SIX

Sonó el despertador, y me costó horrores levantarme, miré la hora. Las nueve. Joder, me tenía que levantar para estar todo el santo día en el stand, que pocas ganas tenía.

Miré a mi lado y Ana seguía durmiendo, acurrucada contra mí, sonreí.

-Ana… Despierta.- Susurré acariciándole un hombro.

Se hizo la perezosa, Abrió un poco los ojos y gimoteó sonriendo.

-Vamos, que tenemos que ir a la feria.- Le iba diciendo con cariño.

Pero ella se hacía la remolona, moviéndose perezosa acurrucándose más entre las sabanas.

Yo estaba igual, no me quería mover, no quería salir de aquella cama. Me dolía todo, el día anterior nos tiramos todo el día en pie, tenía las piernas destrozadas, y encima acabamos la jornada con nuestro pequeño maratón sexual.

Cogí aire y me froté la cara, o salía de aquella cama, o me quedaba allí para siempre. Así que no me lo pensé, aparté las sabanas de un tirón y de un brinco me puse en pie.

Ana tiró de las sabanas para taparse de nuevo.

-Vamos, venga…- Intentaba animarla.
-Ñññhhh…- Gimió quejándose.

Me estaba meando, necesitaba asearme, y una ducha con urgencia. Me agaché hasta darle un beso en la mejilla.

-Voy al baño, vete levantando Ana.- Le susurré.

Desaparecí en el cuarto de baño, y tras mear hice el ritual habitual de por las mañanas, lavándome la cara, la boca, etc… Pero cuando miré a la ducha, se me ocurrió que me apetecía compartirla.

Salí del baño y Ana ya estaba en pie, despeinada, con restos de maquillaje por la cara, y algún pegote seco que supuse que eran restos de semen alrededor de su boca, signos evidentes de la noche de sexo anterior.

-No me mires estoy horrible…- Murmuró entrando al baño.

Pero al cruzarse conmigo la cogí de una muñeca y me miró.

-Estas preciosa, incluso así.- le dije, peinándola con mi mano. -Te apetece una ducha? Creo que la necesitamos.

Ana volvió a sonreírme, me gustaban esos gestos cariñosos que ahora veía en ella, parecían sinceros.

-Está bien.- Me dijo ilusionada.

Nos metimos en la ducha, y dejamos correr un poco el agua caliente por nuestros cuerpos, ella fue la primera en mojarse el pelo y dejar que el agua le limpiara la cara pasándose las manos y peinándose hacia atrás para apartar su melena mojada. Estaba preciosa.

El agua recorría su cuerpo, me fijé como el curso resbaladizo de los chorros de agua caliente serpenteaban pasando por su escote, entre sus preciosas tetas, y se perdían hacía abajo.

Agarré el gel de ducha, el suyo, lo olí, tenía un perfume intenso y dulce como a miel. Y Ana me miró extrañada.

Sin decirle nada giré la alcachofa de la ducha para que no nos diera directamente y me eché su gel en la mano.

La ducha era bastante amplia para los dos, era una de esas que no tienen plato, sino un sumidero directo en el suelo, con un cristal transparente a un lado que parece cerrar una especie de cabina. No había puerta, no hacía falta porque se entraba en L.

La besé, Ana me devolvió el beso con un pico largo, me llegó el sabor de su boca mezclado con agua, e inmediatamente me transportó a la noche anterior.

-Quédate quietecita, juguete.- Le susurré por encima del sonido del agua de la ducha.

Abrió ligeramente su boca, sorprendida, pero no pudo retener una sonrisa tímida que se le dibujó poco a poco en los labios.

Comencé a restregar el gel de mi mano por sus hombros y poco a poco lo extendí, acariciando su piel despacio, mi mano resbalaba debido al gel, la enjaboné lentamente y con cuidado.

Ana me miraba como si no se creyera aquello, cerraba los ojos disfrutando de mis caricias que la enjabonaban. Me encantó deslizar mi mano por sus pechos, ya no tenía dudas de que eran totalmente naturales, se me escapaban de mis manos debido al jabón, era muy agradable tocarla.

Intenté coger sus pezones pero era inútil, se escurrían entre mis dedos cada vez que los pellizcaba.

Comenzó a respirar profundamente, y a morderse los labios cerrando sus ojos.
Dejé sus pechos y bajé a su abdomen, restregando el jabón con ambas manos, para lo que tuve que agacharme, bajando más, me dediqué a enjabonar y limpiar sus piernas, deslizando ambas manos una a cada lado y haciendo la presión justa para que también le masajearan.

Ana apoyó sus manos en las paredes de la ducha, no me miraba, cerraba sus ojos y disfrutaba de mi masaje mientras la lavaba.

