ECONOMISTA

Me levanté con el calzón hecho un asco, pringoso, salivante, mojado, seguramente sería por la conversación que había tenido la noche anterior con Claudia. Cuanto menos se avecinaba una semana interesante, el sábado habíamos vuelto a quedar con Víctor y el martes mi mujer había adelantado una reunión que tenía programada con Don Pedro.

Antes le había comentado la visita sorpresa que me había hecho Gonzalo, no quería que se pudiera enterar por otras vías que había venido a la fábrica así que decidí decírselo yo. Claudia se quedo bastante sorprendida y me preguntó que es lo que quería.

– Nada, solo ha venido a despedirse, me ha dicho que se vuelve con su madre al pueblo..
– Mejor cuanto mas lejos, no queremos saber nada de él, dijo en plural, sin duda refiriéndose a su familia.
– Si y también después de lo que pasó el día de la boda de tu prima…

Claudia me miró extrañada de que hubiera sacado ese tema. No se lo esperaba.

– ¿Y eso a que viene ahora?
– No, digo que mejor que se vaya, ese día fue un cabrón…ya sabes…
– Prefiero no hablar de ese tema, dijo zanjando el asunto.

No me dio pie a decir nada mas, otro asunto del que llevábamos unas semanas sin fantasear era el del director, siempre esperaba a que fuera Claudia la que sacara el tema, ya que si lo hacía yo se solía enfadar. Pues bien después de lo de Gonzalo empezamos a hablar del encuentro con Víctor el fin de semana que viene, Claudia lo había decidido todo, esta vez iba a ser diferente, era ella la que había planificado la cita, me dijo que primero nos íbamos a ir a cenar los dos solos y luego esperaríamos a Víctor en la habitación, yo sentado en el sofá y ella saldría a recibirle con un conjunto de lencería que yo tendría que comprar para la ocasión. Para calentar mas el ambiente, antes de que viniera Víctor nos íbamos a conectar con Toni desde la habitación para que viera como iba vestida Claudia.

El plan me parecía súper morboso, Claudia me había dicho que tenía prohibido correrme durante la semana, para llegar mas excitado, cuando la pregunté si ella también iba a estar sin hacerlo me contestó que no podía prometerme nada, que el martes tenía una cita con Don Pedro y que no sabía lo que podía pasar en su despacho.

Aquella fantasía con el viejo me ponía a mil.

Como me dijo Claudia el lunes por la tarde nos fuimos al centro comercial con las niñas, llegamos a la tienda de lencería y normalmente cuando veíamos algún conjuntito en el escaparate entrábamos juntos a comprarlo, pero esta vez mi mujer me dijo que tenía que entrar yo solo en la tienda y elegir algo para el sábado, que ella no lo vería hasta la misma tarde del sábado que se lo pusiera.

Claudia se quedó fuera de la tienda jugando con las dos peques, entré solo y me dirigí a una de las dos jovencitas que estaban de dependientas. Mi mujer sabía que estas cosas me daban una vergüenza terrible, por eso me lo mandaba hacer.

– Hola, buenas tardes, quería comprar un conjunto para mi mujer…
– Si, ¿tenías algo pensado?
– Pues la verdad que no, le gusta que sea de color negro, dos piezas…
– ¿Braguita, tanga, transparente, con dibujos?…¿te voy enseñando y me dices?
– Vale.
– ¿Que talla sería?
– Pues una 90-95, es delgada, bajita…
– Si, dijo la otra chica que nos conocía de mas veces, – su mujer lleva una 95…

Me dio mucho morbo que la otra dependiente ya nos conociera, solíamos ir una vez al mes a comprar cosas, pero todavía me puso mas cuando empezó a sacar conjuntitos para que yo eligiera uno, no podía dejar de pensar en que así es como se iba a vestir para Víctor y yo como un buen cornudo sumiso se lo estaba comprando para él. Cuando acaricié la tela de las primeras braguitas que sacó de la caja ya tenía la polla dura, me sacó 4 o 5 conjuntitos y al final me decanté por el mas vulgar, el que menos la tapaba, no era el mas bonito ni mucho menos, un tanga de hilo con un pequeño triangulo en la zona del coño y algo parecido en el sujetador, que también cubrían sus tetas con dos pequeños triangulitos.

