SIX

-Jajajaja!! Has visto sus caras??- Se reía una vez que estuvimos en la calle.
-A que ha venido eso?- Pregunté.
-No sé, quería dejarle claro a esos dos que nos íbamos tan deprisa porque íbamos a follar…- Soltó caminando sobre aquellos tacones.

La miré sorprendido, mirando como se alejaba unos pasos. Estaba claro que el alcohol la había desinhibido y le había guardado la vergüenza en algún lugar lejano.

-Lo sé… ha sido una tontería, no sé porque lo he hecho.- Dijo dándose la vuelta con un tono juguetón, propio de estar un pelín borracha, viendo que yo me había quedado atrás.
-No, si eso a mi me da igual, es solo que me has sorprendido…

La alcancé y la agarré de la cintura, echando a andar junto a ella.

-Por?
-No paras de sorprenderme, primero pensé que eras… bueno, creí que eras una calientapollas…

Ana abrió boca para protestar, molesta por mi comentario, pero la interrumpí antes de que dijera nada.

-Es verdad, siempre te has paseado por el curro pidiendo guerra- La cogí de las manos e hice que se diera una vuelta para poderla ver bien. -Pero es que mírate… joder estas tremenda! Se la pondrías dura a cualquiera!

Ana acabó su giro sonriendo, ya no se mostraba mosqueada por mi comentario, dio un ligero traspiés.

-Uy! Estoy un poco mareada… Jajaja!- Preguntó agarrándose a mí de nuevo. -Y luego que pensaste?
-Luego?- Dije parándome en seco.

La agarré de la nuca y de la cintura trayéndola hacia mí, y cuando se estrelló contra mi cuerpo, la besé.

-Ahora pienso que eres el mejor juguete del mundo! Un juguete que me vuelve loco!- le dije mirándola a los ojos sin soltarla.

Ana contuvo la respiración, luego alargó su lengua y justo cuando rozó mis labios, se abalanzó hacía mi boca para besarme.

Mi mano pasó de su cintura a su culo, bajando poco a poco en lo que duró aquel largo beso, con mucha lengua. La apreté contra mí para que notara mi erección.

Así estuvimos unos segundos, en los que incluso dimos algún que otro paso errático, como si ambos quisiéramos llegar al hotel a toda costa.

De repente Ana se despegó de mí y se giró, agarrándome por la mano y tirando de mí para que la siguiera.

En un par de pasos me puse a su altura, y la volví a coger por la cintura.

-Parece que tienes prisa?- Pregunté bromeando.
-Quiero llegar al hotel!- Contestó sonriendo y mordiéndose los labios.

Le agarré de una nalga y la estrujé.

-Yo también estoy deseando llegar y probar por fin este culito.- Sonreí.

Me miró de nuevo como si lo acabara de recordar otra vez, abrió la boca como si estuviera pensando en que decir.

-Va en serio?- Preguntó un poco intimidada mientras caminábamos.
-Si. Mucho. Llevo pensando en este culazo todo el día.- Seguía bromeando y sacudiendo su culo bien agarrado.
-Estas obsesionado!- Se quejó.

Pero no era una queja de mala gana, sino una regañina cariñosa.

-Y quién no? Tú te has visto?- Le dije alejándola un paso de mí y mirándola de arriba abajo.

Ana se mordió la boca sonriendo a la vez, lanzándome una mirada cargada de intenciones.

-Además, quiero comprobar una cosa…- Dejé caer.

A Ana mi comentario le pico la curiosidad, y me miró interesándose.

-Que quieres comprobar?- Dijo con una vocecilla cargada de curiosidad.
-Quiero ver hasta donde estas dispuesta a llegar… Cuando me dirás… que no.

Suspiró y volvió a morderse la boca sin poder aguantar una sonrisa.

-Buff! Contigo… a donde quieras!- Dijo girándose de nuevo hacía mí y dándome un pico.

Su afirmación era más una forma de hablar, que un comentario del que estuviera plenamente convencida, fue como cuando se dice “Contigo hasta el infinito”, sabiendo que ese infinito es imposible de alcanzar.

Probablemente lo soltó envalentonada por el alcohol más que por otra cosa, pero aun así, oírla hizo que me estremeciera, ahora era yo el que sonreía de manera estúpida, lleno de satisfacción.

-Y… si te digo que no?- Preguntó.

La miré.

-Pues nada, nos ponemos la primera peli aburrida que veamos en la tele, y listo.- Bromeé hablando como si fuera una posibilidad real.

Continuamos andando un poco más, yo no paraba de meterle mano en su culo, acariciándolo con mi mano cada vez que se mecía con uno de sus pasos.

-Y si… En lugar de decirte que no, te digo que sigas?- Dijo con una vocecilla juguetona.

Volví a sonreír, y la apreté contra mi.

-Entonces ya no podrás pararme.- Sentencié.

Ana abrió un poco la boca, pero no dijo nada, se le notaba juguetona por el alcohol, con ese puntillo en el que todo te parece divertido, se ruborizó un poco.

Llegamos por fin al hotel, y tras entrar en la recepción picamos al botón del ascensor, los números de arriba marcaban que estaba en la última planta. Tocaba esperar.

