SIX

Ana hizo una burla mordiéndose un poco la lengua y arrugando su nariz. Y a mí, su gesto me dio morbo, más que otra cosa.

-Que dices, tampoco exageres.- Contestó intentando quitarle importancia.

Pero su tono de voz ahora era juguetón, y la comisura de los labios se le torcía intentando disimular una sonrisilla que a mí no me pasaba desapercibida.

-Ya, vale, fingiremos que no te he visto juguetear ni nada de eso… Ha sido un trabajo, “Muy profesional”- Me reí.

Ana abrió la boca sorprendida, luego cogió una oliva y se la llevó a los labios.

-Eh! Que yo solo quería estar guapa!- Dijo antes de meterse la oliva a la boca.

Jugó con ese gesto, aguantando la bolita verde que formaba la oliva en sus labios, aplastándola primero con la lengua contra el labio superior antes de llevársela hacía dentro.

Ana tenía unos dientes blancos y muy cuidados, que junto a sus labios le hacían una boca muy sexy.

Sonreí embobado. Puede que fuera consciente de su juego, pero me tenía atrapado.

-Desde luego ha tenido que disfrutar de la entrevista…- Dejé caer como si pensara en voz alta.

Ana sonrió, torció su cabeza en un gesto coqueto a la vez que abría sus labios como si quisiera decir algo pero no se atreviera. Luego exageró su sonrisa y cogió aire.

-Y tú?- Soltó al final.
-Yo?- Me hice el tonto.

Ana se agachó a coger su copa de nuevo, insinuándose otra vez, pero mucho más exagerado, aplastando sus pechos con los brazos para que estos se notaran más.

La miré descaradamente, porque sabía que lo estaba haciendo para que no dejara de mirarla, y le dio un trago a su copa sin dejar de mirarme, arqueando su espalda.

Luego se peinó el pelo hacía atrás, y dejó la copa de la misma manera, relamiéndose los labios de manera exagerada mientras se incorporaba.

-Si. Que si a ti también te gusta lo que ves… Porque no dejas de mirarme.- Soltó sin pestañear y sin apartar sus ojos de los míos.

Sonreí.

-Mucho.- Dije despacio.- Estas tremenda.

Ana sonrió con un pequeño suspiro, luego pasó la puntita de su lengua por sus dientes, jugueteando, y acabó mordisqueándose el labio inferior, clavando sus dientecitos en el, y dejando que se le fuera escapando lentamente.

Por fin un gesto que reconocía, mis pulsaciones se dispararon, y mi polla empezó a crecer. Sería posible que Ana estuviera cachonda? Si aquel gesto había sido involuntario, era muy posible. Pero si formaba parte de su coqueteo…

-Ya estabas guapa esta mañana… -Añadí tras unos segundos. -Pero con esa minifalda, y esas medias… Bufff!

Suspiré, no me cortaba un pelo, ya estaba lanzado.

-Qué le pasa a mis medias?- Dijo mirándose las piernas.

Ana se acarició las piernas, no pude evitar mirar como su mano recorría su muslo, y de repente, levantó una pierna para pasarla sobre la otra, y cruzarlas. Se me cortó el aliento al ver aquel gesto, no me perdí el detalle de cómo pasó la pierna sobre la otra para cruzarlas, viendo como sus muslos separaban aquella faldita lo justo para casi dejarme ver sus braguitas, pero tampoco hubo suerte, el movimiento fue lo suficientemente rápido como para no dejarme ver nada. Y Ana acabó con las piernas cruzadas a un lado, dejándome ver de nuevo la goma de las medias que asomaban por una pequeña rajita abierta de la falda, ahora tirante y apretada aguantando sus muslos, en aquel sofá que ahora acomodaba su culo en el fondo.

La miraba sin disimular, mientras ella seguía acariciándose los muslos, mirándose, haciéndose la tonta, como si le hubiera dicho que tenía una carrera y las estuviera examinando.

-Que te quedan genial.- Dije mirándole ahora los ojos.

Ana sonrió, no supe si agradeciéndome el cumplido, o con otras intenciones.

-Me encantan ese tipo de medias, me dan mucho morbo… y a ti te sientan demasiado bien.- Solté.

Ana sonreía, coqueta de nuevo, le gustaba que la adularan. Se agachó retorciéndose bastante hacía la mesa para coger su copa. La agarró con los dedos de una mano y se la llevó a los labios sin dejar de mirarme, le dio otro traguito. Y luego aplastó sus labios como si saboreara la cerveza.

