LOLA BARNON

Cuando salí de la ducha, entró Jorge. Volví a besarlo fugazmente. Ya era mi muñeco y sabía que iba a follar con él, si nada lo impedía, muchas más veces. Nico lo había hecho en la de otro dormitorio, que estaba justo al lado del principal. Me lo encontré bebiendo una copa de vino en la cocina.

        —¿Te ha gustado el espectáculo? —le pregunté cogiendo una Coca Cola Zero del frigorífico y sonriéndole.

—Ha sido brutal. Nunca te había visto así.

Le di un ligero beso en los labios.

—Te gusta follar con él —me dijo en un tono no especialmente alegre. O así lo entendí.

Asentí sin ningún problema ni rubor, mientras daba un sorbo a la lata. El frescor de la bebida me sentó de maravilla.

—Te gusta mucho… —insistió.

—Lo reconozco —asumí—. Sí, me gusta follar con Jorge. Y mucho, no te lo oculto. —Lo miré. Había algo en sus ojos.

—Pues no te cortes… —intentó una sonrisa que no le salió espontánea.

—¿Te ha parecido que me cortaba antes? —le pregunté burlona.

—No, ya te he visto. Buf… Bestial.

Se acercó a mí y me besó tiernamente.

—Te quiero. No lo olvides —me dijo.

—Y yo a ti. Tampoco lo olvides tú.

—Cuando te he visto así con el… He dudado. —Comprendí entonces esa forma de mirarme. Una ligera sombra apareció en sus ojos.

—Bobo… Eres mi chico. —Lo abrecé—. Con quien estoy, voy a estar y siempre estaré. Te quiero mucho, no sabes cuánto. Esto es un… no sé.

—¿Sexo?

—Sexo.

—Del bueno…

—De primera, la verdad.

—¿El primer polvo ha sido igual?

—Parecido… —dije sin darle apenas importancia—. Hemos tardado menos, pero sí, ha sido también muy bueno.

—¿Y también se ha corrido en tu boca?

—¿Te estás poniendo cachondo…? —le hice una leve caricia por su entrepierna sonriéndole como una gata en celo.

Nico iba en un pantalón corto de andar por casa, sin calzoncillos y era fácil ver otra vez la excitación que le causaban mis palabras y mi actitud. Me acarició una teta, dando ligeros círculos con el dedo índice por mi pezón izquierdo, que en dos segundos volvió a responder.

—¿Tienes de nuevo ganas? —me preguntó entre sorprendido y expectante.

—Dame un poco de tiempo… Ya me conoces —sonreí.

Jorge entró en ese momento en la cocina.

—¿Quieres algo? —le dije alegre y sonriente—. Yo me estoy tomando una Zero. Podemos compartirla, toma.

—Vale. Bueno, yo en poco tiempo me iré… —alcanzó mi lata y le dio un sorbo.

—¿No te quedas a cenar? —le dije—. ¿Pedimos sushi?

—Sí, quédate si quieres, Jorge. Sin problema. —Le dijo mi chico cortés pero sin mucha efusividad

La cena fue ligera, frugal, los tres en los taburetes altos de la cocina. Que en verdad, no era tal, porque Nico, como buen arquitecto, había tirado varias paredes y salvo algunas, que quedaron de mera separación, el resto, salón, cocina y recibidor, era prácticamente una misma cosa. De hecho, al no tener niños, habíamos sacrificado un dormitorio para dar más amplitud a la planta baja.

Debo reconocer que hice todo lo posible porque volviéramos a follar. Solo ver a Jorge sonreír, ser tan amable con mi novio, agradarle con su respeto y atención, ya me ponía cachonda. Pero no sucedió nada, y eso que de nuevo compartimos lata de refresco, le di sushi con mis dedos y se lo metí en la boca, me apoyé en él cuando estaba sentado e incluso provoqué ciertas bromas picantes para que se encendiera. No lo conseguí, o simplemente, no quiso. A eso de las diez, se fue tranquilamente después de besarme en los labios y estrechar la mano de mi chico. Me quedé un poco molesta, y me dio por pensar que se iba porque tenía otra cita. No me gustó esa sensación. Y menos después de que yo me hubiera recuperado y no me hubiera importado seguir la fiesta con él. Bueno, y quizá con Nico.

Recogí la cocina pensando en con quién estaría Jorge en ese momento y si se la follaría como a mí. No me gustaba la sensación que me invadía. Sabía que era un escort y no estaba enamorada de él. Pero tampoco podía negar que me gustaba. Mucho no, muchísimo. Intenté serenarme y analizar la situación. No podía sentir celos porque Jorge estuviera ahora con otra mujer diferente a mí. Era sencillamente absurdo. Pero ahí estaba ese pensamiento. Intenté olvidarlo y pensar en otra cosa. Fui a buscar a Nico.

Nico estaba en la terraza, regando unas plantas. Lo observé de espaldas, tranquilo, con la manguera aplicando un chorro de agua a cada una de las macetas. Asocié esa imagen con la de hacía apenas dos horas en donde yo me repartía chupándoles su polla y la de Jorge. Me parecía increíble nuestra evolución. Bueno, la mía en concreto. Estaba disfrutando con todo esto. Y entonces pensé en Nico. Debía estar atenta con él. No me olvidaba esa fugaz sombra en su mirada…

Me acerqué a él y me desprendí de la camiseta dejando mis tetas al aire. Hacía una muy buena noche y Nico debía tener su recompensa. Tenía que excitarlo y según me había dicho, la mejor manera de hacerlo era disparar su imaginación…

—Aún no te he contado el primero polvo de hoy… —le cogí de la mano y me lo llevé al dormitorio. Él iba excitado, yo cachonda pensando en Jorge…

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