Y esperamos. No sé que estarían haciendo pero el ascensor no se movía de la octava planta.

Miré alrededor, y me llamó la atención una cosa, aquel sitio no tenía escaleras de subida, por aquellas razones extrañas de tu mente, empecé a pensar en ello, me entró curiosidad, cosa que no entendí, porque en el fondo, a mi que me importaba aquello?

Ana me miró extrañada el verme mirar alrededor como buscando algo.

-Que pasa? Que buscas?- Preguntó.
-Las escaleras… Aquí, no hay?

Ana me miró extrañada, supongo que pensaría que a que venía eso ahora, pero se puso a mirar también alrededor.

-Será esa puerta.- Dijo señalando una puerta del mismo color que las paredes.

Di un par de pasos y me acerqué, tiré del pomo. Era una puerta hortera, pintada del mismo color que las paredes, como si ni siquiera hubieran reparado en ella y hubieran pintado por encima tomándola por una pared.

Al abrirla descubrí unas escaleras pequeñas, de piedra, con unos pasamanos metálicos, de esas que suben primero a un rellano, y luego a la siguiente planta, en zigzag. Parecían más unas escaleras de servicio que las principales de la finca, con un contraste brutal con el resto de pasillos enmoquetados y más lujosos.

Entré, más por curiosidad que por otra cosa, y miré hacía arriba por el pequeño hueco que formaban el centro de las escaleras, y Ana se asomó por la puerta detrás de mi.

-Subimos?- Pregunté.
-Mejor el ascensor, no?- Contestó ella.
-Ha llegado?

Ana se asomó, y volvió a girarse.

-No, sigue arriba.
-Joder, que estarán haciendo? Subimos andando? Paso de estar aquí esperando.

Sin estar muy convencida, Ana se dirigió hacia mí, y yo empecé a subir el primer tramo hasta que llegamos a la primera planta.

Nada más alcanzar el rellano de la primera planta, Ana continuó subiendo un par de escalones más, pero yo abrí la única puerta que había, y vi que daba al pasillo de las habitaciones de la primera planta.

-Esta puerta da a los pasillos de las habitaciones.- dije remarcando lo que era obvio.

Luego me giré hacía Ana y seguimos subiendo. Ahora tenía a Ana delante de mí, y no pude evitar fijarme en el bamboleo de sus nalgas al subir los escalones, casi me quedaban a la altura de la cara, era un movimiento hipnótico, repetitivo y encantador.

Sin darme cuenta mis manos se posaron en sus caderas, y Ana se giró para mirarme.

Sin decirnos nada, me paré justo en el escalón de detrás de ella, el inmediato inferior, y la abracé.

Su cuello quedó a la altura de mi boca, y empecé a besuquearla. Ana alzó un brazo y se apartó todo el pelo hacia un lado para que pudiera acceder mejor a su cuello.

Continué besándola mientras mis manos agarraron sus tetas, alzándolas y estrujándolas con suavidad. Ana alzó su cabeza y la recostó en mi hombro, girando su cara para que la pudiera besar en la boca.

Alargó su lengua como si buscara la mía, y se la chupé para luego besarla.

Dependiendo de como nos besábamos y como jugábamos con nuestras lenguas, le estrujaba las tetas de una manera u otra, alzándolas, o llegando a acariciarlas hasta alcanzar sus pezones durísimos.

Notaba su piel a la perfección debido a lo fino que era aquel vestido, y que no llevaba sujetador.

Jugué con las yemas de mis dedos sobre sus pezones, los podía notar perfectamente, cerré mis dedos en torno a ellos y los pellizqué haciendo un poco de fuerza.

-Uuh…

Se le escapó un pequeño gemido a Ana, y sonreí en su boca.

Luego deslicé una de mis manos hacia arriba para agarrarla del cuello, sin dejar de besarla, mientras la otra bajaba despacio acariciándole el pecho, luego la barriga, bajando hasta llegar a su pierna, donde busqué el final de su falda y fui subiéndola.

Ana me clavó los ojos, pero no dijo nada, seguía besándome, atrapada en aquel abrazo. Acabé encontrando lo que buscaba, su coño. Estaba empapadísimo.

Abrió la boca nada más sentir mis dedos acariciárselo, cerrando sus ojos y olvidando por un segundo que seguíamos en la escalera.

-Oohh…- Suspiró llenándome la boca con su aliento caliente.

Sonreí por puro vicio, me encantaba ver esos pequeños desahogos de Ana, bajando la guardia, y quedando indefensa. Volvió a besarme, y mis dedos empezaron a jugar entre sus piernas, Ana me lamia la boca con deseo, y movía su culo hacía atrás restregándolo como podía contra el bulto de mi polla.

Encontré su clítoris, y empecé a frotarlo con suavidad, tenía el coño tan mojado que mis dedos resbalaban con una facilidad asombrosa.

Recostó su cabeza en mi hombro, clavando su culo hacía atrás y arqueando su espalda.

-Oogh!- Gimió en aquella escalera.

