entendía nada, miraba como si me acabaran de tirar un cubo de agua y no supiera de donde había salido, no sabía si cabrearme, si tirarme encima de ella, si gritar… Mi cabeza solo pensaba “Que??”

-No quería complicar las cosas!! Todo es muy complicado!!- Se excusaba- Lo… lo siento Oscar… Pero es que… es que no me puedo quitar lo que hicimos de la cabeza! Pensé que… que si te ignoraba… yo…- Ana sonaba desesperada, hablaba acelerada, se peinaba el pelo hacía atrás para intentar ganar tiempo y pensar. -Pero es que… me das miedo…
-Miedo?- Exclamé muy extrañado.

Ana evitaba mirarme ahora a los ojos, estaba muy sonrojada, le cogí la barbilla y se la alcé para que me mirara, y lo hizo con una mirada muy sumisa y temerosa.

-Como que te doy miedo?- Le dije con cariño.

No entendía nada. Ana se tomó su tiempo para contestar.

-Nunca me habían tratado como lo hiciste tu… -Ana empezó a susurrar, lo justo para que la escuchara yo. -Nunca me habían hecho esas cosas… Me sentí usada… Como si… Como si de verdad fuera un juguete, un juguete tuyo…

Hablaba como si le costara reconocerlo.

-No te entiendo, creí que lo pasamos bien.- le dije con calma.

Ana entonces me miró a los ojos.

-Es que… Es eso. Creo que me gustó…Me gustó mucho. Desde entonces no me lo quito de la cabeza y…- Se mordió los labios como hacía siempre que estaba cachonda, mirándome con intenciones lascivas. -Me siento… mojada cuando lo recuerdo.- Ana susurraba desinhibida por el alcohol, se le notaba que llevaba tiempo queriendo confesarse, aunque lo hacía muy ruborizada, como si le diera miedo mi reacción. -Estoy hecha un lio… No he dejado de pensar en eso… Oscar… Incluso si lo he estado haciendo con otro… He pensado en ti, no lo entiendes?

Me la quedé mirando sin saber que decir, parpadeaba incrédulo, intentando averiguar si aquella confesión era una jugada de Ana, o estaba siendo realmente sincera.

Estaba flipando.

-No sé qué me pasa, ni porque me gustó tanto… Pero cada vez que me acuerdo de lo que hicimos…- Suspiró mirándome con miedo, sus ojos bailaban de un lado a otro. Entonces se acercó a mi, y creí que me iba a dar un beso o algo, pero pasó mi boca de largo y se acercó a mi oído para susurrarme. -Me mojo solo de pensar en tu polla… A veces lo necesito para llegar al final… Te he estado evitando… porque no puedo controlarlo…

Estaba flipando, se me abrió la boca escuchando su confesión, y mis pelos se pusieron de punta sintiendo un escalofrío que empezó en mi nuca, y acabó entre mis piernas.

Mi polla palpitaba hinchada sin remedio, notando un calor indescriptible en la punta, iba de erección en erección, sin tiempo a penas de relajarse. No me podía mover del sofá en ese momento.

Suspiré. Ana me miraba de arriba abajo, mordiéndose los labios con ese gesto que la delataba, totalmente colorada. Su pecho se movía deprisa, inflándose y desinflándose dentro de ese escote que me producía vértigo.

Todo este tiempo pensando en que Ana pasaba de mí, y resulta que lo hacía para no caer en la tentación, no sabía si era cierto, o alguna tontería de Ana para ponerme cardiaco, lo cierto es que funcionó. Mi cuerpo empezó a segregar testosterona, Oír algo así levanta la moral, y lo que no es la moral de cualquiera, y yo en ese momento, podía volar.

-Me estas…- intenté decir, pero no me salían las palabras.
-Lo… siento.- suspiró ruborizada.
-Joder Ana!- La miré.

Se hizo el silencio entre los dos, solo nos mirábamos, hasta que la cogí de la cara para atraerla hasta mí.

-Ven aquí.- Le dije justo antes de besarla.

Ana abrió su boca, adelantando su lengua como había hecho tantas veces al besarme en parís, me volvía loco aquella manera de besar tan descarada y desesperada, Ana con aquel beso me estaba dejando clarísimo que estaba muy caliente, posiblemente tras su confesión, el alcohol, o yo que sé, y yo tenía una empalmada brutal bajo el pantalón, que afortunadamente tapaba al estar sentado en aquel sofá, que hacía que mi culo se hundiera en el fondo, y mis rodillas quedaran un poco elevadas disimulándolo todo.

Aquella confesión no me la esperaba, no sabía si era parte de algún juego de Ana para embaucarme o algo, de ser así, ya lo había logrado, porque en aquel momento me daba igual todo, solo quería seguir besándola.

Continuará…

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s