PENÉLOPE

Relatos eróticos basados en hechos reales 

No hubo necesidad de palabras. En cuanto Raúl me vio al abrir la puerta de su casa, sabía a lo que iba. Cerré la puerta tras de mí, al tiempo que me abalanzaba hacia sus brazos, fundiéndonos en un beso largo, profundo.

Con nuestras lenguas peleando dentro de nuestras bocas. Sus manos recorrieron mi espalda, para luego terminar en mi pequeño trasero, el cual apretaba y estrujaba como si fuera un minúsculo globo y quisiera reventarlo.

Yo al mismo tiempo me pegaba a su cuerpo, presionando mi área púbica contra su polla.

Moría por sentir su verga. Esa verga que me me tenía loca al grado de estar en ese instante siéndole infiel a mi esposo Tommy con uno de sus amigos.

Como llegué a esto?…

Hace unas semanas atrás, mi esposo Tommy había tomado la decisión, en complicidad mía, de tener nuestro primer trio sexual. Una idea de la cual no estaba yo del todo convencida, pero me dejé llevar por el entusiasmo de mi pareja.

Raúl, mi tatuador y amigo nuestro, había sido a quien habíamos escogido para ser esa tercera persona con quien compartiríamos nuestra cama.

Si bien la experiencia fue apresurada y hecha al vapor, había resultado mejor de lo esperado, a lo menos por mí.

Raúl poseía un miembro de dimensiones monstruosas, por así decirlo y sin exagerar. La verga mas grande que en mi vida había visto y probado.

Una polla grande, gorda y llena de venas. Si bien tenerla dentro de mi vagina fue tocar las puertas del cielo, llenándome como nunca me habían llenado, tenerlo dentro de mi culo fue llegar a las puertas del infierno.

Terminé con el culo reventado y un dolor anal que me duró toda una semana.

Prometí jamás volverme a meter algo así, no solo por el daño que causaría a mi cuerpo, si no mayormente porque no era mi intención engañar a Tommy.

Si bien nuestra aventura del trío había sido de forma consentida entre ambos, el estar con otro hombre, después de con nadie mas que mi esposo Tommy en los mas de 8 años de relación que teníamos, fue una experiencia para la cual no estaba preparada mentalmente.

Juré no volver a repetirlo, mucho menos a estar con Raúl a solas, sin la presencia de mi esposo.

Y heme aquí, en su casa, con hambre de sentir de nuevo esa enorme verga taladrándome y llegando a lo mas profundo de mi cuerpo. A donde nadie había llegado antes.

Me separé de Raúl, y caminando lentamente me posicioné en medio del cuarto, dándole una vista completa de mi cuerpo. Como lo dije antes, soy de cuerpo delgado, con pocas o casi nada de caderas. Pero con un par de largas piernas firmes y torneadas por el ejercicio. Un trasero pequeño, y unos senos igual de pequeños pero llenos. Y lo mejor de todo, mi larga y frondosa cabellera que era mi orgullo. Amo mi cabello y como me da un aire de sensualidad.

Y obviamente mi cara, la que varios han dicho que tengo cara de puta. Que se excitan con solo ver mi rostro y pensar en todas las cosas que pueden hacer conmigo.

Lentamente me desnudé para Raúl. Me quité la blusa para luego bajar mi jean de mezclilla. Enseguida me deshice de mi brassiere de encaje negro, y lentamente dejé resbalar mi tanga por mis nalgas y mis largas piernas, quedándome solo en mis zapatos de tacón.

Raúl no perdía detalle, mirando atentamente. Yo le devolvía la mirada, mordiéndome los labios y haciendo gestos obscenos con mi rostro. Si ya decían que tenía cara de puta, entonces sacaría provecho a mi rostro para calentar a mi amante.

Raúl empezó a desnudarse, terminando de quitarse su ultima prenda. Se acercó a mí, y tomándome por la cintura, me besó de la forma mas cachonda imaginable, luchando con nuestras lenguas dentro de mi boca, para luego bajarse a mi cuello mordiéndome y besándomelo.

Sus manos se entrelazaban en mi lago cabello, jalandolo y moviendo mi cabeza de un lado a otro.

-‘cógeme cabrón! Reviéntame como solo tu sabes hacerlo! -le dije casi gritando.

Jalándome por mi largo cabello, me acercó hacía la pared, y colocándose de rodillas detrás de mí, abrió mis nalgas y empezó a dar lamidas en mi ano. Yo me sostenía con mis brazos en la pared, mientras Raúl abría exageradamente mis nalgas para poder introducir su lengua en mi ojete trasero.

Sentía como su lengua hurgaba en mis adentros, probándome, saboteándome, lubricándome.

Dándome la vuelta, se puso de pie y comencé a besarlo, ansiosa por probar el sabor de mi propio culo. Entonces fue mi turno de arrodillarme ante él, y sin decir nada, tomé su pene erecto como un mástil.

