ANEIZAR LESTRANGE

Alicia

Estoy empezando a dejar de sentir el frío, las piernas se me están cansando.
Poco a poco mi cuerpo flojea, me voy hundiendo. Solo me queda mirar arriba,
luna, luna, luna. Es lo único que ven mis ojos ya. Llena, tan redonda y brillante.
Mi propia voz, en mi pensamiento va cesando. Un sonido brusco apenas me
hace parpadear. Un cuerda gruesa golpea, las paredes de piedra del pozo. Con
las fuerzas que me quedan, intento atraparla. Apenas puedo respirar, no hago
más que tragar agua. Las puntas de mis dedos rozan la cuerda, pero sin llegar
a cogerla.
En un último intento consigo agarrarme a ella. Al cogerla tiro y la cuerda
comienza a subir sola. Espero ya por fin estar a salvo, algo dentro de mí me
dice que debería dejarme caer. Estaré mejor dejándome ir, que lo que me
espera. Fuera de este pozo será peor que la muerte. Pero mi cuerpo prefiere
seguir sujetando la cuerda para poder salir de aquí. No puedo recordar como
acabo este siendo mi destino, pero me mentalizo para pelear. Estoy más cerca
del momento y al borde del otro lado.
Toco el borde del pozo con mis dedos y mi cuerpo entumecido, se desliza
hasta salir de él. Una mano me sujeta ahora la cintura, me ayuda a
incorporarme, la luz del sol me ciega por completo, apenas puedo apreciar las
facciones de su cara. Mi cuerpo se tambalea al intentar caminar, no recuerdo el
tiempo que estuve dentro del agua.
–¡Bebe!– Esa voz. Ya no se si es la obsesión, le golpeo el estomago con la
cantimplora y comienzo a correr,. Por lo menos eso intento. Apenas doy unas
zancadas, tropiezo. Mi boca golpea contra una piedra y el sabor a sangre
inunda mi boca.
Él vuelve, me levanta por el brazo. – Recuerda, siempre iré por delante.- Ahora
puedo verificarlo, Él jamás me dejara libre al igual que acabaré muerta como
Nereida y Erica.
Coloca un saco sucio en mi cabeza, mientras me dirige a empujones.
Creí tener esperanzas, que realmente al otro lado del pozo, estuviese otra
persona.
Pero mi destino siempre estuvo escrito, seré otra chica más en las noticias, al
igual que para él un triunfo más de satisfacción.
Ya detectó en mí olfato que estamos cerca del “refugio”, que irónico.Ya que sin
duda, no estoy segura aquí. Como un preso en su celda.
Deduzco por como me habla que soy la tercera chica. Me conoce desde hace
tiempo, pero ahora, para el, soy el número 3. Sé que a ellas las llamaba por su
nombre. Eran sus “mejores amigas”, pero dado sus situaciones, no lo veo como
un privilegio.
Entramos por el portón principal, ya sé el recorrido. –Bordillo, escalón, escalón,
escalón.– En mi cabeza, me repito cada movimiento. –Derecha, derecha,
puerta. Hogar, dulce hogar.
–JA, JA, JA – La risa que sale de mi boca, sé que suena como, como una
desequilibrada. Lo sé, pero aquí, ya perdí por completo la cordura. Debí
dejarme caer en el pozo y morir. De todas maneras aquí es alargar lo
inevitable.
Me empuja dentro de esa cloaca, en la cual, ni una enfermedad querría vivir.
Hecha la llave y se marcha sin hablar. Decido dejarme el saco, prefiero vivir en
la oscuridad que este me aporta.
Despierto de golpe, sigo teniendo el saco en la cabeza, el cual se me pega en
la cara y me dificulta respirar. Sujeta con fuerza mis muñecas y comienza a
atarlas con una cuerda, es gruesa y áspera al contacto con la piel. Arranca el
saco húmedo de mi cabeza y me levanta de golpe. No levanto la cabeza,
prefiero seguir adelante.
Vamos caminando por los pasillos del lugar, sigo sin tener claro donde estamos
situados. El olor a moho es nauseabundo. Llegamos a una puerta pequeña, de
madera, asombrosamente esta limpia, con un color blanco, IN-TAC-TO. Él abre
la puerta y extiende su mano, ofreciéndome que pase antes. Como si los
modales importasen ahora.
Nos encontramos delante de un baño, completamente limpio. Al nivel que están
mis nervios y mis sentimientos, comienzo a llorar. Ya me da igual cuantas
capas de suciedad tenga mi piel, y dado que no me tiene en una suite, solo
quiero huir.
Es todo tan surrealista, me tiene encerrada en un zulo, lleno de mierda y me
graba 24 horas al día, pero ahora me permite poder darme un baño, sin
vigilancia. Antes de que cierre la puerta me doy la vuelta, y mientras le miro con
odio, comienzo aplaudirle. Cierra la puerta, sin decir ni una palabra, se escucha
como hecha la llave por fuera.
No estoy segura de cuanto tiempo tengo, pero tengo que ser rápida y conseguir
algo con lo que golpearle, quitarle las llaves y huir.
No quiero más experimentos, mi cuerpo no aguanta más correas. Puedo ver en
mi piel todos los pinchazos. Cada moratón y aguzado de mi cuerpo.

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