SIX

Pero al llegar a la cama, allí estaba Ana, tumbada y desnuda, dormida sin ni siquiera haberse arropado, tal y como se había quedado antes de irme al baño.

Confirmó que todo había sido real, me había follado a Ana de una manera tremenda, no podía dejar de sonreír de forma estúpida.

Como pude, la coloqué mejor en la cama, y Ana murmuraba algo, pero estaba tan dormida ya que no fui capaz de entenderla. La arropé, y luego me metí en la cama yo, junto a ella.

Al notarme, se giró y se acurrucó contra mi, murmurando algo de nuevo.

-Mmhh… Me lo prometiste…- Fue lo único que entendí.
-El que Ana? Que dices?- Le dije con cariño acariciándola.

Pero ya no me contestó, o no supe si lo hizo, porque estaba tan agotado y tan borracho que la cama pareció engullirme y arrancarme de la realidad para llevarme a un profundo sueño.

Me despertó el despertador del móvil, suerte que lo puse en algún momento de la noche anterior.

Me dolía la cabeza, y sentía como si aquella habitación se me fuera a caer encima en cualquier momento.

-MMmññhh…- Gruñí.

Tenía la boca pastosa, Ana estaba tumbada casi sobre mi, caída hacia un lado, me di cuenta de que no sentía un brazo, Ana me lo había aplastado mientras dormíamos, y se me había quedado dormido.

Me incorporé como pude, sin sentir un brazo, y apartando a Ana con delicadeza.
Ella empezó a gruñir también, abrió los ojos despacio, y me miró.

-MMmmhh… Joder… Qué hora es?- Preguntó con un murmullo arrugando los ojos.
-Las ocho…- Dije como si fuera la peor noticia del mundo.
-Aún podemos dormir un poco más…- Ronroneó para acurrucarse de nuevo.

Era tentador, pero había un millón de cosas que hacer, no nos lo podíamos permitir, teníamos que dejar la habitación a las once.

-Tenemos que levantarnos… joder, tenemos que recogerlo todo y hacer las maletas, y hoy toca recoger el stand…- Empecé a decir pasándome las manos por la cara, más para oírlo yo en voz alta que para ella.

Nada más oír mi voz diciendo todo aquello me sentí morir. Que pocas ganas tenía de nada, demasiada fiesta anoche.

Me levanté y volví a insistirle a Ana.

-Vamos… Venga, hay que levantarse… Vamos a ducharnos.
-Mmmhh…

Se hizo la remolona un rato más, pero al final acabó levantándose.

A duras penas llegamos a la ducha. El pequeño apartamento parecía que había sufrido una batalla campal, había pasado por allí un *****llino.

Nos duchamos juntos, pero esta vez no hubo sexo, prácticamente parecíamos dos zombies frotándose el uno al otro.

Acabamos y nos atamos las toallas, yo fui preparando algo para desayunar, sobretodo café, lo íbamos a necesitar. Y Ana se dedicó a hacer su maleta mientras tanto.

Yo lo tenía más fácil que ella, tenía cuatro cosas comparado con el sinfín de ropitas y zapatos que ella se había traído, así que fui yo el que le dijo que fuera adelantando mientras hacía algo para desayunar.

Mientras el café se calentaba, hice unas tostadas, y lo preparé todo en la mesa.

Luego cogí el portátil y lo encendí.

-Ya está todo Ana, ven y desayunamos algo, luego seguimos.- Le dije desde el salón.

Ana estaba en su habitación.

-Vale, ya voy!- La escuché contestar.

Fui hasta mi mochila, y cogí el pendrive donde contenía las fotos y el video.

Ana apareció con unos tejanos y en sujetador negro. Después de la ducha, parecía otra, se había maquillado un poco, como a ella le gustaba ir, no demasiado pintada, pero si lo justo para potenciar sus encantos. Estaba tremenda.

Se quedó un poco extrañada de que estuviera frente al portátil.

