QUISPIAM

Capítulo 5 Parte 2

De nuevo se repitió la misma escena que en las otras tiendas, mi mujer escogiendo cosas de los diferentes estantes y yo acarreando con ellos hasta dirigirnos a los probadores donde me esperaba un nuevo tormento, éste cien veces peor que los otros ya que ésta vez las prendas eran conjuntos de ropa interior y saltos de cama.

Pero Sara, envalentonada por mi presencia, por estar haciendo lo que esa mañana había sido incapaz de hacer y, sobretodo, por ver la reacción que aquello estaba causando en mí, decidió dar un paso más en su particular sesión de exhibicionismo hacía mí.

-Carlos, creo que será mejor que entres al probador conmigo. No me parece una buena idea tener que estar entrando y saliendo medio desnuda para que veas si me queda bien o no.

Yo sí sabía que no era una buena idea, que lo único que quería Sara era jugar conmigo a provocarme aún más pero su argumento era bastante válido y no se me ocurrió nada para rebatir su planteamiento. Así que, cargado de bolsas, me metí en el probador donde Sara ya me esperaba dispuesta para empezar su particular show.

Su camiseta fina de manga larga y sus tejanos desaparecieron pronto, quedando en ropa interior. Fue ahí cuando decidió empezar a provocarme, quitándose de forma parsimoniosa su sujetador, jugando con sus copas hasta mostrarme sus apetecibles pechos donde ya resaltaban sus pezones endurecidos. Después fue el turno de sus braguitas, que decidió quitarse de espaldas a mí, haciéndolas bajar muy lentamente y exponiendo su culo firme y su sexo que mostraba muy a las claras que aquello también la estaba excitando a ella.

Cada prenda que se fue probando, lo hizo de forma sugerente y sensual, llevándome al borde del infarto, teniendo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no abalanzarme sobre ella y hacer algo para lo que aún no estaba preparada.

Evidentemente, nos quedamos con todo lo probado. Salimos de la tienda de lencería, ella feliz como no la había visto en mucho tiempo y yo, cargado de bolsas y con un empalme que dolía. Era ya bastante tarde, casi la hora de cierre de las tiendas, pero Sara no quería que volviéramos todavía a casa, quería seguir disf**tando de aquella tarde noche con mi compañía así que, dispuesto a complacerla un poco más, fuimos al coche a dejar las bolsas en el maletero para ir luego en busca de algún lugar donde cenar y, quizás, después ver una película para acabar la jornada.

Al final acabamos en una pizzería, donde comimos con apetito, mientras comentábamos lo ocurrido aquella tarde, confesándome Sara lo que ya sabía, que todo aquello la había excitado sobremanera.

-Hay otra cosa que quiero contarte, Carlos -me dijo Sara- esta mañana Judith me ha comentado que en su gimnasio están haciendo una serie de promociones y me ha preguntado que porque no me apuntaba y así iríamos las dos juntas, para hacernos compañía.

Esa propuesta me cogió por sorpresa. Mi mujer, poco atrevida, no era muy aficionada a hacer deporte y menos en un gimnasio, eso de ir con unas mallas y exponer su cuerpo sudoroso ante una panda de salidos no iba mucho con ella. Pero claro, esa era la antigua Sara.

-Sabes que no necesitas mi permiso para hacerlo, así que si tú estás segura de eso y quieres hacerlo no veo donde está el problema -le contesté sinceramente aunque aún estaba sorprendido por querer dar ese paso, días antes impensable.

-Es que yo tampoco estaba muy segura de hacerlo pero, después de lo de esta tarde, pues he pensado que podía probar a ver qué tal…además, hacer ejercicio nunca está de más, tú también deberías apuntarte -me dijo.

-Bueno, si para verte en mallas y contoneando tu cuerpo sudoroso tengo que apuntarme a un gimnasio pues que le vamos a hacer, tendré que hacer un sacrificio… -le dije en broma.

-Mira que eres tonto jajaja… ya verás lo bien que lo vamos a pasar los tres.

Mierda, se me había olvidado que tendría que hacer aquello con Judith… pero ya era tarde para echarme atrás, Sara ya estaba marcando el número de Judith para contarle la buena noticia.

-Hola guapa -sentí que le decía- mira, que le he estado comentando a Carlos lo del tema del gimnasio que me has dicho esta mañana y ¿sabes qué? Que cuentes conmigo.

-….

-Sí, si al final ha sido él quien me ha dado el empujón final para acabar de decidirme…

-…

-¿Las gracias? no sé si se las merece jajaja. Yo creo que lo que él quería era vernos en mallas y sudaditas… ah es verdad, que no te lo he dicho, que él también se apunta… ¿a qué es genial?

-…

-Ala tía, tampoco te pases jajaja… que él ya está pillado. Bueno, mañana te mando un mensaje y quedamos al salir del curro el lunes para ir a apuntarnos, que ahora estoy tomando algo con Carlos y nos vamos a ver una peli…

-….

