SIX

Comencé a acariciar ligeramente su coño con la puntita de mis dedos, que resbalaban con una sensación viscosa entre sus labios. Mientras Ana abría la boca emitiendo pequeños soplidos.

-Así que te gustó sentir la polla de tu jefe en la boca?- Susurré.
-SSsi.- Suspiró.
-Tan dura… y caliente…- Continué susurrándole mientras mis dedos se deslizaban despacio y con suavidad entre los pliegues de su coño húmedo.

Me miró de reojo.

-Sssi.- Susurró con un hilillo de voz.
-Ahora sé cómo usas esa lengua y esos labios… Me imagino lo bien que se lo pasaría Marc con esta boquita…- Le susurré tocándole la boca con la otra mano.

Ana, colorada, besó mi dedo, y continuó mirándome, parpadeando despacio al ritmo de las caricias que le hacía bajo la mesa.

-Dejaste que se corriera en esta boquita…- Dije con un tono juguetón.
-Nno.
-Vaya… Te hacías la dura…
-Nno…
-No?
-Nno… Era… Mmmhh…- Ana se interrumpió mordiéndose los labios cuando toqué algún punto sensible de su coño. -Era yo la que se la chupaba… Uuh… Mmmhh… Marc estaba quieto.

Me imaginé la escena, supuse que era la del video.

-Y el sacó su cámara.- Susurré.
-Nno… No fue ess… ese día.
-O sea… que has hecho travesuras más veces… Mmmhh… eres una chica muy mala.- Susurré usando un tono juguetón.

Ana no contestó, cerró los ojos y abrió más las piernas. Estaba empapada.

-Ya veo…- Dije.

Su posición ahora me permitió hundir la punta de mi dedo en su coño, despacio.

Ana se alzó un poco en la mesa, como si de repente hubiera notado que la silla quemaba.

-Bebe.- Le dije de repente en un tono diferente.

Abrió sus ojos mirándome, sorprendida por mi cambio de tono, luego miró a su vaso, y no se lo pensó, lo cogió y le dio tal trago que casi vacía su copa de un golpe.

-Y que hicisteis después? Después de que se la chuparas.- Pregunté en un tono bajito.

Ana volvió a mirarme acalorada, tenía las mejillas coloradas, y la boca ligeramente abierta conteniéndose de respirar muy fuerte, como si se estuviera concentrando para no gemir en medio del restaurante.

-Me… Me llevó a la cama… Mmmhh…- Soltó en un suspiro mordiéndose luego la boca.

Mis dedos ya jugaban dentro de su coño, hacía como si simulara andar con la punta de mis dedos, hundiéndolos, primero uno y luego el otro, primero uno y luego el otro, así todo el rato, simulando pequeños pasitos pero muy profundos.

-Y?

Ana me clavó los ojos.

-Me folló.- Soltó en un suspiro.
-Te gustó?
-Mmmucho! Marc… Oogh…- Se interrumpió dando un pequeño saltito en la silla, mis dedos habían tocado en algún punto muy sensible. -Marc aguanta mucho.

Miré hacía el restaurante para ver si alguien había oído ese pequeño gemido que se le escapó a Ana, pero todo seguía normal.

-Así que se portó?? Al final va a ser que sabe hacer una cosa bien…- Me burlé.

Ana se agarraba a la mesa, abría la boca o se mordía los labios conteniendo más gemidos.

-No tanto como tu.- Soltó de golpe, como si hubiera estado conteniendo aire para soltarlo de un tirón.

Sonreí.

-Así que te gustan mis juegos?- Pregunté.
-Uff… Si. Me… Me… Mmmhh…- Balbuceó para luego morderse la boca cerrando los ojos.

Noté que Ana tenía los pezones duros empujando la fina tela de aquel vestidito, formando dos bultitos muy visibles.

-A mi también me gusta jugar, mira.- Susurré cogiéndole una mano.

Se la llevé hasta mi polla, que luchaba por salir del pantalón a empujones, dura como una piedra, Ana me tenía excitadísimo viendo como se estaba poniendo.

Cerró su mano en torno a mi polla, noté como me la estrujó, clavándome los ojos y mirándome como si se quisiera ir de allí ya, inmediatamente.

