SIX

Cuando llegué a casa seguía eufórico, tenía esa sensación de haber conseguido algo nuevo, como cuando sueñas que te han regalado algo, o has conseguido algo y te despiertas con la sensación de felicidad de que te han hecho un regalo, pero todo era efímero.

Ese último beso me había puesto muy nervioso, hacía que me hiciera mil preguntas, y mi cabeza no paraba de darle vueltas.

Porqué? A que había venido? Que significaba? Porque en el último momento? Porque se había ido?? Con quien se fue?

Y mil preguntas más. Joder!

No sé cuántas veces cogí el móvil para escribirle, pero algo en el último momento me lo impedía, algo, justo en el momento de tocar el icono de enviar, entraba en pánico y me obligaba a borrar las parrafadas que escribía.

Tiré el móvil en el sofá, harto de tentaciones, harto de mil preguntas. Me di cuenta de que seguía tremendamente empalmado, me dolía la polla de tanta tensión, necesitaba descargar adrenalina, correrme.

Cogí el portátil y me puse una porno, me dio igual la temática, no suelo escoger, solo quería tener algo que me sirviera como estímulo.

Aparecieron los actores de turno en un video random, en el que se veía a una morena de curvas exageradas y operadas, a la que el actor la empujaba contra un sofá y se tiraba sobre ella para penetrarla desde atrás mientras le empotraba la cara contra los cojines.

Me agarré la polla y la noté durísima, empezando a meneármela y notando un nerviosismo que no era normal en mi. Cada movimiento de mi mano me ofrecía miles de sensaciones, y poco a poco aquella chica dejó de ser una desconocida y pasó a ser Ana, y aquella polla se convirtió en la mía.

Me vi envuelto en aquella fantasía, en como cogía a Ana y la empotraba contra el sofá de aquella cervecería sin importarme que estuviera abarrotada de gente, con sus pechos botando a punto de explotar atrapados en aquella blusa y aplastados contra los cojines mientras yo la tenía atrapada y le había arremangado la falda negra para clavársela desde atrás.

Mi mano bombeaba arriba y abajo mientras en mi febril mente la embestía sin descanso contra aquel sofá. Oía sus gemidos, los mismos que escuché y me volvieron loco en París, mientras por los altavoces del portátil se oía gritar y gemir a la morena a la que no le daban ni un descanso.

Poco tardó el actor de turno en agarrarla por el pelo y obligarla a ponerse de rodillas para introducírsela en la boca, y yo hacía lo mismo en mi fantasía. Viendo a Ana de rodillas agarrada por el pelo y tragando mi polla sin parar mientras se escuchaba un sonido gutural.

Mi mano volaba como un pistón sobre mi polla, recordando cada gemido, cada respiración de Ana, cada gesto de su cara cuando me la follé en París.

Volví un segundo al video, y ahora aquel tipo le había dado la vuelta, la había obligado a ponerse a cuatro patas en el suelo, y se la había clavado en el culo, mientras aquella morena gritaba sin parar.

Y en mi mente Ana hacía lo mismo, mi mano subía y bajaba mientras mi polla entraba sin contemplaciones en su culo, y ella me miraba con aquella expresión salvaje con la que me miró cuando la enculé. Era curioso como volvía una y otra vez aquella expresión cuando me acercaba al orgasmo. Aquella cara a medio camino entre el dolor, el placer y la súplica de que no parar de metérsela nunca.

Y sentí que explotaba, y vi a Ana abrir la boca y extender su lengua esperando la ducha de mi semen mientras buscaba desesperadamente un pañuelo de papel.

Ella abrió la boca y yo acerqué el pañuelo a la punta de mi polla, extendió la lengua para apoyarla en la punta de mi polla cuando de repente exploté.

Y mi cuerpo soltó una sacudida tan fuerte que caí hacía atrás en el respaldo del sofá, y vi salir un goterón de semen de mi polla con tanta fuerza que se perdió hacía adelante en el salón, y el siguiente le siguió mientras sentía un segundo espasmo, y otro más que me dejó sin aliento, pero esta vez si que sirvió de algo el pañuelo, recogiendo parte de la corrida. Y siguió saliendo ya sin tanta fuerza sobre el papel blanco, sorprendiéndome la cantidad.

-Uuff! Ufff… Ufff…- Jadeaba solo en mi casa mientras se seguía escuchando a la morena de la pantalla gemir y jadear.

