SIX

Recordando cosas del pasado, me acabé durmiendo tardísimo aquel día, por lo que estuve en la cama hasta las tantas de la mañana.

Aun así me levanté nervioso y excitado por lo que podría pasar con Ana por la tarde. No paraba de mirar el móvil para asegurarme cada poco tiempo que seguía con el sonido activado y que no tenía ningún mensaje.

El día se me hizo largo, aproveché para ducharme y arreglarme. Me tenía nervioso las posibilidades de lo que podría pasar con Ana, aunque quizás fueran solo ilusiones mías y seguramente me llevara un buen batacazo, porque con Ana nunca sabía nada, y era muy capaz de escribirme para decirme que se lo había pensado mejor, o cualquier excusa similar.

Pero yo había decidido ir a por todas, aquel beso lo había cambiado todo, me había dado esperanzas, y aunque muy en el fondo sabía que no me tenía que hacer ilusiones, ya era tarde.

Quizás dejara que Ana jugara conmigo, estaba dispuesto a dejarme hacer, a hacerle creer que me tenía en sus manos, incluso me haría el tonto de darse el caso. Pero una cosa tenía clara, ahora era yo el que iba a salir de caza.

Me había puesto música, estaba animado, una sesión electrónica directamente del Spotify, mientras me movía por la casa desnudo porque tenía la intención de meterme en la ducha.

Me gustaba la sensación de moverme en pelotas por la casa, notaba mi polla medio hinchada por la emoción.

Me metí en el baño, pero antes me recorté la barbita que me había dejado en plan “casual”, y no es que la tuviera muy larga, era de esas de pocos días que ahora se llevan. No soy un “chico de moda” ni nada, pero llevaba unos días que me la había dejado por pereza y falta de tiempo, y aproveché para arreglarla un poco en lugar de afeitarla.

Mientras la maquinilla me pasaba por la cara, fantaseé con la posibilidad de que Ana viniera juguetona. Recordé como cruzaba las piernas el día anterior, y como se hacía la tonta haciéndome creer que no sabía que la miraba. Sonreí y casi me recorto la barba por donde no debía.

Pensar en ella hizo que sintiera algo de calor que bajaba hacía mi entrepierna, y mi polla, desnuda empezó a crecer. La miré y vi como poco a poco se levantaba, despertándose e hinchándose ligeramente sin llegar a quedar dura del todo.

Volví a sonreír, mi polla también tenía hambre de ella, y me lo hacía saber.

Decidí que también se merecía estar a la altura de la situación, y recorté los pelos
de mi pubis dejando un pequeño y alargado triangulo de pelitos cortos que apuntaba hacía mi ombligo, me gustaba vérmela así, nunca me ha gustado ir a lo salvaje. A veces incluso me he rasurado entero.

Aprecio mucho ese detalle en las chicas, que se cuiden el vello púbico, o directamente que vayan depiladas, me encantan los coñitos sin pelo porque son muy agradecidos de lamer y chupar.

Con mi anterior relación, la chica con la que estaba llevaba el coñito depilado, y a mí me volvía loco, le encantaba que me cuidara el pelo de mi polla, de hecho fue ella la que me acostumbró a que me los recortara, e incluso que me afeitara los pelillos de los huevos. Y yo me acostumbré a verme la polla desnuda de pelos, y al tacto de la piel sin nada cuando hacíamos el amor, y sobre todo sentir su lengua por todas partes. Ahora se me hacía raro verme con demasiados pelos y siempre que podía los quitaba.

Mi anterior pareja se volvía loca jugando con mi polla sin un pelito, y me decía que si me la veía así le apetecía mucho chupármela y besarla. Y a mí me encantaba complacerla!

Ahora es cuestión de costumbre, así que me metí en la ducha con una cuchilla de afeitar y salí como cuando vine al mundo. Quería estar preparado para todo.

