ANEIZAR LESTRANGE

Prima quae prius (primero lo que está delante)

–Me despierto en total oscuridad, alzo mis brazos, ya que no me veo deseo
palpar las distancias de los objetos que me rodean. Compruebo que me
encuentro en una caja, al tacto de madera. De pensarlo comienzo agobiarme,
no me gustan los espacios cerrados. Involuntariamente mi respiración se agita,
pero fríamente pienso en calmarme, y respirar despacio, necesitaré oxígeno.
Cuando te encuentras en una situación de estrés, en la que no sabes como
será tu punto y final en ella, no tienes idea como tu mente puede reaccionar y
yo sigo asombrada con la mía. La caja estaba de pies, ya que yo sentía que me
encontraba de pies y no tumbada, tenía el espacio justo, para sentarme abajo,
pero no mucho para ejercer la suficiente presión y romper esa caja con mis
piernas. Me sentía tan cansada de intentarlo, que paré, esperé a recuperarme.
Al parar el calor del ejercicio que había producido, cesó y el frío comenzó
hacerse notar. Fuera de la caja, comencé a escuchar unos ruidos,
respiraciones y vagamente algún grito. De repente, la caja sé echó hacia atrás
y yo con ella, me estaban transportando. Intenté comunicarme con quien quiera
que me llevase, pero no contestó ninguna de mis preguntas. Intentos inútiles.
“Me aparcó”, me estabilicé y la madera de la caja comenzó a crujir. Y eso fue el
comienzo.– La detective corta la grabadora y se levanta.
– Terminamos por hoy, le dejaremos descansar, pero debo decirle que este
proceso será muy largo. – Me dirige una pequeña sonrisa y se marcha
cerrando la puerta tras de ella. Sé que será algo difícil y más largo de lo que
desearía.
Nereida despertó, pero no habla nada. De momento la policía lo único que
tiene soy yo. Pero de sobra sabemos que soy el 20% de lo que todo esto
abarca.
Los días en el hospital transcurren, ya puedo volver a casa. Antes de recoger
mis cosas, paso por la de Ane. Está sentada en su cama, ya no tiene tantos
aparatos como antes.
Levanta su mirada y al verme se levanta. Su mirada es fría y cuando se
va acercando a la puerta, la cierra y corre las cortinas. Entendido, no quiere
verme. Vuelvo a la habitación, recojo todo y me dirijo con mi madre al
aparcamiento. Al llegar a casa, dejo mis cosas y me ducho, me acuesto
directamente, necesito descansar. El despertador suena, le sigue el timbre de
abajo. Debe de ser la detective, le gusta madrugar. Cojo lo primero que pillo en
el armario y me dirijo al baño.
– Buenos días. – Saludo al entrar a la cocina. Efectivamente la detective ya
estaba allí.
– Buenos días. – Contestan los cuatro a la vez. Esta vez la detective Rodríguez
venía con alguien.
Me serví un poco de zumo y enseguida comenzaron las preguntas.
– ¿Cuando acabe podemos sentarnos y continuar con su historia? – Lo dice
como si estuviese dando una entrevista en la televisión, de mi nueva novela.
Me siento de frente a ellos y asiento, ya preparada bebo un sorbo de mi taza y
espero a que le dé a grabar.
– Ya abierta la caja, me di cuenta de que no había luz fuera de ella tampoco,
me comenzaron a empujar con una especie de palo y a ordenarme que
avanzara.
Recorrimos un pasillo largo y mohoso, había luz, pero escasa, solo se podía
ver por donde caminaba. Al llegar ante una puerta metálica, me obligó a
detenerme, inmovilizó mi cuerpo al lado de ella y la abrió. Me empujó dentro de
ella y allí me retuvo unos días, hasta que me sacó la primera vez. – La
detective asiente, al igual que el compañero, dándome a entender que me
escuchan. Mi voz se quiebra y paro para beber otro sorbo de mi taza, unas
pequeñas lágrima sale de mis ojos. Sé que pasó y que tengo que ser fría, pero
no siempre se puede.