No recordaba haberme hecho una paja tan intensa. Me costó recobrar el aliento, y cuando lo hice me acabé de limpiar y busqué como un imbécil a donde había ido a parar los primeros disparos.

Me sorprendió ver la distancia a la que llegaron, Ana me volvía loco incluso sin estar presente, había estado tanto rato al límite con ella que exploté como quien acerca una aguja a un globo.

Recogí el portátil, y me duché.

La ducha me ayudó a calmarme, estaba agotado, pero conservaba una sonrisa estúpida en la cara, y el beso de Ana no se borraba de mis labios.

Piqué algo por casa, intenté dormir, pero no había forma, Ana no se iba de mi cabeza, todo lo que había pasado aquella tarde, algunas frases, su escote, su forma de moverse, y el beso. Aquel beso que no olvidaré. Todo eso no me dejaba dormir.

Y de repente mi móvil vibró.

Lo cogí y la pantalla llenó de luz la oscuridad de mi habitación, necesité unos segundos para adaptarme el brillo.

Era un mensaje de Ana.

Me incorporé acelerado, tocando la pantalla del móvil para abrir la aplicación y leer el mensaje completo.

[Ana] Me lo he pasado genial (Varios corazoncitos)

Se me aceleró el corazón, recuerdo notar como repiqueteaba en el pecho, y sentir la sangre correr por mis sienes. Como un loco empecé a teclear.

[Oscar] Y yo, Ana, a que ha venido el beso?

No pude contenerme, tuve que lanzar aquella pregunta.

“Ana está escribiendo…”

…

“Ana está escribiendo…”
…

El estado de Ana cambió varias veces, y a mí se me hizo eterna la espera que seguramente fueron unos poco segundos, pero para mí pasaron siglos.

[Ana] Ahora estoy con unas amigas, no puedo hablar

Unas amigas? Había quedado con unas amigas? Era eso lo que hizo que se largara tan deprisa? Mientras me preguntaba esas cosas recibí otro mensaje.

[Ana] Quedamos mañana?

Escribí, “Si!”, luego “Si por favor”, pero no quería parecer desesperado, incluso estuve tentado de ponerle que viniera ahora a mi casa, que la pasaba a buscar, pero al final recapacité.

[Oscar] Si, me encantaría
[Ana] Te mando un mensaje mañana para quedar (caritas con besos)

Sonreí como un imbécil, cerré los ojos y suspiré. “Si!!!” quise gritar, pero me contuve y lo guardé para mí.

[Oscar] Perfecto (carita con guiño)

Miré la hora, eran las 2 de la madrugada, dios! A qué horas me escribía! Seguiría de fiesta? Con las amigas? Seguro?

Lo peor de todo es que no tenía una pizca de sueño, todo aquello me había desvelado.

No entendía a Ana, ni a que había venido ese revés en el último momento. La verdad es que aquel beso me tuvo comiéndome la cabeza toda la noche, “por qué? Que buscaba? A que había venido?” Eran preguntas que no paraban de venirme a la cabeza.

Y cada vez que encontraba una posible razón me asaltaban más dudas. Lo único cierto es que aquel beso me había calentado sobremanera, y aquellos mensajes dejaban claro su intención de una segunda cita, O no? Quizás hubiera posibilidades reales de algo.

Tenía el pulso acelerado pensando en ella, era un mar de nervios, y es que Ana provocaba ese estado en mí, por mucho que me hiciera el duro. Esa era la verdad. Estaba alterado por lo sucedido.

Traté de calmarme, de hacer cosas para estar entretenido. Volví a coger el portátil, sin levantarme de la cama, por chafardear por internet, ver algún video de youtube, y chafardear por las redes sociales, a ver si me entraba sueño.

Y lo que son las cosas, por esas tonterías que tienen las redes de hoy en día, acabé encontrando a alguien del pasado, alguien que fue muy importante para mí.

En la red social tenía el aviso de una nueva amistad. La miré curioso, porque en un principio no reconocí a su propietaria, más que nada porque su foto de perfil no era tal, siendo una imagen de unos tatoos. Entré en su perfil y de repente la reconocí.

Era Carla, una amiga del pasado, bueno, en realidad una ex, pero a mi no me gusta
llamarlas así, le quita encanto a lo que vivimos. Carla era una de las primeras chicas con las que estuve cuando iba al instituto.

