SIX

Abrí la boca por la sorpresa y sonreí.

Ana me miraba sin haberse dado cuenta de nada, imagino que pensó que mi sonrisa se debía al momento que acabábamos de pasar ella y yo.

-Estas loco!- Susurró casi sin emitir ningún sonido, gesticulando mucho con las manos.
-Jajajaja!- Me reí.

Me reí como resultado de la mezcla de todo. De como había apurado al máximo y casi nos pillan, de que aquel tipo seguramente había conseguido verle el coño a Ana, y lo mejor es que Ana, algo borracha ya, me miraba sin ni siquiera haberse dado cuenta de nada.

Ella tenía la boca abierta, como si no entendiera nada. Y a mí todo lo sucedido me había puesto muy cachondo.

La besé, y como estaba un par de escalones sobre mi, se apoyó sobre mis hombros, y sentí su melena deslizarse por mi cara, como si fuera un velo que nos diera intimidad.

Ana me besaba lamiendome la boca, dejando claro que estaba muy cachonda, me estaba besando en plan guarro, notándose también su embriaguez, podría quejarse, pero estaba claro que aquello la había disparado tanto como a mí.

Al acabar aquel beso, me mordí los labios mirándola a los ojos, la agarré de las caderas y le di la vuelta.

Ana giró su cabeza mirándome de reojo con cara de deseo.

Metí mi mano entre sus piernas, por detrás, debajo de su culo, y me encontré su coño muy mojado, lo acaricié y me empapélos dedos, me fue fácil meterselos.

Abrió su boca y sus piernas, intentando conservar el equilibrio al apoyarse con una de sus manos en mi hombro.

-Camina… sube.- Le dije.
-Que? Oommhh…- Preguntó arrugando sus cejas al sentir mis dedos dentro de ella.
-Sube.- Repetí apretando mi mano contra su coño, como si quisiera alzarla.
-UUggh…- Soltó Ana subiendo el primer escalón.
-Sigue.

Ana comenzó a subir, y empecé a notar en mi mano y en mis dedos el movimiento de vaivén con cada escalón mientras seguía jugando con su coño.

Tuvo que aguantarse con una mano en la barandilla para poder seguir subiendo y no perder el equilibrio.

No le di ningún descanso, con cada escalón que subía mis dedos jugaban más deprisa, hasta el punto de llegar a poder meterle dos, y empezar a moverlos haciendo “la bicicleta” dentro de ella.

Ana se agarró con fuerza a la barandilla deteniéndose, no podía concentrarse.

-Aaah!!- Gimió.

Su gemido volvió a llenar el ambiente como un trueno. Resonó sumado al eco de las escaleras.

La agarré del pelo y tiré de el hasta que alzó su cabeza.

-Ugh!- Soltó al sentir el tirón del pelo.
-SSssh!! Calla!- La regañé. -No quiero volver a oírte! Si haces cualquier otro ruido pararé. Ahora sube.

La solté del pelo, y giró su cabeza para mirarme, mordiéndose la boca y arrugando las cejas.

Volví a mover mis dedos, y Ana abrió de golpe la boca, sin emitir sonido alguno, arrugando más sus cejas.

-Sube.- Susurré.

Se mordió los labios y volvió a subir escalón por escalón, despacio, casi deteniéndose cuando notaba que mis dedos se hundían más. Paro no volvió a emitir ningún ruido, en su lugar, se mordía la boca y arrugaba la nariz, luego me lanzaba una miradita de reojo y continuaba subiendo.

Así subimos dos plantas más y cuando solo quedaba un rellano para alcanzar la nuestra, tiré de ella, sacando mi mano de allí.

Nos habíamos quedado justo en el rellano intermedio antes de alcanzar nuestra planta.

Ana me miró, mantenía la boca abierta por la excitación, y yo me abalancé sobre ella abrazándola y mordiéndole el cuello.