-Tú también te has arreglado, ese traje te sienta bien.- Dijo dejando su copa en la mesita entre nosotros.

Cada vez que se agachaba me ofrecían un espectáculo sus tetas, parecían tener vida propia cuando Ana se movía, aplastándose entre su cuerpo y la blusa apretada, intentando salir al exterior por la parte de arriba sin conseguirlo.

Me miré un segundo, Ana me tenía nervioso de cintura para abajo desde hacía rato, Sabía que le había dicho que no intentaría hacer nada, éramos solo un par de compañeros de curro tomando algo. Dos compañeros con mucha tensión sexual entre nosotros, y más desde lo que pasó, pero solo eso. Aun así se me hacía muy difícil controlarme. Mi cuerpo y mi polla se hinchaba pensando en ella, era como una lucha, mi polla se levantaba de su gran letargo al oír su voz, al verla y recordarla, pero no llegaba a ponerse dura, porque luchaba contra ello continuamente, intentaba pensar en otra cosa. Y me invadía un calor suave que lo envolvía todo, y que nacía precisamente entre mis piernas.

Aquel pantalón de pinza no ocultaba demasiado bien mis erecciones, y se notaba bastante un buen bulto ahora, porque hacía rato que perdía esa batalla contra mi mismo, sobretodo sentado como estaba en aquel taburete que hacía que mis piernas estuvieran separadas, y abiertas frente a Ana.

La miré, no sabía si su comentario había venido porque Ana había notado esa erección, o simplemente fue un hablar por hablar. Se agachó hacía mi para coger otra oliva.

-Simplemente quería darle a la reunión un aire más formal.- Dije encogiéndome de hombros.
-Podías vestir más veces así, te sientan bien los trajes, te hacen más serio.- Dijo de manera desenfadada metiéndose la oliva en la boca, y jugueteando con ella entre los labios y la lengua.

Ahora fui yo el que sonrió recordando algo.

-No me veo usando traje, es como si no fuera yo…- Dije metiendo un dedo entre mi cuello y el nudo de la corbata para tirar hacia abajo y aflojarlo, sintiendo inmediatamente alivio. –Las corbatas me ahogan, y me tiro la vida haciéndome el nudo… Prefiero usar las corbatas para atar otras cosas.- Solté con segundas haciéndome el loco.

Cogí mi copa y le di un trago, mirando a Ana, se puso colorada y se le abrió la boca un pelín, y vi como sus ojos buscaban algo que mirar en el local, como intentando huir de allí, luego cogió su cerveza a la vez que yo dejaba la mía, y le dio otro trago, refugiándose detrás de la copa.

Yo también sabía jugar a tirarlas con curva.

Se me escapaba una sonrisa, que disimulé cogiendo una oliva y metiéndomela en la boca.

Y se hizo otro silencio entre nosotros.

-Bueno, y ahora que hacemos?- Dije al final yo mirándola descaradamente de arriba abajo.

Ana me miró extrañada, totalmente descolocada por mi descaro. Y también me miró de arriba abajo, despacio, recreándose en el bulto que asomaba entre mis piernas, y antes de que dijera nada, continué hablando.

-Si el tío este aprueba nuestro presupuesto, que haremos? Pasaremos a llevar la web de los cines esos?- Pregunté conteniendo una sonrisa.

Ana clavó sus ojos en los míos, parpadeando un poco desconcertada, volvió a mirarme de arriba abajo deprisa, y luego infló su pecho para tomar aire. Estaba colorada.

-Sí, y no solo la web, piensa que podríamos llevar todo el tema de venta de entradas, lo que se traduce en mantenimiento y gestión continua, y eso es trabajo para bastante tiempo. Por eso Marc está tan interesado en esto.- Empezó a explicar.
-Pues a ver si lo aceptan. Porque eso sería bastante bueno teniendo en cuenta los tiempos que corren.

Me agaché de nuevo hasta la mesita para agarrar mi copa, no tenía sed, quería ahogar una sonrisa, y que no me pillara jugando.

-Sí, supongo que en la empresa se abriría una nueva sección, porque hasta ahora no hemos llevado nada así.- Contestó.

En mi empresa hacía ya algún tiempo que nos preguntábamos como íbamos aguantando tanto debido a los tiempos que corrían, éramos muchos trabajadores para pocos trabajos, casi todos eran de programación y mantenimiento de clientes anteriores, hacía ya tiempo que no se nos presentaban oportunidades grandes. De ahí también, los viajes a parís como un intento de captar clientes, para extender lo que aquí no tenía futuro.

