SIX

-Te propongo que a partir de ahora tu y yo seamos sinceros el uno con el otro. Que solo usemos la verdad, sin tonterías.- Dije.
-Qué quieres decir?- Preguntó extrañada.

No era la primera vez que usaba esa carta, pero es que Ana me recordaba tremendamente a alguien del pasado.

-Me refiero a que a partir de ahora, en adelante, no me engañes. Si has de decirme algo, me lo dices, y yo haré lo mismo contigo. Total, ahora ya se tu historia con Marc, y según creo, soy el único que lo sabe, no es así?- Le dije.

Ana se quedó pensando unos segundos, vi que dudaba.

-Sí, eres el único.- Suspiró.
-Pues eso, creo que entonces solo puedes hablarlo conmigo…
-Bueno, tengo una amiga a la que le conté la historia a medias.- Confesó.
-A medias?
-Si, bueno, digamos que no sabe que él está casado.
-Entiendo.
-Es que no quería que me juzgara…- Dijo con un hilo de voz.

Ana agachó la mirada avergonzada.

-Tranquila Ana, yo no te juzgo, te entiendo, simplemente pasó, ya me lo contaste…-

Dije para tranquilizarla.

-Es que es eso, simplemente surgió, como ahora contigo. La verdad es que no se en que estaba pensando, era mi jefe, todo parecía un juego, hasta que me di cuenta de que él iba muy en serio. Y ahora no sé cómo quitármelo de encima…
-Y no le puedes decir simplemente que no?- Pregunté.
-No es tan fácil…- Suspiró.
-Yo no lo veo tan complicado.- Dije encogiéndome de hombros.

Ana hizo una mueca.

-Y si le digo que no, y pierdo el curro?- Soltó preocupada.
-Ana, hay más trabajos…- Le dije levantando un poco las manos.
-Eso es muy fácil de decir Oscar.- Sentenció.
-Además eso sería chantaje, podrías denunciarlo por acoso… ya puestos.- Dije por decir.
-Un acoso de más de un año?? Y lo digo ahora??- Sonaba asqueada.

No quise insistirle, Ana hablaba como si estuviera harta por un lado, pero por el otro parecía esconder ganas de seguir con Marc, como si le gustara o algo, y de alguna manera no quisiera reconocerlo. Quizás fuera cariño después de todo ese tiempo, no lo sabía, y no quería seguir profundizando, porque a Ana parecía ponerle en guardia la conversación.

-Ahora que lo pienso, menos mal que se fue, no?- Pregunté cambiando un poco el rumbo.

Ana volvió a quedarse pensativa, luego me miró y continuó hablando.

-En realidad tuvimos una discusión por chat, el primer día cuando se fue, bueno, ya estaba muy cabreado por el tema del transporte y todo eso, y al final pillo un berrinche y decidió no venir a París, me dijo que como tampoco podríamos… Follar, pues pasaba de venir.
-Vaya!- Exclamé.

Así que mi jefe también era un niño caprichoso. De lo que se enteraba uno.

Aunque ya lo sospechaba, menudo tocapelotas.

-Tienes que prometerme que no se lo dirás a nadie.- Volvió a insistir preocupada.
-Ana, ya te he dado mi palabra, además, no suelo alardear. Ya ves lo que se dice en la empresa de mí, soy un friki, un niñato. A mí ya me van bien esas etiquetas, paso de la gente de la empresa. Ana sonrió con una sonrisa más amplia e iluminada.
-Gracias.- Dijo aliviada.
-Y no te preocupes, desde el principio tenía intención de borrar las fotos, de hecho ya que estamos, y para demostrarte que hablo con sinceridad, que sepas que nunca intenté hacerte chantaje para follarte. Fue después de que tú te tiraras encima de mi, desnuda, cuando se me ocurrió… Que quieres que te diga, no pude quitarme tus tetas de la cabeza! Jajaja!
-Pues me rechazaste!- Se quejó sin borrar ahora su sonrisa.
-Ya… A veces soy un imbécil.- Me encogí de hombros.

Ana sonrió de nuevo, parecía que iba dejando a un lado ese lado melancólico de hacía unos segundos.

-De todas formas…- Continué. -…no me interesa meterme en esos problemas. Pero te repito, si no quieres más problemas, no te vuelvas a dejar fotografiar y grabar, nunca sabes a donde pueden llegar a parar esas cosas, y quien las puede ver.- Le aconsejé.

Ana me miró con cierta ternura en los ojos.

-No volveré a dejarme hacer fotos, no te preocupes… Joder! Nunca pensé que fueras tan buen tío.- Me dijo cogiéndome una mano.
-Ummm… Vamos a hacer una cosa, yo guardo tu secreto, y tú no le dices a nadie que yo soy tan majo.- bromeé.

