SIX

Como si hubiera escuchado mis pensamientos, Ana se movió y se apoyó en la mesa, aparentando mostrar interés por lo que fuera que estaba contando Marc. Y ese movimiento hizo que sus tetas bailaran dentro de su camisa demasiado desabrochada.

Por alguna razón aquel día yo debía tener la libido disparada, la reverberación de las voces en la sala eran ***o un sonido lejano, un eco, mientras en mi mente sonaban una y otra vez los gemidos de Ana, y aquellas caras que ponía cuando me agarraba a sus caderas y me follé su culo sin demasiados miramientos.

Recordé lo mucho que disf**tó y ***o me pedía más y más. Que diferencia ahora, viéndola sonriendo frente a los ***pañeros, que inocente parecía prestando atención a lo que fuera que estuvieran hablando.

Pero yo conocía el otro lado, y esos labios que ahora sonreían ligeramente, curvándose delicadamente por la ***isura, los había visto tragarse mi polla con un hambre y una dedicación alucinantes.

Recordaba el tacto de su lengua al rozar mi polla dentro de su boca y me estremecía, Uuuffff…

Estaba teniendo una erección. No me la podía quitar de la cabeza, necesitaba distraerme, miré a los demás, uno de ellos estaba tomando notas, el otro atendía cada palabra que decía Marc, y asentía con la cabeza, ***o los muñequitos esos que se ponen en los salpicaderos de los coches.

“Si los demás lo supieran”, pensé, “si supieran la loba que tenían sentada al lado”.

Que inocentes se veían a su lado.

Miré a Marc, mientras este seguía parloteando, inevitablemente me volví a preguntar si se la seguiría follando, volví a mirar a Ana, y me pregunté si le habría pedido a Marc que le hiciera algo de lo que yo le hice, si le habría pedido que le follara el culo.

Me la imaginé a cuatro patas suplicándole ***o a mí que suplicó, sodomizándola, mientras Ana se deshacía de placer.

Mis ojos iban de uno al otro, pensando si se habría dado ya esa ocasión.

“Si has logrado follarle el culo, es porque yo lo he provocado…” Pensé mirando a Marc.

Qué asco me daba pensar en aquello, si lo había logrado, si había disf**tado de Ana “A mi manera”, era gracias a mí, y aquel cabrón no se merecía aquel regalo, Ana era un diamante, y no era para él.

Reconozco que le tenía envidia, o quizás celos… Seguramente fueran celos, porque era pensar en ello y algo dentro de mí **gía y me revolvía las tripas.

Los volví a mirar, intentando buscar un gesto de ***plicidad, algo que me indicara que mis sospechas fueran ciertas, pero nada… O por lo menos no captaba nada, ni el más ligero gesto, ni una mirada extraña o cómplice.

Nada.

Y justo cuando estaba pensando en ello mi jefe se giró hacía mí.

-…Y me gustaría que te encargaras tu, Oscar.- Me dijo, sacándome del universo a donde yo me había ido durante toda la reunión.

Sonreí ***o un imbécil, acababa de aterrizar en el mundo real, todos me miraban esperando a que dijera algo, me sentí ***o en el colegio, cuando te pillan sin saberte la lección.

-Eeh? Si claro, sin problemas.- Dije al final intentando parecer que sabía de lo que hablábamos.

No tenía ni idea.

-Perfecto entonces, iras con Ana esta tarde.- Contestó mi jefe recogiendo sus papeles y cerrando su carpeta dando por finalizada la reunión.

“Con Ana?? Esta tarde?? De que iba aquello? Yo no trabajaba por las tardes!!”

Pensaba a toda prisa.

Miré a Ana mientras mi jefe ya se levantaba de la mesa. Me aguantó la mirada bastante seria, no supe ***o interpretarla.

Me habría pillado mirándola y se había mosqueado?

Estaba recogiendo sus cosas también. Los demás salieron por la puerta de la sala, y yo empecé a reaccionar más tarde, recogiendo una libreta que me había llevado, para nada.

-Lo has hecho a propósito, verdad?- Me dijo Ana levantándose algo enfadada.
-No tengo ni idea de lo que hablas.- Le contesté aun descolocado.
-Ya… Me has hecho una putada grande, tenía planes esta tarde.- Volvió a quejarse.

