SARA LEVESQUE

 

Si tuviera que armarme de algo a mi favor, sin duda sería de valor. También me armo la guardia igual que en el boxeo, robusta como una firme Araucaria aunque, a veces, se me escuche el cacareo.

A mí nadie me obligó a salir de aquél cómodo armario, ese donde cabían más miedos que vestuario. Fue una decisión de carácter voluntario. Era mi pequeño santuario hasta que su espacio se transformó en la condena de un centro penitenciario.

Desde entonces, cada vez que armo un lío nunca es por minucias de críos. Si algo me provoca una ligera frustración no me la tomo a mal, lo único que puede pasar es que mi puzle acabe a medio armar.

¡Cuidado! Soy capaz de armar la gorda desde un triciclo o encima de un fueraborda gritando hasta que mi voz se quede sorda. Si sonase la alarma de que me la devolverá el Karma solo recuerdo que debo conservar la calma, que esta Mujer de armas tomar ha abierto los ojos para ver y saborear cómo su Alma se empalma.

Puedo armar una frase cualquiera repleta de prosa linda y fina como si la tejiera, amasando la imagen de la mejor horneada casera, aprovechándome de mis dotes de bollera. Pero para que se te ilumine la cabezota que tienes de lumbrera prefiero desesperarte con mis guiños de embustera mientras enredas tus manos en esa cabellera que protege tu mente, tan oxidada y cuadriculada como una roñosa caldera.

No soy ninguna obscena que pretende armar la marimorena. Tampoco escribo perfecto, parece como si mis letras no tuvieran sangre en las venas. Solo soy alguien que ya no se frena ni aunque la exilien a la cuarentena mientras se emite en antena lo sucio que mis palabras suenan. Parece una penosa repetición de la cantilena pero cuanto más lo repito, me siento más plena.

Mi objetivo no es armar conflictos sino armarme de paciencia. Es necesario con suma urgencia extender la sentencia de que el arma más poderosa no es la errónea vehemencia sino el bolígrafo y su transparencia, porque es capaz de erradicar la violencia sin que baje nuestra audiencia.

Imagina lo horrible que debe ser recibir un disparo en la sien solo porque has armado un Belén. Ni siquiera te da tiempo a preguntar “¿quién?”. Apagado en un santiamén…

Vuelvo a afirmar que los problemas de esta suciedad sociedad se solucionan ahorcándose el ego, no con armas de fuego. Esos cacharros sin Alma capaces de robar Vidas jamás debieron entrar en el juego. ©

2 comentarios sobre “A las armas

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