EREQTUS

Viernes 18 de mayo

Des de las gradas, cobijado por las sombras que proyectan los vestuarios, Leo goza, a solas, de los últimos minutos del recreo. El silencio que siempre le acompaña se corrompe por la llegada de Raúl, con sus peculiares pasos obesos. Es el único engendro más desdichado que él en la desalmada jerarquía de su clase. No en vano, concentra muchos de los defectos propios de un nerd: sobrepeso, gafas, mala pronunciación, baja estatura, las pecas propias de un pelirrojo, rizos aberrantes… Sacar buenas notas no le ayuda a obtener el más mínimo respeto de sus compañeros.

RAÚL:  ¿Quién gana?

LEO:     No sé. No miro el partido. Solo miro a las chicas.

RAÚL:  Lo zé, lo zé. Pero una coza no quita la otra.

LEO:     Carla está buena. Me pone.

RAÚL:  Hablando de tiaz buenaz. Tu hermana eztá que cruje.

LEO:     ¿Pero qué dices? Estás enfermo.

RAÚL:  Tienen un perfil en Faze. Ella y zuz amigaz.

LEO:     Ya lo sé. Todo el mundo tiene un perfil.

RAÚL:  Noooo. Me refiero a un perfil oculto. Un perfil de guarronaz.

LEO:     ¿De qué hablas? ¿Ella y quién más?

RAÚL:  Todaz tienen un perfil perzonal. Laz de zu pandilla ze apellidan Jagger.

LEO:     ¿Amanda Jagguer? ¿Monica Jagguer? ¿Isabel Jagguer?…  ¿Ainhoa Jagguer?

RAÚL:  Zí. Ez zu alter ego. Me enterado de cazualidad. Hay fotoz muy cachondaz de todaz, zobre todo de tu hermana. Ya te contaré, Vamoz, que llegamoz tarde.

****

Después de clase, Ainhoa siempre se queda un buen rato con sus amigas en el parque, al lado del instituto. Los chicos suelen organizar partidos improvisados de futbol al tiempo que las chicas permanecen en su ubicación habitual dándole a la sinhueso; como de costumbre.

AMANDA:  Mírale. Rompe con todo. No sabes qué envidia me das Noa.

MÓNICA:    Ya te digo. Quién pillara a ese jamelgo.

AINHOA:    Está claro que la nena más guapa del insti merece estar con el mejor chico.

ISABEL:       ¿No me lo cambias por mi Víctor? Me tiene harta ya.

MÓNICA:    !Otro más! ¿Cuánto van ya? ¿Seis a cero? !Somantapalos!

AINHOA:    El quinto de mi novio ¿Eh?

ISABEL:       Bueno. Eso es porque Oscar no para de darle buenos pases.

AMANDA:  ¿Y qué me dices de las paradas de mi chico? !Que no pasa ni una!

Ha faltado poco: mientras la conversación cambia de rumbo, Ainhoa siente cómo la tentación de hablar más de la cuenta se disipa. Quisiera contarles a sus amigas lo de su novio, pero entonces: su envidia se tornaría mofa y su trono en el club de las más guapas se vería en tela de juicio.

Rafa es gay; o eso o tiene graves problemas de disfunción eréctil. Él nunca lo ha admitido, pero, después de unos meses de relación, todavía es hora de que se le ponga dura. Sus excusas son variadas: el estrés por la separación de sus padres, los exámenes, los anabolizantes del gimnasio…

****

Leo se ha hecho una cuenta falsa para infiltrarse e indagar en el perfil indecente de su hermana. Quiere tener acceso a todas las fotos desvergonzadas que habiten en su muro. La chica no ha tardado en aceptar a Tomás Valiente; un apuesto joven que juega en el filial del equipo de Fuerte Castillo. Ni siquiera ha tenido que mediar palabra con ella.

Esa zorra es tan exhibicionista… casi cinco mil seguidores

Por la tarde, sentado en el sofá del comedor, el chico usa la tablet para inspeccionar, una por una, todas las imágenes que ha encontrado. Su idea inicial era la de buscar material sensible con el que extorsionar a su hermana frente a la autoridad paterna, pero a estas alturas ya está palote como nunca.