Lo cogí con las dos manos, le daba besitos y lamidas en su enorme cabeza. Al ver que Raúl me miraba, abrí la boca y lo introduje en ella, dándole la mejor de mis mamadas.

-‘Que rico la mamas, Perla. Eres una diosa’ -me dijo entre jadeos mi hombre.

Lamia y chupaba su polla, lo besaba y recorría con mi lengua hasta sus huevos totalmente depilados lo que hacía más placentera mi labor. Chupaba y chupaba como loca, tratando de meterlo completamente en mi boca. Lo cual era imposible por lo largo y grueso de su miembro. Aún así lo intentaba con todas mis fuerzas, aguantando las arcadas que me producía.

No tardé mucho en empezar a soltar gran cantidad de saliva y mocos que venían a caer directo sobre su polla, haciendo la mamada mas sucia, mas perversa.

Nuestras respiraciones eran jadeos intensos, animales, nuestras manos recorrían la piel del otro, hurgaban en nuestros cuerpos libremente.

Entonces me levantó, me llevo hacía su dormitorio y suavemente me recostó en la cama. Tomó mis piernas colocándolas en sus hombros y puso su magnífica herramienta en mi vagina.

-‘Papi…por favor, despacio, está muy grande’ -le dije, temerosa.

-‘Vas a tener que aguantarla, baby. No pienso contenerme ni un poquito’ -respondió mi hombre.

No había terminado de decirlo, empezó a meterme su polla lentamente. Me producía una mezcla de dolor y placer enloquecedor sentir como se abría paso en mi vagina.

Metió solo la mitad dejándome acostumbrarme ante su monstruoso tamaño. Era increíble sentir como me abría, como si lo que me estuviera metiendo fuera un bate de baseball o una botella de shampoo en vez de un miembro erecto. Así de extrema era la sensación que sentía yo en ese momento.

-‘Mas, mas, mas…’ -le rogué y entonces metió el resto de golpe. Lancé un grito desgarrador que él ahogo tapándome la boca y empezó a bombearme salvajemente, sin piedad.

-‘Ahhhhggggg….papiiii! Ughhhh….me encantas, amor! No pares, dame maas….dame maaaas! -decía yo entre jadeos mientras el me bombeaba sin parar.

-‘Y tu me vuelves loco, Perla. Esperaba este momento desde que te conozco! No sabes las ganas que tenía de tenerte así. Cogiéndote, reventándote! -me dijo mi macho sin dejar ni un segundo de perforarme mi abierta y empapada vagina.

-‘A eso vine, papi. A que me culi es, a que me folles toda mi amor!’ -le decía yo, haciendo hincapié en decirle amor.

Una palabra que por años había estado reservada para mi esposo Tommy solamente.

Sus penetraciones eran intensas, violentas, el sonido de nuestros sexos chocando salvajemente inundaba la habitación y nuestros aromas a sexo eran la esencia de la lujuria.

Entonces soltó mis piernas bajándolas a sus costados para inclinarse y levantarme, me besó y nos comíamos la boca literalmente, me sujetó y teniéndome ensartada, se levantó y así de pie me siguió penetrando.

Luego me pegó contra una pared y seguía embistiéndome con furia animal, para entonces ya no era dueña de mi misma y en vez de gemir gritaba….

-‘Quieres que se den cuenta los vecinos?’ -me dijo sonriendo.

-‘No me importa que me oigan. Que oigan como me haces gozar, gritar, gemir como una puta perra! Eso es lo que soy, papi. Eso es en lo que me has convertido y quiero que todo mundo lo sepa!’ -le dije fuera de mis cabales.

Y era verdad, en ese momento quería que todo mundo lo supiera. Incluso mi esposo Tommy. La verga de Raúl me tenía loca y nada me importaba en ese instante mas que sentirlo dentro de mi, llegando hasta mi útero con sus violentas embestidas.

Siguió penetrándome mientras yo no dejaba de gritar y entonces le clave las uñas en la espalda y él me mordió el cuello, éramos dos bestias copulando. Orgasmos que se sucedían uno tras otro hasta que sentí como su cuerpo empezaba a estremecerse, anunciando su también próximo orgasmo…

-‘lléname de leche, amor. Mándame a mi casa bien preñada! Por favor, por favor…..embarázame, préñame! Quiero sentirme bien rellena de tu líquido ! -vociferaba yo fuera de mis sentidos, cegada por el placer animal que Raúl me hacia sentir.

Escucharme decir eso fue suficiente para que mi amante llegara al climas, estallando dentro de mi, llenándome de leche la vagina, nuestros jugos escurrían mezclados hasta el suelo mientras él seguía bombeando a pesar de haber tenido un orgasmo.

Pensé que tomaría un descanso, pero no fue así. Se dio la vuelta y me llevó a la cama de nuevo y me acostó en el borde. Sujetó mis piernas sobre sus hombros y sacó su verga de mi empapada panocha, la cual empezó a soltar todo el semen que Raúl me había dejado dentro, escurriendo hacía mi expuesto ano.