– ¿Puedes continuar? – Me dice el detective Hernández se nota que él es más
amigable que su compañera. Notan enseguida mi angustia, me ofrecen un
pañuelo y dejan que pause lo que sea necesario. Pero no paran la grabadora.
– El sitio era frío, olía mal y no tenía ventilación. Era estrecho y pequeño. Había
una manta vieja y un colchón roto. – Me seco las lágrimas y limpio mi nariz.
– Lo peor fue el primer día que me sacó, yo escapé, fue mi primer intento. Me
atrapó en la arboleda, no me llevó de vuelta al zulo, me tiró a un pozo y me dio
por muerta.
– Bueno, esta vez continuaremos aquí. Esta vez no usare la grabadora, sino
una cámara de video. Si necesitas cualquier cosa, puedes parar y pedirlo.- La
detective arregla un poco su moño despeinado y se sube las gafas de pasta.
Me mira y me hace una señal de que puedo comenzar.
–Pase bastante tiempo en el pozo, no tenia noción del tiempo y no puedo estar
segura de cuanto fue. Llegue un momento que deje de luchar y quería que todo
acabase cuanto antes. – Su mirada es fija, prácticamente ni parpadea.
– ¿No trataste de escapar? O ¿gritar pidiendo ayuda?- Enserio me está
preguntando eso, es obvio que no podía, si no lo hubiese hecho. –
– Grite con todas mis fuerzas, fue imposible, nadie me escuchaba. Nadie paso
por allí, sabia bien donde llevarme. Y mis fuerzas se agotaron pronto de
intentar luchar para salir de allí. Cuando creía que ya estaba muerta, vi una
cuerda caer por la pared. Por un momento preferí morir, pero mi instinto de
supervivencia pensó por mi y agarre la cuerda. Al salir algo dentro de mi sabia
que era él y que no había nadie más. – Hago una pausa, sin darme cuenta,
vuelvo a devorar mis uñas, mi cuerpo avanza de adelante a atrás y la ansiedad
va apoderándose de mi pecho, analizo la situación y pronto empiezo a
recuperar el control. Arrugo mi nariz y al darme cuenta de mi actitud, rectifico.-
Volvimos de vuelta al lugar, de nuevo estuve días encerrados, comiendo una
vez al día, había días que no probaba nada y otros que devoraría hasta la
bandeja. El olor iba empeorando. El nunca se dejaba ver la cara. Pero el día
que escape, cometió un error, al no esperar eso, no protegió su rostro y
reconocí a mi compañero. Me dijo que jamas saldría de ahí, y que acabaría
como el resto. – La detective me corta, para poder hablar.
– ¿Podrías decir su nombre completo?, necesitamos que quede grabado en el
video. – Señala a la cámara y me hace otra señal para que continué.
– Claro, Ernesto Martín Vaza, fue mi captor y torturador. O eso creo, jamás le vi
el rostro. Nereida fue quien le reconoció y llamaba por su nombre. – La
sensación que recorría mi cuerpo, escalofriante, pero a la vez, la ira aumentaba
en mí.
Mi respiración, se me acelero y las palabras que iban saliendo de mi boca, con
carrerilla y en aumento, eran con desprecio hacía él. La forma de expresarme,
como eran esas torturas. – Cuando nos encontrábamos, ¡ MÁS DÉBILES!,
¡CASI SIN VIDA!. – Me levanto de golpe de la silla, esta cae al suelo y la
detective y su compañero se sobresaltan del susto. – ¡NOS SACABA
SANGRE!, PARA DESPUÉS, ¡INYECTARNOS UN LIQUIDO MORADO!,
¡DOLÍA!, DOLÍA MUCHO.-
La detective recoge la silla y su compañero me intenta controlar, mi cuerpo
empieza a notar poco a poco la bajada de emociones, mis lagrimas brotan de
mis ojos, cojo un pañuelo y limpio mi nariz. Dolió mucho, mucho, ¿qué me
hizo?. Los médicos no me han comentado ni a mí, ni a mi madre, nada sobre
algo anormal en mí. Sé que sigo paralizada ante ellos, ellos respetan mi
silencio. Pero alguien debe romper ese silencio y volver a la calma que había
anterior a mi arrebato. –
– ¿Se encuentra mejor?, ¿Podemos dejarlo y continuar otro día? – No solo yo
no puedo continuar, ellos son como un libro abierto, en su cara veo la
expresión de miedo ante la situación anterior.
