SIX

-Si… Nunca me habían hecho cosas así. Estoy… Estoy…- Susurraba como si le faltara el aire.
-Cachonda?
-Si. Mucho! Es como si necesitara… Quiero… Quiero que sigas… por favor… Átame otra vez si quieres!

La besé, Ana seguía ofreciéndome mucha lengua en los besos.

-Métemela…- Suplico en mi boca con un hilillo de voz, como si no se atreviera a pedírmelo.
-No.- Le dije entre besos.
-Por favor…- Suplicó.

Metí una de mis manos entre nosotros, acariciándole una teta, estrujándola, Ana con cada caricia abría la boca y alargaba su lengua para lamer mi boca. Pellizqué su pezón, sin demasiada fuerza, suavemente.

-Si seguimos me obedecerás en todo lo que te diga.- Le dije con ternura.
-En todo. Ammh! Ssoy… Soy tuya.- Soltó como si le costara reconocerlo sellándolo con un beso.

Me estremecí al oír aquello. Me encantaba verla con ese nivel de deseo, tan entregada.

-Está bien juguetito.- Le dije besándola.

Agarré sus manos y las coloqué por encima de su cabeza, juntándolas para poder atrapárselas con una mano. La agarré, y ella me miraba hinchando mucho su pecho al respirar, volvía a estar atrapada, expectante a ver que le pedía.

Estando así, la besé, me devolvió los besos moviendo ligeramente su cabeza hacia adelante, luego fui bajando por su cuello, hasta llegar a sus tetas, donde me recreé un poco, lamiéndolas, y mordisqueándolas, sin tocar ni una vez ninguno de sus pezones, aproximándome todo lo que podía a ellos, pero sin rozarlos.

Me encantó ver como se ponían de nuevo duros como pequeñas piedrecitas preciosas.
Ana suspiraba, no emitía ningún sonido, solo el aire saliendo por su boca acelerado por la respiración entrecortada, como pequeños soplidos y resoplidos erráticos.

Coloqué mi boca justo encima de uno de sus pezones, y le eché el aliento, soplando muy despacio. Vi como su pecho subía y bajaba mucho, con su respiración entrecortada.

-Vas a portarte bien?- Susurré como si le hablara a su pezón.
-Si…
-Si que, Juguetito?- Le decía tirando el aire de mis palabras sobre su pezón durísimo pegado a mis labios.
-Uuuh… Si, Si, mi Amo!- Susurró, le temblaba la voz.

Ana empezó a respirar deprisa. Le di un beso húmedo y rápido a su pezón, y fue como un latigazo para ella. Dio un pequeño saltito en la cama, como si le hubieran dado un calambrazo.

-Mucho mejor, no me gusta que lo olvides, juguete.- Le dije hablándole de nuevo a milímetros de su pezón.
-Lo… lo siento Amo.- Suspiró.

Abrí la boca y arañe su teta con mis dientes, haciendo como si le fuera a morder el pezón, pero sin hacerlo, parándome justo antes de atrapar su pezón con mis dientes.

-Tendré que castigarte…- Susurré.
-No…- Suplicó con un susurro.

Volví a repetir abriendo mi boca y haciendo como si le fuera a morder el pezón. Pero esta vez en lugar de cerrar mi boca, le tocé la punta del pezón con la puntita de mi lengua, unos toquecitos nada más, y muy calculados, para que sintiera un cosquilleo.

Ana arrugó su nariz y cerró los ojos.

-Uuhh…- Suspiró temblando.
-Si vuelve a pasar, no seré tan bueno, de acuerdo Juguetito?- Susurré haciendo que mis labios rozaran la puntita de su pezón al hablar.

-Ssi, Mi Amo… Nno volverá a passar… lo… lo prometo.- Susurraba con un tono sumiso y suplicante.

Me alcé para mirarla, y me siguió con sus ojos.

-Tienes unas tetas preciosas.- Le dije apoyándome ahora más en la mano con la que le atrapaba sus muñecas.
-Grr… Gracias.- Ana temblaba al hablar.

La solté y me tumbé en la cama, apoyando mi espalda en los almohadones de la cabecera. Ana ni se movió, seguía tumbada boca arriba mirándome, creo que no se atrevía a moverse a no ser que yo le dijera algo, parecía estar esperando a que le dijera que hacer.

-Ven aquí, juguetito, y tráete la corbata.- Le dije.

Ana se giró de lado, mirándome sin saber muy bien que es lo que tramaba, pero obedeció.

-Si Amo.

Cogió la corbata y gateó hasta mí.

-Ven.- Le dije ayudándola a colocarse montada sobre mí.

Mi polla le quedó justo frente a su coño, y ella montada sobre mis piernas, me miraba respirando profundamente, me acercó la corbata sosteniéndola con una mano frente a mí, esperando a ver que le decía.

-No es para mí, quiero que te vendes los ojos Juguete.- le dije mirándola.

Ana abrió ligeramente la boca, fue un gesto involuntario de sorpresa.

-Si Amo.- Soltó retirando la corbata que sostenía frente a mí.