Por fin se echó a reír. Y reconozco que me encantaba verla reír.

-Ya que estamos con el tema. Puedo preguntarte, como hizo para grabarte, si eso te iba a dar más problemas que otra cosa?- Pregunté

Ana me miró algo más seria.

-Un día que estábamos… ya sabes… haciéndolo, sacó su móvil y empezó a hacerme fotos, y a grabarme, le dejé hacer como parte del juego, pero le pedí que luego lo borrara todo. Me aseguró que si, que lo haría, pero después, me mandó las fotos en el curro. Creo que con la intención de ponerme cachonda. Yo, me cabreé, porque pensé que lo había borrado todo, y me los guardé con la esperanza de que me sirvieran algún día, no se… para demostrar algo. Pero sinceramente, no me atrevía a decir nada. Y se me llegaron a olvidar que estaban allí hasta que tu… Ya sabes.
-Te das cuenta de que eso suena como si en realidad si que tuvieras intención de chantajearlo?- Pregunté incrédulo, por fin me diría la verdad.
-No… no se… fue por si acaso…- Me decía sin saber muy bien qué.

Me estaba dando cuenta de que Ana no era tan atrevida como había pensado, en un principio creí que era Ana la que tenía a Marc agarrado, pero ahora me estaba dando cuenta de que no era así. Era Marc el que tenía atada a Ana, haciendo con ella lo que quería. Que listo era mi jefe, tenía un juguetito en la empresa para hacer lo que quisiera, y yo pensando que era al revés. Ana era lista a su manera, pero no tan audaz como yo la había imaginado.

-Pues te debo una disculpa.- Confesé.
-Por?
-Porque yo era de la parte que creía que tú eras la putita del jefe…

Me miró con la boca abierta, incrédula.

-Joder que imagen tienes de mí!- Se quejó mosqueada.
-Bueno, era lo que pensaba antes, ahora sé que aquí el cabronazo es Marc, que juega contigo como quiere… Vales mucho más que eso, Ana.

Ana suspiró, luego me devolvió una sonrisa.

-Lo sé…Pero es que está muy encoñado de mí, por lo visto su mujer es bastante fría en la cama. Conmigo hace… más cosas.- Explicó.
-Joder, no hace falta que me lo digas! Jajaja!

Ana se dio cuenta en ese momento de lo que me había dicho.

-No! No esa clase de cosas!! Cosas más normales!!- Intentaba decir algo nerviosa como si necesitara aclararlo.

Inflé mi pecho lleno de orgullo, se me escapaba una sonrisa.

Me acerqué a Ana lo suficiente como para que se sintiera un poco amedrentada, se quedó en silencio, mirándome, sin saber muy bien como reaccionar.

-Pero ahora yo sé…- Empecé a susurrarle casi en el oído. -…Que esas cosas que no son tan normales, te ponen muy cachonda, juguete…

Ana me miró tímidamente a los ojos, mientras sus labios se entreabrían un poco, paralizada, se empezó a poner roja, y vi como cogía aire profundamente.

Me retiré hasta mi asiento, dejándome caer en el respaldo de la silla, mirándola a los ojos, sin dejar de sonreir.

-Te juro que me tienes descolocada.- Soltó de repente.
-Por?
-Porque pasas de ser un buen tío a un auténtico hijo de puta, y no se cuál de los dos me gusta más.- Me dijo.
-Lo de hijo de puta lo entiendo, pero lo de buen tío? Cuando he sido un buen tío contigo? Si te he follado como me ha dado la gana?- Pregunté un poco incrédulo.
-El día que nos dimos aquella ducha…- Ana se volvió a morder la boca. –MMmhh… Me encantó lo dulce y cariñoso que fuiste conmigo. Se que en el fondo eres así.
-Ah! Jajaja!-Reí haciéndome el tonto. Y me acerqué de nuevo un poco a ella, y empecé a susurrarle -Se me pone dura solo de pensar en la mamada que me pegaste…

A Ana aquello la pilló un pelín por sorpresa, abrió su boca un segundo, pero luego la cerró con una sonrisa picarona, para acabar pasando la puntita de su lengua por los labios, asegurándose de que la miraba, haciendo un gesto muy lascivo.

-No sabes lo que me apetecería ahora una mamada así…- Le susurré, y luego le toqué los labios con la puntita de mi dedo.

Ana abrió ligeramente su boca cuando le toqué los labios, y no pudo contener una sonrisilla.

-Qué pena…- Me soltó jugando con el tono de sus palabras, para luego lamer mi dedo.

La miré entrecerrando los ojos, “pedazo de cabrona…” pensé.

Ana empezó a descojonarse, sobre todo al ver mi reacción. Y a mi aquello empezó a picarme. Empecé a pensar “no me tientes…. no me tientes…”, pero ya era tarde.

