SIX

Entrecerré la puerta lo justo para poder oír algún **ido del exterior, y le envié un mensaje a Ana para que supiera que estaba en el del fondo, pero no acababa de enviarse, me di cuenta de que la señal, en aquellos lavabos se perdía, así que me moví un poco hacía el exterior, para ver si se enviaba el mensaje que le había escrito.

“Bien” pensé cuando el móvil confirmó el envío. Estaba mirando hacía la pantalla cuando oí **idos desde el pasillo, disimulé acercándome al grifo ***o si me fuera a lavar las manos, por si entraba alguien, y de reojo vi a Ana mirar hacia dentro.
Le hice señas de que pasara, miró hacia el exterior ***o si quisiera asegurarse de que no la había seguido nadie.

-Pasa.- Le dije haciéndole señas con la mano y acercándome a la puerta.

Ana me miraba extrañada, pasó hacía dentro, y luego cerré la puerta con el pestillo.

Estaba sería, ***o si estuviera cabreada con el mundo.

-***o esto sea uno de tus juegos para hacer alguna tontería me voy a cabrear.- Soltó.
-Cállate!- Le dije un poco de malas maneras.

Estaba nervioso, y lo que menos necesitaba ahora eran tonterías de la niña pija.

Ana se puso a la defensiva.

-Perdona?- Soltó.
-Júlia se huele algo.- Solté de golpe.

No tenía ni idea de cómo planteárselo, así que lo solté tal cual.

-Que??- Preguntó sorprendida.

Me di cuenta de que lo preguntaba porque aquello podía significar muchas cosas, y quizás no había pillado que me refería a su lio con Marc.

-Que me parece que Júlia se huele algo sobre tus tonterías con Marc.- Dije más tranquilo.
-***o? Que… Que dices!- Contestó abriendo mucho los ojos.

Ana se quedó blanca, casi haciendo juego con el tono del baño.

-***o… ***o lo sabes?- Me preguntó con un hilo de voz.
-Porque ha intentado sonsacármelo.

Ana empezó a dar pasitos por el baño.

-Que le has dicho?- Preguntó alarmada.
-Nada Ana… Ya te dije que no diría nada…

Ana suspiró algo aliviada.

-De hecho he mentido por ti…- Continué.- le he dicho que era una tontería, no creo que tenga ninguna p**eba de ello, es solo que se lo huele, y ha intentado preguntarme que sabía yo. Los **mores que corren por ahí, también le han llegado a ella, cosa que no me extraña. Pero le he dicho que eran eso, solo **mores.

Ana me miraba sin saber muy bien que decir.

-Y… Porque te lo ha preguntado a ti? No le habrás dicho nada de París!- Me preguntó.
-No, que le iba a decir! Ya te dije que no diría nada, Ana… Joder!- Le dije levantando las manos, para que se diera cuenta de que yo no era el enemigo.

Ana se pasó la mano por el pelo, y continuó dando pasitos por el baño, nerviosa.

-Creo que se cree que tu y yo tenemos algo.- Dije.
-Algo? Algo ***o que?- Me preguntó de golpe susurrando ***o si gritara, deteniéndose.
-No lo sé, lo ha deducido ella, creo que piensa que somos novios, o estamos enrollados. Yo solo te quería avisar de que te andes con cuidado. Si es cierto lo que me dijiste… Sobre lo que quieres dejar lo que sea que tengas con Marc, es el momento.- Le susurré.

Ana me miraba ***o si todavía no se creyera lo que le estaba diciendo. Luego suspiró.

-Ya, ya…- Dijo pasándose de nuevo las manos por el pelo.- Joder!

Nos quedamos en silencio un rato, parecía que Ana estaba en todas partes menos en aquel baño, hasta que al final me miró.

-Tengo que subir ya…- Soltó dirigiéndose a la puerta.

Abrió el pestillo y miró antes de salir, asegurándose de que no había nadie en el pasillo.

-Ana.- La llamé con un susurro.

No contestó, me miró de reojo.

-Ten cuidado.- Le dije.

Ana sonrió, fue la primera sonrisa amable que le vi desde que vinimos de París, y desapareció por la puerta con el repiquetear de sus tacones alejándose cada vez más por aquel pasillo.

