SIX

-Júlia, no sé qué estas intentando insinuar, pero te aseguro que no ocurrió nada que no fuera trabajo. -Empecé a decir algo mosqueado.- Sea lo que sea lo que te imagines, o lo que hayas oído, dime cuándo? Si no tuvimos tiempo casi ni para comer? Aquí en la empresa hay mucha ma**ja suelta, y comentar y criticar es gratis, no deberías hacerles caso…

Mentí, mentí descaradamente, pero era la única opción que me quedaba, y me sorprendió ver que me salió con una naturalidad impresionante.

Júlia se quedó callada unos segundos, mirándome mientras yo le aguantaba la mirada. No estaba dispuesto a dejarme intimidar. Me sentó bastante mal que toda aquella farsa de buen rollo fuera para soltarme algo como aquello al final.

Júlia había jugado muy bien sus cartas. Y me dolió mucho su jugada, sobre todo porque me la había tragado de lleno. Me estaba recriminando lo mismo que Marc, pero a su manera.

-Tienes razón, disculpa, no debería haberte dicho nada. Y menos hacer caso de lo que se comenta.- Dijo con solemnidad.
-Tranquila, no pasa nada.- Volví a mentir.

No sé si fue una disculpa sincera, ya no me podía creer nada. Y lo único que quería era largarme de allí. Así que decidí desmontar el disco duro y sacarlo del ordenador.

-Tengo que llevarme el disco para copiarlo y traer uno nuevo. Luego vuelvo y lo instalo.- Me disculpé.
-Bien.- Fue lo único que me dijo.

Salí de su despacho, y fue como encontrar oxigeno por primera vez desde hacía horas.

Bufff!

Mi cabeza daba vueltas.

Porque cojones se me ocurrió liarme con Ana??

Era lo único que pasaba una y otra vez por mi cabeza. Estaba acalorado, notaba mi corazón palpitar a mil por hora.

Y que importaba si me había follado a Ana? Acaso no hicimos bien el trabajo? Joder! Solo habíamos follado!! Vamos, lo normal que hace la gente de vez en cuando, no habíamos matado a nadie! Joder!

Donde estaba el crimen? Que? Habíamos aprovechado una estancia pagada por la empresa? Y qué? Joder, que me descuenten el hotel de la nómina!! Joder!! Y los putos restaurantes!! Me cago en la puta!!

Maldije el día que decidí ir a montar a París.

Todo eso rebotaba una y otra vez en mi cabeza, no entendía porque tanta importancia por algo tan estúpido como que dos personas libres de ningún compromiso se hubieran acostado. Joder, ni que estuviéramos en otros tiempos!

Por una parte, pensé en la bronca con Marc, a él lo podía entender, después de lo que sabía, era un celoso. Pero a Júlia, lo único que le podía achacar es que se quejara del gasto en las dietas, y ya me dijo que no me preocupara por eso.

“Estamos muy contentos” me había dicho, pues no lo parecía.

A no ser que…

Empecé a atar cabos, y quizás Júlia buscara confirmar si yo estaba liado con Ana, para descartar el otro gran **mor de la empresa, que Ana y Marc estaban liados.

O solidarizarse conmigo si confirmaba que yo estaba con Ana. Quien sabe, y sentir cierto alivio al ver que nos habían traicionado a los dos, si fuera el caso.

No sé. Estaba hecho un lio de cojones, y lo único que tenía claro es que yo antes de todo esto, estaba muy tranquilo.

No paraba de pensar en que me había complicado la vida de mala manera, y es que ya lo dicen por ahí, donde tengas la olla, no metas la polla.

Con lo tranquilo que estaba yo ligando de vez en cuando por ahí… Sin mucho éxito, pero sin lios.

En fin.

Casi al acabar la jornada, subí al despacho de Júlia, la verdad es que lo hice sin ganas, más por obligación que por otra cosa, pero tenía que montarle el disco nuevo.

-Vengo a montar el disco.- Le dije entrando en su despacho.
-Ah! Pasa, pasa.- Dijo apartándose de su mesa de nuevo.

