PENÉLOPE

Relatos eróticos basados en hechos reales 

Estaba muy sola

Juan siempre estaba de viaje de negocios, nos queríamos o yo lo sentía así. Cuando estaba en casa era como revivir nuestros inicios con ilusión, pasión y siempre organizando cosas para hacer o visitar algún lugar.

Era lo que cualquier mujer desearía, me colmaba de halagos, regalos y pendiente de cualquier cosa que me inquietara, pero sus ausencias eran continuas y no le veía fin.

Veía pasar los días y la poca  juventud que me quedaba, se esfumaba con el transcurso de los años. Esperando a que algo cambiara o tener la estabilidad suficiente como para que Juan bajara el ritmo de trabajo.

Vivíamos en una urbanización acomodada y segura. Salía todas las mañanas a pasear por los alrededores, coincidía con el vecino de la casa de enfrente que se llamaba Gabriel, un hombre atractivo con ojos verdes penetrantes y voz seductora.

Poco a poco las conversaciones con Gabriel eran de más confianza, a todo le ponía su punto de humor, era positivo y hacía nuestros paseos muy amenos y cada día miraba el reloj deseando llegara la hora de salir y encontrarme con él.

Gabriel era viudo pero vivía feliz en su soledad, escribía artículos en un periódico y en sus ratos libres hacía algún trabajo de bricolaje como hobby.

Hacía calor y después de nuestro paseo, me invitó a tomar un refresco junto a la piscina de su casa. Acepté pues su compañía me agradaba, pasaba el tiempo sin darme cuenta.

Saco del frigorífico del garaje unas bebidas de naranja y nos sentamos en el borde de la piscina con los pies dentro del agua.

Yo llevaba una camiseta de tirantes sin sujetador y un pantalón corto. Gabriel una camisa tipo polo y pantalón vaquero corto, mientras saboreábamos los refrescos, me fije como él me miraba de forma diferente….

Me recorrió un escalofrío por todo el cuerpo, llegando a notar como mi coño se despertaba, noté como mis pezones empujaban la camiseta. Mi mirada fue directa a su entrepierna y vi que su polla empujaba los botones de su pantalón.

Gabriel siguió hablando como si nada estuviera ocurriendo. Hablaba del mueble que estaba montando en el garaje para guardar sus herramientas y dijo…

.- ven, acompáñame al garaje y te enseño lo que estoy haciendo.

Se levantó y me ayudó a levantarme ofreciéndome su mano, entramos en el garaje y me explicaba para que iba a utilizar cada espacio del mueble….

No se como explicar lo que pasó, ni cómo fue pero de pronto me vi rodeada por los brazos fuertes de Gabriel, su lengua jugaba con la mía, era dulce y ligera. Me acercaba hacia él, poniendo sus manos en mis nalga, notando su polla en mi coño y no pensé, me dejé llevar por el momento.

Me puse cachonda perdida, las manos de Gabriel eran música, sabia donde tocar, pellizcaba mis pezones por debajo de la camiseta. Me notaba húmeda y deseaba que continuara, bajé mis manos y desabroche los botones de su pantalón y los dejé caer, junto con el slip.

Él metió las manos por debajo de mi short, acariciando mis glúteos, con la mano derecha fue hacia delante hasta llegar a mi coño. Me abrí de piernas para facilitarle sus movimientos, metió los dedos por debajo del tanga y empezó a jugar con la entrada de mi coño.

Se oía el ruido de mi flujo en su mano, estaba caliente. Movía mis caderas al compás de su mano, mis gemidos eran suaves y se arrodilló ante mi, bajándome muy despacio el short, mientras me observaba.

Cerré los ojos y disfruté el momento, noté su lengua en el clítoris, di un gritito, me temblaban las piernas, me puso muy cachonda. Le cogí de la cabeza y le acerqué a mi coño, para que se lo comiera, en ese momento era suya. Me entregué a él, abrí las piernas de nuevo y él saboreaba mi coño con hambre. Uff, no podía controlar mis gemidos, por momentos aumentaba el volumen. Su lengua rápida me volvía loca, mi flujo bajaba por los muslos y de pronto un grito ahogado salió de mi garganta avisándole que había explotado. Fue majestuoso, divino el placer que sentí.

Estaba en una nube, Gabriel se levantó y hizo que me apoyara con las manos en la mesa de trabajo, me tumbo sobre ella y me puso crema en el culo y empezó a meterme su polla firme en la vagina con dulzura, la sacaba y me rozaba el culo con la polla y la volvía a meter sin prisa pero sin pausa.

Me puso a cien de nuevo, el tiempo pasaba sin ser consciente de lo que ocurría, solo pensaba en su polla fuerte como entraba y salía de mi coño como si siempre hubiera estado ahí,  gemía con soltura y cuando empece a gritar.

Entonces cogió un vibrador que no sé de donde lo saco y empezó a metérmelo por el culo, al mismo tiempo que seguía penetrandome con la polla,  fue una sensación nueva para mí, el pensar que tenía dos pollas dentro, me excito aún más si era posible y sin darme cuenta me vino un calor tremendo en el coño, que exploté sin control.

Fue maravilloso, la satisfacción que sentí fue tremenda. A continuación se corrió él, echando todo su líquido sobre mi culo. Después me acercó unas toallitas húmedas para limpiarme.

No supimos que decir en ese momento, nos dejamos llevar por un calentón, me despedí y fui a casa directa a darme una ducha y me quedé todo el día pensando en la experiencia.

Me gustó mucho, me puse cachonda recordando todo, por la noche me hice una paja pensando en él.

Al día siguiente nos encontramos como todos los días para dar nuestro paseo, hablamos de lo que había ocurrido entre nosotros. Coincidimos en lo que habíamos sentido y iniciamos una relación a escondidas.

penelope.estudios@hotmail.com

womanpenelope.wordpress.com

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