SIX

-Disculpad por haceros esperar, es que hemos tenido problemas con una de las salas.- Dijo el tipo que acababa de aparecer.

Era un chaval de unos veintimuchos, quizás cerca de los treinta, pero con un aire de joven moderno exagerado. Con un corte de pelo de esos con el flequillo largo y hacía arriba, afeitado, y con una sonrisa pintada en la boca que a mi me pareció postiza. Vestía un pantalón de vestir, tipo pinza de los de traje, de color oscuro, una camisa de color azul claro, y llevaba puesta una corbata gris, todo de manera muy perfecta, bien planchado, con el nudo de la corbata perfectamente anudado, parecía que había dejado la chaqueta de su traje en alguna parte antes de venir a vernos.

Todo apuntaba a que era el directivo que esperábamos, pese a que nos lo habíamos imaginado mucho más mayor, y menos modernito.

Disimuladamente cogí el maletín del portátil y me lo puse sobre las piernas para intentar tapar la empalmada que tenía, iba a quedar fatal, pero no me levantaría para saludarlo.

Sin embargo Ana si se levantó, y aquel chaval en cuanto la vio la repasó de arriba abajo. Se presentó y aprovechó para cogerla de la cintura, y acercarla para darle los dos besos en la mejilla a modo de saludo.

-O no! No te preocupes, no te levantes, habéis venido a enseñarme una web, no?- Me soltó sentándose a mi lado, y haciéndome señas para que no me moviera cuando yo hice el amago de apartar el maletín de encima mío.

Menos mal que me salió bien la jugada.

Ana volvió a sentarse a mi lado, y yo me quedé entre los dos empezando a explicarle todo el proyecto.

Pero por alguna razón, aquel tio tuvo que tomar a Ana por mi jefa o algo, porque solo se dirigía a ella, y bueno, no le quitaba la vista de encima ni un segundo.

La entrevista empezó y yo me vi como un imbécil explicando todo el proyecto y enseñándolo en el ordenador, pero podría haber dicho que tenía vacas volando en la pantalla, y un rabo de toro haciendo el helicóptero sobre una mona cachonda, porque aquel tio dejó de escucharme nada más empezar.

Solo tenía ojos para Ana, y oídos para ella, cada broma, cada palabra que Ana decía era increíblemente graciosa para aquel modernillo. Y cada vez que Ana reía sus gracias sus pechos botaban y bailaban sobre la mesa, reflejados en el cristal.

Me sentí tan incómodo como molesto, era cierto que podían dos tetas más que dos carretas. Y es que Ana llenó aquella sala de morbo y deseo, y aquel tío olvidó a que habíamos venido.

Y las bromitas, al principio inocentes, pero luego, cada vez más subidas de tono y con segundas intenciones.

Cosas como…

-Pues aquí en los cines vemos de todo, desde el que se queda dormido, hasta la parejita que se pone a tono y se desahoga en la butacas, …- nos contaba aquel tío, intentando parecer gracioso.
-Uuy… Debe ser que con las luces apagadas, da más morbo…- Soltó Ana haciéndose la tonta.

Yo la miré de reojo. Ana estaba tonteando?

-A veces es más agradable poder ver y mirar…- Soltó el directivo repasándola de arriba abajo.

Y es que cada vez se cortaba menos con los comentarios y bromitas. A mi me resultaba patético, pero a Ana parecía encantarle el juego.

Yo a cada poco pensaba, “Hola? Sabéis que estoy aquí?” y a veces me sentía violento con algunos comentarios.

Poco a poco y como pude, fui acabando de presentarle la página, pero estaba claro que no me prestaba mucha atención.

-Bueno, y eso es todo? Que le parece?- Le dije cuando ya me harté de hacer el idiota hablando solo.
-Eh? Me parece muy interesante… Un trabajo muy profesional…- Dijo a la defensiva sonriendo.
-Piense que este es un borrador- Dijo Ana con su voz mimosa llena de siseos y musicalidad sexual. -Y que siempre podemos cambiarlo como usted deseé, bla… bla… bla… que nos tiene a su disposición, y bla… bla… bla… solo tiene que llamarnos. Bla… bla… bla… Porque lo que queremos es ayudarle, que seamos una herramienta para su negocio.

Mientras Ana hablaba no pude dejar de mirarla y ver como movía sus labios, y como estos dejaban escapar palabras entre ellos, húmedos y brillantes por su brillo de labios, de una manera que me parecía erótica formando cada palabra, su manera de parpadear, y el movimiento de sus ojos al buscar los los mios o los de aquel tipo. Y luego inevitablemente me fijé en sus tetas, inflándose al recoger aire antes de cada frase, y desinflándose despacio conforme las palabras iban saliendo de sus labios.

