GINÉS CARRASCOSO

En casa de Elisa

Enrico conducía despacio mientras se preguntaba porqué estaba implicándose de tal manera en el caso. ¿Era Elisa? ¿Era por ella?. Desde luego, no podía engañarse a sí mismo. Elisa le había atraído desde el momento en que la vio aparecer en su despacho.

Bueno esto es de cajón – reflexionaba -. Evitar las relaciones personales con testigos, confraternizar con personas del entorno o afectados directa o indirectamente en la investigación. Enrico no estas llevando este asunto con demasiada profesionalidad.

Inmerso en aquella pelea consigo mismo, llegó a casa de Elisa. El portal se hallaba en penumbra. Localizaba el timbre en el panel, cuando de pronto se abrió la puerta. El escándalo fue terrible. Un horrendo perro enano, de esos que ladran hasta que se les escapa el alma, precedía a una ancianita de pelo gris que saludó por lo bajo.

– Buenas noches
– Buenas noches – Enrico devolvió el saludo sorprendido. Vaya horas de pasear al perro, pensó –

Recuperado del susto, subió los peldaños de la escalera. No tenía paciencia para esperar el ascensor. Llamó al timbre. Elisa, aún con los ojos llorosos y el pelo revuelto aparecía resplandeciente ante la puerta. Por un momento la vio dudar, pero al instante se había colgado con fuerza de su cuello entre temblores y ligeros sollozos.

– Ha sido terrible, Enrico. No puedes imaginar. Todavía ahora no estoy segura de lo que he visto, de si lo he visto , de si lo he soñado… Enrico estoy muy confusa. – Comenzó su atropellado relato, sin apenas saludar-.
– Tranquilízate Elisa,  sentémonos y cuéntame hasta donde puedas recordar…
– Es todo muy … no sé como explicar, como cuando no puedes dormir pero por momentos lo consigues… En fin estos últimos acontecimientos me han descentrado como comprenderás y no consigo descansar. Dormía,  pero notaba que poco a poco me iba despertando y cuando tuve cierta consciencia… Lo presentí. Algo no iba bien.   Sentía que no estaba sola. Había corriente. Pero era como un soplo. ¡Maldita sea! De pronto, me dí cuenta. Claramente distinguí a mi lado una respiración… pausada, profunda, fría. ¡Justo ante mi nariz, Enrico ! Percibía, también,  un olor extraño, desagradable… Y entre tanto lentamente abrí los ojos…
– ¿Y?
– Pues, vi algo, … juraría que unos ojos me observaban y de pronto me incorporé aterrorizada. Lo que fuera se esfumó entre la bruma de mi sueño. Todo estaba en su sitio. Un ligero movimiento en las cortinas de la ventana, un sutil rastro de aquél olor… No sé, lo siento – dijo a punto de llorar  y ocultándose tras las manos-
– ¿Has revisado la casa? ¿Falta algo? Algo fuera de sitio…
– Sí lo hice. No hay nada extraño todo está como tiene que estar.

Poco a poco Elisa recuperó su aplomo. Se le acercó y le cogió de la mano. Enrico aguantó la incomoda  situación disimulando,  pero le  asaltaron dudas y empezó a imaginar. No sabía cual sería el siguiente paso. ¿Tal vez ella también…?. Tonterías, acaba de perder un ser querido. -Pensó -.  Mientras cogía su mano Elisa lo miraba, como  calibrando la situación, notaba el nerviosismo en él, y le gustaba.
– Acompáñame…, quiero enseñarte algo. Dijo al fin.

***

– He contrastado la información de la que disponemos en el archivo con lo que podemos encontrar en internet. Y efectivamente, existen multitud de informaciones que provienen de la Edad Media.
– ¿Informaciones?
– Si, al parecer se relaciona constantemente la epidemia de peste, con la existencia de… en fin… no podemos ignorarlo, leyendas, mitos, historia… sea lo que sea, en todas las culturas se habla de una u otra forma de vampirismo.
– Me cuesta creer que estemos hablando en serio…que estemos considerando que el asesino es un vampiro medieval… Si analizamos lo ocurrido hasta el momento… En las dos muertes me he encontrado un escenario del crimen totalmente atípico… sin prácticamente pruebas físicas que analizar. Y luego está el estado de los cuerpos, pero…
– ¿Los cuerpos? ¿Qué pasa con los cuerpos Enrico?
–  Habían tenido una gran pérdida sanguínea de la que prácticamente no hemos visto restos en el suelo… y su estado era de una vejez prematura de la que todavía los forenses no dan explicación coherente. Es como si les hubiesen succionado la sangre, la vida, yo diría que algo más si cabe…
– Dios mío… -Elisa, estaba pensativa- Bueno en las referencias a sucesos en la ciudad, he podido encontrar un denominador común…
– ¿Cual?
– En la historia del vampirismo que conocemos, o la que ha llegado a nosotros a través de los libros, el cine etc., la mayoría de los detalles son tópicos. Al menos no todo es cierto. Siempre encontramos la guarida del vampiro en un lugar escondido, criptas, iglesias, cementerios, donde se ubica el ataúd… etc.. Bueno lo típico que hemos escuchado siempre… En el caso de Venecia, hay algunas diferencias. Algunos investigadores sostienen que cuando alguien era acusado de vampirismo, o moría atravesado con la típica estaca, eran enterrados con una piedra o un ladrillo encajado entre las mandíbulas para evitar que se alimentara de más sangre inocente. Además, se les creía culpables de la plaga de peste que azotó la ciudad en el siglo XVI. En este punto, he encontrado continuas referencias a enterramientos en la isla de los muertos. Aunque, con respecto al lugar,  existe cierta confusión. Este nombre suele darse al actual camposanto en la isla de Sant Michele, pero éste lugar no comenzó a usarse como tal hasta los tiempos de Napoleón…
– Entonces ha de referirse al anterior cementerio por aquella época…el osario de Sant Ariano…
–  Efectivamente… Es lo que había pensado.
– Elisa, vuelvo a asombrarme de que realmente estemos considerando que hoy en día, hay un ser que habita en alguno de los cementerios cercanos y se dedica a cometer crímenes y saciar su sed de sangre…
Ella no contestó…

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