De repente Ana abrió la boca para tomar una bocanada de aire, mientras descruzó sus piernas inclinándolas de nuevo sin dejarme ver apenas nada. Luego arqueó su espalda para acomodarse la blusa tirando del cuello, y mostrarme justo enfrente de mi como su escote se balanceaba con sus movimientos.

-Tengo calor…- Se quejó con un susurro mirándome.

Yo solo sonreí, aplaudiendo en mi mente su intento de coquetear, o eso es lo que me pareció su excusa para acomodarse.

Se había quedado mirando otra vez al local, como si se hubiera perdido en sus pensamientos, hasta que me miró.

-Que ganas de salir de fiesta.- Soltó de golpe. -Este sitio no está mal, la música mola.

Sonreí. En aquel local, pese a tener pinta rockera, en plan americana, ponían un poco de todo, la verdad es que el primer dueño lo tenía decorado así y solo sonaba rock, pero lo traspasó con esto de la crisis, y desde que lo tenían los nuevos dueños sonaba de todo. El hilo musical iba desde el rock, pasando por el dance, reggae, incluso algo de reggaetón que me cuestan tanto de soportar. La verdad es que el sitio había perdido mucho desde que cambió de dueños, antes tenía su propio estilo, ahora no era más que otro bar musical, con una decoración muy marcada y personal. Aunque seguía estando bien, yo echaba de menos a los anteriores dueños, porque también los conocía del barrio.

Por lo menos la música, estaba a un volumen justo como para oírla, pero sin molestar, aunque yo desde que cambió de manos el local, no le prestaba mucha atención a la música cuando venía, era como un acompañamiento, tan solo estaba ahí, me importaba más la compañía.

El comentario de Ana hizo que me fijara en lo que sonaba en ese momento, algo dance.

Menos mal, no conocía los gustos musicales de Ana, pero si lo hubiera dicho con algún reggaetón “gasolinero” o por el estilo, me hubiera decepcionado un poco.

-A veces, hacen una especie de conciertos, en directo.- Le contesté señalándole unas mesas que estaban como en una plataforma elevada. –Allí, eso es una especie de escenario.

Ana miraba divertida hacía donde le señalaba, pero al girar su cabeza, se recolocó un poco mejor en el sofá, y cruzó sus piernas de nuevo, esta vez con un movimiento exagerado y lento.

Mis ojos se clavaron entre sus muslos automáticamente, era el movimiento que esperaba desde hacía rato, y mientras ella seguía distraída mirando a la dirección que señalaba mi mano, pude ver un pequeño triangulito negro entre sus piernas, quizás fuera su tanga, o unas braguitas, o quizás la oscuridad bajo aquella faldita, pero mi ritmo cardiaco se disparó, y mi polla empezó a crecer sin remedio, hinchándose como si ella también quisiera levantarse a mirar.

Suspiré.

Y Ana terminó de cruzar sus piernas, ajena a mis miradas indiscretas, se agachó hacía la mesa y cogió su copa de nuevo para luego mirarme y darle un pequeño trago.

-Y quien toca?- Me preguntó aun con su copa en la mano y una sonrisa extraña en los labios.
-Gente, nadie conocido, de por aquí, aspirantes a músicos, o quien quiera subir. Es raro que hoy no hagan nada, porque los jueves y los viernes dejan ese espacio libre, y dejan subir a quien sea.- Expliqué.

Aquella plataforma no hacía más altura que la de un escalón, unos 20 centímetros, pero era ancha como para albergar unas dos mesas y sus sillas bien separadas.

-Pues estaría bien venir un día.- Dijo dándole otro trago a su bebida.

Sonreí. Eso significaba que quedaríamos más veces? O lo había dicho por decir? O quizás para venir con otro?

Y me la imaginé sentada aquí con Marc. Se me revolvieron las tripas, ahora el calor erótico que sentía se transformó en algo visceral, en rabia e impotencia internas. Seguramente celos.

Odiaba que Ana estuviera con Marc.

-Voy al baño.- Le dije.

Ana sonrió mientras dejaba su copa en la mesita, y yo me levante justo enfrente de ella. Tardó muy poco en repasarme y en fijar la vista en el bulto que mostraba mi pantalón sin llegar a incorporarse.

Vi como abría ligeramente la boca, y luego sonrió levantando la vista hasta encontrar mis ojos.

-Estas contento hoy!- Soltó burlándose con una broma recostándose de nuevo en el sofá, haciendo pequeñas miradas furtivas a mi pantalón.