Me encogí de hombros.

-Y que querías que le dijera?- Dije aun sin saber de qué iba todo aquello.
-Le podías haber dicho que no.- Contestó.
-Si supiera de que estabais hablando, a lo mejor se lo hubiera dicho.- Dije de nuevo encogiéndome de hombros.

Ana flipó cuando le expliqué que no había prestado atención en la reunión, que estaba por otras cosas.

Claro que no le dije que era lo que me había tenido tan distraído, simplemente me excusé de que no estaba concentrado por cosas personales.

Por lo visto tengo un don para distraerme cuando me enmarronan, que le voy a hacer.

Ana me explicó que nos habían asignado la responsabilidad de venderle el proyecto a uno de los gerentes de la cadena de cines. Nos tocaba presentar el proyecto y más vale que lo hiciéramos bien, porque Marc estaba esperando esta oportunidad desde hacía tiempo, y había movido muchos hilos para tenerla.

Así que era todo un marrón, si la cagábamos tendría problemas con Marc, que hacía tiempo que me tenía ganas y estaba esperando una excusa.

Debíamos ir con un borrador al cliente esta tarde y convencerlo de alguna manera para que aceptara el presupuesto y nos eligiera para administrar la página de venta de entradas y cartelera.

Suspiré y me pasé la mano por la cara.

-Joder!- Suspiré.
-Si, un marronazo, que nos vamos a tragar tu y yo…- Se quejó Ana frente a mi.- Si le hubieras puesto alguna excusa, hubiera ido el!
-Lo siento.- Me disculpé.

Pero Ana no creyó que no lo había hecho a posta, me miraba cabreada, desconfiaba de mi, y eso me molestaba mucho.

Estuve a punto de decirle que me había distraído porque había estado toda la reunión pensando en ella, pero por alguna razón preferí callármelo.

Ana me dijo que teníamos que ir a ver a aquel gerente a las 19h de la tarde, habíamos quedado en uno de los grandes almacenes donde tenían salas esos cines, así que quedé con ella en que iríamos en mi coche.

Fui a casa, ***í algo, me duché y me cambié al ritmo de un autómata programado, ni siquiera encendí la tele, solo puse música por oír algo de fondo y sentirme a***pañado.

Decidí ponerme uno de mis trajes, nunca los usaba, tan solo para ocasiones especiales, yo no solía vestir así, era más casual, vaqueros y la primera camiseta friki que pillaba por casa, o quizás un polo por ir un poco más formal.

Creí que la ocasión merecía llevar camisa y corbata, por darle algo de solemnidad y seriedad a la entrevista, no quería cagarla, y menos que aquel tipo, del que no tenía ni idea de nada, fuera quien fuera, se llevara la impresión de que no nos tomábamos en serio la entrevista.

El traje consistía en un pantalón de pinza de un azul tan oscuro que parecía negro, una camisa gris, lisa, pero con unas costuras que le daban un corte muy bonito, y una corbata fina y negra, con una chaqueta americana fina, también del color de los pantalones.

No solía ir así, de hecho aquel traje hacía mucho que no me lo ponía, y sorprendentemente aún me valía. Me sentía extraño, ***o si no fuera yo y me estuviera disfrazando.

“Joder, mírate, pareces un pijo de revista…”, Pensé el verme en el espejo del baño.

En fin, un poco de colonía para rematar, y cogí las llaves del coche.

Ana no me dio su dirección exacta, quedamos en la esquina de una calle que al parecer estaba cerca de su casa. Me sentó un poco mal que fuera tan reservada, después de todo lo que habíamos ***partido, era extraño.

Cuando llegué al c**ce donde me había dicho, le envié un mensaje para que supiera que estaba allí, y me contestó en seguida con un “Enseguida bajo”.

No tardó mucho, y al verla me di cuenta de que Ana venía a por todas.

Llevaba una chaqueta tipo gabardina de color negro, pero muy entallada y corta, tanto que se confundía con el perfil de su minifalda negra, y daba la impresión de ir con un vestido corto muy ceñido al cuerpo que resaltaba sus curvas, o que directamente no llevaba nada debajo de la chaqueta.