Joder con Ana. Que buena estaba. Y sabía que aquel pobre imbécil pensaba exactamente lo mismo que yo, embobado como yo, ante aquel espectaculo hipnotico.

Y así acabo la entrevista, o mejor dicho, el discurso y pavoneo de Ana, dejando claro que la hembra era ella.

Al terminar la entrevista, aquel tipo nos ofreció unas entradas para venir otro día.

-Tomad, os doy unas invitaciones para que vengáis a ver la película que queráis, es lo mínimo que puedo hacer.- Dijo sacándose unas entradas firmadas por él, del bolsillo, eran de una peli ya pasada.- No hagáis caso de lo que pone, si las enseñáis en taquilla os las cambiaran por la que queráis, o directamente preguntáis por mí, y yo saldré a atenderos personalmente.

Las entradas eran para los dos, pero su última frase la dijo mirando a Ana con claras intenciones de estar diciendo otra cosa.

Que descarado me parecía aquel tío.

A mí me dio la mano con un gesto frio y muy profesional, pero a Ana se le arrimó todo lo que pudo y le dio dos besos asegurándose de atraerla apoyando una mano en su espalda para notar aquellas tetas contra el pecho.

-Por supuesto, comentaré lo que me ha parecido vuestro proyecto, y os llamaremos- Dijo el directivo casi como si fuera una grabación estándar de despedida.

Ana sonrió, abrochándose su chaqueta, pero curiosamente soló abrochó los botones que no tapaban sus pechos.

Yo pensé, “Y que vas a comentar? Porque a lo único que ha prestado atención es al par de melones que has tenido delante…”, pero sonreí de la misma manera falsa con la que él se despidió de mí.

Iba con una sensación rarísima, como la de haber hecho un examen donde te habían preguntado cualquier cosa, menos las de la lección, y no sabías si eso serviría para aprobar o que cojones había pasado.

Y sin mucho más peloterismo, nos despedimos.

-Joder que pulpo!- Me soltó Ana nada más llegar al ascensor.
-Y que esperabas?- Solté extendiendo una mano para que resultara evidente lo buena que estaba.
-Que fáciles sois algunos!- Volvió a quejarse.
-Eh! A mí no me mires, que llevo todo este rato controlándome.- Solté como si fuera una proeza.
-Eres imbécil.
-Hombre! Menos mal! Volvemos a la normalidad… Ves? Ya me siento mejor?- Bromeé.

Ana intentó hacerse la orgullosa, pero la delató una sonrisa que se le escapó. Mi chiste le había gustado.

-Vaya! Si sabes sonreír!- Dije.
-No es eso. Es que estoy contenta, creo que la entrevista nos ha salido bien.- Explicó orgullosa.
-Que entrevista?? Porque yo solo he visto e un tío babeando sobre…- Y le señalé el escote.

Ana se tapó con una mano la apertura de la blusa que mostraba sus tetas con un gesto casi automático.

-Si tío! No me quitaba los ojos de encima!- Exclamó como si fuera algo increíble.
-Y te extraña??- Pregunté exagerando.

Ana se miró las tetas, y luego se giró hacia el espejo del ascensor, para mirarse.

-Tampoco es para tanto.- Dijo mirándoselas a través del espejo y apretándoselas un poco con las manos, como si quisiera sopesar el movimiento y el tamaño de su escote.

Al hacerlo se dio la vuelta hacía el espejo, y empezó a apretarse las tetas desde abajo, viendo como subían ligeramente por la presión, despreocupada sin darse cuenta de que yo no me perdía un detalle, mirando al espejo por encima de su hombro.

Ufff…

-Yo lo único que sé es que si aceptan el presupuesto y el proyecto no será por el trabajo…- Dije.
-Que insinúas?- Preguntó girándose.
-No insinúo nada, lo estoy diciendo bien claro, si nos dan el curro será gracias a tus tetas.
-Que exagerado!- Se quejó cuando las puertas del ascensor se abrieron.

Ana salió andando con esa forma que tenía de insinuarse al caminar. Pero ahora me pareció que alzaba más su pecho y arqueaba más su espalda.

-No exagero nada, No sé qué intenciones tenías con ese modelito, pero si lo llego a saber, no me preparo tanto la presentación…- Dije medio bromeando
poniéndome a su altura.

Ana me miró de reojo, y se le escapó una sonrisilla extraña.