– Lo, lo siento. Me encuentro mejor. Puedo continuar. Quiero acabar cuanto
antes con todo esto. – A un que se, que para ese momento, a un queda
demasiado. Seco mis lagrimas con la manga de mi camiseta.-
– No tienes por que forzarte, te llevaremos de vuelta a casa, iras con la patrulla
que hará guardia en tu casa. Hasta que lo encontremos. Todo mejorara. – Ella
no se da cuenta, que en mí, ya no estará todo bien. Soy alguien diferente,
estoy rota y desconocida a lo que ahora llevo dentro de mí.
Al levantarme, la agitación de antes me ha dejado mareada, sigo hacia
adelante, despacio, me introducen en la parte trasera de la patrulla y a través
del cristal, todas las luces y sonidos, me parecen lejanos, aislada y
desorientada. Ya no sé cual es la verdadera realidad. A un que sé que todo
acabo. He soñado tantas veces con esa realidad y volvía al mismo zulo, que no
me puedo creer que esto sea verdad y que no sea otro sueño. Pero a un así,
tendré que revivirlo, una y otra vez. Hasta que lo atrapen y pueda poner punto y
final a esta historia.

Me despierto confusa, en una habitación totalmente blanca, parece que de
nuevo me encuentro en el hospital. No me acuerdo de nada. Bueno salí de la
comisaria, llegué a mi casa, me duche y eso fue todo. Mi madre y el médico se
encontraban hablando fuera. No se escucha claro de que hablan. Ambos
entran a la habitación, el doctor se dirige directamente a mí.
– Bueno señorita, ¿como se encuentra? – Asiento, respondiendo que bien. –
– Bueno, hemos seguido haciéndote pruebas, hemos encontrado similitud en tu
sangre y en la de tu amiga.-
– ¿Similitud?- respondo extrañada. El doctor agacha la cabeza y su cara se
vuelve más fría. –
– Si, tenéis una compatibilidad del 95%, pero en las pruebas de ADN, se
demuestra que no es por parentesco. Algo en vuestra sangre ha sido alterado.-
No sé que contestarle, sigo tan confundida por la situación. Al mirar a mi
madre, ella tampoco es capaz de articular ninguna palabra, se siente igual que
yo. Su teléfono comienza a sonar, se dirige a la terraza de la habitación, a
penas son murmullos los que logro escuchar. Al colgar se acerca, sujeta fuerte
mi mano, comienza a sonreír.
– ¿Mamá? ¿Está todo bien? – Sigue sonriendo y sin contestarme comienza
asentir. –
– Lo atraparon hija, lo tienen. – Las lágrimas brotaban por sus ojos, sé que de
alegría, me abrazo fuerte, era agradable recibir un abrazo en tanto tiempo, era
cálido. Mi madre al ver que yo no contestaba, me lo volvió a repetir. –
– ¿Hija? ¿me escuchas? – Sin contestarle, me levanto, ha sido rápido y fácil,
¿seguro que lo han cogido a el?, es demasiado listo, me resulta muy extraño.
Por la puerta entran ambos detectives, saludan y le piden a mi madre hablar un
momento conmigo.-
– Que sea rápido, ella no se encuentra en condiciones, por eso esta así.
Esperare fuera, si me necesitas, llamame.- Me mira y después sale por la
puerta.
