MOISÉS ESTÉVEZ

Comenzó a nevar, la leñosa ventana de su acogedor apartamento
neoyorquino se lo dijo.
Su apreciado refugio, un valioso rincón en aquella fascinante isla, magna
y superpoblada donde dejaba volar su imaginación, haciendo de los lunes una
fiesta, inventado planes inimaginables, soñando con ser feliz, con una
desbordante ilusión por empezar a vivir ‘su vida’. Además, aquel generoso
habitáculo le ofrecía disfrutar de una paz interior hasta ahora inexistente.
Leía y escribía,
dormía y soñaba,
pensaba y creaba,
sonreír podía…
… vivía.
Todo el tiempo anterior fue como si hubiese estado viviendo una vida
que no era la suya, todo un tópico, pero no por eso menos cierto. Una vida
condicionada por todo, lo material y lo metafísico, lo de aquí y lo de allá, pocas
luces y muchas sombras, la sociedad que hedía, los otoños tristes, los
amaneceres cansados, el aislamiento sufrido, una infancia perdida, una
adolescencia sufrida, la incomprensión total en la madurez por parte de una
sociedad intolerante…
Tenía la seguridad de que todo estaba cambiando, y eso le hacía ser
optimista para con su futuro…
Un rayo de sol asoma,
vestigio de una esperanza,
que si antes perdida estaba,
ahora se muestra ladrona…

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