SIX

Al día siguiente, me crucé con Ana en uno de los pasillos que daban al comedor.

-Hola.- Me dijo de golpe.

Me sorprendió su voz, creí que pasaría de largo sin decirme nada como estaba acostumbrado, pero no, se detuvo a saludarme, y me la quedé mirando.

-Que le dijiste a Marc?- Preguntó.
-Sobre qué?- Contesté algo serio.
-Sobre las dietas.- Soltó mirándome a los ojos.

Su mirada me traía recuerdos, sus ojos bailaban de un lado a otro de mi cara, y dentro de mi empezó a crecer una lucha por contestarle bien, o mandarla a la mierda, era una sensación agridulce muy extraña.

-Le dije que a las horas que salíamos de allí no nos daba tiempo de ir a otros sitios.
Ni de comer otras cosas. El otro día me soltó una bronca al respecto.- Solté muy tranquilo al final.

Ana suspiró.

-Por qué? Que pasa?- Solté.
-Marc creo que se huele algo, ha estado muy pesado con el tema, cree que me llevaste a esos sitios adrede.- Dijo preocupada mirándome a los ojos.

Se notaba que le costaba hablarme con naturalidad.

Sonreí.

-Marc lo que está es celoso.- Sentencié.- Supongo que no le gusta que jueguen con sus cosas…

Ana miró alrededor alarmada, para asegurarse de que no había nadie en el pasillo.

-Pero no hay de qué preocuparse, porque allí no ocurrió nada, no?- Le dije con sarcasmo, f**to del orgullo.

-Eres un imbécil.- Me dijo mirándome a los ojos.
-Por lo menos me insultas, algo es algo.- Hablaba con desdén.

Ana me tenía obsesionado, cuando no estaba con ella, en mi imaginación le decía mil cosas, me abalanzaba sobre ella, la besaba, la abrazaba, era como si la necesitara… Pero luego la tenía frente a mí, y algo dentro de mí, quizás mi orgullo, la odiaba, la rechazaba, y no la soportaba.

No me entendía ni a mí mismo.

Ana suspiró.

-Menos mal que le hemos dicho más o menos lo mismo.- Soltó después.
-Mejor! Entonces, ninguno de los dos miente.- Dije volviendo a mi tono sarcástico.
-Y que quería Júlia ayer?- Preguntó de golpe. Iba directa.

Sonreí con desdén.

-Nada, solo que le arreglara su ordenador.- dije.

Ana me miró, como si intentara averiguar si le mentía. Luego suspiró aliviada, y dio un par de pasos para pasar por mi lado y largarse.

-No te preocupes, te di mi palabra, ya te dije que no diría nada.- Le dije justo cuando la tenía a mi lado.

Ana volvió a mirarme, se detuvo unos segundos y continuó andando por el pasillo.

-Ana!- La llamé.

Se giró y volvió a mirarme, esta vez como si le molestara hacerlo, cuando la tenía ya a unos metros.

-Así va a ser?- Pregunté.

Ana se tomó unos segundos antes de contestarme, luego cogió aire.

-Si.- Contestó.

Luego se giró, dándome la espalda, y desapareció. Me quedé un momento mirando el pasillo vacío.

“Muy bien” pensé, “pero que muy bien”.

Aquello no hizo mas que cabrearme más, quien coño se había creído??

Como era capaz de cambiar de un extremo al otro, con lo dulce y sumisa que fue en París, y ahora lo jodidamente insoportable que se me hacía??

A qué coño jugaba??

Un par de días más tarde, cuando estaba trasteando un par de ordenadores en el taller, se acercó un compañero para decirme que Júlia me llamaba, quería que subiera de nuevo a su despacho.

Aquello me extrañó, no era habitual, que quería otra vez?

Mientras subía por las escaleras al segundo piso, me acordé que me comentó que “quería recompensarme”, y empecé a sentir una mezcla entre satisfacción y pánico. No me gustaban estas cosas, yo estaba muy tranquilo en el taller, con mis trastos, y mis **tinas.

-Hola Júlia.- La saludé al entrar a su despacho.

Júlia sonrió con ese aire amable y superior que tiene.

-Mi ordenador ha vuelto a fallar, te importaría echarle un ojo?- Dijo con calma señalando el PC de su escritorio.

Júlia volvía a estar trabajando con su portátil, al lado del PC apagado.

