SIX

-No jodáis tortolitos, veniros ya que os estamos esperando.- Me soltó desde lejos.

Noté como Carla seguía moviendo su coño sobre mi polla con movimientos lentos y circulares, moviendo ligeramente sus caderas sin que se notara desde fuera.

Poco a poco fui notando que la temperatura entre sus piernas subía, o quizás fuera yo que me estaba poniendo malísimo.

La penumbra de la noche nos tapaba, mientras mi colega a lo lejos y yo vociferábamos.

-Que ya vamos pesado!! Anda y piérdete!!- Le grité levantándole una mano.

Se giró y se largó con los demás, y Carla y yo nos echamos a reír en cuanto nos quedamos solos.

La miré y tenía un brillo en los ojos especial, algo que ahora hubiera reconocido perfectamente, pero en aquel momento no supe ver que estaba mojadísima, y tremendamente cachonda, seguramente era la primera vez que sentía una polla contra su coño.

La cogí de la cintura y la aparté, y lo primero que hizo fue mirar hacía mi polla, que al levantarse salió disparada hacía arriba como un resorte en el aire.

-Joder! La tienes durísima!- Soltó mirándola sorprendida como si fuera la primera vez que la veía.
-Es normal!- Dije.
-Te has quedado a medias. Quieres que siga?- Me dijo cogiéndomela y acariciándola con las manos mientras intentaba besarme.

Pero la aparté, que inocente era por entonces, no me di cuenta de las señales que Carla desprendía. De ser ahora, Carla no se hubiera salvado en aquel rincón, pero es lo que tenía la falta de experiencia y la inocencia.

Le aparté las manos con cariño, tenía miedo de que mi colega volviera y nos pillara, y me la guardé haciendo el típico gesto de levantar un poco el culo y meter la polla dentro del pantalón, sintiendo dolor al notarla apretada, intentando contener la tremenda empalmada que llevaba obligando a mi polla, con una posición incomodisima, dentro de la ropa.

-Vamos, o este es capaz de volver y pillarnos, luego nos volvemos a escapar tu y yo.- Le dije dándole unos besos. -Y entonces te vas a enterar!

Carla colorada y claramente acalorada, recibió los besos con más ganas de las que fui capaz de comprender. Alargaba su lengua y la introducía en mi boca de una forma más exagerada, pero lo achaqué a los nervios y las prisas. Y luego resignada me cogió de la mano y nos reunimos con los demás.

No faltaron los típicos comentarios de mis amigos hacía nosotros de camino a la plaza. Que siempre estaban esperándonos, que siempre estábamos enganchados, que estábamos tardando ya en follar, y mil gilipolleces más que se dicen cuando el alcohol sobra.

Pero todo eran bromas inocentes, y seguro que ninguno se olía ni de lejos lo que acabábamos de hacer, o estar a punto de lograr, ya que todos creían que solo nos enrollábamos. Hasta las amigas de Carla, no tenían ni idea de que a ella le encantaba cogérmela y meneármela mientras nos comíamos la boca.

Llegamos a la plaza, donde habían montado un escenario con luces y unos altavoces, con más intención de dejarnos sordos y no dejar dormir a los vecinos que de ofrecer un buen sonido y un buen espectáculo. Ya veis, un escenario con un pavo pinchando, que lo más seguro fuera todo grabado, pero nosotros éramos chavales y ya íbamos contentos, así que nos importó una mierda lo que sonaba, la cuestión era saltar, moverse, y hacer el tonto.

Estuve un poco haciendo el loco con los colegas, pero enseguida busqué a Carla, ya nos habíamos ido lanzando alguna que otra miradita cómplice, donde nos sonreíamos. Hasta que ella se pegó a mí y empezamos a bailar “demasiado pegados” para no ser música lenta. Yo estaba excitadísimo por lo sucedido, y cualquier roce de Carla me encendía. Pero es que ella estaba igual o peor que yo, estaba más rara que de costumbre, se pegaba más y se frotaba más a mi haciendo el tonto, incluso hubo alguna que otra ocasión, con las típicas cancioncillas de perrear, en las que se giró y frotó su culo directamente en mi polla, jamás la había visto tan atrevida.

Ella era virgen, pero yo no, y cualquier roce me la ponía durísima, con las hormonas disparadas, y Carla notó el bulto y su dureza, y se frotaba más, sonriéndome cada vez que me miraba con algún giro mientras bailaba, para luego darse la vuelta y seguir rozándose.