-¿Quieren continuar hablando?- Muestro algo de frialdad, ya que no tengo
ánimos para continuar hoy con todo. –
– No, estamos aquí, por que como ya sabrá, ya le tenemos bajo nuestro cargo.
El no ha querido hablar. Pero ante muestras de sangre y ADN, que hubo que
hacer para una de las pruebas, hemos encontrado la misma compatibilidad que
con usted y las otras víctimas. Sin el patrón del gen. Lo que no hemos
encontrado es el sitio donde estabais, ni el laboratorio.
Necesitamos que nos guíes. Saber el porque de esa compatibilidad, que es y
cómo actúa.
– Yo os digo como es, pero no esperen que les lleve, yo allí no pienso volver,
márchese. ¿Mama? ¿Mama? – No me encuentro con fuerzas de seguir el ritmo
de la conversación, les invito a marcharse y llamo a mi
Madre, obligándoles así a salir, me hecho hacia atrás para intentar coger el
sueño.
– ¿Alicia? Despierta, soy yo. – Al abrir los ojos Nereida me mira con sus
grandes ojos, demasiado ceca de mi cara y respirando muy fuerte.- Corre
despierta, aquí no estamos seguras, no es el, no lo han detenido, los ha
engañado. – su rostro se ve muy pálido y ojeroso, se la ve muy nerviosa y no
deja de tirar de mi brazo para salir. –
– ¿De que hablas? Me estas asustando Nereida. – sigue su actitud anterior.–
– Él está aquí, debemos huir. – Su cara se oscurece y sus ojos muestran el
mio, ese miedo que me transmiten, no lo pienso y la sigo, nuestra prioridad de
nuevo seguir con vida.
Ambas nos encontramos en el semisótano del hospital, bajo el hueco de las
escaleras. En el ambiente se podía sentir la incomodidad de las dos, pero
debíamos de estar unidas si realmente él estaba aquí. Me doy cuenta que en la
pared hay un respiradero, parece tener un buen tamaño, compruebo que va a
presión metido en la pared, tiro de él para poder sacarlo. Es inútil, sin tener
ningún objeto para ejercer presión, no soy capaz de sacarlo y esperar aquí, a
que alguien nos rescate es una tontería, no tenemos como subsistir. Hago
señas a Nereida y nos movemos del lugar, seguimos de frente por un pasillo,
todo esta a oscuras, lleno de camas y aparatos estropeados, y de más cosas
cogiendo polvo. Al final de este vemos lo que parece un ascensor, damos a su
botón varias veces, algo inútil también, no debe de estar en funcionamiento.
Girando a la derecha encontramos una puerta, esta va a parar a otro pasillo
alargado, este sin nada de por medio, comunicado con muchas otras salas, por
lo que parece. Con curiosidad nos vamos asomando a ver que hay en ellas, sin
encontrar nada, seguimos de frente, encontramos otra puerta, que comunica
con otra salida de emergencias. Tiramos ambas de la gran puerta de la salida,
el aire frio de la calle nos golpea en la calle, nos miramos y las dos asentimos
saliendo al exterior, nos encontramos en la trasera del hospital, comenzamos a
caminar en busca de alguien que nos pueda ayudar, ninguna de las dos
cogimos nuestros teléfonos.
Al dar la vuelta completa, vemos varias patrullas de policía en la puerta, sin
pensarlo, las dos comenzamos a correr hacia la puerta, ya visualizamos las
escaleras de subida hacia la puerta principal del hospital, antes de llegar a ella,
una furgoneta grande y blanca se para delante de nosotras, se abre la puerta
trasera dejando ver a una persona encapuchada, antes de que pueda bajarse,
ambas cambiamos de dirección y comenzamos a correr, sin ver hacia donde
vamos, seguimos hacia adelante. La distancia que llevamos recorrida y la
velocidad a la que íbamos, ya no nos da más opción que parar, nos sentimos
agotadas. Nos encontramos en un parque pequeño, rodeado por unos cuantos
edificios, vamos de frente al que tenemos más cerca y tocamos al primer
timbre, no parece que nadie conteste en este y llamamos al segundo. Después
de un rato de intentarlo, deducimos que la gente no quiere contestar el timbre.