-Vale tía, quedamos así… y pórtate bien esta noche jajaja.

Sara colgó el teléfono y volvió su atención a mí.

-Pues ya está, todo arreglado con Judith. El lunes nos apuntamos.

-Oye y eso de las mallas ¿a qué ha venido? -le pregunté curioso.

-Ah eso… jajaja. Judith, que está como una cabra. Dice que si quieres ver tías en mallas, que no te preocupes, que ella ya buscara unas ajustaditas para darte las gracias por convencerme. Y mira que la veo capaz…

Y yo también. Ya me estaba empezando a arrepentir de haber accedido a apuntarme al gimnasio junto a ellas y ni siquiera habíamos empezado.

-Mira la hora que es -dijo mirando su reloj- mejor vamos tirando para pillar las entradas con tiempo.

Nos levantamos y fuimos a la zona de los cines donde, por suerte, encontramos una película del gusto de los dos, que disf**tamos de forma tranquila, cogiéndonos de la mano y haciéndonos ar**macos pero nada fuera de lugar. Por suerte, las cosas parecían haberse tranquilizado algo para alivio de mi miembro que llevaba una tarde de órdago.

Salimos del centro comercial pasada la medianoche, al final había sido una tarde redonda y habíamos disf**tado tanto de las situaciones como de la mutua compañía. En el coche, mientras conducía, veía de perfil a mi mujer medio recostada sobre el cristal del coche, creí que medio adormecida.

-Estás muy callado. ¿En qué piensas? -me preguntó cogiéndome por sorpresa.

-En muchas cosas -le dije sin especificar.

-¿Algo concreto? Mientras no sea en Judith en mallas…

-Ummm en eso no pensaba pero ahora que lo dices….

-Y serías capaz -dijo riéndose.

-Anda, mira la que fue a hablar -dije intentando seguir la broma que ella había empezado- la que ha cambiado el armario entero para calentar a su jefe…

Fue decirlo y arrepentirme. No sabía cómo podía haberse tomado Sara aquel comentario y la miré esperando encontrármela enfadada pero todo lo contrario, me miraba entre curiosa y excitada.

-Razón no te falta. El que más se va a poner las botas mirándome va a ser Roberto, eso no lo dudes. ¿Te molesta? -dijo a la vez que su mano se posaba sobre mi entrepierna.

Inevitablemente di un brinco al sentir el contacto de su mano, cosa totalmente inesperada por no haberlo hecho nunca e, inmediatamente, mi polla reaccionó a su estímulo creciendo a pasos agigantados.

-Vaya, veo que esto te gusta -dijo melosa- ¿Es por mi mano, las mallas de Judith o que te pone imaginarte a Roberto babeando por tu mujercita?

¿Qué contestar a eso cuando ni yo mismo lo sabía? Opté por responderle de la misma manera, dejando caer mi mano sobre su sexo notando, a pesar del tejano, el calor que emanaba de su entrepierna.

-Ufff cómo está esto Sara. ¿Te pone que me ponga cachondo pensando en el culo de Judith? ¿O esto es por Roberto? ¿Ya te estás imaginando sus ojos colándose por tu escote buscando tus tetas?

Su mano est**jó aun con más fuerzas mi polla que ya estaba durísima.

-Joder Carlos, date prisa que ya no puedo más -dijo en un suspiro.

Por suerte, ya no quedaba mucho y me di prisa por llegar imaginándome lo que me esperaba al llegar. Eso sí, a mí se me hizo eterno notando como su mano no dejaba de acariciar mi polla que la tenía a punto de explotar.

Aparqué el coche, cargamos con las bolsas de la compra y nos metimos en el ascensor camino de nuestro piso. El ir cargados, me permitió tener un respiro al continuo sobeteo de mi mujer pero sabía que no iba a tardar mucho, su cara de vicio delataba que solo esperaba entrar en casa para lanzarse sobre mí. Me equivocaba.

-Deja las bolsas en el dormitorio -me dijo mientras entrábamos en nuestra casa.

Ella ya se encaminaba hacia allí cargada con sus bolsas. Yo me quedé quieto, sorprendido al no esperarme aquello, pero enseguida pensé que su idea era hacerlo en el dormitorio y casi corrí hasta la habitación. Pero ella ya se había encerrado en el baño, para mi desconcierto y total confusión. Hasta mi erección desapareció casi por arte de magia.

Dejé las bolsas en el suelo y empecé a quitarme la ropa, preparándome para meterme en la cama ya que parecía que esa noche, no entendía muy bien porque, no iba a pasar nada. Estaba en bóxer, sentado en la cama, cuando se abrió la puerta del baño. Y allí apareció Sara, vestida con uno de los picardías que habíamos comprado esa tarde y con una cara de perra en celo que hizo que se me pusiera dura de nuevo.

-Empótrame -me dijo.

