MOISÉS ESTÉVEZ

Se trataba de un sitio inhóspito, claro que cuando se habla del desierto
pocos suelen ser los momentos del día que no lo sea.
Josef se preparaba para lo que venía, una tormenta de arena que no
tardaría en llegar, por lo que aseguró los amarres de su pequeña jaima y de su
inseparable mehari.
Entró en aquella y tranquilamente se preparó un te mientras esperaba.
Después, una vez se lo hubo tomado, como su padre le enseñó, se convirtió en
piedra para ahorrar energía y soportar las inclemencias de ese ‘lugar inhóspito’.
Procedente de una larga estirpe beduina de origen jordano, el gobierno
de su país le había encargado la misión de encontrar a un grupo terrorista judío
que estaba actuando en la franja fronteriza.
La operación encubierta, era arriesgada y peligrosa, siempre lo es
cuando el Mossad está implicado, y es que según la inteligencia jordana, era el
propio estado israelí el que estaba financiando las actuaciones del grupo
armado.
Esta vez no habían optado por las armas. Su cometido era ir
envenenando e inutilizando como fuera, todos los pozos de agua a lo largo de
la frontera entre Israel y Jordania.

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