Hice el mismo proceso para subir, dedicándome a enjabonar más despacio y con cuidado conforme me acercaba al interior de sus muslos. Sin decir nada, Ana abrió sus piernas, dejándome ver su coño, pero no lo toqué.

Seguí subiendo frotando y acariciando su piel, hasta ponerme en pie, y me recreé en sus pechos de nuevo. Mi polla, también se despertaba llegando a ponerse dura y firme.

Cuando me puse en pie de nuevo, no pude evitar golpear con mi polla a Ana en alguna ocasión, ella miró de reojo hacía abajo, y luego me miró a los ojos, repitiendo ese gesto suyo de torcer los labios y mordérselos.

-Usas algún gel especial para tu coñito?- Le dije pegándome a ella.

Ana parpadeó un par de veces antes de mirarme.

-No, este ya está bien.- contestó.
-Perfecto entonces.- Le dije.

Agarré de nuevo el gel, me puse un poco más en la mano, y me pegué más a ella.

-Abre las piernas y no te muevas, juguete.- Le susurré.

Ana dio como dos pasitos abriendo sus piernas, me miraba con una mezcla de curiosidad y deseo.

Metí mi mano entre sus piernas y empecé a enjabonarla muy despacio y suavemente.

Mis dedos se deslizaban y escurrían entre sus labios vaginales, quedando atrapados y resbalando con el movimiento. Era muy agradable sentir cada pliegue de su coño, cada rincón, sintiendo su piel caliente aun por encima del calor del agua.

Jugué separando los labios lo justo para encontrar su clítoris, y dejar que se deslizara entre las yemas de mis dedos, viscoso y resbaladizo, imposible de coger.

Vi su pecho hincharse de golpe, levantando sus hombros, justo cuando la toqué, y empezó a contener la respiración según el movimiento que hiciera con mi mano.

Cerró sus ojos y abrió la boca sin emitir sonidos.

Continué enjabonándola, sin sacar mi mano de entre sus piernas, y de repente Ana me besó. Alargó su lengua para buscar mi boca y la recibí con la boca abierta, y empezamos a comernos.

Me abrazó, su cuerpo resbalaba, era muy agradable notar su pecho resbaladizo pegado al mío, y su piel mojada y caliente deslizarse por mi cuerpo.

Bajó sus manos a coger mi polla, y empezó a acariciármela, hasta que la agarró y empezó a meneármela.

-Te he dicho que te estés quieta, juguete!- La regañé.
-Nno… No puedo.- Se quejó suspirando.
-Vas a desobedecerme?
-No…
-No, qué?- Le insistí dejando de frotar su coño.

Ana me miró.

-No voy a desobedecerte…- Contestó volviendo a quedarse quieta y en pie, convencida de que esa era la respuesta correcta.

-Mal… Quiero oírte decir… No, Amo.- Le susurré regañándola. -O ya lo has olvidado?

Ana abrió un poco la boca sorprendida, y empezó a ruborizarse, luego apartó su mirada de la mía.

-No… Amo.- Dijo sumisa.
-Mejor.- sonreí.

La agarré de los hombros y con cuidado la obligué a darse la vuelta mientras ella me miraba un poco tensa, sin saber que tramaba exactamente.

Me puse más jabón en una mano y luego me las froté antes de empezar a masajearle los hombros. Mis manos resbalaban por su piel, enjabonándola, lo que me facilitaba el masaje.

Cerró sus ojos, y se relajó, acabó apoyando sus manos contra la pared de la ducha, porque yo ejercía cierta presión contra ella. Fui bajando por los omoplatos, por su espalda, hasta acabar en sus caderas, todo muy despacio, y parándome en cada zona lo suficiente como para que Ana se relajara y disfrutara de cada parte.

Su piel brillaba por el agua, y empezó a llenarse de burbujitas propias del jabón.

-Mmmh!!- Gemía mordiéndose fuerte la boca.

Al final llegué a su culo, recreándome en sus nalgas, que empecé a masajear con los pulgares agarrado a sus caderas, deslizándolos hacia arriba con cierta presión repetidas veces.

-MMmh!! Me encanta!- Soltó girando su cabeza hacia mi.
-SShh… Calla y disfruta.- Le dije con cariño.

Luego pasé mi mano por entre sus nalgas, haciendo que un dedo recorriera despacio el canalillo entre ellas, hasta encontrarme con su culito, que rocé y acaricié con delicadeza.

Ana se puso de puntillas, estaba esperando esa reacción, mis dedos resbalaban por el jabón, y aquel agujerito ahora resbalaba en la punta de mis dedos.

-Uuh!- Gimió Ana.

