ANEIZAR LESTRANGE

Sin llave

Hic Incipit (el comienzo)

Abro la ventana y me coloco en el alféizar de la misma. La lluvia moja mi
rostro, mis pies descalzos. Respiro hondo, la luna llena brilla se deja ver
preciosa. No lo pienso más, esto no es real. Me lanzo al vacío. Me despierto
sobresaltada y sudando, respiro tranquila solo era un pesadilla y yo sola
conseguí salir de ella. Siempre me funciona la misma hazaña subir hasta el
ultimo piso de un edificio y dejarme caer. O en este caso, abrir la ventana de la
habitación, para precipitarme por ella. Puedo notar que mi pulso se va
normalizando, estoy más tranquila.
Me levanto de la cama en dirección a la cocina, necesito una taza de cola cao
calentita. Mientras espero a que el microondas terminé, la lluvia golpea con
fuerza el cristal. Un ruido leve se puede escuchar en el salón, casi ni se
escucha.
Me doy cuenta de que alguien más está despierto en casa, me quedo en la
puerta y observo. ¿como es posible?, mis padres no se encuentran en casa y
mi hermano Antonio tenia una fiesta, habrá vuelto antes. No hace nada, no se
si realmente hay alguien.
Me centro en la taza, al levantar de nuevo la mirada en la ventana, creo ver un
rostro en ella, me mira. Sus ojos negros observan que estoy por hacer. Sola
desaparece, para dejar ver el siguiente reflejo. Se ve corpulento,
encapuchado. Intento ser astuta y disimular. No digo nada, deslizo mi mano
por la encimera, para alcanzar el imán de los cuchillos. Es más hábil que yo,
bloquea mi movimiento. Acercándose un poco más a mí. Solo un grito
ahogado sale de mi boca y noto que me desvanezco. No termino de perder la
consciencia, vuelve al segundo intento. Empapa más el pañuelo y lo apretá en
mi nariz. Ese seria mi Hic incipit, a partir de ahí, todo fue mucho peor.
El primer día cuando lo vi, mis ojos estaban perplejos, podía percibir como se
salían de su órbita. Todo por la impresión que me daba tenerlo frente a mí.
Antes el frío recorría mi cuerpo, ahora es una corriente eléctrica la que pega
latigazos a mi columna. Para sumar, la angustia del pecho, como me falta el
aliento cuando lo tenia frente a mí.
Jamás pensé ni siquiera que me pasara algo como esto, ni siquiera que esta
persona fuera capaz de causarme tanta angustia. Ese instante, lo puedo
recordar como si lo viviera ahora mismo.
<<No se mueve, sigue mirándome de frente y no formula palabra alguna, ¿qué
querrá de mí? Se empieza a mover, cada vez más y más cerca, va dibujando
una sonrisa en su cara. ¿tal vez haya dejado de sentir el miedo que sentía? ¿o
es mayor que el de antes?, no lo sé. Espero con ansia el momento en el que
me despierto y esto solo sea otra mierda de pesadilla en la cual me tiro al
vacío y me despierto. Pero sigo sin encontrar tal vacío, cada vez veo más
cerca otro tipo de fin. No sé cuánto tiempo lleva hay parado de frente a una
mesa de escritorio, ni siquiera sé que está haciendo, mi vista no llega más
haya de una pequeña distancia a causa de mis ataduras. Mi miedo ha
calmado, no sé por qué, pero de repente siento que realmente no me quiere
hacer daño. Por lo menos a mí no.
Le miro a los ojos, no estoy segura de que manera, me ven ellos. Siento los
míos llorosos y con miedo, no puedo aguantar las lagrimas. Siento que me
aprieta un dolor punzante en el pecho, fruto de toda la ansiedad que iba
acumulando. Esa persona que yo creía que me quería, que nos criamos junto.
Ahora es quien me retiene, me amordaza y me castiga en este zulo. Su mirada
es su peor arma. Se acerca a mí, lo veo a cámara lenta, sus manos se
acercan a mi boca, agarra de la parte de atrás del pañuelo y afloja. Mi boca
libre y dolorida, me cuesta gesticular palabra alguna, lo intento.
— ¿Por qué? — Vuelve el dolor, sigo con frío en el cuerpo, esta vez estoy
segura de que no es por el miedo. Necesito respuestas. Sigue sin hablar, pero
tampoco quita la mirada. No se nota ningún arrepentimiento alguno en él.
Empiezo a notar que jamás ha sido el, realmente. — Eres repugnante. —
Intento salivar, tengo la boca seca.
Sin ningún resultado le escupo en seco en la cara. Él, se pasa la mano por la
cara para limpiarse. Se da la vuelta, va dirección a un armario empotrado en la
pared. Abre una puerta, no logro ver lo que hay dentro, él es tan grande, jamás
me había fijado. Mi mente ya no sabe que sentir, miedo, ira, el dolor del pecho
se hace intenso, no veo a mi amigo por ningún lado.
— Ernesto, por favor, suéltame. —Ni siquiera se gira para mirarme, sigue
rebuscando en el armario. Por fin se da la vuelta. Se acerca a mí, con lo que
parece, un bisturí.
— Empecemos jugando con esa bonita cara.— Dice mientras su sonrisa pasa
hacia la comisura del labio derecha, siento que el corazón se me sale y tengo
ganas de despertarme de la pesadilla, no encuentro el edificio por el que
caerme. >>

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s