Alzó sus brazos y se peinó el pelo hacia atrás, como si se fuera a hacer una coleta, liberando su cara de cabello. Luego se dio a sí misma un par de vueltas con la corbata sobre los ojos, y alzó más sus brazos cuando la anudó detrás de su cabeza.

-Ya está Amo.- Dijo bajando sus manos con cuidado y adelantándolas como si quisiera medir donde estaba yo.
-Muy bien juguetito, me aseguras que no ves nada?- Pregunté.
-Si Amo, no veo nada… quieres comprobarlo?- Dijo llevándose las manos a la venda.
-No, no me hace falta.

Ana bajó sus manos, intentando palpar de nuevo donde estaba. Y acabó llegando a tocar mi polla, justo en frente de su coño, la agarró y empezó a acariciarla.

-Veo que vas entendiendo lo que quiero, Juguete.- Sonreí.
-Si.- Soltó sonriendo.

Ana seguía acariciándome la polla, vi que se le escapó de nuevo ese gesto suyo de morderse el labio inferior, empezaba a ver que era un tic que tenía cuando estaba cachonda, eso la delataba, y me gustaba.

-Quiero que te la metas, quiero ver como disfrutas de mi polla, y yo no voy a tocarte en ningún momento. Puedes hacer lo que quieras menos sacarte la venda de los ojos. Lo has entendido juguete?- Expliqué.

Ana respiraba con la boca abierta, con la cabeza alzada como si eso le sirviera para ubicarse mejor, se humedeció los labios, y cogió aire.

-Si Amo.

Se levantó un poco, lo justo para enfilar mi polla en su coño, y fue bajando despacio hundiéndosela hasta llegar al fondo, conforme bajaba, su boca se abría más y cuando llegó a metérsela entera, se mordió de nuevo los labios. Entonces empezó a mover sus caderas de delante hacía atrás, sin subir.

-Así, amo?- Preguntó suspirando.
-No me preguntes… Quiero que te imagines que esa polla es tuya, que estás sola y es toda para ti.- Dije.

Sentir como se movía me estremecía, me costaba mantener mi entereza, de hecho estaba abriendo la boca al igual que ella, y mordiéndome los labios de vez en cuando.

Ana empezó poco a poco, al principio muy despacio y tímidamente, como si no supiera que hacer, se dedicó a subir y bajar despacio, apoyándose en mi pecho con las manos.

-Uummhh… Uuummmh… Uummmhh…- Iba gimiendo despacio.
-Eso es… imagina que estas sola, no pienses en mí, yo ya estoy disfrutando mirándote y sintiéndote… Quiero que pienses en ti, y solo en sentir placer, enséñame como disfrutas…- le susurraba despacio. -…enséñame como te gusta sentir mi polla. Como te la metes… como la sientes entera…

Ana poco a poco se fue lanzando, haciendo caso de mis palabras, al rato ya se metía mi polla al ritmo que le marcaba el cuerpo, despacio, y girando sus caderas allí donde sentía mi polla más intensamente.

Tenía el coño ardiendo y hecho agua pura, sentía mi polla empapada, cambiaba de ritmo cada poco, a veces iba más deprisa y otras más despacio, empezó a gemir con unos sonidos que no le había escuchado antes y que me ponían los pelos de punta, gemidos mucho más íntimos.

-Oogh! Uuuuuhh… Uuh! Uuuhh… Mmmmhh…- Gemía con un tono dulce que me ponía cardiaco.

De repente se llevó un dedo a la boca, mordiendo la punta, vi como lamía su dedo atrapado entre sus dientes de una manera sensual.

-Eso es… Disfruta. Ooh! Es una maravilla sentirte y mirarte.- Le dije gimiendo también.

Sonrió, le gustó oír aquello, mi voz pareció encenderla, darle libertad. Se agarró las tetas y empezó a estrujárselas, mientras, seguía subiendo y bajando a su ritmo, volviéndome loco, suerte que me había corrido ya una vez, que si no hacía un rato que hubiera explotado.

No he comentado todavía que Ana tiene unos labios preciosos, y ver como respiraba por la boca, se relamía o se mordía los labios era profundamente morboso.

Estaba acalorada, se estrujaba las tetas hasta encontrar los pezones y pellizcarlos, estirándolos con fuerza, mucho más de lo que lo había hecho yo antes, abría su boca y se mordía los labios exageradamente, o pasaba su lengua por el labio superior despacio, para luego repetir.

Al poco, bajó una de sus manos hasta su coño y empezó a masturbarse. Y entonces fue acelerando al meterse mi polla, botando y follándome más deprisa.

-Te… Te gusta Amo?- Me dijo de golpe con un hilillo de voz cargado de morbo.

No me esperaba que me hablara, me rompió un poco la concentración que tenía para aguantar y no saltar hacía ella y acabar lo que estaba haciendo.

Me estaba volviendo loco, creo que aquel juego se estaba tornando una autentica tortura para mí, porque no le quería romper el ritmo ni la concentración haciendo ningún ruido, y ya llevaba rato mordiéndome el puño en silencio.