Me la quedé mirando unos segundos.

-Es lo que pasa cuando te tengo cerca.- Solté sin remordimientos.

Ana abrió la boca sorprendida por mi descaro, y se puso roja. Yo me giré y la dejé sola, avanzando hacía al baño.

Una vez en los lavabos intenté calmarme, era de esos que comparten pica y grifo, pero luego hay dos puertas, una para hombres y otra para mujeres. Me metí en el de hombres y me cerré.

Tenía ganas de mear, pero al sacarme la polla la noté dura como una piedra, hacía rato que me dolía atrapada en el pantalón. Estaba caliente, tenía ganas de sexo, sintiendo ese calor nervioso que sentimos ahí abajo cuando estamos deseando follar.

Me costó mear, tuve que concentrarme y relajarme un poco. Y cuando por fin pude mear, reconozco que sentí hasta un hilillo de placer al descargar con la polla hinchada en la mano.

La sacudí, notando que las ultimas gotas caían despacio, alargándose hasta separarse de la punta de mi polla, quedando una última gota estirada y colgando, trasparente y muy larga.

Tuve que coger un poco de papel para limpiarla, era líquido preseminal. Ana alimentaba tanto mi deseo sexual que me tenía cardiaco, y tenerla ahí fuera, a solas, desprendiendo tanto morbo, no ayudaba a calmarme para nada.

Me tenía todo el rato con una tensión sexual intensa e inagotable. Era un castigo continuo. Me metí la polla de nuevo en los calzoncillos, sintiendo como si encerrara a un animal salvaje que necesitara de libertad.

Me lavé las manos mientras me miraba al espejo. Necesitaba follármela, tenía que conseguirlo esa noche como fuera. Noté que mi polla empezó a palpitar como si aprobara mi decisión, me tiré agua en la cara para refrescarme, y volví a mirarme al espejo como si quisiera comprobar que todo era real, que Ana estaba fuera, conmigo, a solas.

Salí del baño algo más calmado, el cambio de postura y caminar lo poco que había hasta el baño me había sentado bien. Pero aun conservaba ese nerviosismo imprudente que nacía de dentro.

Ana casi tenía agotada su copa, estaba con su móvil en la mano, como si se escribiera con alguien. Al llegar, me sonrió y lo guardó.

Volví a sentarme en mi taburete, y Ana me repasó con la mirada. Yo cogí mi copa y le di un buen trago.

-Oscar, lo siento pero tengo que irme…- Dijo como si le diera reparo admitirlo.

Fue como un puñetazo en los huevos, como un cubo de agua fría por encima, de golpe y sin avisar. No paraba de pensar en quien sería el del otro lado del móvil, y porque tanta prisa.

Suspiré y me encogí de hombros.

-No pasa nada, tranquila, acábate tu cerveza y nos vamos.- Sonreí como pude.

Aunque por dentro estaba deseando decirle que se quedara, que siguiéramos con otra copa, que no se marchara. Pero no quería forzar las cosas, no el primer día que nos hablábamos por fin como amigos, rompiendo un silencio que había durado mucho.

Y así fue, tras un par de tragos largos después, y tres olivas de golpe en la boca, me vi levantándome de allí, pagando y saliendo con prisas.

Volvimos al coche, y Ana caminaba a mi lado, ya no le notaba esa hostilidad que había fabricado contra mí, incluso sonreía, contándonos anécdotas del curro, hablando por hablar de algo.

Algo era algo, pensé. La había tenido tan cerca, había estado tan cerca, que aun no me creía que la noche se acabara tan rápido.

Ana miró entonces a la calle, a lo lejos, y luego me miró a mí.

-Por aquí hay alguna parada de metro cerca? Si no tendré que pillar un taxi.- Me dijo torciendo la boca.
-Que? De eso nada, te acerco en coche.- Le dije.

Me miró sorprendida, supongo que no esperaba que me ofreciera.

-No es necesario Oscar, si me dices donde hay una parada o algo…- Contestó.
-Insisto. Además tu te has visto? Si coges el metro así, no me responsabilizo de si te acaban metiéndote mano o violándote unos tíos grandes y machotes!- Bromeé. -Imagínate con que cara llego yo a la empresa el lunes! Fuimos a la entrevista… y luego… Luego violaron a Ana unos tios en el metro, que qué hice yo? Nada, yo no estaba…

Ana se reía, mientras yo bromeaba por quitarle hierro a la despedida acelerada, y por no pensar en nada más, era mi sistema de defensa el que soltaba chorradas sin parar.