-Que simples sois los tíos… Ya te dije que había quedado para salir. Y no quería pasarme por casa para cambiarme de nuevo.- Dijo.

Sonreí, haciendo ver que me tragaba la excusa.

-Qué pena…- Dejé caer a ver si picaba.

Ana volvió a mirarme de reojo.

-Qué pena… De qué?- Dijo al final al ver que yo no continuaba mi comentario.

Sonreí al ver que me seguía el juego.

Llegamos al coche, y guardé silencio para hacerme el interesante, Ana no me quitaba ojo de encima mientras rodeábamos el coche cada uno por su lado para abrir las puertas.

-Porque había pensado en invitarte a una copa o tomar algo…- Le solté mirándola por encima del techo del coche justo antes de abrir la puerta.

Ana me miró, y sonrió.

-Ya te he dicho que he quedado…- Repitió como excusa.

Pero no sonaba convencida, sino con ese tono que suena a “no s酔

Se quedó mirándome, con la duda en los ojos, pero al final suspiró y sonrió.

Me la quedé mirando, otra vez me topaba contra ese muro invisible que Ana había levantado entre los dos.

-Ana… Solo intento pasar un rato agradable, no sé qué intenciones crees que tengo. Pero yo ya no tengo planes para esta tarde, y ya que estamos aquí, solo quería pasar un rato contigo y charlar…- Inmediatamente después de decir esto, me di cuenta de que perdía el tiempo, y algo en mi sintió que no tenía que estar arrastrándome para pedir nada, que era mejor dejarlo estar. -Bueno, da igual…

Sonreí, pasando de todo ya, de nuevo actuaba mi orgullo, harto ya de perseguirla y hacerme ilusiones para nada.

Abrí el coche y me metí dentro. Ana tardó unos segundos en entrar y llenarlo todo con su perfume.

Suspiré, que harto estaba de todo aquello. Ana me volvía loco, si la tenía cerca era como si mi cuerpo la necesitara. Y empezaba un mar de sensaciones, calores, y nervios, que me zarandeaban y me dejaban atontado. Pero luego me daba de bruces con un muro, derramando por tierra cualquier ilusión o esperanza.

Bien, aquello tenía que acabarse, tenía que hacerme a la idea de que Ana era una historia pasada o nunca me la quitaría de la cabeza.

Metí las llaves en el contacto cuando Ana acabó de abrocharse el cinturón. Ni siquiera me recreé en mirarla, nada, solo miré los retrovisores para ver que estaban en su posición, y agarré el volante.

-A donde te llevo?- Le pregunté mirándola por primera vez desde que entramos al coche.

Ana giró su cabeza, me miró unos segundos antes de contestarme.

-Y de que qué quieres charlar?- Preguntó.

Me quedé un poco pillado por su pregunta. Sobre todo porque no me esperaba algo así.

-No lo sé. De lo que quieras…- La miré, y Ana no dejó de mirarme sin reaccionar de ninguna manera. -Me apetecía estar un rato más contigo y no irnos cada uno por su lado, No sé… por tomar algo juntos, y no despedirnos hasta el lunes que nos veamos de nuevo en el curro.

Ana sonrió. Me tenía totalmente descolocado, porque aquella sonrisa iluminó el coche, no la entendía.

-Creí que querías hablar de nosotros…- Dijo mirándome a los ojos.
-No hablaremos de nosotros si no quieres… Además, ya me has dejado claro que no te interesa. Pero eso no significa que no podamos ser amigos, tomarnos algo, charlar… No pasa nada… Joder! Somos compañeros de trabajo! Me he tomado una cerveza con los demás alguna vez, y no nos hemos pedido matrimonio!- Dije exagerando un poco las cosas.

Ana guardó silencio unos segundos, luego se dejó caer en el asiento.

-Está bien, una cerveza no estaría mal.- Dijo sonriendo hacía la luna delantera.
-No hay quien te entienda Ana…- Dije maniobrando el coche para salir del parking.
-Si no quieres, me llevas a casa.- Dijo algo molesta.

“Pero que mierda te pasa!”. Me dije a mi mismo, “Porque dejas que juegue contigo?? Seré imbécil!!”

-No, está bien, prefiero una cerveza contigo, que nada.- Le dije saliendo de aquel centro comercial.

No tenía ni idea de adonde ir, solo conocía una cervecería cerca de mi casa que estaba bien, era una taberna irlandesa, con una decoración muy variopinta, llena de trastos viejos, donde ponían música como si fuera un pub. Así que puse rumbo hasta allí.

Continuará…

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