LOLA BARNON

Quedé con Jorge a las once y media del sábado en nuestra casa. Tenía que estar atenta porque no quería que le vieran vecinos. Iba a estar conmigo un fin de semana entero y aunque en mi portal solo éramos ocho viviendas, no había que fiarse. Y un tipo como Jorge, destacaba mucho.

        Estaba en la ventana del salón cuando lo vi llegar en su coche. Conducía un todoterreno de tamaño medio nada ostentoso, de color gris oscuro. Llevaba una maleta pequeña y una caja de champán y algo de caviar. Me había prometido a mí misma que lo terminaría bebiendo ese fin de semana.

        Abrí la puerta antes de que llamara al timbre. Cuando estuvo dentro lo abracé y besé. Tenía ganas de verlo. Estaba guapísimo, con un ligero moreno que hacía que los ojos, el pelo y los dientes resaltaran más aún.

        —Te comía… —le dije justo antes de besarlo otra vez.

        —Vaya recibimiento… Estoy por salir de nuevo y que lo repitas.

        —Ni se te ocurra… de aquí ya no te vas.

        —¿Y qué vamos a hacer todo el fin de semana encerrados?

        —Follar, ¿algún problema?

        —Ninguno —se rió y me elevó llevando mi cara hasta la suya. Me dio un beso suave, tranquilo.

Ambos sabíamos que había tiempo de sobra y no había prisa por empezar con la maratón de sexo, pero también que no nos aguantaríamos mucho sin tocarnos ni follar.

Nos contuvimos hasta casi la hora de comer, pero un poco antes de las dos, yo ya no podía más. Deseaba tocarlo y que me la metiera hasta el fondo. Le vi desde la cocina, sentado en el salón mirando a la televisión. Me fui hasta él despacio, quitándome las camiseta y dejando las manoletinas por el piso en uno de mis pasos. Me desabroché el pantaloncito corto blanco, lo dejé caer junto a mis bragas y avancé hacia él. Me miró, sonrió y se puso de pie.

—Cariño, no aguanto más sin que me la metas…

—Pues no se hable más —me dijo despojándose del pantalón corto que llevaba y dejando al aire su polla aún morcillona.

Le llevé de la mano al sofá, a ese en donde me había follado por primera vez a gatas. Se sentó y yo empecé a besarlo y a acariciarle el pene y los huevos. Me encantaba sentirla tan grande en mi mano, como crecía y se endurecía. En ese momento sonó la entrada de un mensaje de Whatsapp. Al principio no hice el menor movimiento y seguí con las caricias a Jorge.

—Cógelo, no sea que se trate de algo importante.

Sin dejar de tener su polla en mi mano, alargué la otra para coger el móvil. Era Nico.

—Es mi novio… —dije contestando a los mensajes para tranquilizarlo.

—¿Qué te dice? —se lo enseñé y Jorge leyó con una sonrisa.

Nico

«Hola, preciosa. Qué tal todo?»

 

Mamen

«Hola cari»

 

Nico

«Todo bien?»

«Estás ya con Jorge?»

 

Mamen

«Sí»

 

Nico

«Y?»

Había dejado ahí la conversación y preferí que pasará el tiempo. En mi cabeza bullía una nueva travesura que esperaba que le gustara a mi novio.

        —Hazme un vídeo —le dije a Jorge mientras agarraba bien su polla y la empezaba a chupar de nuevo.

        —¿Un vídeo comiéndomela…?

        —Nico me ha pedido que le mande alguno.

        —Y eso…

        —No lo sé. Morbo, supongo.

        —Preferiría no salir… —me dijo algo preocupado.

        —Tranquilo… Solo me quiere ver a mí.

        Jorge asintió. Aunque noté que le extrañaba aquello, aunque no le di la menor importancia.

Situó el móvil a la altura que pensó era suficiente y empezó a grabarme. Yo tenía el miembro de Jorge en la boca, subía y bajaba mi cabeza hasta que notaba el glande. Lo estaba haciendo despacio, más lento de lo habitual para que no se perdiera detalle Nico. Pasaron doce segundos.

        —Vamos a verlo… —le dije a Jorge divertida.

En el vídeo se me veía perfectamente cómo le estaba comiendo la polla a Jorge. Incluso daba la sensación de hacerlo lentamente, y parecer más viciosa, a propósito. Mi boca estaba llena, rodeando mis labios todo el grosor de su pene.

Nico

«Dime algo!!!»

—Voy a mandarle el vídeo… —dije manipulando el móvil y enviándoselo a mi chico.

Lo dejé encima de la mesa y seguí a lo mío sin importarme la respuesta

Nico

«Eres la mejor, preciosa»

«Vaya mamada!»

«Primer polvo?»

 

Cogí el móvil y tecleé un poco exasperada por su insistencia.

Mamen

«Sí»

 

—Es que si no le contesto, no nos deja follar en paz… —le dije a Jorge interrumpiendo la mamada que había reiniciado y dejando de nuevo el móvil en la mesa.

—Pobre… Dale al menos esa satisfacción. Venga, contéstale

—De acuerdo… —lo cogí de nuevo—. Voy a hartarle a vídeos… —dije sonriendo

Mamen

«Te gusta?»

 

Nico

«Mucho!!»

«Quiero más!!»

 

Mamen

«Buf… ahora no puedo.

Voy a follar corazón…»

 

        En efecto, nos pusimos a ello aunque sonaron algunos pitidos más en el móvil demandando Nico más información. Jorge estaba también ansioso, lo notaba en la manera en que me bombeaba con ritmo más acusado y profundo. Noté que no tardaría en correrse.

        —Aguanta un poco cielo… Quiero más de ti —le susurré

Detuvo sus acometidas y me cogió en vilo.  Se recolocó la polla dentro de mí y empezó a penetrarme, él de pie y yo abrazada a él como un koala, con brazos y piernas. La notaba muy dentro, como si llegara hasta el final de mi cavidad vaginal. Jorge bombeaba con firmeza, empujándome por la cintura y haciendo que sus huevos casi chocaran contra mis muslos. Empecé a gemir de placer, y él aumentó el ritmo al estar yo ya muy mojada. Me corrí sin remedio, abrazada a él y besándolo. Había sido un orgasmo de primera. Muy bueno.

Me dejó en el suelo, pero yo seguía con un ligero temblor en las piernas.

—¿Qué te pasa?

—Cielo, me he corrido como nunca lo había hecho… Eres el mejor, un sol… ¡Cómo me gustas! Y ahora te toca a ti, déjame que me recupere un poco.

—No te preocupes. Puedo esperar.

Me quedé sentada en el sofá, respirando, con una sonrisa y mirando a Jorge embelesada. Tenía la polla todavía erecta, pero me costaba erguirme e ir a por ella.

—Me das unos minutos y te hago la mejor mamada de tu vida, te lo juro…

Se sentó a mi lado y me rodeó con su brazo derecho. Yo fui a acariciarle el pene, pero me quitó la mano. Solamente me besó. Un beso limpio, largo, tierno.

—Esperemos a tu segundo.

—Eres un sol.

Vi el móvil y los menajes de mi chico. Pero en ese momento no estaba para mandarle nada. Decidí esperar, entonarme y que la broma o la travesura me saliera sola.

Unos minutos después, tecleé.

Mamen

«Polvazo…»

«Me va a costar

superarlo

el domingo.

Bsss»

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