SIX

La habitación estaba bañada por una luz tenue y cálida, que venía de la lámpara de la mesita, la visión de Ana desnuda en mi cama era de esas para memorizar. Parecía una Diosa, tenía las piernas estiradas y cruzadas, apoyando la espalda, con los brazos extendidos a los lados, sobre un par de almohadones contra la cabecera. Sus tetas quedaban bañadas por la poca luz que daba la mesita, dándole un toque más íntimo a su cuerpo.

Parecía que me estaba diciendo algo como “soy tuya, tómame” con todo su cuerpo.

Me acerqué a la cama por la parte de abajo, agarré sus piernas por los tobillos y tiré de ella hacia mi.

Soltó un gritito gracioso, y estiré hasta dejar su culo al borde de la cama. Se me quedó mirando, sin decirle nada separé sus piernas y me arrodillé entre ellas.

Ana contuvo el aliento al ver que no la rechazaba, y luego suspiró cerrando los ojos. En ese instante fue cuando hundí mi boca en su coño, y Ana soltó un gritito agudo.

Ahora si, por fin me podía dedicar a darme un homenaje con el coñito empapado de Ana, me dediqué a comérselo despacio, sin prisas, a lamer el contorno, y succionar sus labios, a hundir mi lengua entre ellos y sorber sus flujos.

Ana se retorcía en la cama, gemía cerrando sus ojos y llevándose las manos a la cara, pasándose las manos por el pelo, revolviéndolo. Arqueaba su espalda, y movía sus caderas como si me quisiera facilitar el acceso a su coño.

Tenía la cara llena de flujos, entre lametones empecé a golpear con la lengua su hinchado clítoris, primero como algo casual, luego me dedique íntegramente a el. Mordisqueándolo con mucho cuidado, succionándolo y soltándolo, para volverlo a succionar, cuando alcanzaba a atraparlo entre mis labios, lo maltrataba con la puntita de mi lengua con lamidas rápidas de un lado a otro.

En cuanto lo hice Ana empezó a revolverse, a hinchar y deshinchar su abdomen rápido, me cogía la cabeza pasando sus dedos entre mi pelo, y gemía.

Me encanta esa bolita, me vuelve loco ver como reacciona una chica cuando juegas con ella. Se podría decir que es uno de mis vicios secretos cuando me como un coño. Siempre le dedico un largo momento al clítoris.

El de Ana estaba delicioso, lo lamía, lo besaba, lo sorbía, y jugaba con el mientras Ana soltaba una serie de gemidos y se retorcía en la cama.

Puse un par de dedos en la entrada de su coño, y los fui metiendo lentamente mientras no paraba de succionar su clítoris y lamerlo dentro de mi boca. Ana arqueó su espalda, casi elevándose de la cama. Cuando logré hundirlos hasta el fondo, empecé a Masturbarla.

-Ooh! uuff! Ooh! Si! Mmmhhh…- Ahora no se reprimía tanto con sus gemidos.

Cada vez gemía más, y más exagerada, estaba tan absorto en su coño, que me pilló desprevenido su primer orgasmo.

-Joder! Joder! Joder! Oooohhhhh!!!! Uuuhhhhhh!!!!- Soltó descontrolada.

Estalló en mi cara, llenándome la boca de líquidos. Comenzó a bailar con espasmos como en trance sobre la cama, al principio me agarró la cabeza apretándola contra su coño, pero le duró poco porque no pudo controlarse.

Al parecer Ana era de esas que tras correrse, si la tocas, pega como un brinco, dando un espasmo con todo su cuerpo. La miré y se reía y gemía a intervalos. Le acaricié el coño y dio otro brinco, soltando un gritito. Y luego otro, y otro. Me divertía verla así.

Me tumbé sobre ella, y empecé a besarla. Ana me comía la boca como si necesitara beberme para seguir con vida.

-Tenía miedo de que me rechazaras…- Me soltó en un susurro.
-Sabía que vendrías arrastrándote…- Le dije acariciándole el pelo.
-Eres un hijo de puta.- susurró.
-Lo sé -Me acerqué a su oído, cerrando mi mano y agarrándole el pelo. -Pero eso te gusta zorra!

Ana me miraba con un gesto de rebeldía y dolor abriendo su boca como si fuera a quejarse. Mientras sin soltarla del pelo me desabroché los pantalones y me saqué la polla por fin, me miraba sabiendo lo que iba a pasar a continuación, y yo estaba deseando hacerlo.

Me la agarré y se la hundí de un golpe en el coño, sin miramientos. Ana abrió mucho los ojos, y soltó un gemido agudo de puro placer casi parecido a un grito de dolor.

-Esto era lo que querías zorra?? Lo que llevas buscando todo el día??- Le dije entre dientes fruto del subidón.