-Quieres despedirte de París?- Le solté de golpe.
-Como?- Preguntó con curiosidad.

De repente ya no reía, había intuido que tramaba algo.

-Vamos a un baño.- Dije mirando alrededor.

Buscaba alguna señal o cartel que indicara unos baños, me pregunté, que estando donde estábamos alguno debería de haber cerca.

-Que? Aquí? Estas loco?- Empezó a decir Ana temiendo que hablara en serio.

La miré, y sonreí.

-No era una pregunta.- Dije con total seguridad.

La agarré de la mano, ya habíamos pagado al pedir los bocadillos, y ya habíamos acabado de comer. Tiré de ella, y Ana me siguió mirándome incrédula.

-Espera! Estas loco? No vamos a poder?- Me iba diciendo mientras se dejaba llevar de la mano.

Caminaba sin rumbo, buscando un letrero o algo que indicara unos lavabos. Al final los vi, un pequeño letrero naranja que tenía el dibujo de los típicos monigotes de hombre y mujer.

Sonreí, y me giré para mirar a Ana. Ella me miraba alarmada.

-Oscar es una locura!- Se quejaba.

Pero si me quisiera decir que no, no se hubiera dejado estirar hasta la misma puerta de los baños. Me asomé al de tíos, y vi que había un hombre lavándose las manos frente a las picas que daban a un espejo gigante.

Me giré hacía Ana, aun no habíamos entrado, estábamos en una especie de pasillo largo y estrecho, que daban a unas puertas de color azul, la primera era el lavabo de hombres, por donde me había asomado, y luego más allá, estaba indicado el de mujeres.

-Mierda, hay alguien.- Le dije.
-Oscar, esto es una locura, en serio.- Me susurró nerviosa.
-Ssshh!!- Le hice para que se callara sin dejar de mirar de un lado a otro.

En ese momento el tipo que había estado lavándose las manos salió por la puerta que teníamos al lado, tiré de Ana para disimular, como si fuéramos pasillo hacia dentro, pero en cuanto vi que aquel tipo tomó la puerta hacía el exterior, cambié de dirección y empujé la puerta del lavabo de hombres tirando de Ana con la otra mano.

El interior no era muy grande, cuatro urinarios de metal quedaban enfrente de un mármol con una serie de picas y sus grifos, frente a un gran espejo que iba de punta a punta de aquel mármol. Luego un pequeño pasillito daba a cuatro puertas más, también de color azul, que eran las letrinas. Estas estaban hechas de pared, pero la puertecita azul no cubría del todo el marco, quedando levantada del suelo un palmo y medio, y llegando a poco más de dos metros, sin pared a partir de ahí hasta arriba.

Ana me miró a través de aquel enorme espejo lleno de manchas de humedad, y yo seguí tirando de ella poniéndome un dedo en los labios para indicarle que guardara silencio.

Recorrí las primeas puertas de las letrinas, medio agachado, mirando un poco por debajo de las puertas por si se veía algo que indicara que había alguien.

Y cuando llegué a la penúltima, se escuchó el pestillo de una de las primeras que pasamos, indicando que alguien estaba a punto de salir.

Sin pensármelo dos veces, le di un tirón a Ana a la vez que abría de un empujón la puerta de la que tenía enfrente, y los dos entramos en aquel cubículo minúsculo, cerrando la puerta como pude detrás de nosotros.

Ana me miraba con los ojos como platos, y la boca abierta, inmóvil para escuchar mejor los ruidos del exterior.

Ambos estábamos uno frente al otro, muy pegados, sin apenas espacio en aquel rincón. Solo había un wáter sin cisterna, de esos que tienen un tubo y una palanca detrás, con la tapa levantada, y como mucho un metro cuadrado delante de la taza donde estábamos Ana y yo de pie, uno frente al otro, sin apenas espacio ni para separarnos. Ella estaba apoyada contra una de las paredes y yo contra la otra.

La miré a los ojos, y volví a hacerle el signo de silencio llevándome un dedo a los labios.

Fuera, se oía ahora un grifo, y los pasos de alguien. Pero yo solo escuchaba el repiqueteo de mi corazón dentro del pecho, y como se hinchaba mi polla dentro de mis pantalones, por la adrenalina y la excitación.

Apoyé una mano en la pared, justo al lado de la cabeza de Ana, y ella me miró.

Parecía estar sintiendo lo mismo que yo, porque ya no me miraba con miedo a aquella locura, sino con deseo, respirando cada vez de manera más acelerada.

Sacó la punta de su lengua y la pasó por sus labios, para humedecerlos, y luego los pellizcó con sus dientecitos, dejando que estos se le escaparan despacio, sin dejar de mirarme, y su pecho cada vez se inflaba más.

