SIX

Cuando salí del baño descubrí a Ana medio tumbada en el sofá, con el vaso en la mano, observé que ya le había pegado algún que otro trago.

Yo había salido del baño con otra toalla anudada en la cintura, pero por lo demás, estaba tan desnudo como ella.

-No quieres tomarte la tarta?- Pregunté cogiendo mi vaso.
-Eh? Si, porque no?- Contestó levantándose del sofá.

Mientras Ana se levantó del sofá, yo fui un segundo a mi habitación. Supuse que Ana pensaría que iba a dejar algo, o que necesitaba ir después de haber ido al baño, porque lo vió como algo natural, me hablaba alzando un poco la voz desde el salón.

-De que es?- Le escuché preguntar.
-De Limón, creo, o eso entendí por los dibujos de la caja.- Contesté también alzando la voz.
-Jajaja! Menos mal que has acertado!- Seguía escuchándola.

Abrí la maleta, y cogí la corbata del día anterior y busqué una segunda que me había traído por no saber cuál elegir. Sonreí pensando de nuevo que las metí en la maleta sin mucha intención, porqué pensé que estaría con mi jefe y tendría que haber guardado las apariencias, que equivocado estaba.

-Así que es de limón?? Menos mal, porque si es de coco o algo así.- Dije en voz alta saliendo de la habitación, nunca me ha gustado mucho el coco.
-Si, es de limón- La vi sonreír cuando me vio salir de la habitación. -Como nos la vamos a com…

Ana se interrumpió a media pregunta cuando dejé despacio las dos corbatas extendidas en la mesa. Se le abrió la boca por la sorpresa al verlas, y luego me miró a mi. Se había quedado muda.

-Con una cucharilla, no te importa compartirla, no? Así no la tenemos que partir y servir en platos.- Dije ignorando su sorpresa.

La cara de Ana era un poema, vi como intentaba formular alguna palabra con sus labios, pero seguía sin emitir ningún sonido.

-Y eso?- Logró decir al final señalando a las corbatas.
-Para luego.- Dije con total tranquilidad.

Ana las miró como si quemaran. Luego me miró a mi, pero no pudo sostenerme la mirada mucho rato, fue como si recordara de repente su posición, sabiendo que era yo el que iba a jugar con ella. Sus pezones se fueron poniendo poco a poco duros, y vi como su piel se llenó de puntitos.

-Tienes frio?- Pregunté sabiendo cual era la respuesta.
-Nno.- Dijo algo tímida.

Sonreí.

Cogí una cucharilla y la clavé en el pastelito., luego me la llevé a la boca, me invadió un sabor acido, más de lo que yo esperaba, haciendo que sintiera una punzada de dolor en la boca y salivando muchísimo. Al parecer puse una cara extraña.

-No esta buena?- Preguntó Ana mirándome.
-Si… Ufff… Es que no esperaba que estuviera tan acida, me la esperaba dulce!- Contesté pegándole luego un buen trago a mi vaso.

El contraste era brutal, aquel brebaje sabía dulce y denso, y el pastelito era todo lo contrario, como el sabor de un sorbete de limón de los ácidos.

-Prueba!- Le dije a Ana.

Ana miró el pastelito, y le clavó la cucharilla con cuidado, luego lo probó. Le pasó como a mí, arrugó la nariz y puso cara de haber mordido un limón.

-Joder! Si que es fuerte!- Dijo tapándose la boca con el dorso de la mano y arrugando los ojos.
-Jajaja! Te lo dije! Quieres acabarlo?- Pregunté.
-Sí, no está malo, solo que es muy acido.- Dijo clavando la cucharilla de nuevo.

Volvió a llevarse el trocito a la boca y esta vez lo degustó mejor. Yo hice lo mismo, y el segundo bocado lo encontré más bueno, ya no me pilló por sorpresa su sabor.

Ana siguió comiendo del pastelito unas cuantas cucharadas más, no dejó de mirarme, como si quisiera decirme algo pero sin hacerlo, con cada cucharada repasaba bien con su lengua la cuchara mientras me miraba.

Al final caí en su juego.

-Ocurre algo?- Pregunté hundiendo mi cucharilla yo.
-Me has dejado muy impresionada.- Dijo de repente en un tono suave y amable.
-Eh?
-Con todo esto, lo que haces… No te tomaba por alguien así.- Confesó.
-Así como?
-Eres muy diferente de cómo me hubiera imaginado que eras… en la cama.- Ana hablaba jugando con la cucharilla en el pastel.
-Te refieres a follar?- dije después de darle un buen trago a mi vaso.
-Eeh… Si.- Contestó algo ruborizada.
-Que quieres que te diga, me gusta divertirme. -Me encogí de hombros- Me gusta follar como a todos, pero si se da la ocasión, me encanta jugar, es más divertido…

Me acerqué a la mesa y recogí un poco de tarta con mi cucharilla, luego la acerqué a la boca de Ana. Ella me miró y sonrió, abrió la boca y con un bocado juguetón, limpió mi cucharilla.