-No íbamos a desayunar?- Preguntó después de darme un pico.
-Si, pero antes quiero que hagas una cosa.
-El que?- Preguntó algo extrañada.

Le enseñé el pendrive, y Ana abrió ligeramente su boca, sabía lo que había allí. Le cambió un poco la cara.

Metí el pendrive en el ordenador, y después de que este lo reconociera, busqué la carpeta de las fotos. Al abrirla Ana miró un poco al suelo avergonzada, no abrí ninguna foto, solo se veían las miniaturas en la ventana.

-Quita eso, por favor.- Me dijo sin poderme mirar a los ojos.
-No. Quiero que veas que están aquí. Que son las fotos…
-Ya se lo que son.- Me interrumpió.

Sonreí.

Busqué la unidad del pendrive y cliqué encima con el botón derecho buscando la opción de formatear.

Y se abrió la ventanita de las opciones, giré el portátil hacía Ana.

-Dale a aceptar y se borrará todo el contenido del pendrive.- Le dije.

Ana me miró insegura, quizás sospechaba que era una trampa o algo.

-Te prometo que no hay más copias.- Dije levantando mis manos en señal de honestidad.

Ana puso un dedo sobre el portátil y clicó sobre la opción de aceptar. Luego se vio una barrita de proceso, y al final otra ventanita con el texto “Formato Completado”.

Luego se giró hacía mí.

-Ya está, no hay fotos, y del ordenador las borré al pasarlas al pendrive.- Le comenté cuando me miró a lo ojos.
-Gracias! No pensé que lo harías…- Me dijo sonriendo con amabilidad.
-Por qué?? Un trato es un trato…- Contesté algo extrañado.
-Creí que te las quedarías para hacerme chantaje.- Dijo con un tono extraño.
-Te di mi palabra, aunque tengo que reconocer que he estado muy tentado a romperla…- Le dije mirándola de arriba abajo. -Sobre todo después de probar ese culito.

Ana abrió su boca sorprendida y empezó a ponerse colorada, luego se colocó un mechón de pelo que le tapaba un poco la cara detrás de su oreja.

-Eso quiere decir que me he portado bien?- Dijo con un tono que me pareció muy sumiso.

La cogí de las caderas y tiré de ella hacía mí, Ana sonrió y se agachó lo justo para besarme. Lo hizo abriendo su boca varias veces, con sus labios pegados a los míos, adelantando su lengua para lamer la mía, agarrada a mi cara.

-Te has portado de maravilla…- Le susurré en mitad de aquel beso. –Cuando quieras repetir ya sabes donde estoy.

Lo dejé caer como quien no quiere la cosa, quería probar su reacción.

A Ana se le escapó una sonrisilla con frente pegada a la mía.

-Vamos a desayunar, anda…- Le dije dándole un pico.
-Vale.

Fue suficiente, aquella sonrisa que se le había escapado, la delató. Quizás lo nuestro tendría algún tipo de continuación. Pero estaba el tema de mi jefe, y aquello no me gustaba mucho.

Me senté cogiendo mi taza de café, y Ana al a sentarse en su silla hizo una mueca de dolor.

-Joder… Me duele el culo!- se quejó arrugando la nariz.

Sonreí pegando mis labios a la taza de café.

-No te rías cabronazo que es culpa tuya!- Me regañaba en broma.
-Mia? Creo recordar que fuiste tú quien me lo pidió.- Me defendí también bromeando.

Ana abrió la boca.

-Y una mierda! Me obligaste!- Se quejaba.
-No, no, yo solo me limité a jugar con tu culito… Fuiste tu la que luego me dijo que
no parara, recuerdo que querías seguir y seguir.- Susurré con el mismo tono bromista, echándome más azúcar -Aún recuerdo como gritabas y me pedías más, y más, y más…

Ana se puso colorada.

-Nno… No me acuerdo de mucho, estaba muy borracha.- se excusó sonrojada.
-Pues yo me acuerdo de todo. Menudo culo tienes! Hay cosas que no voy a poder olvidar!- Dije orgulloso.