Cada una de esas imágenes roza la censura. Ainhoa tiene bien aprendidas las normas de esa red social. Esos límites resultan estériles a la hora de contener su descaro y no le impiden lucir su sensualidad en cada una de sus poses.

Los malos sentimientos que alberga hacia ella nunca le habían permitido mirarla con esos ojos, pero sus calenturientas hormonas adolescentes no atienden a razones y su química cerebral está que arde, esclavizada por un morbo imperativo.

No lo puedo creer. !Pero que tetas tiene!. No puede ser.                                                

Eso tiene que ser Photoshop. ¿Y ese culazo?…

!Jodeer, no puedo maaaaás!

Apenas unos pocos tocamientos superficiales son suficientes para que Leo se corra inesperadamente, sin siquiera liberar su miembro: Sorpresa, desahogo, enajenación, vergüenza, arrepentimiento… No tiene el más mínimo control sobre su propio cuerpo, pero no esperaba desbordarse así. Ese esperma no solo ha manchado su ropa, también ha manchado su orgullo.

-¿Estás bien, Alberto?-    pregunta la abuela desde su discreta presencia.

!!Dios!! !Ni siquiera me acordaba de que estaba aquí!

-Soy… Leo yaya-   con condicionad pronuncia, recuperándose de su derroche testicular.

Esa vieja no habla, no se mueve y la mayor parte del tiempo está dormida. Hace un rato se había quedado frita mirando un capítulo de la señora Flecher, y Leo, sumido en su propia lujuria incestuosa, había olvidado por completo que no estaba solo. Avergonzado, intenta calibrar la notoriedad de su orgasmo.

Puede que esa anciana se haya despertado con ese tímido gemido incontenible, pero, en el peor de los casos, puede ser que llevara minutos observándole y que haya sabido interpretar sus tendenciosas posturas y consiguientes tocamientos. Aunque sus manos no se hayan adentrado por debajo de su ropa, cualquier persona mínimamente lúcida hubiera podido interpretar lo que le ocurría a ese chico.

Un disparo suena desde el televisor llamando la atención de la abuela, quien ya no devuelve la mirada hacia su nieto. Leo se siente aliviado, aunque no tiene nada claro el hermetismo de su discreción. Cautelosamente, se levanta y abandona el salón en busca de ropa de repuesto. Se encierra en el lavabo y procede a remediar ese estropicio biológico.

****

Los Duarte llevan casi toda la vida viviendo en ese piso de la zona sur de Fuerte Castillo. Son gente humilde que ha sabido abrirse paso en la vida con esfuerzo y trabajo duro.

Alberto es el cabeza de familia. Tiene tres empleos: una pizzería propia, una agencia de traslados y una serie de subcontrataciones para el ayuntamiento. Es un hombre rudo, pero tiene un lado afable que solo ve la luz cuando llega a casa. Tiene algo de sobrepeso, barba, gafas y algunos problemas de espalda de tanto cargar muebles de un sitio a otro. Suele vestir camisas de cuadros y ropa de corte bastante clásico. Como mucho se pone unos tejanos para sus tareas más tediosas.

Mari siempre ha asumido el rol de complementar a su marido en los temas laborales, pero nunca ha permitido que nadie la ningunee por ello. Lleva la contabilidad de sus empresas y, lo que es más importante, se encarga de todas las tareas del hogar. También tiene algunos kilos de más, pero esas cosas no le quitan el sueño. Le preocupan más sus hijos: están en una etapa difícil.

Ainhoa y Leo nunca se llevaron demasiado bien, pero últimamente están que trinan y la inoportuna llegada de la abuela no ha hecho más que empeorar las cosas. Todo les parece injusto. No paran de pedir y protestar por cualquier cosa y no hacen más que poner malas caras y hacerse las víctimas; pero, en fin: es ley de vida. Es la edad del pavo.

En cuando su solicitud sea aprobada, podrán ingresar a Remedios en una residencia para ancianos y las cosas en casa serán algo más llevaderas.

