GINÉSCARRASCOSO

Una nota

El trabajo estaba siendo como un bálsamo después de los últimos acontecimientos. La muerte de Alberto, la había sumido en un estado de depresión y ansiedad de la que sólo conseguía evadirse, no pensando. Debía mantener su mente constantemente ocupada a salvo de cualquier atisbo de reflexión o recuerdo que de nuevo le llevase junto a las viejas callejas, cogida de su mano.

De todos modos, hoy no era suficiente con el trabajo. No conseguía concentrarse. Las horas pasaban como si fuesen días enteros. No estaba siendo una jornada en la que hubiese demasiado trabajo. No había demasiadas consultas que atender, y no encontraba tarea que le distrajera lo más mínimo. Así que pensó que quizás sería buena idea, aprovechar para organizar la documentación del archivo. La bandeja de solicitudes, estaba repleta. Resignada, comenzó a revisar los documentos.

Al principio consiguió dejarse llevar. Se concentró en la tarea. Aunque con el paso del tiempo, su mente se dispersaba y volaba entre los recuerdos de los últimos meses con Alberto. Por un instante, se quedó atónita contemplando la solicitud que tenía en las manos. Sin saber cómo, se encontró de pronto leyendo el nombre de Alberto, que él mismo había consignado, cuando ella le pidió cumplimentar la solicitud. Por varios minutos siguió los trazos de su firma garabateada al pie. De nuevo aquélla sensación de ansiedad y congoja. Buscó unos pañuelos y secó la humedad en sus mejillas. Seguía con el documento entre las manos incapaz de ponerlo en el archivo. Absorta. Continuó leyendo.

Sección leyendas, religiosidad.

Material consultado: Mitos y leyendas en la Venecia medieval

Libro de Mateo Fuso. Archivo Comunale.

Sección leyendas religiosidad

Solicitud de consulta de documentos. Número de registro 8430 2. Nombre Alberto Sciaffino.

Motivo: trabajo de investigación histórica.

Préstamo no.

Materiales autorizados fotografía, toma de notas.

Elisa leía con atención. Las lágrimas casi alcanzaban el nivel de llanto, y tenía la impresión de leer como a través de un cristal empañado.

Sintió la necesidad, la curiosidad irrefrenable de localizar aquel ejemplar en el que Alberto había mostrado tanto interés. Cogió el libro y se dirigió a una de las mesas de estudio distribuidas por la sala. No podía saber exactamente en qué parte habría estado trabajando.

Ojeó varios capítulos. Viejos mitos y leyendas de la ciudad a lo largo de la época medieval. Pasados unos minutos de pronto se sintió estúpida y decidió que aquello sólo serviría para agrandar su sensación de dolor. Cerró el libro despacio. Y se incorporó para devolverlo a su lugar. En ese momento, un pequeño trozo de papel se deslizaba girando hacia el suelo. Pensó que tal vez alguna hoja de control, se había quedado traspapelada. Se agachó para recogerla.

De nuevo Alberto parecía querer comunicarse con ella desde donde fuera que estuviese. No podía creerlo. Aquella tarde de agosto en la que Alberto la había invitado a tomar un café, él se había olvidado su trabajo, sus notas. Nerviosa, casi temblorosa se guardó el papel en el bolsillo y volvió a su mesa.

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