Empecé a bombear como un loco.

-ÑÑiihh!! NNnih!! Nniih!! NNiih!!! Niiih!! SSSiiiiii!!!! OOOOOohh!!- Soltó Ana gimiendo mientras arrugaba la nariz, emitía un sonido casi continuo y muy agudo.

Ana botaba en la cama por lo fuerte que le daba, su coño era una pasada de sensaciones húmedas, muy profundo y cerrado, notaba sus paredes envolver mi polla y me volvía loco.

Rugía enloquecido follándome a Ana por fin, me coloqué sus piernas en los hombros, y empecé a estrujarle las tetas, definitivamente eran naturales, dos monumentos suaves y calientes que ahora se movían de un lado a otro con mis golpes.

-Ooh!! Joder!!! Ooh! Ooh! Joder!!- Iba soltando Ana.

La agarré del cuello como si la estrangulara, y ella me cogió del brazo con ambas manos, me miraba como si suplicara clemencia, arrugando sus cejas y cerrando los ojillos. Pero no me daba lastima, al revés, me encendía más.

Ana gritaba, gemía como si la estuvieran matando de gusto. De repente saqué mi polla y empujé sus piernas hacia arriba, haciendo que ella casi se doblara y quedando su culo y su coño casi en mi cara. Lo froté con la mano con rapidez de un lado a otro procurando que la punta de mis dedos pasaran una y otra vez por su clítoris hinchado. Ana chorreaba, casi llegaba a salpicar.

Plaf!

Le di un azote en la nalga.

-Agh!- Soltó Ana quejándose.

Vi como su piel se iba poniendo roja.

Plaf!

-Aargh!

Le di otro, y después besé su coño.

Plaf!

Le di de nuevo.

-No me pegue… AAaghh!- Soltó Ana cuando besé de nuevo su coño lamiéndolo en profundidad con mi lengua.

Plaf!

-Agh! Oogh!!- Soltaba cuando volvía a lamerle el coño justo después del pequeño azote.

Plaf!

-Agh! Ufff…

Plaf!

-Agh! Oooh! Mmmh!!

La empujé hacia un lado y Ana rodó quedando boca abajo, gateó llegando al centro de la cama.

-Cabronazo! No me pegues!- Soltó con cara de cachonda intentando demostrar aun algo de autoridad.

Rodeé la cama para llegar hasta su cabeza, la cogí del pelo y de la barbilla para obligar que me mirara, y me acerqué un poco a su cara.

-Zorra! Eres mi juguete! Y haré lo que yo quiera! Lo has entendido?- le dije entre dientes.

Ana me miró intentando conservar algo de orgullo, pero moví su cara, cerró los ojos apretándolos mucho.

-Si!- Gritó.
-No, si, no. Quiero que me digas, Si, Amo!- Volví a decirle zarandeándola.

Ana entonces me miró abriendo los ojos y desafiándome con la mirada.

-Si, Amo!- Dijo al fin.
-Así me gusta! Ahora levanta, ponte en pie.- ordené.

La solté y Ana me obedeció mirándome, no sabía que me ponía más, si ver que Ana me hacía caso, o que me mirara con aquella mirada orgullosa que me decía “Me estas obligando, hijo de puta.”.

-Ahora no quiero que te muevas.- Le dije cuando la tuve frente a mi.

Ana levantó su barbilla, queriendo parecer rebelde. La agarré del cuello.

-Que se dice?- Le solté mirándole a los ojos.
-Si amo.- Dijo con un tono neutro.

Sonreí.

-Muy bien, ponte de rodillas.- Ordené soltándola.

Obedeció. Agachándose y poniéndose de rodillas como le había dicho, mirándome.

-Ahora estarás quieta, no te moverás hasta que yo te lo diga, haga lo que haga. Entiendes?
-Si… Amo.- Contestó desafiante, con cierto orgullo.

Me giré hacía mi maleta, notaba que Ana me miraba totalmente descolocada, encontré lo que buscaba, una de mis corbatas, La cogí y me dirigí hasta ella, extendiéndola entre mis dos manos, quería que la viera.

Ana tenía una cara de no entender nada mezclada con el miedo a no saber que tramaba.

-Dame las manos.- ordené.

Ana entrecerró sus ojos, sospechando lo evidente, pero alargó sus manos hacia mi.

La até de las muñecas dejando un extremo largo de la corbata sin anudar. Luego le coloqué las manos en una posición parecida a estar rezando, pero mas pegadas al cuerpo, y acabé de atarle las manos al cuello que quedaron colgando justo entre sus tetas.

Ana me miraba flipando, parpadeaba incrédula, pero se dejó hacer.

Continuará…

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