La acepté sin dudarlo.

Íbamos juntos al instituto, y aunque no estudiábamos lo mismo, acabamos saliendo en el mismo grupillo de amigos, y por aquella época nos enrollamos bastantes veces, era un que si quiero y no puedo, que si puedo y no quiero típico de adolescentes, de aquellos tiempos en los que salías de fiesta y pillabas el pedo por pillarlo. Nos gustábamos, y una cosa llevó a la otra y acabamos follando más de una vez.

Desde aquella época que no sabía nada de ella. Y a los pocos minutos de haberla aceptado, me envió un privado para saludar.

Me chocó que estuviera despierta a esas horas, y me sorprendió que fuera tan directa, pero por lo visto estaba tan sorprendida como yo de habernos “reencontrado” aunque fuera por la red.

Me tiré un buen rato chateando con ella, saludándonos en plan, “cuanto tiempo ha pasado”, y poniéndonos un poco al día. Nada muy profundo, porque se notaba que había cierto corte entre los dos en el ya de por si frio ambiente de un chat.

Me contó muchas cosas, yo le conté como me había ido todo un poco, que seguía muy a mi bola y todo eso. Ella me dejó de piedra cuando me contó su vida.

Resulta que había tenido una niña, con un tío con el que estuvo dos años y pico, y que cuando hablaron de casarse, este la dejó.

Al parecer “el perla” no quería ataduras, y el tema de haber tenido una niña lo había agobiado y espantado, “no iba con el”.

Que hijo de puta, y pensar que hay gente así, consumiendo oxígeno.

Así que me estuvo explicando su periplo en los juzgados para conseguir que el tío le pasase una manutención para la niña, ya que de por si no quería saber nada.

Todo muy de película, y yo flipando.

Me dio rabia y pena, saber de alguien a quien yo había querido tanto, se le habían torcido de aquella manera las cosas.

Con la conversación me dieron las tantas, y al final nos despedimos tardísimo. Me alegré mucho de haber vuelto a tener contacto con Carla, era una chica de la que guardaba un buen recuerdo.

No fue la primera chica con la que me enrollé, ya me había estrenado cuando la conocí, pero yo si fui su primer polvo. Yo fui el chico que la desvirgó, y ella fue la chica que me hizo la primera mamada. Que cosas.

Aun lo recuerdo, estábamos de fiesta aquel día, no recuerdo mucho los detalles que nos llevó a estar de botellón, supongo que lo típico.

Por aquella época ninguno teníamos un duro, así que tocaba ir al súper, comprar botellas de refrescos para mezclar, y alcohol, del barato por supuesto. Cualquier cosa nos servía, total, luego lo mezclábamos todo sin demasiados miramientos.

Así acabábamos, doblados por las esquinas. Que tiempos.

Solíamos ir a los alrededores de un colegio de la zona, que pega con una especie de plaza, y cuando entraba la tarde, casi noche, no había nadie alrededor, quedaba todo muy apartado.

Allí la liábamos, nos poníamos a beber sin razón, charlando y fardando haciendo gala de lo imbéciles que éramos y lo muy mayores que nos creíamos ser.

Carla y yo, estábamos enrollados, tonteábamos. Ella era más o menos de mi altura, delgadita, quizás demasiado, con su pelo moreno clarito y corto, sin llegarle a los hombros, y muy fino. Recuerdo que no gozaba de muchas tetas, pero si un culito que me volvía loco, y una carita de niña preciosa, que le daba un aspecto inocente. En conjunto parecía tener menos edad de la que tenía, que es de mi misma edad.

Y por lo que vi en su Facebook, Carla no había cambiado mucho, excepto su pelo, que ahora lo llevaba rojo y corto, aunque ahora se le notaba un aire mucho más maduro, seguía conservando esa carita de niña que la hacía parecer más joven e inocente. Nadie diría que había tenido una niña, por lo menos no lo parecía.

Carla y yo fuimos la primera pareja del grupo en aquella época, por lo que nos solían dejar a nuestra bola, recuerdo que éramos muy empalagosos, besándonos, y casi todo el día agarrados. Lo típico de los primeros rolletes.

Era verano, y era la fiesta mayor del pueblo donde vivíamos. Aquel fin de semana todo eran fiestas, feria por un lado, concierto (orquesta) por otro, y “discotecas móviles” en las plazas.