Tapaba lo justo para no ir desnuda. Un conjunto con el que iba a parecer una guarra cuando fuera a abrir la puerta de la habitación a Víctor. Salí de la tienda con 60 euros menos en la cartera y una empalmada impresionante. No tardé en encontrar a mi mujer en la tienda de zapatos. Ella también quería comprarse algo para Víctor.

El martes después de comer Claudia había quedado para la última reunión del curso con Don Pedro, las clases habían terminado y ya solo tenía alguna tutoría con los alumnos para posibles dudas de éstos de cara al examen de acceso a la universidad.

No tuve que pedírselo, ella misma se puso la faldita negra con la que me deleitaba cuando éramos universitarios, me puse detrás de Claudia mientras se pintaba los labios frente al espejo en nuestra habitación. Miré hacia abajo y me contuve las ganas de tocarle los glúteos que se adivinaban bajo la cortísima falda.

Claudia se había vestido de manera informal, según ella quería estar cómoda para transportar un par de cajas desde su despacho al del director. Llevaba unas zapatillas blancas y en la parte de arriba una camiseta blanca de manga corta sin ningún tipo de dibujo.

– ¿Quieres que vaya contigo otro día y te ayudo con la mudanza?
– No, no te preocupes, es poca cosa, ya lo tengo todo preparado.
– Si cargas alguna caja con esa falda, al levantar los brazos se te va a ver el culo, dije yo.

Mi mujer hizo el gesto de subir las manos y se miró en el espejo, tenía parte de razón, al hacer eso se le veía la parte final de las nalgas. Parecía que no llevaba ropa interior en la parte de abajo.

– ¿No llevas nada?, pregunté yo.
– Si, llevo unas braguitas brasileñas, pero quizás debería quitármelas, dijo Claudia levantándose la falda para enseñármelas, – ¿que te parecen?, ¿me las quito?
– No te atreves.
– Pues no, jajaja, bastante tengo con ir enseñando el culo por la calle, no quiero que se me vea nada mas, pero tranquilo que al llegar al instituto me las pienso quitar, voy a sentarme al lado del viejo sin nada bajo la falda, así en esta postura, dijo sentándose en la cama con las piernas cruzadas.

Con solo sentarse se la subía la falda y se la veía perfectamente las braguitas, si cumplía lo que estábamos fantaseando se la vería el coño al ponerse al lado de Don Pedro al abrir las piernas. Claudia nunca haría eso y menos con el viejo director. Sin embargo solo con pensarlo me puse muy nervioso y excitado.

Se me iba a hacer muy larga la semana hasta el sábado. No era mas que el lunes y la polla ya me palpitaba amenazante con una corrida involuntaria.

Antes de salir se puso unas gafas de pasta negra y cogió la tablet. La acompañé hasta el coche y me deleité con sus piernas cuando se montó en él. Luego me quedé mirando la carretera hasta que la perdí de vista.

Aparcó frente al instituto. Era una tarde de finales de Junio ciertamente muy calurosa. Antes de bajarse del coche se quitó las braguitas como le había dicho a su marido y las metió en el bolso, luego se bajó con todo el cuidado del mundo para que no se la viera nada.

Normalmente a esas horas de la tarde y mas en verano el instituto parecía un desierto, pero ante el inminente examen de acceso a la universidad habían habilitado la biblioteca del centro para que los alumnos que iban a hacerla pudieran estudiar. No es que hubiera mucha gente pero se veía algo de movimiento por los pasillos.

Claudia llevaba unos días encendida, quizás mas de la cuenta, había estado calmada durante un mes y medio en época de exámenes, pero ya se habían terminado y era el momento de retomar lo de Víctor y los juegos con el director, aunque fuera una vez mas con ambos. Luego quería olvidarse de todo un par meses, centrarse en disfrutar del verano, de las vacaciones, de sus hijas, tenía en mente de verse con Víctor el sábado, luego ya decidiría que hacer con él, lo mismo con Don Pedro, que agotaba sus últimos días como director del instituto.