Salí de la ducha anudándome una toalla a la cintura, y entre el bamboleo de mi polla desnuda bajo la toalla al andar, y que no paraba de fantasear con Ana y lo que pudiera pasar aquella tarde, tenía unas ganas tremendas de correrme. Mi polla estaba todo el rato empalmada, ansiosa por las posibilidades. Tenía que hacer un esfuerzo titánico para no agarrármela y sacudírmela hasta explotar.

Pero quería reservarme, reservarme para Ana. Porque esa noche, no se me iba a escapar.

De repente me di cuenta de que era posible que acabáramos en mi casa, sobre todo si quedábamos en la cervecería, a unas calles de donde vivo.

Miré la hora, aun daba tiempo a ir al super, tenía que comprar bebidas, porque si teníamos que seguir la fiesta en casa, era mejor estar preparados.

Me puse un tejano, estaba tan cachondo que decidí bajar sin calzoncillos, quería notar mi polla libre y recién rasurada entre mis piernas, una camiseta y listos.

Compré Vodka, sabía que Ana no tenía problemas en beberlo, y esta vez no sería de caramelo, refresco de naranja, unas cervezas, aunque en casa me parece que quedaban, y no sé por qué me dio por comprar cava, un par de botellas.

De nuevo en casa todo a la nevera, y el Vodka al congelador. Busqué copas, vasos y lo dejé todo a mano, no quería perder tiempo.

Y después ordené y arreglé la casa, no quería que Ana se llevara una impresión equivocada.

Todo esto sin saber si acabaríamos subiendo a mi casa, pero por si las moscas.

Estaba nervioso, seguía excitado, igual o más que el día de la reunión, pensar en Ana me disparaba, saber que existía una posibilidad, ppffffff…

Cada poco rato miraba mi móvil, ningún mensaje y la tarde estaba entrando, joder, joder!

Estuve tentado de escribirle, pero de nuevo mi orgullo se resistía a dar el paso, escribía y borraba justo antes de enviar. “Mejor que sea ella la que me diga algo” me decía una vocecilla interna.

Me dispuse a entretenerme por internet, por estar ocupado en algo o mi polla me reclamaría una buena paja.

Y cuando encendí el portátil y me senté, noté la vibración del móvil en mi bolsillo.
Me levanté como si el asiento quemara, sacando el móvil de un tirón de mis pantalones.

Era Ana.

[Ana] Hola

Un simple “hola”? Como que “hola”?? No sabía cómo interpretarlo, si era el inicio de una excusa para no quedar, o bien, era una manera de llamar mi atención y decirme que ya estaba lista… Que cojones significaba aquel “hola”???

Me quedé mirando la pantalla unos segundos, intentando ver si enviaba algo más, aunque en realidad me embobé con mis ralladuras. Harto ya, toqué en el cuadro de texto y tecleé algo que luego borré, “Quedamos?” y borré de nuevo porque me parecía desesperado, “Vamos a quedar al final?” y borré porque le daba la posibilidad de decirme que no.

[Oscar] Hola

Al final opté por lo más sencillo.

[Ana] Que tal?
[Oscar] Bien, y tu?

“Ana está escribiendo…”

…

“Ana está escribiendo…”

…

Joder! Estaba enganchado a la pantalla, me temblaban las manos.

[Ana] Ayer me lo pasé bien
[Oscar] Yo también
[Oscar] aún sigo pensando en el beso que me diste

Decidí ir por faena, porque me había tirado todo el día pensando en ello, y no soportaría una conversación banal, estaba ansioso. Tenía que calmarme.

[Ana] Ah! Jajaja (muchas caritas sonrientes)

Se reía? Que cojones significaba aquello?

[Oscar] De que te ríes?
[Ana] No sé porque lo hice (carita sonrojada)

Que no sabía por qué lo hizo? En serio? Estaba jugando conmigo o qué?

