ESRUZA

Estoy despierta, y empiezo a inventar mi sueño:

Antes de llegar al mar, empiezo caminando a través de un bosque hermoso. Me encuentro en un camino lleno de verde follaje:  árboles, arbustos, flores silvestres, en fin, todo lo que hay en un bosque. El verde del follaje es extraordinario, y los rayos del sol se filtran a través de los árboles, los pájaros cantan alegremente. Hay un cristalino arroyo, y el murmullo del agua, al correr, me hace sentir completamente fuera de este mundo, y me siento voluptuosamente libre. Me acuerdo de Sidharta, pero a mí, el arroyo no me dice nada, no me habla, y si lo hace no lo entiendo.

Me quedo unos momentos junto al arroyo y pienso en lo que ha sido mi vida. Los sueños se esfumaron de repente, escaparon sin que pudiera atraparlos, eran quimeras errantes. Como las palomas, recibía las migajas de pan que querían darme, y yo las aceptaba ¡qué torpeza!, me las daban cuando querían, y, a veces, simplemente no querían; por eso, decidí inventar mi sueño, un voluptuoso sueño, así es como me siento ahora.

Sigo caminando y, finalmente, llego al mar que deseo ver, en el que quiero estar. Me encuentro en una playa desierta; es el atardecer, la noche no tardará en venir. El mar ejerce un cierto embrujo en mí, a pesar de que hay recuerdos dolorosos.

El viento juega voluptuosamente con mi vestido blanco, ligero, muy suelto, que llevo sobre mi bañador; el crepúsculo brilla a lo lejos, el sol pronto se ocultará. Las olas son suaves, tibias, incitantes. Deslizo mi vestido muy lentamente, sintiendo mi piel caliente por el sol, y entro en el agua salada, salada como las lágrimas, pero hoy me siento plena, voluptuosa, y las lágrimas están muy lejos de mí. Las olas envuelven mi cuerpo, y me dejo llevar por ellas gozando de la suavidad con que me acarician. No hay viento fuerte que desate una tormenta, sólo brisa suave y tibia.

Después, me siento en la blanca arena, y dejo que el agua bañe mis pies desnudos, y me pierdo en la lejanía de ese mar quieto, azul como el cielo, y lo contemplo con embeleso;  mar en calma, marea baja, y veo, con cierta melancolía, ese cielo, con su hermoso crepúsculo, y, de repente, todo se tiñe de gris con los recuerdos amargos, pero deshecho de mi mente pensamientos que me hacen sentir triste y vuelvo a sentirme libre, voluptuosa.

La noche ha llegado ya, las estrellas cintilan, mi mirada juega con ellas, la luna brilla en todo su esplendor, es octubre; por costumbre, busco un lucero especial, ése que siempre veía, que alumbraba mi camino, y sé que está ahí, pero se oculta, mas ya no importa, Siento como el viento sigue acariciando suavemente mi cuerpo, y me estremezco con los recuerdos, pero pongo toda mi intensión en olvidarlos. Estoy en calma, disfrutando todo lo que veo:  a mi alrededor hay varias conchitas, verdes arbustos y puedo hacer un castillo de arena, como cuando era niña. Sigo sintiendo la tibia brisa mesando mis cabellos, todo es voluptuoso. Es un sueño maravilloso y lo puedo inventar cuando quiera…¡un voluptuoso sueño!  Es mi imaginación, tal vez, mi subconsciente, es lo que deseo. Creo que empezaré a preparar mi viaje al mar, a una playa solitaria; iré sola, éso es lo que, realmente, quiero, estar sola; sin inquietudes ni problemas, gozando de todo lo que me rodea y que Dios me regala.

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