Pero es que notaba hasta sus nalgas, y como buscaba que el bulto que formaba mi polla, le diera entre ellas.

Me tenía cardiaco.

Con la broma, el bailoteo y los brincos, nos habíamos separado de nuestros colegas bastante, y es que por aquellas fiestas, esas “discotecas” se llenaban mucho de chavales, ya que era una manera barata de salir de fiesta, y en esos días, era como un “todo vale” para nosotros.

Así que después de un par o tres de empujones que sufrimos, empecé a agobiarme, y le dije a Carla de irnos a un sitio más apartado. Ella asintió con la cabeza y la agarré de la mano, abriéndome paso entre la multitud. La verdad es que recuerdo que había muchísima gente, o por lo menos, recuerdo que nos costó salir de allí apartando a la peña.

Llevé a Carla de la mano hasta perdernos en un parquecillo que había junto a la plaza, mal iluminado por la hora que ya era, yo me lo conocía, todo aquello estaba junto a nuestro instituto, y solíamos ir por allí en las horas del recreo, o cuando hacíamos campana.

Llevábamos un pedo interesante, de aquellos que hacen que te rías al primer tropezón. Acabamos llegando a una zona de columpios, el típico castillo de madera de colores para los niños.

Aun se oía el estruendo de la música, por llamarla así, que nos llegaba desde la plaza.

Empezamos haciendo el tonto, subiéndonos al castillito, y besándonos cada vez que nos atrapábamos, Carla jugaba a no dejarse coger, aunque era solo una ilusión, porque no tenía mucho empeño en no dejarse atrapar.

Y cada vez que la cogía la magreaba, y me la comía a besos, ella me abrazaba, me agarraba la polla y se reía.

Al final nos las apañamos para meternos dentro. Aquello era como una especie de casita cuadrada donde había un banco, por fuera estaba lleno de toboganes y un puente de cuerda, y algunas cosas más típicas de esos columpios. Desde dentro se veía el exterior por unas ventanitas redondas, y tenía los típicos volantes y ruedas para que los críos se entretuvieran.

Era el sitio perfecto para hacer travesuras.

Nada más intentar entrar, yo me di un coscorrón en la cabeza, y Carla empezó a reírse como una loca, sin poderse contener debido a lo borracha que ya estaba.

Cuando logramos sentarnos dentro, no perdimos ni un segundo, y empezamos a besarnos como poseídos. No sé cuánto rato estuvimos besándonos, pero fue mucho. Era nuestra manera de demostrarnos amor y deseo.

Aun seguíamos muy calientes por nuestros jueguecitos anteriores, y se notaba, su lengua se me metía hasta el fondo, y la mía hacia lo mismo en su boca. Se notaba nuestro pedo, porque nos besábamos muy desahogados, yo ya le metía mano por todas partes, sobre todo a sus tetitas, que me tenían loco. Llegué a sacárselas, subiendo su camiseta lo justo para enseñarme sus pezoncitos, y me puse a lamérselos como un gatito bebiendo leche. Carla gemía como una loca. Y empezó a tocarme la polla buscando la manera de sacarla.

-Antes me has dejado a medias…- Le susurré en la boca.
-Antes… ufff… Casi nos pillan.- Contestó medio riendo por la borrachera sin apartar sus manos de mi bragueta.

Ya no podía más, también estaba cachondísimo.

-Aquí no hay nadie.- dije desabrochándome el pantalón y sacándome la polla.

Carla la agarró y empezó a estrujarla con sus manos heladas, no me importó, estaba muy cachondo. Me clavó la lengua en la boca, y empezó a acariciarla, como si palpara su tamaño.

-Está muy caliente… y dura…- suspiraba sorprendida.
-Porque estas buenísima, y me tienes loco.

Empezó a meneármela, despacio, y volvió a besarme. Me metió de nuevo la lengua en la boca, y se la chupé. Reconozco que Carla me tenía cachondísimo por todo, pero ella también demostraba estar tremendamente caliente. Para Carla, era de las primeras veces que disfrutaba de una polla entre sus manos, ya lo había hecho alguna vez conmigo, pero aquellos días, Carla estaba descubriéndose poco a poco, y yo también, aunque jugaba con cierta ventaja. Aquella noche, ella estaba más cachonda de lo que lo había estado hasta el momento. Quizás por lo que ocurrió frente al instituto al notar mi polla entre sus piernas apretando su coño, o quizás por el alcohol que la había desinhibido.