Ana volvió a abrir la boca, sin decir nada, sorprendida por mis palabras. Me encantaba verla con ese punto de vergüenza y rubor. Le pasé una tostada que había preparado para ella, y Ana la cogió y se la llevó a la boca.

-En serio he sido el primero en follarte por detrás?- Le pregunté directamente.

Ana abrió de nuevo su boca, como si dudara en contestarme, pero finalmente lo hizo.

-Ssi…- Dijo como si le costara admitirlo.
-Pues me dio la impresión de que eras toda una experta.- Bromeé.
-Idiota!
-No en serio… Te vi muy dispuesta, me encantó.- Le dije ahora con un tono más sincero.

Ana mordió su tostada con intención de disimular una sonrisa que se le empezaba a dibujar en la cara, pero no pudo ocultármela.

-No te hagas la dura y dime que te encantó… No puedes engañarme!- Dije bromeando mirándola a los ojos con un gesto divertido.
-Eeh? Ssi… Si. Me pusiste muy cachonda.- Volvió a enrojecer.

Sonreí, y seguí desayunando.

-Lo había intentado con un novio que tuve, pero me dolió mucho…- Acabó confesando al cabo de un par de minutos, como si se hubiera quedado con ganas de decírmelo. -Pero ayer… fue diferente, me dolió pero luego bufff… no.

Sonreí de nuevo.

-Mejor… Me alegro de haberte desvirgado!- Bromeé de nuevo.
-Eres un capullo!- Soltó tirándome una servilleta de papel arrugada.

Los dos reímos después de eso, hasta que yo me puse un poco más serio.

-Ana, si me permites un consejo…- Empecé a decir.
-Dime.- Dijo algo más sería contagiada por mi tono.
-No te vuelvas a dejar fotografiar o grabar… Creo que te has arriesgado mucho.- Le dije.

Ana miró a la mesa, avergonzada de nuevo, pero ahora con un grado de humillación mayor.

-Lo sé…- Alzó de nuevo la vista y me miró a los ojos. -Creo que he tenido mucha suerte de que las hayas descubierto tú, y no otro.

Me encogí de hombros.

-Aun no entiendo porque te dejaste…- Confesé.
-Estaba borracha, no pensé que fuera importante, yo que sé…- Me interrumpió hablando más para sí misma que para mí.
-Y por qué no las borraste antes?? Para que las guardaste??

Ana suspiró.

-Por si acaso, yo que sé.- Me miró a los ojos de nuevo. -No quiero que pienses que eran para hacerle chantaje o algo a Marc, solo las guardé porque pensé que quizás me servirían para algo, por si Marc me despedía o algo, no se… Fue una gilipollez enorme!

A Ana parecía costarle hablar de ello, estaba avergonzada, quizás fuera mejor dejarlo así. Sentía una terrible curiosidad por el tema, pero saber más podía complicarme la vida, por lo que decidí dejarlo estar.

-Está bien, no es asunto mío, solo te quería decir, que es mejor que no te vuelva a pasar, porque puede que te pille otro y encima lo largue por ahí, o directamente se entere su mujer… imagina. Entonces tendrías problemas, y gordos! Tienes que tener mucho cuidado… Quiero que sepas que por mi parte no diré nada, te doy mi palabra.- Le dije antes de pegarle un buen trago al café.

Ana volvió a suspirar.

-Nunca imaginé que fueras así… Eres un buen tío.- Sonrió dulcemente mirándome.
-Bueno. Acaba de desayunar, que tenemos mil cosas por hacer…- Dije ignorando su último comentario, era mi manera de protegerme, no quería que me viera vulnerable.

Terminamos el desayuno, y poco a poco acabamos las maletas y dejamos lista la habitación, el cuerpo nos pesaba mucho a ambos, íbamos como autómatas haciendo las cosas por obligación, de manera mecánica más que por otra cosa.

Estaba embotado, cansado y me dolía el cuerpo entero, y esa fue la tónica de todo el día.

Continuará…

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