Saqué la mano de su coño, Ana no dejaba de mirarme, palpando mi polla por encima del pantalón. Notaba como su pecho se inflaba con su respiración, excitada.

Acerqué mis dedos a su boca, y Ana no dudó en abrirla y chuparlos, sin dejar de mirarme, los succionó con fuerza, notando como los lamía, sintiendo el roce de su lengua en mis dedos dentro de la boca.

Fue Ana la que empezó a buscar la cremallera de mi pantalón, yo la miré, luego miré hacía mi polla viendo como la bajaba despacio, y finalmente eché una mirada al restaurante.

No había mucha gente, tan solo una mesa al fondo con un grupo de gente, quizás un grupo de amigos, o familiares. Y tres en otra mesa, en el otro extremo. No parecían estar por nosotros, el grupo numeroso hacía bastante ruido, y prácticamente llenaban todo el restaurante de gritos y risotadas, eran muy escandalosos. Los otros tres, estaban muy a su bola, entretenidos en sus cosas como para prestarnos atención.

Noté la mano de Ana encontrar la punta de mi polla, había logrado meter la mano dentro de mi pantalón y de alguna manera llegar a introducirla en mis calzoncillos.

Me estremecí y atrajo mi atención de nuevo a nuestra mesa. Ella me miró sonriendo, se le notaba un poco contenta por el alcohol, o quizás fuera que ya estaba lanzada con nuestros juegos, me miraba como si se quisiera tomar la revancha.

Consiguió meterla mano dentro de mi calconcillo, y empezar a masajear mi polla, el tacto de su mano me hacía sentir escalofríos que recorrían mi espalda, era un conjunto de sensaciones, nervios, placer, y adrenalina. Un coctel delicioso.

Miraba al restaurante todo el rato, y para disimular, cogí la jarra y llené de nuevo el vaso de Ana y un poco el mío. Ya no quedaba nada en la jarra, pero me puse a jugar con la fruta de su interior.

Ana me seguía mirando mordiéndose los labios con una mirada perversa, y a mi aquello me encendió tanto que se me ocurrió hacer la locura.

Aparté las manos de Ana que no dejaba de mirarme, y me saqué la polla por debajo de aquel mantel, acercándome más a la mesa, luego, cogí de nuevo su mano y la acerqué hasta que me la agarró.

Ana me miró abriendo la boca, sorprendida, pero su mano no tardó en cerrarse, cogiéndomela, y empezando a jugar estrujándola.

Ahora fui yo el que le dio un buen trago a su vaso. En cuanto lo dejé en la mesa, Ana ya meneaba su mano pajeándome despacio, se había acercado más a mí, y a la mesa, mirando hacía el restaurante vigilando nerviosa. Desde fuera parecía que nos habíamos acercado más para besuquearnos.

Y es lo que hice, la agarré de la nuca y la besé.

Ana me clavó la lengua, y aceleró su mano. Lo que hizo que la besara con más ganas y ella se olvidó del restaurante y se dedicó a besarme mientras me la meneaba por debajo de la mesa.

-Haces que cometa locuras.- Me soltó mirándome a los ojos cuando se separó de mi boca.
-Y tú que tenga ganas de hacerlas.- Confesé.

Aproveché la cercanía de Ana para sobarle una teta por encima del vestido, y enseguida noté en la palma de mi mano el bultito de su pezón, duro.

Miré de reojo al restaurante, todo el mundo estaba haciendo lo mismo, nadie reparaba en nosotros, sentía la mano de Ana estrujar mi polla, arriba y abajo meneándomela, la miré, y luego miré a sus pechos viendo cómo temblaban por el movimiento de su mano.

Pellizqué su pezón con suavidad, sintiéndolo a través de aquella fina tela, y como se chafaba entre mis dedos, Ana se mordió los labios mirándome.

Pero entonces oímos un ruido cercano que a los dos nos alertó, Ana retiró su mano con la velocidad de un felino, y disimuló cogiendo su vaso. Yo simplemente me erguí en la mesa, ya que el mantel me tapaba por completo de cintura para abajo, y tenía la mesa delante, tapándolo todo.