Exactamente no sabemos que hora es, pero tiene pinta de ser muy pronto.
– Deberíamos de buscar una comisaria o algún sitio donde resguardarnos
hasta que se haga de día.- Dice Nereida, tiene razón, si no encontramos donde
pedir ayuda, por lo menos ponernos a salvo hasta que amanezca.
– Lo primero es ver en que lugar nos encontramos, a mí esta zona no me
suena.- Tampoco podemos andar sin rumbo, si ella tampoco conoce la zona,
andaremos perdidas y seremos una presa muy fácil, si saben donde
buscarnos.
– Yo tampoco reconozco el lugar, callejeemos un poco, intentemos localizar
alguna zona conocida y si no, buscaremos un sitio donde pasar la noche, en
cuanto se ponga el sol todo será más fácil. – Asiento y comenzamos a caminar
sin saber exactamente lo que nos espera. Después de bastantes manzanas
recorridas, encontramos unos soportales donde pasar la noche, no tenemos
nada con lo que taparnos, hace bastante frio y lo único que llevamos, son las
batas y zapatillas del hospital.
Después de un rato, un ruido nos desvelá, un motor, al levantar la cabeza
vemos la misma furgoneta blanca que se paro delante de nosotras en el
hospital, nos escondemos detrás de unos contenedores que tenemos enfrente
y esta pasa de largo. Ya desveladas continuamos caminando, en dirección
contraria a la furgoneta. Salimos de la zona residencial y ya nos encontramos
en un polígono industrial, al principio de este vemos un gran edificio, cuanto
más nos acercamos mejor podemos identificar el cuartel de la policía. Pero
todo volvía a ser demasiado fácil, y yo no terminaba de creérmelo.
– No pierdas el tiempo la furgoneta podría pasar y perder la oportunidad. – No
me puedo creer que siga siendo tan fácil y sé lo repetiré una y otra vez.
– No te das cuenta que es todo demasiado fácil, ¿no lo ves? – Ella me mira
desconcertada, pero sin darme opción tira de mí hacia la comisaria, solo
debemos cruzar la calle, para lo que estaríamos demasiado expuestas y los
que fuesen en la furgoneta, estar vigilando.
– ¡SI ANTES LO DIGO! – Tiro de Nereida hacia atrás, cayendo ambas en unos
matorrales, por delante de la comisaria pasa la famosa furgoneta blanca,
cuando se aleje un buen trozo, entonces, si, será el momento de poder entrar a
la comisaria.
Definitivamente todo lo malo que nos ha pasado nos ha hecho ver cosas que
no hay. Me deje llevar por el momento, tanto estrés y la falta de sueño, me
hicieron seguir ciegamente a Nereida. La detective nos hecho una buena
bronca al vernos en la comisaria, con nuestra huida habíamos creado mucho
revuelo y a un que le contamos lo de la furgoneta, a ellos les dio igual, no nos
creyeron y pensaron que seria por toda la medicación administrada. Ane
estaba más nerviosa que yo, la única manera de relajar la situación, es que
nosotras viésemos con nuestros propios ojos que Elliot estaba tras las rejas.
Después de un buen sermón de mi madre y varias visitas medicas,
comprobaron que yo ya estaba recuperada, y que ese bajón puntual era
normal, un posible cuadro de estrés. Repito las mismas acciones que la
semana anterior, recojo mis cosas y me acerco a la habitación de Nereida, ella
no se encuentra allí, las enfermeras me comunican que ha sido trasladada a
una habitación aislada. Ya me tenia que ir y ningún familiar suyo estaba cerca,
luego les llamaría para preguntar por ella.