-Me tienes loco, te follaría aquí mismo.- Susurré cerca de su oído.

A Ana se le dibujó una sonrisa perversa mirándome de reojo.

-Vamos a la habitación y allí hazme lo que quieras!- Suspiró resoplando.

Se agarró a mi cara y empezó a devorarme la boca dándome lengüetazos rápidos. Se notaba que estaba muy cachonda.

Sonreí.

-Ponte de rodillas.- Susurré.
-Aquí? Vamos a la habitación.- Me decía restregándose contra mi.
-Hazlo!- Susurré con más energía.

Ana abrió la boca, luego dio un bocado al aire y sonrió.

Se fue agachando sin dejar de mirarme a los ojos. Cuando estuvo en cuclillas, me bajé la cremallera del pantalón y Ana centró su mirada en mis manos.

Me la saqué mirando hacía el rellano de arriba, vigilante a que la puerta no se abriera, y antes de bajar mi vista hacía Ana, sentí como me la cogía con la mano y se la metía en la boca.

-Oh! Joder!- Susurré casi sin voz.

Fue un reflejo al sentir su boca, y a Ana eso la motivó lo suficiente como para emplearse a fondo.

Hacía rato que mi polla estaba durísima por todos los jueguecitos que estábamos haciendo, agradecí sentir su boca, era como si por fin mi polla hubiera encontrado lo que hacía rato que buscaba. Se me pusieron los pelos de punta, cerrando los ojos y abriendo la boca conteniéndome para no gemir.

Me la chupaba colocando su mano justo enfrente de su boca, sentía como si se la tragara entera, aunque era una ilusión, daba lo mismo, era como visitar el paraíso con un sinfín de sensaciones húmedas.

Abrí los ojos y descubrí que me estaba mirando, y ya no pude dejar de mirarla, era como si nos habláramos con los ojos. Yo le decía “Sigue! No pares!” y ella me decía “Mírame!”.

Al cabo de un momento en el que no dejó de chupar, empezó a masturbarse como lo hizo aquella mañana en la ducha.

Fue entonces cuando cerró los ojos y se dedicó a chupármela como si lo hiciera para ella, en lugar de para mi.

Cambió el ritmo, ya no me la chupaba rítmicamente, se la metió en la boca, y empezó a lamerla, como si de un caramelo se tratase, sentía su lengua rozar mi polla y me estremecía.

Y así continuó, se la sacaba de la boca para lamerla, y se la volvía a meter succionando con fuerza.

Tuve que morderme el puño para no gemir, y eso le gustó a Ana, sonrió al verme hacerlo, y continuó como si la hubiera motivado.

El ruido de succión y algún que otro ruido al sorber empezaron a llenar el silencio de la escalera.

Comencé a peinarla, acariciándole el pelo, Ana me miró.

-Hija de puta, que boquita tienes!- Se me escapó en un susurro mirándola a los ojos.

Ana se lo tomó como un cumplido, se la metió todo lo que pudo en la boca, y luego la sacó, pajeandome justo enfrente de su boca, me sonreía de manera lasciva.

Apoyé mis manos en la pequeña barandilla que tenía el rellano entre los dos tramos de escalera, y Ana abrió sus piernas para dejar que me acercara y colocarme más cerca de ella, tenía la espalda apoyada contra los barrotes torcidos de la barandilla, estaba atrapada entre aquellos tubos y yo.

Volvió a metérsela en a boca, succionando y lamiendo mi polla con la lengua por dentro de la boca, me encantaba sentir su lengua jugando con la punta de mi polla en su interior, era como si chupara un caramelo, relamiéndolo para gastarlo.

Intentaba vigilar, miraba hacía el rellano superior por si alguien abría la puerta, pero para ser sinceros, si alguien hubiera aparecido en el rellano nos hubiera pillado de lleno, porque no podía concentrarme. Mis ojos se cerraban al sentir la lengua de Ana por puro placer, mi boca se abría disimuladamente y suspiraba, de vez en cuando mis dientes pellizcaban mis labios, del mismo modo que lo solía hacer Ana, sonreí al darme cuenta, pero fue una sonrisa cargada de puro morbo.