Me puse a montarlo, y tarde poco en dejarlo listo, total, casi todo lo había hecho abajo en otro PC. Y gracias a que en mi empresa trabajamos con unos discos en red donde esta lo importante, los discos de los ordenadores tienen pocos archivos que salvar. Asi que casi todo fue instalar de cero el sistema operativo, esperando en incomodos silencios, y listo.

-Ya casi está.- Anuncié casi acabando.

Júlia se levantó de su silla, sin decir nada, y se fue hasta la puerta de su despacho, me extrañó su comportamiento, y la seguí con la mirada.

Vi como cerró la puerta y giró el cierre del pomo. Aquello me extrañó mucho más.
Y me puse en alerta.

Luego se acercó hasta mí, y me empecé a poner nervioso.

-Quiero preguntarte algo.- Dijo sentándose en su propio escritorio, justo a mi lado.

Vi como su falda gris de oficinista, de esas que tienen un pequeño corte en el muslo, se deslizó ligeramente por sus piernas al apoyarse en la mesa, subiendo ligeramente y quedando apretada contra su piel, luego c**zó las piernas y posó una mano sobre su rodilla.

Alcé la vista para mirarla, no sabía a qué venía todo aquel teatro, pero mis pulsaciones subieron de golpe.

-Antes te comenté que por aquí arriba se escuchan todo tipo de **mores.- Empezó a decir con un tono mucho más suave y desenfadado. -También he escuchado otras cosas, y quiero averiguar qué hay de verdad en ellas.

Pánico, sentía pánico. Júlia imponía mucho en las distancias cortas.

-Dime- dije intentando parecer digno y seguro.

Estaba deseando que no me hiciera aquella pregunta, porque sabía por dónde iban los tiros, pero el magnetismo de Júlia impedía que me moviera del sitio.

-Si tienes algo con Ana, te interesa tanto como a mi descubrir la verdad…- Dejó caer.

Júlia no iba al grano, me estaba poniendo nervioso, bueno, ya lo estaba, pero hacía que me pusiera frenético.

-No sé a qué te refieres Júlia…- Mentí haciéndome el tonto.

Júlia sonrió.

-Si hay algo que me molesta es que me traten por estúpida.- Dijo mirándome a los ojos. -Has tenido que oír tanto como yo los **mores de que a mi marido le gusta acompañarse de… Ana.

Lo soltó como una bomba, o por lo menos así sonó en mi cabeza, intentaba aparentar que estaba tranquilo, pero por dentro era un mar de nervios.

Intenté pensar para no cagarla.

Mi cabeza iba a mil por hora, buscaba una excusa, una mentira que cuadrara, algo que no sonara a que sabía la verdad.

-Creo que no deberías hacer caso de lo que se dice por ahí, Júlia.- Le dije con toda la calma que pude reunir para no quedarme callado y ganar tiempo.

Júlia sonrió.

-El problema viene cuando empiezas a sospechar que esos **mores son ciertos…- Dijo mirándome a los ojos, sin pestañear.

Cogí aire.

Tener a Júlia tan cerca me impedía pensar, me sentía indefenso, allí sentado, Júlia había sabido colocarse en un aposición que le daba ventaja, imponía su tono, la naturalidad con la que hablaba, sin saber muy bien que decir, empecé a hablar.

-Parece mentira Júlia. Con todo el respeto, pero te creía por encima de esos chismorreos y tonterías. Mírate, deberías estar por encima de todas esas cosas… También se dice de mí, que he hecho mil cosas con ella en Francia. Y nada de eso es verdad, yo no le hago ni caso a esas cosas… Reconoce que Ana está… Joder! Está muy buena, es normal que genere ciertas envidias, y los envidiosos no paran de inventar historias. Si tenemos que hacerles caso…- Solté encogiéndome de hombros.

Lo solté todo tal y como salía de mi mente, con toda la naturalidad del mundo, me sorprendí la manera en que mentía, no me reconocía, se me hacía tan fácil.

