MARCELA VARGAS

Tras un mal día laboral, una joven se preguntó por qué hacía tantos esfuerzos, si al final no llegaba a nada. Toda la vida trabajando, leyendo, escribiendo, para que nada de eso sea valorado o reconocido. Pero una vieja consejera le dijo al respecto, mientras ambas esperaban el bus: “Algún día, todo lo que haces te va a servir”. La muchacha, con un paraguas inútil en la mano -pues el noticiero matutino le había errado al pronóstico-, le contestó: “Pasan los días, y esas cosas todavía no me son de utilidad. Entonces, ¿qué hacer?”. “Continuar insistiendo hasta lograrlo”, le remarcó la mujer mayor.

Luego, la moza abordó el medio de transporte que le llevaría a su detestable vecindario. Al hallar un asiento, colgó el paraguas en su brazo para no olvidarlo. En un punto del recorrido, divisó una empresa de seguros llamada La Perseverancia. Pensando que no quería cerrar los ojos para abrirlos a los 40 años y decirse: “Aún sigo aquí. No me he movido de este lugar y tampoco he llegado adonde quería”. “Totó” vio derrumbarse frente a sus ojos el cinema Paradiso, pero al menos él ya se había ido de su pueblo a Roma, donde consiguió ser exitoso en lo que hacía. ¿Y ella? Esas odiosas comparaciones. Basta.

Retornó a su barrio de noche, y se terminó de frustrar al ver que había mucha gente afuera, disfrutando de una agradable temperatura; mientras, ella era la loca del paraguas. Hasta que, de pronto, se largó a llover.

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