Me lancé sobre ella, arrinconándola contra la pared, besándola con lujuria desatada, acariciando cada centímetro del su cuerpo mientras apretaba mi erección contra su sexo, punteándola sobre la exigua ropa que llevaba.

-¿Te pone que caliente a Roberto? -me susurró en la oreja.

Yo no contesté, arrecié mis besos y una de mis manos se coló por debajo del filo del picardías para buscar su coñito que presumía rezumante, encontrándome que allí debajo no había nada, estaba completamente desnuda.

Las manos de Sara, que estaban recorriendo mi espalda y mi culo por encima del bóxer, empezaron a deslizar éstos hacia abajo, dejándome completamente desnudo y pegando aún más mi tremenda empalmada contra ella.

-Dios, qué dura está… ¿se le pondrá así de dura a Roberto cuando me vea el escote el lunes? A lo mejor hasta se pajea pensando en mí…

No podía más. Alcé su pierna y busqué la entrada de su cueva que casi succiona mi polla hacia su interior, así de caliente estaba Sara. Un leve empujón y entró entera hasta el fondo, soltando un leve quejido de placer al sentirme por fin dentro, al haber conseguido lo que buscaba.

Empecé a moverme, metiendo y sacando con furia mi polla de su coñito estrecho mientras enterraba mi cabeza en su cuello, resoplando junto a ella f**to del esfuerzo que estaba haciendo, tal era el ímpetu de mis arremetidas. Mis manos aferraban sus nalgas, est**jándolas con dureza.

-Joder, me encanta tu culo -le dije- estoy deseando ver a Judith con esas mallas… su culo debe estar bien duro y firme…-yo también sabía jugar a ese juego.

Sara, desatada, dio un brinco quedando sus piernas completamente enlazadas a mi espalda. Sin dejar de penetrarla, la apoyé contra la pared mientras seguía sujetándola por sus glúteos. Sus manos se cerraron tras mi cuello, sus ojos se entrecerraron y sus gemidos se intensificaron mientras no dejaba de percutir en su interior.

-Lo que daría por acariciar esas nalgas, Sara… ¿a qué te encantaría que lo hiciera? ¿A qué te gustaría verme tocando el culo de Judith, Sara?

-Sí, sí… ¿Y tú? ¿Te gustaría ver cómo Roberto me soba las tetas?

-Joder, Sara…

Con un último esfuerzo titánico, unas embestidas salvajes y ambos estallamos al unísono en un apoteósico orgasmo. Aun sentía mi polla lanzar los últimos trallazos de mi esperma en su interior cuando, no pudiendo más, me dejé caer al suelo aun con Sara acoplada a mí, abrazándola para sostenerla, ya que su estado era aún peor que el mío.

No sé cuánto tiempo estuvimos así, enlazados, abrazados, respirando entrecortadamente y completamente empapados de nuestro sudor. Sentía en mis muslos la mezcla de nuestros fluidos desparramarse del interior del coño de mi exhausta mujer. Al final conseguimos recuperarnos algo del tremendo polvo que acabábamos de echar y nuestra primera reacción fue mirarnos y empezar a reírnos.

-Madre mía -dijo Sara- cómo se nos ha ido la olla.

-Ya te digo. Pero oye, que menudo polvazo hemos disf**tado.

-Sí, la verdad es que ha sido muy excitante. Pero eso sí, ni se te ocurra tocarle el culo a Judith -me dijo medio en broma.

-Bueno, ya veremos -le dije guiñándole un ojo- y tú nada de dejarte tocar las tetas por Roberto…

-Va a ser complicado… ya sabes que es como un pulpo…ahora en serio, Carlos. Sabes que esto ha sido solo para calentarnos ¿verdad?

-Claro, cariño. Ni se me ocurriría meterle mano a tu amiga y no te imagino dejándote hacer lo mismo por el baboso de tu jefe. Pero como fantasía ha estado bien ¿no? -le pregunté ansioso por saber su respuesta.

-Ha estado genial. ¿Y sabes qué? No me importaría volverlo a repetir -me contestó risueña. Yo suspiré de alivio ya que aquello me había encantado y estaba deseando volver a repetir la experiencia.

-Por mí encantado -le dije sinceramente- y ahora, si me permites, necesito ir al baño a limpiarme un poco.

-Claro -dijo ella levantándose de encima de mí.

Caminé hasta el baño dispuesto a meterme en la ducha cuando sentí pasos detrás. Me giré y vi a Sara despojándose del picardías y lanzándolo al suelo de la habitación.

-Si no te importa, podemos compartir el agua -me dijo pícaramente.

Abrí la puerta de la mampara de la ducha y le hice un gesto que pasara, cosa que hizo bamboleando sensualmente sus caderas, incitándome de nuevo. Como si hiciera falta. El juego subía de nivel y lo estaba disf**tando, mucho. Entré tras ella, cerré la puerta y, mientras el agua empezaba a correr sobre nuestros cuerpos desnudos, Sara me besaba mientras mi hombría buscaba penetrarla de nuevo.

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