LOLA BARNON

A las seis de la tarde, echamos el segundo polvo. Empezamos en la cocina y terminamos en el salón de nuevo. Jorge me lamió el culo y me metió los dedos. Primero uno, luego dos y hasta tres. Me gustaba la mezcla de presión y gusto. Dudaba que me pudiera ensartar su polla ahí, pero lo deseaba.

        Yo me corrí otra vez antes que él, me masajeó el clítoris durante unos minutos para estar a tono, pero no lo conseguí hasta que me la metió a gatas en el sofá del salón, igual que aquel primer polvo que echamos, por lo que me preparé a darle una mamada brutal.

Le pedí de nuevo que colocara el móvil para grabar y mandársela a Nico. Hice que Jorge se sentara en el respaldo del sofá y yo me puse de rodillas en los cojines. Empecé a chuparla concentrándome en hacerlo lo mejor posible. Le manoseé los huevos, se los lamí y me ayudé con la mano para pajearle mientras la chupaba. De nuevo me avisó de la corrida, pero me quedé, dejando que otra vez su semen me salpicara, la cara, las tetas, el cuello y la boca.

        Le lamí otra vez las gotas que quedaron diseminadas por su miembro con una sonrisa, y me la engullí de nuevo degustando ese sabor salado y penetrante de su esperma. Luego miré a la cámara, y lancé un beso con la mano.

        —Le pondré a cien… —dije mientras me secaba el semen del cuello y mis tetas con papel de cocina—. Me gusta lamerte la polla cuando te corres.

        —Eres fantástica.

        Y sin más preámbulo, le mandé el vídeo a Nico que no tardó en responder.

Por la noche, después de cenar algo de caviar, salmón marinado y de tomar champán —conseguí que Jorge tomara una copa y me reconociera que le gustaba—, nos subimos a la terraza. Apagamos la luces para que no vieran quiénes éramos y si oían voces que pensaran eran mías y de Nico.

        Me senté enfrente de Jorge y le puse los pies en sus piernas. No tengo que decir que solo buscaba empezar a calentarlo para volver a follar. Me los tocó con suavidad. Él hablaba bajo, en un medio susurro.

        —¿Te puedo preguntar algo serio? —le dije.

        —Claro.

        —¿Has estado con muchas mujeres?

        —¿Cuántas son muchas…?

—No sé… cien, por ejemplo.

—¿Eso importa…? —Me dijo tras un corto silencio.

—Es simple curiosidad.

—He estado con bastantes. Sí. —Admitió unos instantes después.

Me entró una especie de desazón. Era un sentimiento absurdo, cercano a una especie de celos de cría que me resultaba complicado de asumir.

—Y gente como yo… quiero decir, comprometidas, con novio o casadas —insistí.

Asintió otra vez.

Volvió a recorrerme ese pequeño látigo de rabia.

—Pero no como tú… —añadió un segundo más tarde.

—¿Por qué yo soy diferente? —le pregunté, obviamente halagada.

—Eres guapa, inteligente, tienes elegancia, estilo… Muy sensual. Si quisieras, tendrías a muchos hombres a tus pies.

Me acerqué a él, me senté en sus rodillas y lo abracé.

—¿Te tengo a ti? —lo miré a los ojos con ternura buscando algo que yo misma evitaba definir. Pero deseaba una respuesta.

—Estoy aquí contigo…

—¿Eso qué significa?

No me contestó, pero a su vez me miró profundamente y por primera vez vi algo de duda en sus ojos. No sabría explicarlo, pero le sentí débil y necesitado. Me acarició mis mejillas mientras me seguía mirando en silencio. Lo besé con toda la ternura que pude. Jugueteamos con nuestras lenguas un rato y lo abracé, poniendo mi cabeza en su cuello y sintiendo su pecho y sus latidos en el mío. Me sentía muy a gusto así con Jorge. Entonces me acordé de lo que Nico me había dicho. Sí, era cierto. Me gustaba mucho, y no solo follar con él.

Sentí sus manos en mi espalda, bajando hasta mi culo. Empecé a besarle por el cuello y a pasarle lentamente la lengua. Le gustaba y sabía que lo entonaba. Al poco, él también busco mi boca para besarme y uno de sus dedos se deslizó hasta mi ano, empezando a masajearlo. Gemí de placer. Sin mediar palabra, me cogió en vilo y nos metimos en el dormitorio.

—Me gustaría que me la metieras por detrás… —le susurré al oído.

