ISA HDEZ

Con los años vas viviendo etapas llenas de historias que se van sucediendo una tras otra, y cuando estás de lleno en una de ellas crees que nunca va a terminar o que durará para siempre. Cuando pasa esta fase, piensas en lo rápido que se ha ido todo ese tiempo que en un principio creías que era eterno. Hoy, mientras me miraba al espejo y me pintaba los labios me di cuenta de que ya era una mujer mayor, pero me gustaba mi cara y no me importaba verme las arrugas. Me parecía a un hada de las del cuento que mi madre me contaba cuando era pequeña, el de la noche de las hadas, y, en ese momento recordé todo el cuento. Las tres hadas mágicas salían de una nube por las noches, cada una era de un color diferente: púrpura, dorada y plateada. Tenían varitas mágicas que desprendían luces brillantes, y, se acercaban a mi cama para darme regalos, y vestidos de princesa. Me sentía muy feliz. Las hadas me protegían de todos los peligros que pudieran acecharme en la niñez y todos mis miedos se alejaban. Me escuchaba las risas, y deseaba que no se terminara el cuento. De pronto, el espejo me devolvió a la realidad, y me vi con el carmín en la mano, la cara sonriente, la mirada nostálgica y una lágrima se escapaba resbalando por mis mejillas. En el fondo del espejo vi la imagen de las tres hadas de mi cuento infantil que me sonreían sin magia, y me revelaban el paso del tiempo.

© Isa Hdez

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