Ya en casa, coloco todas mis cosas en su sitio, quito algunas fotos de la pared
y las tiro a la basura. No me encuentro con muchas fuerzas de volver a clase,
ni al trabajo, pero debo volver a mi vida normal. Me doy una ducha caliente y
después me acuesto, mi madre me trae la cena a la habitación, pero yo me
hago la dormida, me encuentro inapetente. Después de muchas vueltas en la
cama, caigo rendida.

“La bandeja de la comida esta fría, casi congelada. Hoy la comida, si se le
puede llamar así, no tiene forma de nada, ni ningún olor que apreciar que tipo
de alimento es. Sin ningunas ganas, no pruebo ni un poco, la dejo en el mismo
sitio y me quedo en mí rincón, encima del mugriento colchón que debería de
llamar cama, pero que es un foco de infecciones. Con este día, ya son cuatro
sin comer, pero da igual cuanto días lleve, sé que al 6 día, despertare como su
hubiese resucitado de entre los muertos, con mucha energía y sin ningún
hambre. Mañana sé que me llevara a una especie de laboratorio que tiene en
este lugar, no sé exactamente que es lo que hace, pero en mi cuerpo se
pueden apreciar pinchazos y pequeños cortes. El portón del zulo se abre de
repente, el me coge del cuello de la camiseta y me arrastra por el pasillo, me
resisto e intento luchar con el, sin esperarme lo que va a hacer saca del bolsillo
un pequeño taser, cuando el aparato me toca, siento como si un cuchillo
gigante atravesase mi cuerpo de arriba abajo. Me quedo totalmente rígida,
notando pequeños espasmos en mi cuerpo y extremidades, casi ya sin sentir ni
el enganche del cuello. Me carga a su hombro y perdiendo prácticamente el
conocimiento, puedo estar segura de que vamos a esa especie de laboratorio.
Al final no aguanto más despierta.
Al despertar me encuentro atada a una camilla, mis extremidades están
completamente sujetas, imposible soltarme, forcejeo y chillo, pero es inútil, el
se comienza acercar con una jeringuilla, me retuerzo, pero el esta cada vez
más cerca, cuanto más cerca lo tengo, más deformado y malvado veo su
rostro, comienzo a tener el pecho acelerado, diría que la ansiedad sé está
haciendo notar”.
Confundida llamo a mi madre, mi localización ha cambiado, ya no me
encuentro en esa maldita pesadilla, reconozco mi habitación y palpo las
sabanas de mi cama, mi respiración se va calmando y va siendo más normal,
mi madre entra en la habitación muy nerviosa, al encontrarme así, me abraza y
acuna en sus brazos como si de un bebe se tratase, pero es reconfortante
saber que estoy con ella y que estoy en casa.
Esta mañana me he levantado más tranquila, la noche la pase mejor y pude
dormir algo. Me preparo y como unos pocos de copos de avena con leche,
recojo mi bolso y espero a mi madre en el coche. Tenemos que volver a
comisaria, me permitirían ver a Ernesto, pero a través de cristal y así ver por mí
que lo tienen, y que puedo estar segura. La detective nos encuentra en la
puerta, según entramos nos saluda y nos pide que le acompañemos, al pararse
frente una puerta, antes de entrar se da la vuelta, dirige su mirada a mí.
–Tienes que estar muy segura, si no te encuentras preparada no es obligatorio
que lo hagas. Estate tranquila, el no te vera. Sabe que detrás del cristal
estamos nosotros, ya que es un interrogatorio. Pero no se imagina que puedas
estar tú u otra persona ajena a la policía. – Me da una caricia en el hombro, y
abre la puerta, ofreciéndome primero que pasase yo. No hay nadie más en la
sala, la pared de frente esta completamente en negro, pero la detective al darle
a un botón, se vuelve completamente transparente, transformándose en una
ventana.
