L-CRUZ

Mi cuerpo se invade de tu presencia profunda,
Quién será, quién fue y quién era,
El que descubre que mi aliento es cumbre en tus dedos,
Cada paso indiscutible se aproxima hacia mí,
Vagando en mi espíritu forjado en tus pliegues y tu alma carmesí.
Sabes bien que pertenezco a tu voz,
Sabes bien que mi equilibrio son tus manos y tu olor,
Todo vuelve al principio de mi angustia diaria al fin,
Esa angustia que es pecado y mi pecado al que quiero decir sí.
Amor entrañable, para mi este sol apaga su luz,
y el tempo perfecto es inducido por el placer de tu cuerpo
en esta noche en donde siempre el silencio,
es rey y amo de mis ojos y mis sentidos en el azul del cielo.
De tus cabellos asciende una quimera radiante,
Con melodías de ambrosia dulces y saladas,
Y en el albor de cada mañana,
Vuelvo a mi amiga eterna la soledad encantada y magna.

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