El gemido de Ana resonó en las escaleras como un trueno por el eco y la reverberación de aquel sitio. Temí que siguiera gimiendo y nos delatara, así que le tapé la boca.

Cerró sus ojos entregándose a mis dedos, y empezó a emitir unos gemidos ahogados por mi mano, sonando como si mugiera.

-Mmoh… Mmoh… Mmoh… MMmmmooh…

Alguien hábil nos detectaría enseguida, poniendo un poco de atención, pero ya no llamábamos tanto la atención, no resonaba demasiado ahora, evitando el eco.

Seguí masturbándola, y Ana mecía su culo con cada movimiento de mis dedos, a veces apretaba sus piernas encerrando mi mano, y otras las habría facilitándome el acceso.

Cerraba sus ojos lentamente, sintiendo mis dedos, y resoplaba por la nariz.

Al rato, sentimos un ruido sobre nosotros, quizás el de una puerta, y Ana se tensó, abriendo sus ojos de golpe, y cogiéndome la mano con la que la masturbaba por la muñeca, como preparándose para apartarme.

Pero yo no desistí, el ruido había sonado muy por encima nuestro. La apreté con más fuerza contra mi, y continué masturbándola atento a cualquier cosa.

Al cabo de unos segundos escuchamos pasos y el murmullo de unas voces.

Ana estiró de mi muñeca, queriendo apartar la mano que la masturbaba, pero yo hice fuerza contra su coño, y la abracé con más fuerza hacía mi. Los pasos aun sonaban lejanos, y el murmullo parecía venir de un par de plantas sobre nosotros, claro que aquel eco podía engañarme.

Era lógico pensar que si alguien accedía a aquellas escaleras por encima de nosotros, lo más probable es que buscara bajar hasta la planta baja, por lo que tarde o temprano se cruzarían con nosotros.

Ana seguía haciendo fuerza para liberarse, tenía su cabeza atrapada con mi hombro y mi mano, que le seguía tapando la boca, y mi brazo pasaba por delante de su pecho, lo que la atrapaba contra mi, y por el otro lado mi mano seguía entre sus piernas, y mi brazo la atrapaba por las caderas. Ana no tenia escapatoria, seguía agarrada a mis muñecas, intentando hacer fuerza para liberarse, pero mi abrazo la tenía inmovilizada.

-Sssshhh… Estate quietecita.- Susurré hundiéndole un dedo dentro del coño.

Ana dejó de hacer fuerza unos segundos sintiéndose penetrada por mi dedo, cerró los ojos con fuerza un segundo y luego me miró de reojo, sabiendo que no tenía salida.

Los pasos ahora sonaban un poco más fuerte, y el murmullo empezaba a ser entendible, parecían las voces de una mujer y un hombre hablando con naturalidad.

Ana me miraba de reojo desesperada, y yo seguía masturbándola ahora frotando y hundiendo mis dedos en su coño más deprisa, pero con la mente y los oídos concentrados en el sonido de la pareja que bajaba.

Ya no gemía, resoplaba por la nariz, agarrada a mis muñecas esperando que bajara la guardia.

En el momento en el que la reverberación de la escalera me dejó entender claramente la primera palabra entera y clara, entendí que estaban en el rellano de encima y solté a Ana.

Bajó su falda con una velocidad felina, e intentó recomponerse un poco, pero yo le cogí una mano y empecé a subir las escaleras con naturalidad, quizás un poco deprisa.

Ana me siguió llenando el hueco con el repiquetear de sus tacones.

En el tramo siguiente nos cruzamos a una pareja de unos cuarenta y pico años que iban hablando en francés, al vernos, nos sonrieron con amabilidad, tuvimos que pegarnos a la pared y ponernos en fila para dejarles pasar.

Me fije en que Ana estaba colorada, acalorada y respiraba como si hubiera corrido una maratón.

-Bonne nuit!- Nos saludaron con un gesto cordial.
-Bonn… Bonne nuit!- Contestó Ana un poco nerviosa.

Yo me limité a sonreír.

Tras eso, ellos siguieron bajando, y Ana y yo subimos un par de escalones.

Ella me miró, con la cara descolocada y un gesto de alarma, pero los dos franceses no pudieron ver nada porque ya bajaban el siguiente tramo.

Los miré por si nos miraban de alguna manera que los delatara, por si cuchicheaban o algo, y me llevé la sorpresa de que el hombre reparó en la falda de Ana, cuando alcanzó el tramo inferior, y desde su ángulo, no perdió la oportunidad de echarle un vistazo justo en el preciso momento en el que su mujer se despistaba y giraba hacía el rellano de debajo.

Miré a Ana y ella aun me estaba mirando a mí, se había quedado a medias al subir entre dos escalones, teniendo un pie en el de abajo y otro en el inmediato superior, por lo que deduje que aquel tipo acababa de disfrutar de un buen espectáculo, con suerte le había visto de lleno el coño desnudo y empapado a Ana.

Al darme cuenta de ese detalle, lo miré rápidamente, y me dio tiempo a verlo sonreír justo cuando se perdía de vista al girar y perderse debajo de nuestro tramo de escalera.

Continuará…

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