Nos estábamos lamiendo las lenguas el uno al otro, y Carla cada vez aceleraba más la paja que me hacía, yo para entonces no lo notaba, pero era su manera de demostrarme que aquello la estaba poniendo tremendamente cachonda, y con cada sacudida su libido se disparaba. Estaba pidiendo a gritos una buena follada, pero éramos novatos en todo, y yo tremendamente gilipollas limitándome a disfrutar de aquella paja, esperando a correrme, mientras me entretenía a lamerle los pezones, y estrujarle las tetitas.

De repente se separó de mi boca y me miró.

-Quieres que le de un beso?- me soltó.

Dude un segundo para asegurarme de que la había oído bien, y quería decirme lo que entendí, me había sorprendido.

-Si.- Solté dudando, más para ver que iba a hacer que otra cosa.

Carla miró hacia mi polla, estaba oscuro, pero se podía ver algo, se apreciaba el brillo de la piel de mi polla en la oscuridad, entre sus manos. Nos entraba cierta luz nocturna por unos agujeros redondos que habían en aquel castillito.

-Me da cosa…- Dijo indecisa.

Se quedó mirando mi polla, quieta, sin mover su mano, notaba como mi polla palpitaba entre sus manos mientras la estrujaba.

Nunca antes ninguna chica me había besado la polla, no sabía lo que era una mamada. Hasta el momento solo había sido una fantasía, una de las más ansiadas.

Y solo pensar en la posibilidad de que esa fantasía podía llegar a cumplirse me tenía revolucionado, estaba mucho más nervioso de lo que lo había estado nunca.

La miré, deseaba que lo hiciera, pero empecé a darme cuenta de que quizás lo dijo fruto del calentón. Estábamos quietos, y entre los nervios y todo, la situación se enfriaba, y yo seguía cachondo, quería seguir enrollándome y que siguiera meneándomela.

Y justo cuando iba a besarla cuando creí que no se atrevería, vi cómo se agachaba.

Me dio un vuelco el corazón, se me aceleró el pulso, y sentí unos nervios en el estómago de esos que te hacen temblar continuamente.

Carla la miró, la estrujó hacía atrás dejando la punta tensa y libre. Luego me miró.

-Quieres que le dé un beso?- preguntó de nuevo en plan mimosa.

Yo estaba hecho un flan, por supuesto que quería, era la primera vez que una chica se arrodillaba frente a mi polla, nunca antes mi polla había estado tan cerca de unos labios.

-Sssi.- Afirmé tenso y nervioso.

Me quedé inmóvil, esperando a ver que iba a hacer, con un calentón como nunca había sentido hasta el momento.

Carla acercó sus labios, y le dio un beso tímido a la punta de mi polla, me estremecí.

En realidad apenas sentí nada en mi polla, supongo que por los nervios, pero fue el hecho en sí, el morbo de ver a una chica con mi polla en la mano y sus labios besarme la punta lo que hizo que sintiera un latigazo en el todo el cuerpo cuando sus labios tocaron mi polla.

-Te ha gustado?- Preguntó mirándome.

Carla estrujó la piel de mi polla hacía atrás, haciendo que se hinchara y se levantara apuntando de nuevo a sus labios.

-Si.- Suspiré.- Bésala otra vez.

Carla miró mi polla y luego volvió a mirarme.
-No sé…- decía insegura.
-Hazlo otra vez… Pero… Más rato…- Le dije tembloroso.

Carla volvió a mirar hacía mi polla, la estrujó y la meneó un par de veces muy despacio, luego volvió a mirarme indecisa.

-Pero… No hagas nada raro.- Susurró.
-Tranquila, no haré nada raro… Solo quiero sentir tus labios otra vez…- Susurré.

Ahora las cosas hubieran cambiado mucho, dulce inocencia, estaba nervioso, temblaba como un flan.

Carla volvió a acercarse a mi polla tirando de la piel totalmente hacia atrás, y esta vez sí sentí sus labios y el calor de su boca envolviendo parte de la punta de mi polla, mientras Carla le daba un beso un poco más largo y más húmedo.

Sin poder evitarlo contuve el aliento aspirando aire muy despacio, y cuando acabó su beso suspiré.