-Tú también me has dejado muy sorprendido. -Continué- Creí que me mandarías a la mierda a la primera de cambio, y mírate…

Abrió la boca en un gesto puramente sexual, tocándose los labios con la punta de la lengua, como si hubiera querido decir algo, pero se lo hubiera guardo para si misma, luego se mordió los labios.

-Ven.- Le dije recostándome en mi silla.

Ana me miró sorprendida, y yo le hice una seña con la mano para que se acercara a mí.

Se levantó y cogió su vaso, dándole un pequeño trago y caminando lentamente hacía donde yo estaba, insinuándose con los movimientos de su cuerpo.

Cuando llegó frente a mí, cogí el nudo de su toalla y lo deshice, la toalla cayó a plomo a sus pies, dejándola totalmente desnuda. Ana era un monumento esculpido en carne, no le sobraba ni le faltaba nada, era perfecta. No dejaba de mirarme y sonreír con el vaso en la mano tintineando con los hielos. La cogí por la cintura y tire con delicadeza de ella, acabó sentándose sobre mi, de frente, con las piernas abiertas.

Ana levantó su vaso para no derramarlo mientras se acomodó sobre mis piernas, y yo empecé a acariciarla, admirando su cuerpo, su piel, tan limpia y fina. En cuanto puse mis dedos sobre su piel y los deslicé, vi cómo se contrajo haciendo que sus pelitos finos e invisibles se pusieran de punta, aparecieron un sinfín de puntitos por todo su cuerpo. Me encantaba ver ese momento al contraste con la luz de la habitación.

Ana suspiró, ahora sus tetas me quedaban casi en la cara, una a cada lado de mis ojos. Las junté y las bese con delicadeza, casi sin tocarlas, quería que sintiera cosquillas.

-Mírate… Eres puro vicio… te miro y tengo un millón de sensaciones… -Susurraba pegando mis labios a la piel de sus tetas. -…siento morbo, deseo… te huelo y me entra hambre…

Ana se apartó todo el pelo hacia un lado pasándose una mano por la cabeza, luego se acercó a mi cara y me beso, alargando su lengua antes de alcanzar mi boca.

Nos besamos un largo rato, me encantaba su saliva, y esa manera que tenía de llenar mi boca con su lengua. Ana, sentada sobre mi, quedaba un poco más alta que yo, por lo que yo miraba ligeramente hacía arriba y ella me besaba desde arriba mirando hacia abajo, era ella la que dominaba el beso, de hecho yo me estaba dejando hacer limitándome a recibir su boca y su lengua, suspiraba, torcía su boca, la abría, y me metía su lengua rozando la mía, todo despacio y de manera delicada, llena de morbo y deseo, no había duda de que sabía besar.

Entonces se despegó de mi boca y le dio un trago a su vaso, luego volvió a besarme, y me llegó el sabor dulzón y denso del caramelo junto con el de su saliva, con el típico sabor del alcohol, me encantó esa mezcla y sin querer sonreí.

-Sabes a caramelo.- Susurré.

Ana sonrió.

-Te gusta?- ronroneó.
-Me encanta…-Le dije dándole un pico.

Volvió a darle un trago a su vaso, y yo aproveché para coger sus pechos y besar sus pezones, besuqueándolos y lamiéndolos mientras Ana bebía y dejaba su vaso en la mesa. Me cogió la cara y me beso, llenando mi boca de aquel brebaje directamente desde la suya.

Bebí, el vozka se había calentado en su boca, aquel sabor dulzón lo llenaba todo, Ana volvió a comerme la boca con dulzura, era una maravilla sentir como besaba, parecía estar haciéndome el amor con la boca.

Continuó así, jugando con la bebida hasta que se acabó su vaso.

-Me bebería así la botella entera…- Susurré.
-Pues ya no hay más…- Me decía con deseo.
-Queda toda una botella.- Sonreí abrazándola con fuerza.

La alcé, levantándome de la silla, y Ana se abrazó a mi con brazos y piernas, volvimos a besarnos, y la llevé hasta la mesa, donde se sentó en el borde. Se recostó hacía atrás, apoyándose con las manos en la mesa por detrás de ella, lo que hizo que sus pechos se alzaran, y me apuntaran sus pezones como si me llamaran a gritos. Me agaché para lamerlos y besuquearlos, y ella echó su cabeza hacía atrás, yo alcé y junté sus tetas, apretándolas y succionando sus pezones para atraparlos con mis dientes con cuidado.

-Ah! Ssshhh…- Escuché como sorbió aire entre los dientes al sentir como le mordía los pezones.

Alzó su cabeza, y yo la miré, agarré el otro pezón con mis dedos y lo pellizqué.

Abrió la boca con una mueca de dolor, pero sonriendo, la besé dándole un pico, mientras tiraba de su pezoncito.

-No te muevas de aquí.- Le dije.

Ana me miró mientras me alejaba de ella, me dirigí a la neverita de la cocina y saqué la botella de vodka. Mientras, vi como Ana agarró el pastelito que quedó a su lado, y le dio un par de cucharadas más, lamiendo la cucharilla con mucho erotismo.