Ana siempre caminaba ***o si se ***iera el mundo, meciendo de un lado al otro su culo con un movimiento de vaivén hipnotico, con la espalda erguida y el pecho levantado, sobre unos botines de color negro de tacón alto que le resaltaban la figura y le levantaban el culo.

En un principio pensé que llevaba las piernas desnudas, pero luego, al acercarse más, vi el brillo que delataba sus medias de color carne.

Pasó por delante del coche, y no pude quitarle los ojos de encima, caminaba sobre aquellos tacones de tal manera que hacían que Ana pareciera que en lugar de andar, se insinuaba a cada paso.

Y es que Ana sabía escoger su ropa, y lo más alucinante es que tenía un estilo natural para llevar esas cosas, andaba con seguridad, ***o si el mundo entero fuera una pasarela. Ponía un pie delante del otro, y su cuerpo se contorneaba a cada paso ***o si bailara.

No tenía nada que ver con la ropa mucho más formal y neutra que había llevado esa mañana, ahora, aquel conjunto le daba un aire sofisticado y sexy, tremendamente sexy, pero sin c**zar la línea a lo vulgar.

Se paró delante de la puerta del copiloto y la abrió, se sentó de lado, con el típico movimiento que haces al entrar a un coche, y al abrir las piernas para entrar pasando primero una y después la otra, se le levantó aquella faldita negra que llevaba bajo la chaqueta ceñida, y me dejó ver prácticamente todo el muslo casi hasta donde empieza su cadera. Lo que hizo que se le viera la goma de las medias, que no eran de esas enteras tipo panty, sino medias de las que acaban en el muslo con una goma ancha.

Ese tipo de medias me encantan, me dan mucho morbo, no es que sean un fetiche para mi, pero solo de verlas, de imaginarme a Ana con ellas, y notar su perfume llenando el coche, empecé a ponerme nervioso.

-Hola.- Me saludó algo seca, cuando acabó de sentarse.

Me miró y se dio cuenta de que la miraba de arriba abajo, la verdad es que no me cortaba mucho mirándola.

-Hola.- Contesté embobado. -Estas tremenda.- La piropeé.
-Ya, Gracias.- Me soltó algo seca con una sonrisa forzada.

Mis ojos se clavaron en sus piernas, justo donde la faldita dejaba ver la goma de sus medias, rezando para que el asiento tirara más de su faldita y me dejara ver más de lo que veía.

Ana se dio cuenta. Agarró su faldita y estiró de ella recolocándose en el asiento mejor, y terminando con aquel espectáculo.

Vale, capté el mensaje, había unos límites y Ana los estaba marcando.

El pequeño habitáculo del coche se llenó de su perfume, un aroma dulce ***o a rosas, pero mezclado con otro que me volvía loco, el de su piel y su pelo, que lo llenó todo.

Me fijé en que se había recogido el pelo en una coleta alta, haciendo que se le viera mucho mejor la cara, maquillada ***o siempre se solía maquillar Ana, sin ser exagerado pero resaltando sus pómulos y sus ojos, con un ligero toque de color en sus deliciosos y apetecibles labios, casi imperceptible, pero lo suficiente ***o para darle un poco de brillo, y que parecieran estar continuamente húmedos.

Me quedé unos segundos mirando a sus labios, que ganas tenía de volver a besarlos, de volver a jugar con ellos. Era ***o tener un caramelo delante y que no pudieras probarlo, ni siquiera tocarlo.

Luego bajé la mirada recorriendo de nuevo su cuerpo, sin disimular, bajando y subiendo varias veces mi vista. Lo reconozco, estaba nervioso de tenerla tan cerca y a solas, Ana me ponía cachondo, sobretodo después de lo ocurrido entre nosotros, ahora que sabía lo que era capaz de hacer.

Mi estómago daba vueltas y vueltas ***o una noria, castigandome con una sensación aguda e interminable que se me clavaba en el interior.

Tuve que coger el volante para que no se notara que mis manos temblaban.

Ana entonces, empezó a desabrocharse la chaquetilla, tenía unos botones grandes de color gris, no muchos, unos cuatro creo, y fue desabrochándolos uno a uno, despacio, ***o si quisiera torturarme.

Lo que me faltaba.

Continuará…

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