Carla me miró y sonreía con un brillo travieso en los ojos.

-Parece que sí que te gusta…- Susurraba sin poder disimular una sonrisa.
-Si.

No era capaz de articular más palabras, estaba tan nervioso que mi cuerpo se había tensado. Carla empezó a menearme la polla muy despacio, muy cerca de su cara y su boca, mirándola. Yo me estremecía.

-Quieres otro?- Susurró volviéndome a mirar sin dejar de meneármela despacio.

No era la primera paja que me hacía Carla, pero en aquel momento, sentía tanta excitación que el ligero vaivén de su mano me causaba latigazos eléctricos, suspiraba con cada movimiento.

-Si… Aah… pero… Uuh… ya no quiero que pares.- Solté mirándola a los ojos.

Carla no contestó, sonrió sabiendo que me tenía en sus manos. Luego miró mi polla y se puso de nuevo seria.

La estrujó estirando de la piel hacía atrás, y sacó su lengua despacio, como si le diera miedo probarla.

Llegó a darle un ligero lametón, apenas rozándola con su lengua. Y mi cuerpo se tensó de golpe, llenando mis pulmones de aire al máximo.

Ella sonrió, le divertía verme así, y repitió con otra pequeña lamida viéndome saltar y dar un respingo, y otra, y luego otra, mientras yo botaba y ella sonreía.

Era como si Carla me estuviera acariciando con la punta de un cable pelado, que hiciera chispas en cuanto me tocaba con su lengua, electrocutándome.

Volvió a mirarme divertida, traviesa, disfrutando con mis reacciones, y movió su mano de arriba abajo despacio un par de veces mientras yo suspiraba.

Detuvo su mano en la base de mi polla, estirando de la piel para dejar la punta desnuda, y se puso seria, mirándola fijamente como si quisiera reunir el valor suficiente.

Abrió sus labios muy cerca de mi polla, y yo contuve el aliento preparándome para otra descarga eléctrica de placer.

Se metió la punta de mi polla en la boca, despacio, con miedo, como quien saborea un chupachups que no sabe si le va a gustar.

-Ooouuh…- Solté sin contenerme.

Sentí el calor de sus labios, húmedos y deliciosos envolver la punta de mi polla. Me derretí de placer, se me cortó la respiración, mis sentidos se anularon para concentrarse en esa sensación húmeda y caliente que lo envolvía todo. Cerré los ojos entregándome ese segundo que duró su chupetón, pero los abrí como a quien le falta el oxígeno cuando sentí que mi polla abandonaba sus labios.

Carla me miraba de reojo, sonreía, no se si fruto de los nervios, del alcohol, de verme así o de que le gustaba. Y Quise pensar que era por lo último.

Se la volvió a meter en la boca, esta vez un poco más adentro, y sentí un sinfín de sensaciones que de repente necesitaba, mejor dicho que ya ansiaba, y que no quería dejar de sentir nunca.

-Uuuhh… ufff… Ooh!- Soltaba incapaz de contenerme.

Mi cuerpo se estremecía, convulsionaba con el más ligero roce de su boca, fruncí el ceño impotente.

Carla sonreía de nuevo, volvió a sacársela de la boca y me miraba con cara de triunfo, divertida.

-No sé si me va a caber entera, es muy grande!- Soltó riendo agarrada a mi polla como si fuera un micrófono.
-Sigue…- Dije ya totalmente desesperado, necesitaba seguir sintiendo su boca. –Pruébalo, a ver hasta dónde te entra.

Carla volvió a ponerse sería, aceptó el reto, abrió la boca bastante y se metió mi polla poco a poco hasta donde pudo.

-OOooofff…- Solté derritiéndome.

Se me cerraron los ojos, me quedaba sin aire. Me sentí estremecer sintiendo como su boca ganaba terreno por el tronco de mi polla cada vez más adentro, llenándome de una sensación húmeda, dulce, y muy caliente.

Y que era aquello tan delicioso que sentía moverse justo debajo, en la base de mi polla? Dios! Era su lengua! Que me regalaba un sinfín de sensaciones cada vez que se movía para apartase y dejarle sitio a mi polla.

Era increíble, se me iba abriendo la boca conteniendo un grito sordo conforme Carla iba introduciéndosela.