Sonreí al acercarme a ella, volví a darle un pico y coloqué los vasos a su lado, llenándolos de nuevo.

Luego dejé la botella en la pequeña barra que formaba la cocina, y volví a sus brazos.

Cogí los vasos, y le di uno a ella. Ana lo cogió dejando la tartita a un lado, me miraba con cara divertida, era obvio que se lo estaba pasando genial.

Choqué mi vaso con el suyo y le di un buen trago, tanto que casi lo vacié, dejándolo a menos de la mitad. Había que tener cuidado con aquella bebida, no era una cerveza, era mucho más fuerte, el sabor dulce enmascaraba mucho el alcohol que contenía, y no quería pasarme, sería la última copa.

Dejé el vaso en la mesa, al lado de Ana, junto a la tartita, y le di un pico.

-Voy a tomarme el postre.- Susurré.

Ana me miró con curiosidad, tenía una sonrisa perpetua en los labios, entre divertida, deseosa, y achispada por la bebida. Alcancé la silla más cercana, y me senté entre sus piernas.

Mientras me fui agachando para sentarme, besuqueé su cuello, luego su escote mientras agarraba sus piernas y las elevaba, separándolas. Ana se reclinó un poco apoyando sus codos detrás de ella en la mesa para no caer hacía atrás.

Mordí con delicadeza uno de sus muslos, dando pequeños bocados lentos, acercándome cada vez más a su coño.

La miré justo antes de llegar, retirándome un poco de entre sus piernas. Se mordía los labios sin poder evitar aquella sonrisa nerviosa, se acercó su vaso a los labios para darle un sorbo si dejar de mirarme de reojo desde arriba.

Vi como sus pechos subían ahora por su respiración profunda, y sonreí.

Ana estaba sentada en el borde de la mesa, reclinada hacía atrás, Y su coño me quedaba a la altura perfecta para darme un festín.

Alargué mi lengua y le di un ligero lametón.

-Umh…- Escuché a Ana gemir dando un ligero respingo.

Volví a lanzar mi lengua de nuevo hacia adelante, pero esta vez para dar una lamida más lenta y profunda.

-OOgh…- La escuché ahora emitir junto con el tintineo de los hielos.

Sonreí y sorbí su coño, pegando mi boca en él, lo primero que encontré fue su clítoris, que succioné dentro de mi boca y empecé a lamerlo con mi lengua.

-OOouummhh… Uuh! Ooh!- Ana empezó a gemir como si de repente la hubieran encendido.

Noté la mano de Ana en mi cabeza, apretándome contra su coño, y continué lamiendo aquella bolita dentro de mi boca como si se pudiera gastar y fundir como un caramelo.

La escuchaba gemir y resoplar, y de repente escuché un silencio. Alcé la vista hacia arriba y vi que estaba bebiendo de su vaso, deprisa, vaciándolo por completo.

-Ooogh! Ummmhh!! Oh! OOh!- La escuché de nuevo al acabar su bebida.

Dejó el vaso a su lado, junto al mío de un golpe, y se reclinó por completo en la mesa.

Ahora me dejaba acceder mejor a su coño, alzando más las piernas, apoyé mis brazos en ellas y hundí de nuevo mi boca entre sus labios, clavándole la lengua entre ellos.

-Mmmh… SSsh!! Ooh! SSsh! Ooh!!- Empezó a gemir Ana al compás de mis lamidas.

Y me dediqué a disfrutar de aquel manjar digno de los dioses.

Siempre me ha gustado comerme un coño y ver las reacciones de su dueña, supongo que es algo similar a lo que le pasa a una chica cuando hace una mamada.

Y Ana era puro espectáculo, de vez en cuando alzaba mi mirada y la veía estrujarse las tetas, hasta incluso llegar a pellizcarse los pezones, gemía totalmente desinhibida y entregada a mi boca, y a mi me servían esos gemidos para irme guiando y saber que la motivaba más.

Hubo un momento en el que le hundí mis dedos, dedicándome por completo a su clítoris, y su coño estaba ya tan empapado que entraron prácticamente solos, llegando a meterle dos juntos haciendo la pistola y girándolos ligeramente cuando los hundía y sacaba.

Ana gruñía y gemía, acariciándose todo el cuerpo, parecía una fuente de flujos, hasta que llegó un punto en el que empezó a temblar con cada roce de mi lengua o movimiento de mis dedos.

Intuí que se acercaba a su orgasmo, pero no quería que explotara todavía, quería llevarla a ese punto de excitación pero que no lo sobrepasara.

Me levanté de la silla y cogí una de sus manos para alzarla. Nada más hacerlo, se lanzó a mi boca, besándome casi por necesidad, comiéndome la boca enloquecida de deseo.

Me dejé hacer mientras ella me abrazaba con las piernas y me apretaba contra ella, agarrándome la nuca, noté como una de sus manos agarró mi toalla y tiró de ella para quitármela, pero tiraba de manera tan frenética que no atinaba a llegar a quitármela.

Sonreí.

-Follame!- Me suplicó desesperada.

Continuará…

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