ESRUZA

Todos los días por la mañana, siempre a la misma hora, recibía su llamada para desearle un buen día. Cuando se iba acercando la hora, su corazón empezaba a golpetear aceleradamente y las mariposas en su estómago revoloteaban gozosas.

Al escuchar su voz, todo su ser reaccionaba; era como una chiquilla abriendo el regalo inesperado. Se dejaba escuchar, a través del auricular, una voz melodiosa, sensual, tierna, pero varonil; y esperaba con ilusión verlo por la tarde.

No hay felicidad completa; un día, no recibió la llamada, ni el siguiente, ni el siguiente. Su alma ya no pertenecía a este mundo, había volado intempestivamente al infinito.

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