Obviamente a Carla no le cabía entera, llegó a tragarse hasta la mitad, y se sacó la polla de nuevo, riendo y limpiándose los labios con el dorso de la mano.

-No me cabe…- Reía.
-Si, si te cabe, sigue.- Le dije empujando su cabeza hacia abajo.

Necesitaba volver a sentirla, aquello que había sentido era nuevo e increíblemente alucinante.

Carla sonrió, abrió su boca y se la tragó de un golpe casi hasta la altura hasta donde había probado metérsela.

-OOoommhh!!- Solté de nuevo estremeciéndome.

Y ya no paró, empezó a chupármela despacio, rítmicamente ayudándose de su mano para meneármela mientras se la tragaba.

La verdad es que con la experiencia de ahora, no muy bien, era la primera mamada que Carla realizaba, y la primera que me hacían a mí. Pero eso, en aquel momento me daba igual, era lo más alucinante y placentero que había sentido hasta ese momento. Era indescriptible, pura adrenalina, algo dulce y eléctrico, delicioso.

No es solo lo que sientes, su boca, su lengua húmeda, y ese sinfín de sensaciones alucinantes. Si no, el que te lo hagan, que una chica se meta tu polla en la boca y empiece a lamerla, a besarla, y a chuparla es como si te demostrara su amor por tu atributo más preciado, me vuelve loco que me hagan una mamada, y lo supe ese mismo día, y desde aquel mismo momento.

Aquella fue nuestra primera mamada, la primera que ella hacía y la primera que yo recibía. No fue la mejor que me han hecho, alguna chica me la ha chupado que parece que me haya hecho el amor con la boca. Pero aquella mamada no fue de esas, no fue espectacular, para ser francos fue rítmica y sosa, pero para mí fue la mejor del mundo por ser la primera, ofreciéndome un millón de sensaciones nuevas. Aun la recuerdo y me pongo cardiaco.

Carla seguía chupando, y yo no me lo podía creer, tenía un coctel de sentimientos, de nervios, morbo, dudas, pero no podía dejar de mirarla.

Sentía su boca húmeda, caliente, increíble. Me la estaban chupando!!

Así que era eso lo que se sentía, veía sus labios introducirse mi polla una y otra vez, y no me lo creía, era como ver una peli porno, pero me estaba pasando a mí!

Se peinaba el pelo de vez en cuando porque le caía sobre la cara, y yo seguía embobado mirando aquello, no se veía muy bien por la oscuridad del entorno, pero eso no importaba, me parecía alucinante.

De repente se paró, se la sacó y me miró, y yo sentí un vacío tremendo, un sentimiento desesperado se apoderaba de mí, eran las ansias por volver a sentir aquello. Volvía a la realidad como si alguien me acabara de dar un tirón y me hubiera lanzado a ella. Sentía frio en mi polla, y empecé a respirar, en ese momento me di cuenta de que posiblemente había estado conteniendo el aliento todo aquel rato.

-Avísame… No quiero que te corras en mi boca.- Me susurro con miedo.

Se limpiaba las babas de los labios con los dedos mirándome.

-Si… Si, va… vale…- jadeaba como un bobo.

Se la volvió a meter en la boca y sentí alivio, volví a sentir esa sensación viscosa y húmeda que lo llenaba todo, se me cerraron los ojos.

-Oooh… Mmmhh… Ooohh…- Gemía sin control.

Como podéis imaginar, no duré mucho. Fruto del tremendo morbo y lo excitado que estaba por las nuevas sensaciones, en seguida empecé a notar que explotaba.

-Ya! Oooh… Ya! Ooohh…- Solté.

Fue escuchar aquello y Carla se apartó como una flecha a un lado, me cogí la polla y apenas me dio tiempo a estrujarla que empecé a soltar chorros como en mi vida me había corrido, soltando un gemido sordo con cada disparo, mientras mi cuerpo se tensaba cada vez que salía un chorro blanco y brillante, fue increíble, una de las mejores corridas de mi vida.

Carla no se perdía detalle de como mi polla soltaba chorros de semen, se había echado a un lado, pero su cara aún estaba a la altura de mi polla, la miraba como hipnotizada, chorro tras chorro, salían brillando por el reflejo de la luz mortecina que entraba por aquellos huecos, los primeros salieron con tanta fuerza que no sé dónde fueron a parar, el resto brotaron escurriéndose por el frenillo dejando unos goterones largos colgando de la punta de mi polla.

