Ayer, sorprendentemente, vi la luz. Sumido en la más absoluta oscuridad
durante largo tiempo, lo más parecido a lo interminable, por fin un halo de
optimismo iluminó mi ser.
Entre el caótico tráfico, en medio del bullicio callejero, bajo una nociva
boina de polución que absorbe el aire para alimentarse, arañando poco
después mis pulmones de manera gratuita, paseaba bajo estos, mis amados
árboles de cemento y acero, cuando contemplé a un ángel.
Su blanco rostro,
bello, sugerente.
Ojos esmeralda
con mirada penetrante.
Mágico cabello
acariciado por el viento.
Montes exultantes
sobre su pecho,
acompañan
curvas perfectas,
curvas eróticas
en su andar elegante…
Un día que no olvidaré. Quizás fuese el principio de un fin…

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