MOISÉS ESTÉVEZ

Sus luces y sombras, el despertar dormido de los días, su amor
truncado, atardeceres solitarios y auroras vacías, habían debilitado su ánimo, y
la penumbra le comía terreno al resplandor que tiempo atrás envolvía su vida
en la gran ciudad.
Sentado en mi carcomido banco
veo la vida pasar.
Inexorable, ella camina
hacia un crepúsculo,
universal senda,
travesía común que
todo viaje comparte…
Si, todos los caminos conducen a ella, la muerte inevitable del ser
humano, y conforme va cumpliendo años y más cercana la siente, menos la
teme, lo que no quita que una profunda aflicción ocupe parte de su espíritu…

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