-Me encanta, eres preciosa, te juro que es el polvo más morboso y delicioso de mi vida. Pero sigue, no quiero que pienses en mi, solo disfruta… disfruta de mi… de mi polla…- Le hablaba entre susurros, con algún que otro cambio de tono por las infinitas sensaciones eléctricas que sentía desde mi polla hasta mi espalda.

Ana sonrió, notó mi tono de voz, aquello la motivó aún más.

-Es que… no puedo… Ooohh… No puedo dejar de pensar… Mmmmh… En tu polla… Ooh! Me encanta!- Soltó entre gemidos y mordisquitos en sus labios.

Tuve que volver a morderme el puño para notar el dolor en mi mano, no mentía, ver como Ana se daba placer con mi polla, sin hacer otra cosa que mirarla, fue uno de los polvos más intensos que recuerdo.

Noté que a Ana empezaron a temblarle los labios de la boca, soltaba el aire como vibrando.

Seguía estrujándose los pezones y masturbándose con la mano, me fijé como lo hacía, la estaba estudiando entre un mar de sensaciones.

Se tocaba despacio y en círculos sobre su clítoris, y rápido cuando aceleraba cabalgando, se estiraba de los pezones cuando parecía sentir algo intenso desde su coño, deteniendo la mano en su coño, como si se tomara una pausa para sentirlo todo, y reanudar de nuevo acelerando, esas pausas cada vez eran más repetidas, y más acusadas, y Ana gemía más profundamente con la siguiente.

No sé cómo podía controlarme, tenía en la polla esa sensación de que si no me contenía explotaría en cualquier momento.

Era una dulce tortura que me estaba matando de placer por dentro.

Tuve que irme de allí un momento, tenía que pensar en otra cosa o explotaría, en lo que fuera, primero estuve concentrado en el dolor de los dientes clavados en mi puño, pero luego eso tampoco sirvió.

Empecé a pensar en cómo había llegado a esa situación, yo que creía que aquel fin de semana sería el mayor marrón inolvidable que iba a pasar en mi empresa, con mi jefe mangoneándome y Ana, una de las personas que peor soportaba en mi trabajo.

Había salido todo al revés, pero de una manera que si me lo cuentan no solo no me lo creo, sino que encima me hubiera pegado con quien fuera por mentiroso.

No creo mucho en la suerte, todo lo que tengo me lo he ganado, y no tengo mucho, no soy jugador de juegos de azar por eso mismo, cartas, dados, cupones, loterías, quinielas… A la única lotería que juego es a los decimos que compra la empresa, y porque me lo están machacando desde que empiezan las navidades.

Pero con Ana, no sé qué había pasado, pero me sentía como si me hubiera tocado cien veces la mejor lotería del mundo, con el mayor de los premios.

Tampoco soy creyente, pero os juro que en ese momento estaba hablando con Dios, pidiéndole solo una cosa: “Detén el tiempo, haz que esos dos días y sus dos noches no acaben jamás” Estaba dispuesto hasta a regalarle mi alma si es que tengo de eso.

Me daba igual todo, solo quería estar con Ana.

-Creo… Mmmhh… Voy a correrme!- Dijo acelerada Ana sacándome de mis sueños.

Mi polla ya no sentía otra cosa que una sensación dulce y continuada de placer infinito, mientras Ana subía y bajaba cada vez más deprisa, frotándose el coño frenéticamente.

-AAh! AAAAAAhh!! AAAAAaah!!! MMMmh!!! OOOOh!!!- Gritaba arqueando su espalda hacía atrás.

Casi me doblaba la polla dentro del coño del ángulo que estaba adquiriendo hacía atrás. Y estalló de nuevo, bailando casi encima de mí. Tuvo que apoyarse en mi pecho lanzándose de golpe hacía adelante, y la agarré de los hombros porque temí que se tumbara y cayera rodando o algo.

Se sentó sobre mi polla sin soportar su peso, lo que hizo que se la clavara al máximo, y sentía en todo el tronco los espasmos de Ana, como me apretaba la polla al contraer las paredes de su coño.

Apretaba mis caderas con sus piernas, temblando, y me hizo gracia ver como se estremeció, como si se abrazara a ella misma, apretando sus pechos con los brazos, y estos quedaron aplastados uno contra el otro, mientras sus pezones se endurecieron firmes y pequeños.

Y una de las cosas que más me gustó ver fue su boca, como en cuanto sintió el orgasmo se abrió gritando, y luego se cerró para morder su labio inferior de manera exagerada, y cuando sus sensaciones se fueron disipando, su mandíbula empezó a temblar mientras dejaba salir el aire entre sus labios que también temblaban intentando dibujar una sonrisilla que se asomaba tímida en su boca.

Ana quedó quieta sobre mi polla, que palpitaba dentro de ella como pidiendo seguir.

Fue alucinante. Lo que pensé que iba a ser un juego tontorrón, se convirtió en una de las experiencias más excitantes que recuerdo.

Abracé a Ana, necesitaba sentirla, me había conmovido su orgasmo, y ella en cuanto me notó buscó mi boca en el aire.

-Bésame!- Suplicó.

Continuará…

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