[Oscar] Me gustó (Yo no ponía caritas)
[Ana] (Carita sonriente)

Que cojones significaba aquello, odio chatear por estas cosas, nunca me han gustado las conversaciones que no puedes definir, a mi me gusta ser más claro. En el PC, si no hay más remedio, si que chateo más a gusto, incluso durante horas, soy de teclado físico, que le voy a hacer.

Pero en el móvil me gusta ser preciso, supongo que por la costumbre de chatear para cosas del trabajo, además que con mis dedos me cuesta teclear a gusto, por lo que no suelo perder el tiempo en tonterías por whatsapp y esas cosas, soy más directo.

Continué mirando el móvil, Ana no contestaba, y yo me estaba poniendo frenético. Y justo cuando perdí la paciencia y le estaba escribiendo algo, saltó una notificación de respuesta.

[Ana] Quieres quedar esta tarde?
[Ana] Podríamos tomar algo (Varias caritas sonrientes)

Me quedé mirando aquel mensaje unos segundos, se me aceleraba el pulso solo de imaginar que volveríamos a estar solos. Sonreí sin saber porque, me la imaginé viniendo a mi casa, “a tomar algo”, y mi sonrisa se transformó en una mueca picara y cargada de doble sentido.

Si, si que quería quedar, llevaba todo el día esperándolo.

[Oscar] Por mi bien
[Oscar] que quieres hacer?
[Ana] Podríamos ir al mismo sitio de ayer
[Ana] me gustó mucho

Perfecto, era precisamente lo que había imaginado, y era ella la que lo proponía, aquella taberna está al lado de mi casa.

Sonreí.

[Oscar] Yo también me lo pasé genial
[Oscar] Pero si quedamos, quiero poner una condición
[Ana] Que condición?
[Oscar] Que me expliques a que vino el beso de ayer
[Oscar] sin tonterías

“Ana está escribiendo…”

[Ana] Está bien
[Oscar] Perfecto entonces
[Oscar] Quieres que te pase a buscar?
[Ana] Vas a venirme a buscar? (carita sorprendida)
[Oscar] En coche es un momento
[Oscar] No me cuesta nada
[Ana] (carita con corazones)
[Oscar] A que hora te paso a buscar?
[Ana] A las 19h?
[Oscar] No será un poco tarde?
[Ana] Quiero darme una ducha (carita con guiño y beso)
[Oscar] Está bien, a las 19h donde te dejé?
[Ana] Si (varias caritas sonrientes)

Y así fue como quedamos.

Se me hicieron eternas el par o tres de horas que faltaban para quedar con Ana.

Sentía mi polla hinchada en todo momento, ansiosa en ese estado medio rígido que no llega a hincharla del todo, pero si lo suficiente para mostrar su presencia.

Me encantaba notarla dentro del pantalón, libre y sin calzoncillos, caliente entre mis piernas.

Decidí que iría sin ropa interior, me daba morbo pensar en cómo se comportaría Ana al ver las erecciones que seguro que me iba a provocar. Y luego acabé eligiendo un polo de color violeta con una letras blancas de un logotipo de una marca de motos antigua, que tiene unos botones en el cuello, y que marcaba bastante mis brazos.

Si, me vi como una quinceañera cualquiera cambiándome varias veces frente al espejo, me probé varias camisas, y luego un par de camisetas, para acabar eligiendo aquel polo que me gustaba como me quedaba, marcaba mis brazos y mi pecho al ser de algodón fino pegándose a mi piel, y luego desabroché un par de botones del cuello, los volví a abotonar, y así un par de veces hasta que dejé de nuevo un par desabrochados.

Me enfadé conmigo mismo preguntándome que cojones me pasaba, Ana me tenía absorbido, yo nunca me había molestado tanto en arreglarme para una chica.

Y el detalle final, colonia de hombre, de una marca muy conocida, en cuello muñecas y ombligo.

Sonreí al verme listo, y cogí las llaves del coche, dinero, y mi móvil.

Continuará…

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