ANEIZAR LESTRANGE

1 Los cuatro viajeros

Compruebo mi billete para sentarme en el asiento que me asignan, en los
asientos contiguos no hay nadie. Guardo mi bolsa debajo de mi asiento y me
coloco los auriculares, los conecto a mi portátil, pongo mi película favorita y en
lo que empieza compruebo los mensajes de mi móvil. Un señor se acerca de a
mi, me retiro los auriculares, me está pidiendo mi billete y como me pasa
siempre, no me acuerdo donde lo puse. Lo encuentro arrugado en el bolsillo
trasero de mis vaqueros, se lo entrego y me vuelvo a sentar. Tras media hora
de viaje, hacemos la primera parada en un pueblo cercano, aquí se subió mi
primer compañero de viaje. Se sienta frente a mi un chico joven, de tez blanca
y pelo oscuro. De su boca sale un simple hola, el saca un libro y unos tapones
para los oídos. El viaje continua, vamos los dos solos en el vagón. Todo está
en silencio, vuelve el hombre a comprobar el billete del chico y continua al
siguiente vagón. La película me entretiene bastante, pero todavía me esperan
unas cuantas horas de viaje, vengo cargada de comida basura, un par de
libros y alguna que otra película extra. El chico frente a mi levanta alguna vez
la vista hacia donde me encuentro, pero no inicia ninguna conversación en
ningún momento. Una vez finaliza la película ha acabado, apago el ordenador
y saco un bocadillo que devoró. Me levanto para ir al servicio, pero el vagón se
sacude ligeramente, frena de golpe y anuncian la parada. Decido esperar para
poder ir al servicio una vez haya subido todo el mundo. Arranca el tren y esta
vez no sube nadie, aparece de nuevo el hombre, pero según viene se va,
ahora si me levanto y voy al servicio. Según abro la puerta para salir del
servicio, el chico del vagón esta frente a mi.
– ¡JODER! Que susto me has dado chico. – Debo de ser muy graciosa, por
que comienza a reírse. Menudo idiota, me siento de nuevo y saco el ordenador
para poner otra película y comerme una bolsa de patatas. Vuelve el chico y el
continua con su libro, levanta varias veces la cabeza y sigue riéndose, debe de
reírse de mi forma de comer, ya que puedo comer como una cerda y no
engordar ni un gramo, así es mi constitución. Empiezan anunciar otra parada
más, nos vamos acercando a ella, ya desde lejos se ve una gran cola para
entrar, esta vez el vagón se llenara, o eso creía, por que a el solo sube un
señor bastante más mayor que nosotros, con una gabardina negra, un
sombrero y un maletín de ese mismo color.
Cada uno continuamos a lo nuestro, y tras varias paradas más y otras tantas
horas de viaje detrás, sube la cuarta y ultima compañera de viaje. Una mujer
bastante mayor, que viaja con un pequeño perrito metido en su transportin. Ella
va hablando con el perrete, él contesta ladrando, casi como si realmente
estuvieran entablando entre ellos un conversación, la mujer acomoda al
perrete en sus pies y ella se sienta al lado del chico. Todo muy normal y
común, eso parece, pero en esas horas de viaje ocurriría lo que ocurre en
cualquier novela de misterio. Continuar conmigo, os contare toda la historia de
como nos anclamos al tren.

 

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