Me llevé una mano a los pantalones, y sin apartar la vista de sus ojos, me bajé la cremallera y empecé a rebuscar mi polla.

Ana supo lo que estaba haciendo, y no dudó en apartar mi mano, para acabar de desabrocharme el pantalón. Me miraba ahora con hambre, mordiéndose los labios, y respirando con fuerza por la nariz.

Cuando encontró mi polla suspiré, la sacó metiendo sus manos en mi calzoncillo y empezó a masajearla con ambas manos, ya no me pude contener y me lancé para besarla.

Ana pegó su cabeza contra la pared de azulejos blancos, y se dejó comer la boca mientras poco a poco empezó a meneármela cada vez más deprisa, y cada vez estrujándome la polla con más fuerza.

Empecé a desabrocharle la chaquetilla que llevaba y luego la blusa, con un frenesí que iba creciendo cada vez más, hasta que llegué a su sujetador, que subí con ambas manos y estrujé sus pechos entre mis manos, suaves y firmes, hasta posar mis pulgares sobre sus pezones, y masajearlos notando como endurecían a una velocidad increíble.

Ana emitió un gemidito ahogado en mi boca, y luego buscó con una mano la tapa del wáter para bajarla sin despegarse de mi boca.

Al final la encontró, con tan mala suerte que esta, cayó dando un golpe en la taza y haciendo un ruido tremendo.

Ana se quedó mirando a la taza, ahora con la tapa bajada, y luego me miró a mi alarmada.

Trás unos segundos, que nos dimos para asegurarnos de que todo iba bien se escuchó el ruido de una puerta, y luego una cisterna de esas sonar.

Pero a nosotros todo eso nos daba ahora igual. Ana tiró de mi a la vez que se sentó encima de la tapa del wáter, mirándome ahora desde abajo, acabó de desabrocharme los pantalones, y bajandomelos hasta las rodillas, para luego agarrar mi polla.

No lo dudó y se la metió en la boca como si llevara tiempo esperándolo.

Se me cortó la respiración al notar como su boca succionaba mi polla hacia dentro, y se me cerraron los ojos con la sensación húmeda de su lengua al jugar con la punta de mi polla en su interior.

Empezó a realizarme una mamada enérgica, sin ir muy deprisa, pero sin que se notara que lo hacía con ansias.

Ahora era yo el que tenía que controlarse para no gemir, me llevé una mano a la boca para morderme el puño, mientras que con la otra empecé a acariciarle el pelo.

Joder con Ana, tenía una habilidad tremenda, notaba su boca, y como intentaba meterse mi polla hasta donde le era posible, haciendo una pequeña pausa cuando la tenía en lo más profundo de su boca, y lanzándome una mirada que parecía decirme:

“Te gusta?”.

Y luego seguía, y seguía, para repetir esa pausa que empezaba a volverme loco, y me miraba de nuevo.

“Te gusta?”

Joder si me gustaba! Me estaba volviendo loco de placer.

“Te gusta?”

Hizo otra pausa tras un buen rato de alucinante mamada, pero esta vez la cogí de la cabeza cuando tenía mi polla hasta donde ella podía tragar.

Me miró, y la miré arrugando mis cejas y mordiéndome los labios, en silencio. Me puso una mirada sumisa pidiéndome clemencia, pero yo la aguantaba todavía, necesitaba sentir mi polla en el fondo de su boca unos segundos más.

Noté como su lengua se movió, tragando la saliva acumulada, y aquella presión en la punta de mi polla me encantó. Sentí un escalofrío de placer recorriendome.

La agarré de la cabeza, y empecé a mover mis caderas, viendo como mi polla le entraba una y otra vez en la boca. Ana me miró, alzó sus ojos y los clavó en los míos.

Aquel cubículo pequeño se empezó a llenar de sonidos viscosos provocados por la fricción de mi polla en sus labios y su lengua. Ella cerró sus ojos cuando aceleré un poco. Y los ruidos se acentuaron.

Ana empezó a sorber la saliva para que esta no empezara a derramársele por los labios, mientras seguía follándome su boca. Y aquel ruido si que empezó a preocuparme, porque se oía lo suficiente como para que desde fuera supieran que pasaba dentro de aquel baño.

Le saqué la polla de la boca, y Ana quedó con su lengua extendida y la boca abierta, como si la esperara de nuevo.

-SSsshhh…- Le hice.

Me miró abriendo y cerrando la boca fruto del tremendo morbo que le daba aquello. Me la cogió y la besó, un beso húmedo de esos en los que sus labios envuelven toda la punta de mi polla.

Suspiré.

-Fóllame!- Susurró mirándome a los ojos mientras jugaba con la punta de mi polla en sus labios.

Continuará…

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