Lo del sábado con Víctor iba a ser apoteósico, primero se iban a conectar desde la habitación con Toni un rato por la cam y cuando ya estuvieran bien calientes llegaría Víctor a la habitación y ella saldría a abrirle la puerta en ropa interior mientras el cornudo de David observaba la escena sentado en un sofá.

Pero antes tenía que verse con Don Pedro, era la última vez y estaba dispuesta a cualquier cosa que surgiera, en un principio cuando empezó con él no tenía intención de llegar tan lejos y menos de tocarle al viejo, pero cuando se sacó la polla la anterior vez se puso tan fuera de sí que ahora estaba deseando que volviera a hacerlo. Además se excitaba mucho con esa vena exhibicionista que le salía cuando estaba con el director, se volvía loca mostrándose como una ramera.

Antes de que se jubilara le iba a regalar unas vistas que el viejo no iba a olvidar en su vida.

Llegó a la puerta del despacho de Don Pedro, tan solo con el roce de los muslos al caminar ya le habían proporcionado un gran placer. Estaba sensible y muy cachonda. MUCHO. Se sorprendió a si misma al notar la cara interna los muslos bastante húmedos, no podía ser que estuviera ya en ese estado, pero antes de pasar dentro se tocó disimuladamente las piernas y después se quedó mirando la yema de los dedos.

Efectivamente. Estaba mojada. Y el corazón le latía muy deprisa.

Tocó en la puerta con la mano y escuchó a Don Pedro.

– Adelante, ahhhh, hola Claudia te estaba esperando, dijo haciendo el amago de levantarse para luego volver a dejarse caer en la silla…

A pesar del calor que hacía Don Pedro llevaba puesta la americana del traje, fiel a su costumbre como había hecho siempre. Guardando las formas hasta el final. El despacho prácticamente tenía el mismo aspecto, se había llevado alguna cosa, pero el resto parecía que iba a quedarse así. En una esquina del mismo había un par de cajas que Claudia ya había dejado allí para a finales de mes poner el despacho a su gusto y llevar sus cosas.

Sin rodeos puso la tablet en la mesa y cogió una silla para ponerla al lado de Don Pedro. Encendió la tablet y los dos se quedaron mirándola.

– Voy a enseñarle todos los apuntes que he cogido, a ver que le parece, hoy no hace falta que encienda el ordenador…
– Vale, dijo Don Pedro.

Se desabrochó el nudo de la corbata, en cuanto la vió con esa faldita ya se la había puesto dura, se acordaba perfectamente que era la misma que había llevado la otra vez. Claudia cogió la tablet y la puso delante de los dos justo en el medio, luego dejó caer su muslo contra el regazo del viejo abriéndose de piernas.

“Hoy va directa”, pensó Don Pedro bajando la mirada sobre el muslo de su Jefa de estudios.

Claudia se dió cuenta de que el viejo ya estaba pendiente de otras cosas y no de que iba pasando páginas con su dedo sobre la pantalla táctil. Se acercó mas a él y le puso el muslo prácticamente encima de su paquete.

– La verdad es que me lo ha explicado usted todo muy bien, me he hecho una idea bastante aproximada de lo que va a ser mi próximo año como directora, dijo Claudia.

Don Pedro bajó la mano y la apoyó en la piel de Claudia, casi sin querer la posó en la zona del pliegue entre la pierna y los labios vaginales. Enseguida se dió cuenta de que ella no llevaba ropa interior, echó una ojeada rápida y efectivamente ¡¡¡se encontró con el coño desnudo de ella!!!.

– Buffffff, resopló Don Pedro.
– ¿Está usted bien?
– No había estado mejor en la vida, dijo el viejo estirando la mano para acariciarla el coño.

Claudia se sobresaltó, pero se dejó hacer, no había soltado la tablet e iba pasando las páginas de word de una en una, sin hablar, sin decir nada, solo haciendo el gesto mientras el viejo jugueteaba con sus dedos ya metidos dentro de su coño.

– Está muy bien los apuntes que has cogido, eres una alumna muy aplicada…
– Lo explica usted todo muy bien, ahhhhhhhhhhh…ahhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhh, dijo Claudia gimoteando en bajito.
– Cuando los profesores vemos interés por la otra parte, siempre es mucho mas satisfactorio dar clase y explicar, eso lo sabes bien, queremos ver motivación en la otra parte, esto tiene que ser algo recíproco…alumno, profesor, ya sabes…ehhhhh, dar y recibir, dijo el viejo cogiendo la mano de Claudia y poniéndosela sobre el bulto que tenía en los pantalones.
– Por supuesto.