Miré a Ana y me dio la impresión de que se había olvidado de mi, se estaba masturbando y usaba mi polla como si fuera un juguete que le sirviera para excitarse, no paraba de chupar y lamer como si eso la ayudara a llegar a su orgasmo.

Y yo noté que de seguir así no estaría mucho rato lejos del mío. Me descubrí apretando las manos contra el perfil de madera de la barandilla, agarrado con fuerza, estaba en tensión, contenía mis gemidos y mi respiración.

No quería correrme todavía, tan solo había querido jugar, pero se me estaba yendo de las manos, necesitaba recobrar el control.

Tenía pensado tomar unas copas con Ana antes de follar de verdad, y los calentamientos se me estaban escapando.

Me estremecí cuando Ana me dio un chupetón en la punta de la polla que resonó en el espacio de la escalera.

-Aah…- Se me escapó como un susurro casi inaudible entre los labios.

Ana sonrió y volvió a repetirlo.

Con todo lo que me quedaba de fuerza de voluntad me retiré de su boca, y ella aun agarrada a mi polla la siguió como si necesitara seguir.

-Espera…- Le dije.

Ana me miró, sin entender nada, casi pierde el equilibrio al inclinarse hacia mí.

-Vamos a la habitación.- Dije agarrándome la polla para guardármela.

Me costó un infierno meterla en los pantalones, aun así el bulto que mostraba ahora mi entrepierna era importante, la notaba aprisionada y sentía cierto dolor.

Ana se levantó mientras tanto, recolocándose el vestido y relamiéndose. Sonreía con una cara de viciosa que incluso a mí me dio cierto respeto.

-Vámonos!- Solté.

La agarré de la mano y me la llevé a zancadas hasta el rellano de arriba, sentí el repicar de sus tacones subir las pocas escaleras que nos quedaban, y luego se silenciaron en cuanto pisamos la moqueta del pasillo que daba a nuestra habitación.

Ana me seguía agarrada a mi mano, la escuchaba reír detrás de mí, parecíamos dos adolescentes huyendo de alguna travesura.

Abrí la puerta de la habitación de tal manera que casi no necesito ni la llave, y Ana se lanzó a mi boca nada más cruzar la puerta.

Me besó cogiéndome de la cara, abrazándome la cabeza. La agarré de la cintura y de un saltito se agarró a mí con las piernas.

En un par de piruetas acabamos cayendo al sofá los dos, sin dejar de besarnos. Fui yo el que cayó de espaldas al sofá, Ana estaba sobre mi desabrochando mi camisa, desenfrenada.

Me comía la boca, yo le acariciaba la espalda, el culo, ella acabó de desabrocharme la camisa, y siguió por el pantalón, tuve que ayudarla, todo aquél frenesí me estaba contagiando.

En cuanto desabroché mi pantalón ella tiró de él hacía abajo agarrando calzoncillos y todo, y yo me quité la camisa mientras ella los lanzaba por el aire.

Se colocó sobre mi, como quien se monta en una moto, me agarró la polla y se la clavó de un golpe.

-Aaah!- Solté.
-OOoooh!- Gimió.

Y empezó a cabalgar.

Con las primeras embestidas se apoyaba en mi pecho, pero luego su propio vestido le empezó a molestar. Lo agarró como si de una camiseta se tratara y se lo quitó hacía arriba, quedándose totalmente desnuda.

Reanudó la follada, en cuanto lanzó el vestido por los aires, sin agacharse, tal y como estaba, subiendo y bajando con ganas.

Fui a tocarla, pero me agarró la mano y se recostó sobre mi.

-No…- Susurró, apartando mis manos sobre mi cabeza. -Solo mírame… y disfruta.

Continuará…

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