Al otro lado se podía ver a un chico, con un mono gris y unos grilletes en
muñecas y tobillos. No le podía ver el rostro, se encontraba de espaldas a mí,
el color de pelo si podía ser el de él, pero el rostro seguía sin verlo. A la misma
sala que nosotros, entra el otro detective, comienza hablar con ella, de unos
problemas con cierto papeleo, comparten alguna mirada rara, están hablando
en clave para que no sepamos cual es el problema. Dejo a un lado a los
detectives y observo más de cerca una marca que tiene en el cuello ese chico.
–¿Inspectora? ¿ve la marca del chico? ¿La del cuello? – Ella asiente, yo
levanto mi pelo y dejo ver mi cuello también, justo a la misma altura y zona,
tengo la misma marca y estoy segura de que Nereida igual, y de que si buscan
en el cuerpo de Erica, la encontrarían también.
–¿Por que? ¿Como es posible que tengáis la misma marca?.- La detective
cambia por completo su expresión facial, se ve el miedo y la confusión en su
rostro.
– ¡NO ES EL!.- Su voz deja ver su inseguridad en este momento, su
compañero sale de la sala, y se ve como entra en la otra habitación, levanta al
chico y lo dirige al espejo, sin duda su parecido era casi idéntico, pero como
dijo Nereida no era el, Ernesto seguía suelto.
–La furgoneta, era el, la furgoneta.- Tiro de la manga de la detective, tal cual
que una niña pequeña cuando quiere algo de un adulto, ella asiente como
haciéndome ver que me entiende, pide varios apoyos en vigilancia constante
en mi casa, no me dejaran sola.
Ya en la patrulla, junto a mi madre, nos damos cuenta que no vamos hacia
nuestra casa.
– Disculpe, ¿Dónde nos llevan? – Pregunta mi madre con muchos nervios, veo
sus manos temblar e intenta controlarlo un poco, frota dedo por dedo contra la
palma de la mano. A mi también se nota mi inquietud, prácticamente ya no
tengo uñas en mis dedos, se han convertido en muñones.
–Señora, la inspectora las esperara en el lugar elegido, volver a su casa no es
seguro. – El policía continua conduciendo y en ningún momento aleja la mirada
de la carretera. Es un poco complicado ver donde vamos y donde nos
encontramos. Ya esta oscuro y hay algo de niebla. Después de un largo y
silencioso trayecto, detienen la patrulla en una urbanización de chalets. Casi al
final de esta, nos detenemos frente a una casita de color blanco y azul. Se ve
luz en su interior y el coche de la inspectora está aparcado cerca de nosotros.
La pareja de policías nos invitan a que pasemos, sujetan la puerta de la
entrada. En la entrada de la casa, nos esperan los inspectores.
–Pasen, tenemos mucho que hablar.- La inspectora Rodríguez está muy seria,
nos hacen pasar directamente a la cocina de la casa.
Ella se encuentra de pies, apoyada sobre la encimera y su compañero, sentado
en una silla cerca de la mesa. Con sus brazos cruzados y sus piernas abiertas.
Nos señalan las sillas invitando a que tomemos asiento. Mi madre se sienta, yo
prefiero quedarme de pies. – No me andaré por rodeos, no sabemos donde se
encuentra este tipo, la furgoneta que nos describiste apareció esta tarde cerca
de vuestra casa. Era robada y el conductor se encontraba en su interior, estaba
muerto. Hemos encontrado en su sangre un componente, no tiene vuestra
compatibilidad, pero si muchos paralelismos con partes de vuestro ADN. –
–En el laboratorio de criminalistica creen que, habéis sido modificados
genéticamente. -No llegamos a reconocer las formulas, para entender lo que os
hicieron allí abajo. – Ahora mismo la habitación se ha quedado en rotundo
silencio, no sabemos que decir. He sido un jodido conejillo de indias,
estupendo, un experimento para el imbécil aquel.- Pero hay más, para el eres
un tesoro, algo que él ha creado y quiere tenerte si o si, la única manera de
atraparle.–
– Es usándome de señuelo, por eso esta casa tan alejada. Se puede saber,
¿Que pistas le habéis dado para que me encuentre?- Ahora mismo me
encuentro furiosa y no quedara así.