-Como no.- Sonreí acercándome a su mesa.

Júlia se levantó recogiendo su portátil y sentándose en la mesa auxiliar de su despacho. Y yo me quedé de nuevo en su mesa frente al ordenador de sobremesa.

-No sé qué le pasa, pero ha vuelto a hacer lo mismo que el otro día, no arranca.-
Me dijo mientras abría su portátil en la otra mesa.

-No te preocupes, no será gran cosa.- Dije por decir.

Se repitió la misma pauta del otro día, el ordenador volvía a tener fundido el sector de arranque. “Qué raro”, pensé.

-Júlia, lo has apagado de golpe?- Pregunté.
-No, por qué?
-Es raro, vuelve a tener frito el sector de arranque. Quizás el disco este mal, habría que meterle uno nuevo.- Le expliqué.
-Ah… Y eso te llevará mucho tiempo?- Preguntó.
-No, por suerte trabajo en una empresa que se dedica a estas cosas.- Me atreví a bromear.

Júlia sonrió agradeciendo la broma, y yo me sentí más aliviado, nunca me ha gustado estar en un entorno estricto, en el que me sintiera observado y continuamente a p**eba. Aquella pequeña broma empezó a suavizar el ambiente.

-Lo único que te pido, es que tengas cuidado con la información del disco, no me gustaría perderla.- Me dijo de repente.
-Uy, eso saldrá más caro, luego a quien le tengo que pasar la factura? Al jefe?-

Bromeé sin apartar la vista del monitor del escritorio mientras tecleaba.

Aquí ya era mi bocaza la que se había desatado, pero por alguna razón, mis bromas fueron encajando, y haciendo su función, y Júlia se relajó, y dejó de ser tan estricta a medida que fue pasando la mañana, incluso dejó un poco a un lado ese papel de jefa suprema que siempre llevaba puesto.

Hacia alguna que otra broma, se reía de las mías, o hablaba de cosas banales sin demasiada importancia. Hasta que lanzó una pregunta.

-Bueno, ya te has arreglado con mi Marido?- Preguntó al finalizar uno de los comentarios sin importancia que ni recuerdo.
-Eh? No, no he vuelto a verlo.- Dije quitándole importancia al tema.
-Qué raro, porque hablé con él, y le dejé claro que se había pasado contigo…
-Bueno, no importa, ya ni me acuerdo.- Mentí.
-Me alegro de oír eso, no se lo tengas en cuenta, le gusta aparentar que es el que manda, le puede el orgullo.- Dijo retomando poco a poco ese tono neutro al que estábamos acostumbrados.

No me gustaba nada chismorrear entre los miembros de un mismo matrimonio, y menos si ambos son mis jefes, me sentí incomodo, y me quedé un poco extrañado al ver que Júlia había intervenido y había hablado con Marc sobre nuestra discusión.

Lo podrían haber dejado ahí, sin más, como algo pasado, como tantas veces. Me pareció extraño.

Y de lo que me estaba dando cuenta es que Júlia parecía tener la última palabra en la empresa, y yo siempre la había tomado simplemente como la jefa de personal, pese a ser también dueña de la empresa, tendría que tener más cuidado.

Seguramente ahora, gracias a la intervención de Júlia, tendría alguna represalia por parte del gilipollas de mi jefe.

-Bueno, para eso es mi jefe. –Decidí decir al final para no meterme entre ellos y centrar la conversación en mí, tenía que tener cuidado. -Yo solo me dedico a currar y hacer lo que me toca hacer.
-A veces también es necesario que toméis vuestras propias decisiones, no se os paga solo para obedecer.- Explicó con calma.

Sonreí encogiéndome de hombros, mientras pensaba “si pudiera hacer lo que quisiera, hace tiempo que a tu marido le hubiera dado una buena patada en los huevos”.

-Como en París… Sé que tomaste buenas decisiones allí, pese a los inconvenientes.- Siguió diciendo.
-Bueno, no estuve solo, Ana me ayudó mucho.- sonreí.

Júlia sonrió.

-Sí, Ana no para de alabar tu trabajo allí, nos ha contado cosas muy positivas sobre ti.- Dijo sin pestañear, con ese tono neutro de nuevo.
-Ah…- Pude decir.

“Cómo?”, “Qué?”

-Bueno, ella se portó muy bien, sin Ana creo que la cosa no hubiera funcionado.- Pude decir después de reaccionar.