-Que imbécil eres!- Me dijo en broma riendo.
-Bueno… Claro… Que no es violación si te dejas…- continué con la broma haciéndome el tonto. -Porque a quien le explicas tu que no querías nada, vistiendo así…Jajaja!

Le señalaba a las tetas, en plan descarado, pero todo se aceptaba siguiendo con la broma, y Ana me dio un pequeño manotazo en la mano bromeando.

-Gilipollas!- Me soltó riéndose.
-Venga, va! A donde te llevo? Insisto.- Le dije ya serio y sin bromear.

Ana ahora me miraba sonriendo, como quien ve a un amigo o algo, agradecida.

-Si no te importa, hasta mi casa.- Dijo sin perder la sonrisa.
-Pues vamos!

Ya en el coche, continuamos con las bromas, y alguna cosa más, Ana ahora ya no se tapaba, ni estiraba de su falda para que no le viera las medias, incluso se giraba al hablar mostrando su escote sin cortarse mucho, no a cosa hecha, sino de manera desenfadada, como si ahora conmigo estuviera relajada. Había desaparecido lo tensa que se había mostrado antes de tomarnos aquellas cervezas. Yo la miraba de reojo mientras conducía, y volvió esa mirada hambrienta en mí, la oía hablarme de sus cosas, pero mi mente estaba perdida de nuevo en esas tetas, en su cuerpo, en la forma de sus labios al juntarse para formar palabras, brillantes y húmedos, y en el aroma que desprendía.

Sentía de nuevo esa sensación cálida que me alimentaba y hacía que mi polla se hinchase.

Ana era una droga, y yo como adicto, notaba que necesitaba una dosis, un chute de ella, y mi cuerpo me hablaba usando sensaciones para dejarme claro que tenía hambre, hambre de ella.

Ana me indicaba por dónde ir, vivía en el centro, y en un momento dado me indicó que me parara.

-Déjame en esta esquina, por favor.- Soltó señalándome un sitio cerca de un paso de peatones.

Me mosqueó que no me dijera una dirección concreta, no sé si lo hacía para que no conociera su dirección, o porque en realidad esa no era su casa y la había traído donde había quedado con alguien? Ese alguien no sería Marc?

De nuevo esa sensación agría de los celos por dentro.

Mi cabeza iba a explotar con tanta pregunta, tanta incógnita, y lo peor es que en breves segundos estaría solo, sin ella. Y no quería que se marchara todavía.

-Gracias.- Me dijo sonriendo cogiendo su chaqueta.
-De nada.- Dije disimulando la voz que sentía en mi interior que me gritaba, “Que no se vaya!”

Entonces Ana se giró hacía mi para desabrochar el cinturón de seguridad, y al tenerla tan cerca sentí vértigo, embobado, mirándola.

-Me lo he pasado muy bien.- Me dijo sonriendo a pocos centímetros de mi cara.
-Yo también.- Sonreí. -Si quieres quedar alguna v…

Me interrumpió con un beso en la boca que me dejó helado, cogiéndome de la cara. Su sabor, su lengua, su saliva, me envolvieron, alimentando mi sed, me había quedado petrificado, dejando que todas esas sensaciones me invadieran.

Poco a poco empecé a reaccionar, y comencé a devolverle el beso, hundiendo mi lengua por fin en su boca.

Su boca, que ahora me parecía el paraíso, hizo que me diera cuenta cuanto había echado de menos el sabor de Ana.

Y hundía su lengua en mi boca, alzándose en el asiento, como si levitara sobre mí, cogiéndome la cara. Y cuando lancé mis manos para cogerla, para abrazarla, se despegó de mí, sintiendo que me arrancaban algo de dentro.

-Tengo que irme.- Susurró mientras su cinturón de seguridad se deslizó entre nosotros liberandola.

Agarró la puerta del coche, y me dejó a solas, quedándome como un imbécil, escuchando el tic, tac, de los intermitentes de emergencia como el único sonido que ahora escuchaban mis oídos, dentro del espacio vacío y cerrado de mi coche.

“Que cojones acababa de pasar?”

Reaccioné tan tarde, que no supe ver ni por donde se había largado Ana. Suspiré volviendo en mi.

Y me descubrí sonriendo, relamiéndome para aprovechar los últimos sabores que Ana me había dejado en la boca.

Arranqué el coche, y me fui a casa con el corazón acelerado y una empalmada de caballo.

Continuará…

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