Se había apoyado contra la pared de la ducha, alzando su culo y arqueando su espalda, facilitándome el masaje que ahora le hacía en su ano. Mis dedos resbalaban sobre el, y con uno de ellos hice más presión que con los demás, y se hundía ligeramente, sin llegar a entrar, pero notando como se abría un poco.

-Aah!- Soltó al notarlo Ana.

Sonreí.

Ana me miraba con la cara girada y de reojo, sin decir nada, nos lo estábamos diciendo todo con la mirada. Su cara era un gesto lascivo, arrugando las cejas y la nariz y abriendo su boca para enseñarme un poco los dientes.

Hundí un poco más mi dedo, que entró ligeramente debido a la viscosidad del jabón, y Ana abrió su boca como si quisiera haber gritado pero no tuviera aire para hacerlo.

Apoyé una mano contra la pared en la que ella también se apoyaba, pegando mi cuerpo y mi cara a la suya, siguiendo con mis jueguecitos entre sus nalgas. Mi polla quedó apoyada sobre su culo, haciendo presión dura y resbaladiza.

-Te han follado alguna vez por aquí detrás?- Le susurré con intenciones de seguir calentándola.

Ana Abría su boca sin poder contestar, cerrando sus ojos y moviendo su cintura como si no pudiera contenerse, lo que hacía que mi polla resbalara por su nalga y sintiera el roce de su piel resbaladiza.

-No contestas?- Insistí.

Ana abrió sus ojos de reojo, mirándome, se le cerraban lentamente, al igual que sus dientes.

-Si…- Dijo al final en un suspiro. -Pero nn… No me gustó… Me… dolió… Ah…

Sonreí mientras seguía presionando su culito, imaginándome a Ana enculada por alguien, de repente me vino a la cabeza una imagen, A mi jefe sobre ella.

-Marc?- Susurré temiéndome lo peor.

Me miró de reojo e infló su pecho cogiendo aire.

-No… Uuh… Nunca le he… dejado.- Seguía hablando entre susurros, sintiendo mi dedo.

Sentí un extraño alivio, no sabía por qué, pero me alegré.

-Fue… Mmññhh… mi novio… Ooh… pero me dolió… Uff… y no seguimos.- Suspiraba.

De repente me asuste. Novio?? Ni siquiera me había planteado esa posibilidad con Ana!

-Joder! Tienes novio?- Pregunté algo alarmado dándole la vuelta.
-No! No! No tengo!- Soltó Ana de golpe nerviosa, como si quisiera dejarlo muy claro.

Joder, sentí alivio, casi me da algo, ni siquiera me había planteado que Ana pudiera tener novio, siempre la había visto a su bola.

Claro que la única relación que tenía con ella era en la empresa, y no sabía nada de su vida privada, no la conocía con amigos, ni nadie, tan solo sabía de ella de lo poco que habíamos hablado trabajando. Y hasta la fecha, casi todo habían sido insultos, y discusiones.

-Joder que susto me has dado.- Le dije.
-Bueno… Estoy con Marc. Si es a lo que te refieres…- Me dijo como avergonzada.
-No, eso me ha quedado claro.- Solté agarrándola de la nuca y atrayéndola hacía mí.

La besé, y Ana me agarró y alargó su lengua como solía hacer con esos besos húmedos que daba.

Sentí un extraño alivio al saber que Ana no estaba con nadie, bueno, sin contar con la aventura que tenía con mi jefe.

Me pregunté porque. Acaso hubiera cambiado algo? Porque la verdad es que todo el asunto de Ana había venido tan de repente que ni me había parado a pensar en las posibles consecuencias.

No soy de los que le levanta la novia a nadie, aunque con Ana ya me estaba saltando alguna que otra norma personal, de esas que te dices: “esto nunca lo haré”.

El sabor de su boca me volvió a traer a la realidad, o mejor dicho a aquel sueño húmedo bajo la ducha.

Dejé de besarla y ella me miraba como si deseara continuar, alargué mi mano para coger la alcachofa de la ducha, rociándole la espalda.

Ana agradeció el calor del agua, subí poco a poco y ella inclinó su cabeza cuando empecé a mojarle el pelo.

-Date la vuelta.- Le dije con cariño.

Mientras Ana se giraba, yo me eché su champú en las manos, me miró y sonreía.
Empecé a lavarle el pelo, a masajearle la cabeza, y ella cerró sus ojos sintiendo mis dedos presionar con delicadeza su cuero cabelludo, parecía estar en el paraíso.

-Mmmmmhhh…- Gemía de gusto.

Me gustaba verla así, joder, Ana en plan dulce era irresistible.

Como podía cambiar y ser tan insoportable cuando se lo proponía?? Como era capaz de cambiar tanto??

No quise hablarle, no quería romper ese momento. Estaba disfrutando de verla tan a gusto.