Me pasé la mano por la cara, y me miré al espejo.

“Pero a ti qué coño te importa?” Me dije a mi mismo.

En lo que iba de un par de días había mentido, encubierto y avisado a Ana de un tema que, sinceramente, no era asunto mío, y no sabía muy bien porqué. Tenía muy claro que Ana era un problema y no conseguía alejarme de ella y sus cosas.

Con lo tranquilo que yo estaba.

Por suerte, después de aquello, parecía que todo volvía a la **tina habitual. Levántate por las mañanas, desayuna, ducha y al curro, por la tarde tus cosas, y vuelta a empezar.

Lo único fuera de lo normal, es que al cabo de un par de días, recibí un mensaje de Ana en el móvil.

<Gracias por avisarme>

Se había tomado su tiempo, quizás lo necesitó para asimilarlo y empezar a darse cuenta de todo.

<Tranquila, si me entero de algo, te avisaré> Le puse yo.
<Gracias, no sabes nada más?>
<No>

Y así quedó la conversación. Por alguna razón, Ana marcaba las distancias conmigo, bien, yo también pensé que sería lo mejor, así que no insistí.

Unos días más tarde, Júlia volvió a llamarme al despacho, pero para mi sorpresa, también estaba su marido con ella, esta vez no quería que le arreglara el ordenador, ni hablar de temas personales, me sorprendió mucho cuando ambos, muy amables los dos por cierto, sobre todo Marc que parecía otro, me propusieron un “ascenso” por llamarlo así.

Uno de los chicos que habían echado unas semanas atrás era el encargado de la planta del taller, que en mi empresa los llamamos “Jefe de proyectos”, y ese puesto había quedado vacante, cubriéndolo uno u otro según se necesitaba, hasta aquella pequeña reunión con mis jefes. Fue una sorpresa para mí, porque eso sí que no lo esperaba.

Por lo visto, Júlia y Marc se habían estado fijando en mí, o eso me explicaron en aquella reunión que fue más una sesión de peloteo mutuo que otra cosa, desde hacía bastante.

Y por supuesto acepté.

No solo había sido lo de París, sino otras muchas cosas las que les llevó a tomar esa decisión. Aunque siempre he pensado que debió ser Júlia la que propuso y llevó a cabo mi ascenso, porque por la parte de Marc, dudaba mucho de que hubiera estado muy de acuerdo. Aun así, lo recuerdo sonriente al lado de su mujer mientras me decían lo bien que me había portado los últimos meses, y que necesitaban más gente ***o yo en la empresa. Y mil adulaciones más.

En fin, un sinfín de “gracias, no hay de que, yo solo hago lo que puedo… Etc.” después, salí de allí con un nuevo cargo en la empresa.

A partir de ese día, mis tareas cambiaron, pasé a tener un cubículo propio que hay en el mismo taller, es una especie de cuarto hecho con paredes de pladur, donde me había montado algo a medio camino entre un despacho y minitaller.

Todo cambió, ya no me encargaba de montar y desmontar instalaciones, sino de diseñarlas, y de derivar la faena a otros, por supuesto el ascenso vino con una pequeña paga que aumentaba mi nomina, pero no ***pensaba la faena extra que ahora tenía. Aunque al final me fui habituando.

Por otra parte, pasé al otro lado de mis antiguos ***pañeros, ahora era de mí de quien se decían chismorreos, y se me criticaba. Recordé lo que me dijo Júlia en su despacho unos meses antes. Que tarde o temprano se escuchaba todo, y que todos los **mores acababan llegando.

Era verdad, mis antiguos ***pañeros, me sonreían por delante, y me criticaban por detrás. Los **mores de que yo me lo montaba con Ana, no desaparecieron, lo gracioso fue oir una vez que yo me había follado a Júlia para conseguir el puesto.

En fin, supongo que somos así. Yo no hacía mucho caso a los chismorreos, de hecho iba muy a mi bola, y me iba bastante bien.

Con Ana, apenas tuve ningún tipo de relación, más que profesional, ahora nos veíamos más, y bueno, nos hablábamos de alguna manera, siempre guardando las distancias.