Júlia suspiró, su enorme pecho se infló unos segundos, quedando aplastado en aquella camisa demasiado apretada, mientras miraba a la nada, luego fue dejando salir el aire despacio.

Fue la primera vez que vi en ella a una mujer y no a mi jefa, quizás dolida por los juegos de su marido, o quizás intuyera que le había mentido descaradamente y aquello la molestó.

Lo cierto es que con todo lo que sabía, ella era la gran víctima, su marido le estaba poniendo los cuernos, empecé a compadecerla, incluso me sentí fatal por acabar de mentirle.

Pero que alternativa me quedaba?

De repente me miró.

-Quizás tengas razón y sean imaginaciones mías, disculpa… Quería compartirlo contigo porque sé que tienes algo con Ana. Se os nota cuando habláis el uno del otro.- Se levantó de repente de la mesa, y fue andando poco a poco hacía la puerta. -Creo que tendrías que tener cuidado con ella…

La miré extrañado mientras ella abría la puerta de su despacho, como quien abre la reja de una jaula, ya era libre. Y sentí la necesidad de salir de allí disparado.

-Disculpa… Eso último no te lo debería de haber dicho, no es asunto mío.- Dijo con hilo de voz que sonaba a derrota.

Me sentí un poco despreciable, yo sabía la verdad, y lo cierto era que todos le estábamos mintiendo, pero como ya he dicho, no tenía otra alternativa.

-Tranquila, no pasa nada…- Le dije.

Que hipocrita me soné, odio ser hipocrita, me odiaba a mi mismo en ese momento.

En todo aquel rato, él ordena acabó de instalarlo todo, recogí mis cosas y me levanté.

-Ya tienes el ordenador listo.- Sonreí, no quería que pensara que estaba enfadado o algo, necesitaba que pensara que estaba de su parte de alguna manera. –Si te da algún problema, ya sabes, me llamas.- Dije guiñándole un ojo.

No sé porque hice aquello, me salió de manera natural, Júlia sonrió, y me miró.

Ahora parecía un animalito herido. Ya no parecía usar esa majestuosidad natural en ella, sino que ahora parecía vulnerable.

En cuanto cerré la puerta de su despacho suspiré, empezaron a temblarme las manos, y busqué mi móvil desesperadamente en el bolsillo.

“Joder! Joder! Júlia se lo huele todo!” Me decía a mí mismo.

Me faltaban manos para aguantar las cosas que llevaba encima, y teclear en mi móvil, estaba escribiendo a Ana.

<Tenemos que hablar, es urgente> Le puse.

No esperé su respuesta, caminaba acelerado hacía abajo, hacía mi pequeño rincón en el taller. Como si necesitara llegar allí, a mi pequeña zona segura. Cuando llegué volví a mirar mi móvil, por si había respuesta de Ana.

<Que quieres? Que pasa?> Había respondido.
<necesito verte, hablar en persona> Le puse.

Al cabo de unos segundos mi móvil vibró.

<Cuando, ahora?>
<Si>
<sube a mi despacho> Me dijo.
<No, es muy evidente, prefiero ir a otro sitio, algo más apartado>

No quería que nadie me viera entrando en el despacho de Ana, después de salir del de Júlia, y menos ella. Porque si me viera por casualidad, sospecharía de mí, y podría deducir que todo lo que le había dicho era mentira.

<Lavabos de la primera planta, ahora> Le puse tras pensar un rato.

No esperé a que me lo confirmara, me dirigí hacia el pasillo que daba a esos lavabos, y entré en ellos como si tal cosa, pero con el corazón bombeando a mil por hora.

Al entrar hay como un pasillo largo que da a dos lavabos completos pero pequeños, con un wáter, una pica, y un espejo en cada uno.

En la planta de abajo, somos todo tíos, y normalmente siempre vamos al primero, simplemente porque es el que está más cerca. Así que yo me fui al segundo, que casi no usamos, a no ser que el primero esté ocupado.

Por suerte, no había nadie dentro, y me dispuse a esperar a Ana, repasando todo lo que acababa de pasar.

Continuará…

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