Era cierto, las cosas como son, pese a que Ana y yo ahora volvíamos a no tragarnos, nunca me ha gustado apropiarme del mérito que no es mío.

-Esas ferias suelen ser puro escaparate, son una inversión de cara a sacar beneficios futuros, reconozco que llevar a una chica tan… mona como Ana, puede ayudar.- Dijo sin abandonar el mismo tono.
-Perdona Júlia.- Me puse algo más serio. -Ana no solo se pavoneó por el stand, trabajó tanto como yo, o incluso más! Me ayudó a solucionar muchas cosas, incluso a montar y desmontar. Ahí donde la ves es una currante. De no ser por ella, creo que lo de Francia no hubiera funcionado, yo ni siquiera se hablar francés! Tiene más mérito ella que yo.

Lo tuve que soltar, cuando Júlia insinuó que Ana era solo “una niña mona”, me entró algo por dentro, como si me hubieran agarrado las tripas, y no pude contenerme. No le hablé cabreado, me contuve dejando las cosas claras.

Júlia volvió a sonreír.

-Habláis muy bien el uno del otro. Ella ha dicho algo parecido de ti. Me alegra ver que os lleváis tan bien.- Soltó con calma, sin pestañear.

Era como si sus palabras no tuvieran altibajos emocionales. Usando un tono único, parecía que siempre hablara con una seguridad aplastante. Hipnotizaba su voz.

A mí, recordar ahora aquellos días empezó a ponerme algo melancólico. Pero procuraba tener cuidado y que no se me notara, me lo reservaba para mí. Era como una sensación interior de lo que sentí por Ana aquellos días, y que ahora se me hacía tan lejano, y eso que solo habían pasado apenas unos días.

“Si supieras la verdad…” pensé.

-Puedo hacerte una pegunta?- Dijo de repente.

Fue el primer momento en el que noté cierto tono en su voz, una entonación que se me hizo extraña.

-Sí, claro.- Contesté.
-Es personal.- Dijo.

La miré, dejando por un momento lo que estaba haciendo con su ordenador, toda aquella conversación se había puesto muy extraña, y no por lo que hablábamos, sino por el hecho de que fuera con Júlia, que me tenía acostumbrado a conversaciones más banales y sin contenido. A no ser que fueran del trabajo.

-Bueno… puedo no contestarla…- Dije encogiéndome de hombros.

Júlia volvió a sonreír.

-No es asunto mío, es simple curiosidad. Pero… Estáis saliendo? Tienes algo con Ana?- Preguntó.

De nuevo ese pequeño desliz de Júlia al hablar, ese tono extraño.

Y su pregunta me extrañó tanto que me sentó como un puñetazo. A que venía ahora eso? Júlia lo preguntaba por simple curiosidad. O porque en el fondo tenía algún tipo de interés personal?

-Sí que es personal…- fue lo único que se me ocurrió decir. -Lo dices por si interfiere en el trabajo? Porque si es por eso, puedes estar tranquila.

-No, no. Era solo curiosidad, habláis tan bien el uno del otro que se os nota.- Dijo sonriendo.- Por descontado el trabajo no tiene ningún problema con estas cosas!

Sonreí casi de manera automática, sin ganas, como quien confirma haber escuchado con atención.

Volví la vista a su ordenador, aunque apenas me podía concentrar, mi cabeza estaba en otra parte, y todo mi ser quería largarse de allí a toda costa, no me gustaba nada como había cambiado el ambiente, me sentía muy incómodo.

Porque Júlia me preguntaba ahora eso? Tenía varias respuestas, y ninguna me gustaba nada.

Le había prometido a Ana no hablar del tema con nadie, y eso incluía a mi jefa. Era cierto que no tenía nada con Ana, no mentiría si le decía que no, pero por alguna razón no quise negarlo.

-Por aquí arriba se escucha todo.- Dijo de repente, rompiendo el silencio y sacándome de mis pensamientos.
-El que?- Me hice un poco el tonto.
-Solo te lo comento para que lo sepas, que lo que habláis por el taller, acaba llegando aquí arriba tarde o temprano, y se escucha de todo, no me gustaría enterarme de que usasteis el fin de semana en París para otras cosas, sobre todo a costa de la empresa.- Dijo con su tono neutro y sin sentimientos de nuevo.

Me la quedé mirando unos segundos.

Continuará…

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