Claudia primero le palpó la polla por encima del pantalón unos instantes, pero
de repente escucharon ruidos en el pasillo, no estaban tan seguros de ser descubiertos como otras tardes, nadie iba a ir al despacho del director, pero por si acaso. No era Claudia la única profesora que estaba por el instituto, a parte de los alumnos que estaban estudiando. Entonces se levantó.

Llevaba la falda arrugada y se la veía medio culo, en ese estado fue andando con tranquilidad hasta la puerta del despacho. Quería asegurarse de que el viejo la viera bien. Se estaba mostrando ante él. Y eso la ponía todavía mas caliente. Al llegar a la puerta echó el pestillo de cadena que había. Estuvo todavía unos segundos mas de pie sin girarse.

Don Pedro tragó saliva. La cosa se estaba poniendo muy seria. La muy puta le estaba enseñando todo el culazo y se había levantado a echar el cerrojo a la puerta. Aquel culo era mejor de lo que había imaginado, redondito, duro, sin una pizca de celulitis. Podía perfectamente ser el de alguna alumna del instituto. Le entraron unas ganas locas de sacarse la polla, pero se contuvo, prefería que fuera ella la que lo hiciera.

Al regresar a la mesa Claudia se fue bajando la falda, como si se la hubiera subido antes involuntariamente. Esas gafas de pasta le daban un aire todavía mas morboso y ahora parecía ridículo y contradictorio que tirara fuerte hacia abajo de su falda cuando acababa de enseñarle el coño y el culo unos segundos antes.

Cuando se sentó en la mesa el viejo no se había movido ni un centímetro, mantenía su erección bajo los pantalones y Claudia nada mas se giró hacia él olvidándose de la tablet y le puso la mano sobre el muslo.

– ¿Por donde íbamos?, dijo con voz de zorra.

El viejo estiró el brazo y luchó por meter la mano entre los muslos de Claudia.

– Creo que por aquí, dijo Don Pedro.

Claudia se abrió de piernas facilitándole que metiera la mano, en cuanto comenzó a acariciarla el coño directamente ella le agarró el paquete por encima del pantalón y comprobó la dureza del viejo. Con un movimiento rápido le soltó la hebilla del pantalón, le desabrochó la cremallera y le liberó la polla con un hábil movimiento bajando la prenda sin tocársela. Luego la empuñó con la mano y le pegó un par de sacudidas lentamente antes de soltársela y pasarle un dedo de arriba a abajo acariciándole el tronco.

– ¿Así mejor, no?
– Ohhhhh, mucho mejor, ohhhhhhhh…si, mucho mejor, dijo el viejo gimiendo al sentir la mano de Claudia directamente sobre su pito.

De nuevo se la volvió a agarrar y se la meneó lo mas despacio que pudo otros treinta segundos aproximadamente. Con eso estaba consiguiendo que se le pusiera lo mas dura posible. Se estaba recreando en la polla del viejo, mientras éste la masturbaba a su vez, como si fueran dos adolescentes en un parque, ella no dejaba de mirar a Don Pedro mientras se colocaba el pelo por detrás de la oreja, intentando parecer una chica buena.

– Ohhhhhhhhhhhhhhhh…lo haces de maravilla, me gusta mucho, dijo Don Pedro.

El viejo abrió la boca y se puso a gimotear con la voz ahogada mientras se pasaba la lengua a toda velocidad de un lado a otro de los labios. Parecía que le faltaba el aire y Claudia incluso se llegó a asustar, “joder, a ver si me voy a cargar al viejo”, pensó sin dejar de meneársela.