Apareció el camarero con una bandeja de comida que trajo a la mesa de detrás del biombo de donde nos encontrábamos, no habíamos pensado en la posibilidad de que al lado hubiera alguien, me pregunté si habrían podido escuchar algo.

Ana me miraba nerviosa, con el vaso a la altura de su boca, tapándose después de haberle dado un trago. Yo me metí en la boca una pieza de sushi que quedaba en la mesa, más por hacer algo que por hambre.

-Joder! Casi nos pilla!- Soltó Ana en un susurró cuando el camarero desapareció.

La miré, estaba colorada, nerviosa, sabiendo el riesgo de la gran travesura que habíamos estado haciendo.

Lo cierto es que yo había bajado la guardia, y nos había ido de un pelo que nos pillaran, eso si no se olían ya algo.

Metí mis manos bajo la mesa, y me guardé la polla como pude, me costó por lo dura que la tenía, y sentí dolor cuando quedó atrapada en los calzoncillos, aprisionada.

Luego le di un pico a Ana.

-Acabemos de cenar… Luego te comeré de postre.- Le susurré.

Ana suspiró y sonrió, tapándose aun con el vaso pegado a su cara.

-Estoy deseando llegar al hotel.- Contestó pellizcándose los labios con los dientes.

Su voz sonaba ya achispada por la bebida, cogió un pinchito con trocitos de pollo, y lo mordió abriendo su boca y clavándole los dientes a la vez que sus labios se espachurraban contra la carne, mirándome de una manera muy erótica.

Sonreí mirando cómo se relamía limpiandose con la puntita de la lengua un poco de salsa que le había quedado en los labios.

Cogí mi vaso y le di un trago.

Entonces oímos risas en el biombo de al lado, no iban con nosotros, eran unas risas casuales, de algo que se contarían. Pero Ana cayó en la cuenta de que si los oíamos a ellos, ellos nos podrán haber oído a nosotros.

-Hay gente al lado!- Dijo un poco alarmada como si quisiera trasmitirme su miedo.
-Parece ser que si.
-Joder! Nos han podido estar escuchando!- Soltó.
-Y? No habrán oído mucho, además, a saber si nos entienden.- Me encogí de hombros.

Aun así, Ana no parecía tranquilizarse, siguió acabando de cenar, con la oreja puesta detrás de aquella mampara de papel.

Cuando llevábamos un ratito con los platos vacíos, y la bebida agotada, apareció el camarero, sonriente. Habló con Ana algo que no entendí, de verdad que el francés se me daba fatal, el inglés aun lo medio podía entender, ya que quieras o no, en la informática casi todo está en inglés, pero el francés se me hacía extraño, con un sinfín de sonidos guturales, no entendía nada.

-Quieres algo de postre?- Me preguntó Ana.

Al parecer era lo que aquel camarero oriental estaba diciendo.

-No… prefiero tomarme el postre en el hotel.- contesté guiñándole un ojo.

Ana sonrió y se giró para pedirle la cuenta al camarero, y este desapareció.

En cuanto nos quedamos a solas Ana me besó, un beso largo, de esos en los que adelantaba su lengua como bienvenida.

-Yo también estoy deseándote de postre.- Susurró nada más despegar su boca de la mía.

Me puso los pelos de punta su pequeña confesión, sonreí, pero me hice un poco el duro sin saber muy bien por qué.

Pagamos la cuenta cuando apareció el camarero con la notita, y nos pusimos en pie, recolocandonos un poco la ropa.

Y al salir del cubículo aquel para alcanzar la puerta, Ana se giró para mirar de reojo a los que teníamos al lado, eran otra pareja que no nos quitaron el ojo de encima desde el momento en que aparecimos por entre las mesas, sobretodo el chico, que no paraba de repasar a Ana con la mirada.

Ambos sonreían y cuchicheaban, probablemente de sus cosas, pero Ana se imaginó que sabían lo que habíamos hecho nosotros, y me sorprendió ver como justo al salir, cuando le abrí la puerta para que saliera primero del restaurante, posó su mano en mi paquete y se relamió en plan lascivo mirándolos.

Continuará…

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