Seguí masajeando su cuero cabelludo un rato. Ana tiene el pelo muy fino, era fácil pasar los dedos entre ellos, me gustaba lavarla, frotar el jabón por su cuerpo y lavar su pelo. Me gustaba no solo por sentir su piel, y su cuerpo, si no por ver sus reacciones, y como se dejaba hacer.

Cuando acabé, Cogí la alcachofa de la ducha y empecé a apuntarle a su pelo, aclarándoselo, y cuando quedé satisfecho el resto del cuerpo.

Ana de vez en cuando giraba su cabeza y me miraba de reojo sin atreverse a hacer nada más.

Colgué la alcachofa en su sitio, orientándola para que le diera a Ana por delante. Volví a acariciarle la espalda, poco a poco, y fui bajando hasta agarrar sus nalgas, y apretarlas entre mis manos.

Vi que Ana seguía disfrutando como si todo fuera un masaje.

-Te gusta juguetito? Te gusta ducharte conmigo?- Le pregunté desde atrás pegándome a su cuerpo.

Me miró de reojo con una carita de felicidad.

-Me encanta.- Dijo con los ojos entre cerrados, de repente los abrió como acordándose de algo. -…mi Amo.

Fue un susurro, apenas audible sobre el ruido del agua, pero me puso los pelos de punta. Sonreí.

-Ahora no te muevas.- Susurré.
-Vale…

Cogí su cadera y le puse una mano en la espalda, empujándola con suavidad, Ana quedó apoyada en la pared de la ducha con su culo inclinado hacia fuera, me agaché mirándola, Ana me miraba girando su cabeza extrañada, y expectante, y cuando vio que separaba sus nalgas, se mordió los labios. Luego, hundí mi boca entre ellas y suspiró.

Noté como arqueó su espalda y soltó un gritito al notar como mi lengua empezó a lamer su culo.

-Oouh! Uh! Oohh!!- Empezó a emitir con cada lamida mía.

Empecé a jugar con mi lengua directamente en su culito, al principio suaves lamidas, y luego jugando a hundirla y a lamer su contorno, ya se lo había hecho un par de veces estos días, y Ana siempre había reaccionado bien, me miraba y cerraba los ojos de vez en cuando, mordiéndose la puntita de la lengua, o relamiéndose.

De vez en cuando se colaba algún chorro de agua entre sus nalgas y me llenaba la boca, teniendo que escupirla para luego seguir chupando y lamiéndoselo.

Se puso de puntillas, y comenzó a mover muy despacio sus caderas como respuesta al ritmo de mi lengua. La miré un momento, y aunque me costaba porque el agua me caía en la cara, me llamó la atención su cara de vicio.

Sonreí entre sus nalgas, luego volví a dedicarme a comérselo.

Cuando creí que ya era suficiente, me alcé. Mi polla rozó su culo, la tenía durísima. Abracé a Ana por detrás, atrayéndola hacia mí.

Ana giró un poco su cabeza, me miro de reojo mordiéndose los labios, con cara de querer seguir jugando.

-Esta noche probaré tu culito, quiero que te hagas a la idea, juguete.- Le susurré.

Ana abrió la boca para decirme algo, pero se quedó callada, mirándome, como si no supiera que contestar. El único sonido que se oía es el del agua de la ducha. Su boca se fue cerrando, con una pizca de miedo en la mirada.

-No me mires así. Mira cómo te has puesto y solo he jugado un poquito, Además… Sigues siendo mi juguete, no?- Le pegunté, soltándola.

A Ana le temblaban los labios, suspiró, abrió la boca como para decirme algo pero se lo pensó, luego se mordió la boca con ese gesto suyo.

-Sí, Sigo siéndolo.- Soltó al final con un hilillo de voz cuando reunió el suficiente valor para decir algo.
-Ahora déjame ducharme. Puedes salir y empezar a cambiarte si quieres.- le dije con cariño.

Ana se abalanzó sobre mí.

-No quieres hacer nada?- Me dijo mimosa.
-Ahora? No, mejor no, porque si nos ponemos ya no llegaremos a la feria. No sé ni qué hora es.

Se mordió el labio, haciendo pucheros como una niña pequeña.

-En serio, Ana, tenemos trabajo. Te juro que te follaría ahora mismo, pero…

Me besó, interrumpiéndome, hundió su lengua en mi boca y comenzamos a jugar con nuestras lenguas. Me clavó las tetas en el pecho, y me cogió la polla mientras duró el beso.

La seguía teniendo durísima, y empezó a meneármela.

-Ana…- Susurré en su boca quejándome.
-Déjame por lo menos hacer esto.- Me dijo mirándome a los ojos.

Y se agachó, colocándose en cuclillas y dándole un chupetón a mi polla.

Continuará…

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