MANGER

Hoy, seis mil siglos después de su alumbramiento en ese recóndito rincón de la bella Gea, el Manantial por donde la vida fluye ha callado su fragor un instante para tomarse un receso y pararse a pensar. El reloj del Tiempo se ha suspendido para darle la oportunidad de decidir si cerrar para siempre sus ojos o seguir exudando de la piadosa Madre las gotas de sangre que después mezclará con el barro en ambas orillas del cauce, moldeará con polvo de estrellas y dejará que parpadeen a su libre albedrío para unirse entre sí y dividirse a su antojo en otras porciones menores que, a su vez, a su fiel semejanza, repetirán el círculo hasta que el Tiempo calle.

El Manantial decide este efímero trance, apenas perceptible para casi todas ellas, y contempla cómo sus lágrimas se evaporan de pronto y trocan en cúmulos nimbos de múltiples tonos; y, tras los estruendos de un trueno que anuncia el caos de las lluvias, acaban derramando su almacenado odio en esa apartada sima de oscuros rincones donde, tras filtrarse durante muchos siglos, renacerán para fluir de nuevo por sus lagrimales.

El Manantial lo intenta de nuevo y reinventa una y otra vez a esos seres, una vez reciclados, figuras cuya esencia surge de las impenetrables sombras de sus oquedades, de la sangre incolora que escapa por tan grave herida hasta que su miedo al fracaso consiga dejarla exánime, tan reseca y péndula como los dulces pechos de su vieja abuela, la Creación.

El Manantial despierta y le pide al Tiempo un poco de calma; “el Hombre quizás algún día se reinvente a sí mismo…” ─se dice─ sin necesidad de ella… Y despierta con cierta esperanza, rellena de nuevo los cauces del río, exprime sus lágrimas y bullen con fragor sus transparentes aguas manando de sus ojos otras nuevas ánimas.

El Manantial llora cada día nuevas ilusiones trazando con sus aguas esos verdes cauces donde las vidas navegan sin necesidad de vientos y entrecruzan sus caminos por misteriosas balsas y bifurcaciones. Pero quizás un mal día ese manantial, harto de sufrir tantos desalientos, deje de llorar sus benditas aguas, resequen los cauces y abandone en el polvo a un Hombre completamente vacío hasta que sus egos y odios devoren para siempre su alma.

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