– ¿Se encuentra usted, bien, quiere un poco de agua?, tiene la boca muy seca…
– Ahhhh, ahhhhh, ohhhhhhh…ohhhhhh, si, tranquila….ohhhhhhh, ohhhhhh, ahhhhhh, estoy muy bien, ahhhhh, ahhhhh, ahhhh…

Le parecía muy gracioso a Claudia como movía la lengua Don Pedro intentando humedecerse los labios, con su pito en la mano estaba tan excitada que decidió hacerlo ella misma, se acercó a la cara del director y le pasó la lengua por los labios moviéndola hacia arriba. El viejo incrementó los gemidos, parecía que estaba dando el último aliento antes de morirse.

– Ahhhhgggg ahhhhhgg ahhhhhgggg ahhggggggg….
– Shhhhhhhh, tranquilo, tranquilícese un poco…

Ahora Claudia abrió la boca y la puso sobre los labios de Don Pedro empapándoselos, luego la fue cerrando poco a poco para terminar dándole un beso, volvió a hacer lo mismo, pero aquello ya era un muerdo, luego sacó un poco la lengua para encontrarse con la del viejo y cuando Don Pedro la correspondió el beso jugueteando con sus lenguas se dejó llevar.

¡¡Se estaba morreando con el viejo!!

Un beso sucio, guarro y en cierta medida bastante cómico, no pegaban nada, ella rubia, tan guapa, tan pija y él, un viejo sudoroso lleno de huesos, Claudia no podía creerse que se estuviera comiendo la boca con Don Pedro. No era mas que un anciano de 70 años y sin embargo esto fue el detonante de que la cosa se desmadrara definitivamente.

No se imaginó que morrearse con él le iba a hacer perder la cabeza.

Don Pedro también se volvió loco, empezó a manosear a Claudia por todo el cuerpo, estaba ansioso y no paraba quieto con las manos, la tocaba los pechos por encima de la camiseta, le acariciaba el pelo, luego la volvía a meter la mano entre las piernas, incluso metió la otra por debajo de la camiseta y le apretó con fuerza uno de los pechos, Claudia gimió y aceleró el ritmo de la paja. El viejo estaba fuera de si, besuqueaba a su jefa de estudios en el hombro, por el cuello, en la mejilla, sacaba tímidamente la lengua buscando otra vez su boca que ahora ella le negaba.

Claudia volvió a cruzar las piernas y atrapó la mano del viejo que estaba metida en su coño, él casi no podía maniobrar pero solo con el roce de la mano jugando ahí abajo la proporcionó a Claudia un placer que la hizo alcanzar un pequeño y leve orgasmo.

Pero Don Pedro quería mas, seguía intentando besuquearla y subirla la camiseta para verla sus tetas. Estaba salidísimo y por lo que parecía a punto de correrse. Claudia se incorporó y le soltó la polla, luego le puso una mano con fuerza sobre el pecho y le empujó hacia atrás haciendo que apoyara la espalda en el respaldo de su silla.

– Tranquilo, shhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, tranquilo, déjeme a mi, tranquilo…shhhhhhhhhhhhhh…

Cuando vió que Don Pedro regularizaba la respiración le soltó el antebrazo que tenía en su pecho y le volvió a agarrar la polla con calma.

– Déjeme a mi, shhhhhhhhhhhhh, relájese y disfrute…tranquilo…

Reanudó la masturbación lentamente, recreándose en la pequeña, pero dura picha del viejo. Al llegar abajo le apretaba fuerte la base y aparecía un capullo morado e hinchado que estaba a punto de explotar. Sabía que a Don Pedro no le quedaba mucho y ella estaba excitadísima.

Ese pequeño orgasmo no había hecho sino encenderla mas.

Entonces no lo dudó, dejo la mano apretando la polla del viejo contra su pubis y sin que él se lo esperaba Claudia se inclinó sobre su regazo. Don Pedro miró hacia abajo y se encontró la cara de ella prácticamente pegada contra su pito. Volvió a gimotear.

– Ahhhggggg, ahhhhhhggggg, ahggggggg, ahgggggg, ¡¡dios mio!!

Claudia sacó la lengua dejándola a 5 cms de su pito y le miró a los ojos. Don Pedro se puso a temblar como si ella estuviera haciendo algo malo.

– ¿Que…que…que vas a hacer?, dijo asustado.
– ¿Usted que cree?, respondió Claudia rozándole con la lengua el capullo en un gesto tan lascivo que le hizo temblar la polla…

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