Mientras, Carla no se perdía detalle alguno de mis reacciones y mi polla, mirándola con asombro, era la primera corrida que veía de tan cerca, pegada a su cara, miraba los chorretones colgando y como mi polla de hinchaba y palpitaba con cada espasmo al escupirlos, lo miraba todo con los ojos muy abiertos.

Nunca hasta entonces me había corrido así, fue lo más intenso que había sentido hasta el momento, fueron como cuatro o cinco chorros largos y potentes, y después un montón de semen se escurrió por la punta de mi polla sin fuerza, recorriendo el frenillo para lanzarse al vacío en goterones largos que brillaban por la poca luz que entraba por los ventanucos de aquel columpio.

Jadeaba y resoplaba, mis piernas no iban a aguantar mi peso mucho rato, intenté recuperar el aliento sentándome, ya que de la tensión del orgasmo me había puesto en pie medio encorvado en aquel cubículo.

-Ala! Que bestia!- Soltó Carla asombrada mirando aun mi polla.

Yo no podía decir nada, estaba como mareado.

-Sí que te ha gustado… jajajaja!- Soltó Carla empezando a partirse el culo cuando todo acabó.

Se meaba, fruto sin duda de la borrachera y los nervios por lo que acababa de hacer.

Me estrujé la polla y aún seguía saliendo algo, no podía creerme aquella corrida, me limpié como pude con unos clínex que me dio Carla.

-Ha sido una pasada.- Pude decir al final.
-Ya lo veo, jajajaja!- Se reía entre nerviosa y borracha.

Carla es de esas que cierran los ojitos cuando ríen, me encantaba esa manera de reír que tenía, es una de las cosas que aún recuerdo de ella.

Ahora los nervios se habían transformado en pura adrenalina y alivio en ambos, acabábamos de hacer la travesura más bestia hasta la fecha, Yo seguía mareado, pero Carla se estaba partiendo de la risa al verme medio muerto.

-Ufff…- Suspiré.
-Te ha gustado?- Preguntó entre risas.
-Mucho! Joder!- Exclamé como un idiota.

Carla se abalanzó sobre mí y me besó en la boca.

-Joder tía! Que acabas de comerme la polla!- Me quejé, sintiendo el sabor de mi polla en su boca.

Carla se partía la caja riendo sin parar. La verdad es que me dio un poco de asco, que tiempos, y que imbécil era yo.

Esto mismo ahora, y hubiera tumbado a Carla y me hubiera dado un buen festín de flujos recompensándola por su mamada, o quizás la hubiera desvirgado en aquel momento, no sé. Éramos demasiado novatos en el mundo del sexo, todo era nuevo y excitante, y todo se hacía por primera vez, con los temores de si lo que hacíamos estaba bien, o mal, y sus errores que más tarde aprenderíamos a no cometer.

Limpié un poco el columpio, lo siento por los críos que jugarían allí después, son cosas que no piensas cuando eres un chaval con las hormonas disparadas, limpié lo que pude, no recuerdo si quedó bien, porque yo también llevaba un pedo interesante y en el fondo me dio bastante igual.

Nos fuimos con los demás, que seguían haciendo el cabra en la plaza, Carla me pidió que no comentara nada de aquello. Y yo le dije que estuviera tranquila. Pero nadie fue capaz de borrarme en toda la noche la sonrisa de oreja a oreja que se me quedó, y que todos creían que era por la borrachera que pillamos.

Seguimos bailando y bailando, y cada vez que Carla y yo nos mirábamos nos reíamos como tontos, sabiendo que teníamos un secreto. La peña lo achacó a que estábamos pedo, y así fue como nadie se enteró que me habían hecho la que fue mi primera mamada.

A partir de aquel día, Carla me la chupaba cada vez que teníamos ocasión, era su manera de follar conmigo. Porque aún no nos habíamos atrevido a dar el paso, bueno ella, porque yo recuerdo tener unos calentones tremendos que solo me aliviaba con su boca. Que cosas. Ya no había paja que no acabara en mamada. A
Carla le excitaba muchísimo hacerlas, y se lo notaba.

Y unos días después perdió la virginidad, supongo que ya no pudo resistir estar tan cachonda y limitarse tan solo a enrollarnos y comérmela.

Pero eso ya es otra historia…

Continuará…

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