Nosotros habíamos hecho el ritual de siempre, nos habíamos abastecido de alcohol, bebidas, hielo y vasos de plástico como para montar un bar, y nos habíamos ido al sitio de siempre antes de ir a una de las discotecas móviles que habían montado en una de las plazas.

Las botellas corrían de mano en mano llenando aquellos vasos de plástico, nos hacíamos los interesantes bebiendo, haciendo el tonto. Sobre todo los tíos, que parecía que quisiéramos demostrar algo frente a las chicas. Carla era una de ellas, y al poco, no recuerdo muy bien cómo, nos quedamos solos y apartados de todos los demás, comiéndonos la boca como locos.

Ambos ya teníamos el puntillo, y estar besándonos y magreándonos, me ponía malísimo, porque por aquel entonces yo ya no era virgen, me había estrenado con una amiga del instituto, y aunque eso es otra historia, yo ya sabía lo que era el sexo. Por lo que tener a Carla comiéndome la boca y dejándose tocar, me ponía a mil y la polla como una piedra.

Y es que con poca cosa nos excitábamos, unas caricias, unos magreos en los pechos, mucha lengua en la boca. No digo que no me pase ahora, sino que para entonces eran barreras que empezábamos a cruzar, todo era nuevo, excitante, morboso, una autentica pasada. Y me ponía burrísimo con muy poco.

Carla se emocionó, y empezó a tocármela por encima del pantalón, no es que no lo hubiera hecho antes, pero aquellos días estaba más lanzada, como más excitada por nuestras caricias que siempre iban un poco más allá cada vez.

Ella y yo aun no habíamos llegado a follar, pero alguna paja me había hecho, solo cuando estaba tremendamente cachonda, como aquel día.

Yo llegué a meter mis manos bajo su camiseta y acariciaba sus tetitas, y Carla emitía gemiditos graciosos, casi más por los nervios que por el placer de sentirse tocada, pero me encantaban.

Al final se las apañó para sacar mi polla del pantalón, nos mirábamos como si estuviéramos haciendo una gran travesura, allí, en aquel rincón apartado junto al muro del colegio, y empezó a hacerme una paja sin dejar de besarme.

Noté que en cuanto empezó a meneármela los besos pasaron a ser mucho más húmedos, con mucha más lengua, se notaba que eso le excitaba mucho.

Y así estuvimos un rato, cuanto más dura y más caliente la notaba, más desesperados parecían sus besos. Yo no dejaba de mirar de reojo de vez en cuando al rincón por donde podrían venir mis amigos en caso de que alguno se acercara, y Carla seguía a lo suyo. Estábamos excitados y nerviosos, haciendo nuestra travesura favorita por aquel entonces, yo ya resoplaba en su boca.

-Vas a correrte?- Preguntó.
-Aun no.
-Pues date prisa.- Me decía nerviosa sin dejar de mover su mano y mirando hacía el rincón por donde podrían sorprendernos.

Y siguió estrujando mi polla de arriba abajo con sus manos, como si inflara un balón con una bomba, rítmicamente.

Lo que son las cosas, ahora le hubiera hecho de todo, y para entonces aquello era lo más atrevido y alucinante que habíamos llegado a hacer nunca.

Pero entonces, cuando estaba ya a punto de explotar, oímos un ruido y vi una sombra acercarse desde donde estaba el grupito de amigos. Le hice una señal rápida a Carla, y ella solo tuvo tiempo de sentarse sobre mi, tapando mi polla con su falda, mientras yo la abracé, disimulando, como si solo nos estuviéramos besando.

-Tíos! Nos vamos a la plaza, que hay discoteca allí.- Dijo uno de mis colegas.

Sentía el coño de Carla presionar mi polla desnuda y durísima contra sus braguitas, notando su calor mientras me aplastaba la polla que palpitaba enloquecida pegada justo donde quedaba su coñito.

-Vale, ahora vamos.- Contesté como si tal cosa.

Noté que Carla se acomodó, moviendo sus caderas un poco para que la presión de mi polla le diera justo en algún punto de su coño en el que sentía placer.

Y yo sentí su calor, haciendo que nos mirásemos de reojo. Estaba oscuro, nuestro amigo no podía ver nada porque la falda de Carla lo tapaba todo al caer sobre sus piernas y las mías.

Y Carla siguió apretándose con un movimiento casi imperceptible.

Continuará…

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