– No te alteres, pero es así. Para el vales mucho y seras su punto flojo. Él
vendrá a esta casa. – Me hace mucha gracia como habla como si realmente lo
conociese.
– Se equivocan es más listo de lo que creéis. Cuando más despistados estéis,
es cuando él aprovechara el momento. No va a venir, él conseguirá que yo
vaya. Estáis muy seguros de que me quiere a mi, les recuerdo que la primera
fue Nereida, también está viva. Mejor vigilen la a ella, ¿no?.–La detective pone
cara de sorpresa, segundos después ella y su compañero se miran, no habían
caído en ello.
Se levantan y ambos cogen el teléfono para hacer unas llamadas. Si se habían
calmado, yo les volvía a poner de los nervios. Ambos se dirigen a nosotras y
hablan al unisono.
– ¡No se muevan de aquí ninguna! – Tampoco teníamos intención. A un que
este plan me parece muy estúpido. – me permito dejar de pensar en todo esto
y antes de darme la vuelta la inspectora sujeta mi muñeca.-
– Toma, quiero que me anotes todo, todo lo que te paso en este cuaderno. Ya
hablaremos más adelante y proseguiremos con los interrogatorios. Estos días
serán largos, sin salir de aquí y necesitamos saberlo todo. Sé que sera duro,
pero se ve que eres fuerte. Vendremos por la mañana. – Su ultima palabra se
va con ella al golpe de cierre de la puerta. Mi madre se deja caer en el sillón y
se lleva ambas manos a la cabeza, entrelazando el pelo entre sus dedos. Esto
es muy intenso para ambas. Por lo poco que nos pudieron contar después, mi
padre estará de viaje por el trabajo. Un poco más de lo normal, alargándolo por
la situación. Dejo a mi madre hablando por teléfono y yo mientras cojo el
cuaderno y me siento en el sofá, de frente a la ventana.
Recuerdo tantas cosas, me vienen todas de golpe, no se ni por donde
empezar. Al final me decido, todo lo que vi en el laboratorio.
“Ese día me desperté directamente en el laboratorio, sobre la misma de
siempre, fría, metálica y sucia. Unas gruesas correas me sujetaban, el se
encontraba de espaldas a mi, colocando unos tubos y recargando unas
jeringas, al principio nos sacaba sangre y otras nos metía un liquido morado,
que cuando entraba en las venas, era un dolor insoportable, parecía que nos
estuviésemos quemando de dentro a fuera. Jamas nos explico que era lo que
hacia, o lo que nos hacía. Todo ello se lo reservaba. Yo comencé a notarme
después de bastantes días bastante mejor, tanto física como mental, pero
pensé que fuesen rachas. Al igual que cuando no comía, y despertaba días
después volvía con esa energía, ahora creo que todo tenia que ver con
aquellas inyecciones. A través de las paredes del pasillo de camino al zulo,
podías oír gritos de otras personas, no sabia de quien pudiese tratarse, jamás
vi la cara de ninguno, excepto a uno, si le vi el rostro, pero jamas supe de quien
se trataba. Se encontraba muy dolorido, sus gritos lo confirmaban, uno de sus
tobillos se veía roto, se apreciaba bastante bien, prácticamente se le veía el
hueso fuera de la carne. Su rostro totalmente desfigurado y lleno de ampollas
amarillentas, pero cuando quise saber más, Ernesto me sorprendió y encerró
en forma de castigo en las cajas de madera, sin comida ni agua, si me
comportaba me devolvía al zulo y si presentaba cansancio u otro tipo de
desajuste, me llevaba al laboratorio. Allí nos revivía, o por lo menos eso
parecía”.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s