****

El final del curso está a la vuelta de la esquina y los chicos pronto podrán disfrutar de unas merecidas vacaciones. Leo no. El tendrá que repasar para la reválida de setiembre. Es una calamidad estudiantil. Jamás presta atención y nunca hace los deberes. Lo único que se le da bien es la educación física, aunque su manejo del balón deja mucho que desear.

Llegada la hora de cenar, el chico deja de fingir que estudia y se dispone a saciar su apetito. Se apresura a poner la mesa él solo, pues no tiene ganas de discutir a quien le toca. Siempre pierde esas peleas con su hermana. Por mucha razón que lleve, esa sabandija siempre termina por salirse con la suya.

ALBERTO:  Ainhoa deja el móvil. Ya sabes que en la mesa no se puede.

AINHOA:    Ay papá, déjame. No seas tan pesado.

ALBERTO:  No quiero tener que levantarme a quitártelo. Me oyes cariño.

MARI:        ¿Que se cuenta Rafa? ¿Todavía estáis tan enamorados?

La chica mira a su madre con una expresión inerte de apatía. No piensa contestar a eso. Se termina la su salchicha, untada en puré de patatas, mientras coge el mando y cambia de canal.

-¿Y tú que miras?-   le pregunta violentamente a su hermano.

-Nada-   contesta él un poco intimidado.

-Pues deja de mirarme de una vez, que hace rato que me haces sentir rara-

El chico intenta actuar con disimulo, pero sus interrogantes le inquietan demasiado.

LEO:         Ainhoa, ¿tú conoces a alguien que sepa mucho de Photoshop?

AINHOA:  Pues… … … no sé. Lo normal. Creo que el que más sabe es tu amigo zanahorio.

LEO:         Entonces ¿nunca te han retocado en una foto?

Leo lleva puesta una máscara de frialdad, pero sus palabras traen cierta carga malévola. Su hermana le mira, incrédula. No alcanza a comprender si ese tono trae consigo alguna amenaza; alguna insinuación inapropiada o simplemente es una ocurrencia anecdótica.

-Claro que no. Soy perfecta. No necesito la más mínima mejora-   responde altiva.

-Buenobuenbueno-   dice Alberto con un tono desenfadado   -El teléfono que te regalé por tu cumpleaños tiene parte de mérito en las fotos que os sacáis-

-¿Es que habéis visto muchas fotos de Ainhoa?-   certificando sus malas intenciones.

-!Ay, Ainhoa!-   exclama Mari   -!Estate quieta con el mando!-

La chica está nerviosa por la deriva de esa conversación y expresaba su inquietud cambiando frenéticamente de canal. El reproche de su madre le ha hecho soltar el mando como si quemara, dejando sintonizado el programa más aburrido del peor canal.

****

Ainhoa se despierta por los gemidos de Leo. Se incorpora, disgustada, cargando sus cuerdas vocales con un grito de resentimiento, pero se detiene. Esta vez no es como las otras: no son sus irritantes ronquidos ni es el sonido de esa destartalada cama; esta vez es algo mucho más inquietante.

El chico parece estar teniendo una pesadilla, pero sus gimoteos no están asustados. Pronuncia el nombre de su hermana de un modo demasiado sugerente. La luz de la luna llena se cuela por la ventana, iluminando sutilmente esa bochornosa estampa. Ainhoa se sobrecoge al contemplar cómo esas finas sábanas azules se deforman por el brote de una indecorosa protuberancia fálica.

Una delatadora mancha no tarda en teñir, de un color marino, la cúspide de ese vergonzoso volcán celeste. Consternada, la chica se tumba y simula su propia somnolencia, consciente de que una emoción tan intensa puede despertar a cualquiera.

Leo se va alarmando a medida que toma conciencia de lo que acaba de ocurrir. No solo ha tenido otro de sus accidentes nocturnos, sino que, encima, estaba soñando con su hermana.

No, otra vez no. ¿Pero qué?

Noo. Nooooh. Eso sí que nooh

Tras una fugaz parálisis, escucha la profunda respiración fingida de Ainhoa, quien logra convencerle de su inconsciencia. Con cuidado, se levanta para remediar su pringosa situación.

La fraternal testigo se ríe en silencio, entreabriendo sus ojos azules, mientras observa cómo el pequeño de la casa respeta, como nunca, el silencio de la noche.

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