Ninguno de los dos sacó el tema de lo ocurrido en París nunca más, siempre que iba a su despacho para algún tema de trabajo, hablábamos de eso y nada más, y lo mismo ocurría si ella bajaba al mío.

Y con Júlia empecé a llevarme mejor, pero nada más allá que una relación laboral, solo que parecía que me tenía un poco más de confianza a mí que a otros.

Por ejemplo, a la hora del descanso, tomando un café, a lo mejor con alguien hablaba de cosas del trabajo, con su típico porte majestuoso y señorial, y luego a mí me hablaba con algo de más cariño, quizás preguntándome que ***o me iban las cosas, y cosas así. Vamos, que notaba cierto trato diferente, sin ser evidente y personal.

Supongo que eso que notaba yo, también lo veían los que iniciaron el **mor de que yo estaba liado con Júlia de alguna manera.

Esos chismorreos, me hicieron recordar a Ana, y lo mucho que se le había criticado por su trabajo en la empresa, ahora era yo el centro de aquellas críticas, y pese a que yo pasaba de todo eso, me acordaba de los tiempos en los que yo, junto con los demás, la criticaba, y me daba lastima saber todo lo que habría tenido que oír y soportar.

Más sabiendo la verdad, que era el otro el que había estado jugando con ella, y en el fondo aprovecharse de su situación de jefe, o por lo menos yo lo veía así.

Con Marc, la verdad es que la situación no mejoró, siempre nos guardábamos las distancias, cuando teníamos que trabajar algo juntos, se notaba que estábamos in***odos el uno con el otro, era algo palpable, que ninguno de los dos se atrevía a admitirle al otro. Yo no lo soportaba, y el a mi tampoco.

Pero no pasábamos de ahí.

No supe si Ana seguía o no viéndose con Marc, no volví a oír nada del tema, ni me vi más involucrado. Pero siempre que veía a Marc, por alguna razón mi mente me traía aquel video, con Ana haciéndole una mamada, y esa sensación de “lo sé todo” siempre en la cabeza.

Ya había pasado unos meses de todo aquello. Cuando se nos reunió en una sala que tenemos polivalente.

Por lo visto había otra jugada de mi jefe que debatir, teníamos la posibilidad de quedarnos con la administración de la red de unos cines de bastante renombre, para llevar sus páginas de venta e información, lo que significaría ingresos de un cliente importante. Y lo más importante, que no sería un cliente puntual, sino que nos quedaríamos con la gestión de sus páginas, lo que significaba ingresos continuos.

Era viernes, a última hora, yo estaba bastante distraído aquel día, llevaba toda la semana agotado de cosas del trabajo, y ese día por fin iba a salir antes. Los viernes solíamos salir más pronto, sobre las tres y media de la tarde.

Pero ese día era uno de esos en los que no te concentras, y tienes la mente en otra parte, y en la reunión estaban Marc, Ana, y un par de programadores que serían los que se encargarían de llevar el tema WEB.

Yo estaba escuchando el murmullo de la voz de Marc mientras explicaba un rollazo sobre lo importantísimo que era para nosotros aquello, y bla… bla… bla…

Pero por alguna razón no era capaz de concentrarme en otra cosa que no fuera Ana.

Estaba concentrado en su camisa blanca desabrochada lo justo para mostrar su sugerente canalillo, y ***o se mecía este cada vez que ella se movía y se recolocaba en su silla.

Hacía tiempo que no pensaba en ella, pero tenerla enfrente de mi, sentada con las piernas c**zadas con esa falda ajustada, y esa camisa que no dejaba mucho a la imaginación, empezó a traerme recuerdos, a llevarme a momentos que ***partimos en París, bajo la mesa de aquel restaurante.

Recordé sus gemidos ahogados y disimulados, ***o si los estuviera escuchando en ese momento, y empecé a sentir calor.

El murmullo de voces en la sala continuaba, pero mi mente solo pensaba en lo salvaje que se podía volver la niñita inocente que tenía delante de mí cuando se calentaba. Los gritos de placer que pegaba, y ***o g**ñía cuando se la clavaban bien adentro. Bufff… Me estaba poniendo cardiaco solo de imaginármela.

Continuará…

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