ANEIZAR LESTRANGE

Alicia

Abro los ojos y la realidad me golpea en la cara. Solo me queda mi
imaginación, para poder escapar de aquí durante segundos y creer que soy
libre. No me puedo frustrar, tengo que encontrar la manera de salir.
Recordando siempre que la cámara me observa. Tiro de los grilletes, no son
muy cortos, pero me permiten algo de movilidad, la justa para rastrear algo de
un lado de pared. Minuciosamente, palmo la pared, es ladrillo visto, alguno
tiene que quedar suelto, un tornillo oxidado o algo que permita protegerme la
próxima vez que alguien entre. Es inútil con estas cadenas no tengo la
suficiente agilidad para moverme bien, tengo que convencerle para que me
suelte. Me siento en el colchón, es algo asqueroso. No puedo moverme de
aquí. Tengo que pensar. Oigo voces detrás de la puerta, no se encuentra solo.
De toda la historia de la chica, lo que no me cuadra. Es que si es todo una
obsesión para el ¿Qué pinto yo en todo esto? No les conozco de nada a
ninguno de los dos. El chirrido de la puerta es desagradable al tímpano. Entra y
cierra la puerta.
—Dile a tu amigo que pase, ¡así seremos más!—Guiño un ojo de forma
sarcástica, sonriendo al mismo tiempo. Él responde con otra sonrisa, se sienta
a mi lado dejando la bandeja en el suelo. Me mira, solo me mira. Saca del
pantalón un cuchillo pequeño, comienza a jugar con él.
—¿Que te hace pensar que ahí alguien hay fuera?— Me mira con un aire de
superioridad.— No Necesito a nadie.
—¿La chica de al lado? ¿Que has hecho con ella? — Sigue jugando con el
cuchillo.
— Hablas demasiado. Come. — Empuja la bandeja hasta mis pies.
— Ernesto, dejame ir. No diré nada. Dejame volver a mi casa. Si ni siquiera nos
conocemos. —Le suplico entre sollozos. Para mi sorpresa él comienza a reírse,
no entiendo nada.
— No soy Ernesto. Deberías de echarte amigas mejores. Y menos mentirosas.
— Estas palabras me dejan claro lo que pensaba. No trabaja solo. A un que no
entiendo lo de las amigas.
—Será mi imaginación, pero juraría que os escuche discutir. Luego avanzar
junto a ti hasta mi celda. —Mantengo mi sonrisa sarcástica, a un que cada vez
me dan más ganas de llorar, de gritar papa, mama ayudadme. De nada me
sirve ahora mismo, si no soy fuerte, si no me ayudo, no saldré de aquí. Nos
miramos mutuamente a los ojos, y una lagrima cae de mi ojo, y recorre mi
rostro. El la recoge, la besa y vuelve a posar sus ojos en mí. – Confía en mí. –
Esas palabras salen de su boca como un susurro. Lo cierto que su rostro me es
familiar. Pero si no es Ernesto ¿Quien es?.
Unos golpes provienen de la puerta. Ahora la lagrima se le escapa a él, agarra
con una mano mi espalda. Me acerca más a él. No se como expresarme en
estos momentos. El se separa de mi lado y se levanta. Llevo mis manos a mi
vientre, el cual está sangrando. Me arde mucho y todavía recuerdo como se
introducía el cuchillo en mí, hasta el sonido, mientras atravesaba mi piel. Muy
desconcertada, sin articular palabra alguna. Solo brotan lagrimas de mis ojos, y
el dolor en mi abdomen empieza a ser más fuerte. Le miro, él se va alejando.
Pero allí me deja expuesta.
Una chica entra, saca una jeringa. Mientras le saca el aire a esta, me está
dando información mínima de lo que van a hacer conmigo ahora.
— ¿Entendido? Que esto te sirva de advertencia. — Clava la aguja en el cuello
y noto el liquido pasar a mí. — Cogela y llevala al laboratorio.
RELATO
In mente Interfectorem

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