Nos desnudamos, y me colocó a gatas mientras que me trabajaba el ano. Lo lamió, lo chupó, metió la lengua y luego uno y varios dedos. Estaba gozando mucho, con una mezcla de gusto y de pequeños brotes de dolor contenido y en cierta medida, agradable. Paró un momento y le vi masajearse su pene, untando algo en él. Luego lo hizo en mi ano. Un segundo más tarde, sentí la presión de su glande en mi estrecha apertura. Le miré por encina de mi hombro.

—¿Va a caber?

No me dijo nada, me acarició la espalda y siguió empujando con suavidad. Notaba como milímetro a milímetro su glande entraba en mi culo. Lo estaba haciendo despacio, con cuidado de no lastimarme. Yo sentía una gran presión en mi conducto anal, pero aunque me oprimía, también sentía un placer muy profundo y electrizante.

Volvió a untar en mi ano aquella especie de gel o de lubricante y sentí de nuevo un pequeño avance dentro de mí. Empezó a bombear con mucho cuidado, despacio, casi con mimo.

—¿Qué tal?

—Bien… —susurré—. ¿Ya está dentro?

—Bastante… pero no sé si puedo seguir, te falta dilatación y me da miedo empujar.

—Inténtalo un poquito más. Me gusta…

Empujaba muy despacio, milímetro a milímetro consiguiendo aumentar mi satisfacción y placer. Al poco, tras unas ligeros y suaves golpes de cadera de Jorge, sentí que me invadía una espasmo seguido de una especie de orgasmo corto y muy penetrante. Tras varios gemidos de placer, me quedé sintiéndolo aún dentro de mí. Me tomé un respiro y le miré complacida por encima de mi hombro.

—¿Ya? —me preguntó sin aún sacarla de mi culo.

—Por ahí sí… —le dije invitándole a continuar por la vagina—. Métemela en el coño…

Noté que la sacó, me volteó y me puso mirando hacia él. Me penetró después de limpiarse bien la polla y me embistió con fuerza en repetidas ocasiones llegando hasta el fondo. No tardé en correrme de nuevo soltando un suspiró prolongado y ronco desde lo más profundo de mí. Me sentía plena, exhausta y satisfecha.

Jorge se sacó la polla y empezó a pajearse, colocándose con las rodillas a la altura de mi vientre. Yo tenía su pene cerca de mis tetas. Cuando noté que ya iba a correrse, elevé un poco la cara y el pecho ayudándome con los codos. A los pocos segundos, una cascada de semen me salpicó el canalillo y parte de la cara. Se limpió las últimas gotas de esperma en mi ombligo, porque no me dejó lamérsela.

—No creo que sepa muy bien con el lubricante anal —me explicó.

Se quedó de rodillas en la cama, sin llegar a descargar su peso en mí y le acaricié los muslos.

—¿Me la has metido entera?

—Entera no, pero un tanto así, sí —me hizo un gesto con el índice y el pulgar. Alrededor de unos cuatro o cinco centímetros.

—No es mucho…

—Algo es algo… —Y se rió abiertamente, imitándole yo.

Me alcé, y aún toda regada de semen suyo, me tiré a su boca, besándolo con intensidad.

—Lo teníamos que haber grabado para Nico. Le hubiera encantado, estoy segura… —le dije riéndome.

—Eres muy morbosa…

—Mucho, cielo —volví a besarlo—. Tenemos que pensar en una maldad para cuando venga el domingo.

—¿Y eso? No te pases con el pobre Nico. No se merece que te rías de él…

—No me río. Son bromas… Además, él me lo ha pedido —protesté dándole una ligera palmada en el hombro.

—¿Qué te ha pedido?

—Pues eso… que le mande algún vídeo… Solo mío.

—¿Le va a gustar…?

—Creo que sí… Él también tiene su lado morboso.

Noté que se quedó pensativo. Luego me miró con una sonrisa.

—¿Pasa algo?

—No… que me extraña lo de los vídeos. Simple curiosidad… —Se encogió de hombros.

—Pues eso… que hay que prepararle una sorpresa.

—Una sorpresa, ¿de qué tipo…? Ya nos ha visto follar, has estado con los dos… ¿Una chica? —se rió moviendo su tableta.

—Ni de coña… No me va nada el rollo bollo. No sé, algo que le pueda poner mucho… —De pronto, empecé a sonreír con lentitud—. Se me ocurre una cosa, pero necesito tu ayuda, cielo.

—Te temo cuando te ríes así…

Le expuse mi idea.

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