XAVI ALTA

Yolanda. 12

No solamente era tocona. Sin esconder sus intenciones lo más mínimo, Rémy la tomaba de la mano, la agarraba de la cintura, la miraba fijamente con aquella media sonrisa torcida que tanto la caracterizaba para soltarle “qué ganas tengo de morderte esos labios de fresita que te gastas”. Pero nunca daba el paso.

¿Qué pasaría si lo diera? se preguntaba Yoli a menudo. Físicamente no le atraía en absoluto, pues si le gustara sobar tetas se tocaría las suyas, algo que había hecho masturbándose pero como acto complementario imaginando que eran manos masculinas las que la sobaban. Comerse un coño… ¡puaj! ¡Qué asco! Eso sí estaba segura que nunca iba a poder hacer. Acariciarla y hacerle un dedo, tal vez, pero poco más.

Aún así fue Yoli la que la besó por primera vez. En los labios. Un pico suave, rápido, sin mayor intención ni solución de continuidad. Rémy la miró sorprendida, pero entendió el mensaje. Sólo había sido un gesto cariñoso, un beso, amistoso, efusivo, pero un simple beso.

Además de Luc, cuyo nivel a la batería estaba a años luz de July, Mimi y Yaya completaban el grupo de rock alternativo que lideraba Rémy. Coeur, corazón en francés, guiño a su madre marsellesa, era el nombre con que su nueva amiga bautizó a la banda cuando la fundó hacía menos de un año. A diferencia de Father’s cove, donde cada miembro mostraba su personalidad y el liderazgo parecía estar más difuminado, en Coeur Rémy hacía y deshacía según su criterio, importándole bien poco la opinión de sus compañeras. Somos tres chicas por un chico así que somos compañeras, en femenino, si al crío no le gusta es su problema, así que puede dar gracias que no le pongo una peluca y una minifalda.

Yoli estaba subyugada por la arrolladora personalidad de aquella joven dos años menor pero que parecía haber vivido dos décadas más que ella. Le rió la gracia, mientras le presentaba a las dos crías que parecían haber nacido con aquella barbaridad de maquillaje incrustada en la cara y al niño de la casa, cuya voz aún infantil, delataba su corta edad.

Durante dos horas tocó con ellas, más por hobby que con intención de acoplarse, de convertir el cuarteto en un quinteto, pero se sintió viva de nuevo formando parte de una banda. Las composiciones eran sencillas, de cuatro acordes la guitarra rítmica, con un par de variantes en los estribillos, aderezados de algún riff solista por parte de Yaya que no era nada del otro mundo. La voz de Rémy, en cambio, era muy bonita, perfecta para cantar en acústico, aunque la chica prefería desgañitarse rasgándola pues odiaba las cursilerías y las baladas.

Ahí fue, sudadas, acabado el ensayo, cuando Yoli besó a Rémy suavemente, agradecida por el buen rato que le había hecho pasar.

Ahí fue, eufórica, cuando tuvo claro cuál sería el siguiente paso para resucitar su carrera musical. Pero necesitaba convencer a July.

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