Entonces colocó su todavía erecta polla en la entrada de mi culo, tan mojado de nuestros jugos que estaba muy lubricado, y empezó a empujar hasta que entró el glande…

-‘AAAAAAAAHHHHHHH! Mierdaaaaaa! Me parteees, papi…..me partes!’ –

no pude evitar soltar un alarido de dolor. Nuevamente me estaba dando por el culo, y aunque apenas había entrado la cabeza, sentí la muerte.

Se detuvo, esperó a que me acostumbrara y entonces empezó a empujar lentamente arrancándome nuevos gritos de dolor que ahogaba con la almohada, empujó hasta llegar a la mitad.

Mordía la almohada mientras gruesas lágrimas caían por mis mejillas, arrastrando con ellas la sombra y el maquillaje de mis ojos, haciendo de mi rostro un asco…

-‘Para…para…..me estas partiendo hijo de puta! Para por favor…es demasiado grande para mi, bebé. No la aguanto, de verdad….’ -dije entre lloriqueos tal si fuera una pequeña niña.

-‘Tranquila, ya casi termino, vas a disfrutarlo mi amor’ -escuché a Raul consolándome.

Me encantó que me dijera así, que me dijera amor! Cuando me acostumbré un poco a su tamaño, lo ayudé un poco a que siguiera penetrando, empujando mi pequeño trasero hacía él. Entonces el volvió a presionar hasta conseguir meterla casi toda, entonces lo que faltaba lo metió de golpe…

-‘AAAAAGGGGGGGGHHHHHHHH!!! Diosssss! Entró toda, papi…..entró toda! -dije mientras sentía su falo llegar hasta dentro de mis intestinos.

Y volvió a embestirme de manera animal mientras yo me apretujaba los pechos y me sobaba el clítoris. Un nuevo torrente de lagrimas volvió a resbalar por mi rostro, mientras lentamente el dolor se transformaba en una oleada de placer.

-‘Este culo ya es mío, mamacita! Escuchaste? Solo mío, Perla. Nada mas que mío’ -decía mi hombre sin dejar de culearme, bombeando con furia contra mi maltrecho ano.

-‘Si, mi amor. Mi culo es tuyo. Toda yo soy tuya completamente! -gritaba mientras sus embestidas me hacían sentir que me partía a la mitad, mientras sentía como su pene llegaba hasta mis entrañas.

Aceleró el ritmo, provocando que mis gritos fueran mas intensos. Empecé a sentir como su pene empezaba a palpitar de nuevo, para dar paso a un estallido de semen. Lo escuché gritar, mientras su gruesa polla daba la última estocada en mi reventado culo, inundando mis entrañas de leche y provocándome el más delicioso orgasmo que jamás he experimentado.

Tomamos un tiempo para recuperar el aliento, acostados con el abrazándome por la espalda. Yo sintiendo como su verga empezaba a perder firmeza y escapaba de mi ano, el cual sentía abierto, con una extraña sensación como de querer cagar.

Nos besamos, pero esta vez dulcemente. Intenté levantarme, necesitaba ir al baño con urgencia. A pesar de que me encantaba jugar e incluir juegos de piss durante mis relaciones, no quería orinarme en su cama…

-‘A donde vas? Intentas escapar de mí?’ -dijo Raúl, tratando de impedirme que me levantase.

-‘Haha, no seas loco. Necesito ir al baño. Ya no aguanto, amor’ -le dije guiñando un ojo y mordiéndome los labios. Tratando de sacar provecho de mi cara de puta.

-‘Ok, pero antes tienes que limpiarme la polla’ -me dijo de forma maliciosa, mientras cogía su polla, apuntándola hacía mí.

-‘Rayos…..! Tendré que sacrificarme haha! -respondí divertida.

Tomé su semi erecta polla entre mis manos, y la acerqué a mi boca. Estaba bañada en una gruesa capa de semen, jugos vaginales, heces fecales y un poco de sangre. Pero no me importó, la metí en mi boca y la empecé a lamber y succionar, probando toda clase de sabores semi amargos que tragué hambrienta. La lambí tal si fuera una paleta de helado, hasta dejarla completamente limpia…

-‘Okey papi, ahora si tengo que ir o terminaré orinándome en tu cama’ -dije al tiempo que me levantaba para dirigirme al baño.

-‘Ok amor, pero tengo que ayudarte’ -contestó Raúl nuevamente de forma maliciosa tomando su teléfono móvil, para luego agarrarme por el cabello y forzándome a bajar al suelo.

Caminó agarrándome por mi abundante cabellera, obligándome a caminar a cuatro patas tal si de un animal se tratara.

Lo seguí divertida, y también excitada. Si bien era algo que también hacía para mi esposo, el hacerlo ahora con mi amante era el doble de placentero. Solo quienes hemos caído en el pecado de la infidelidad sabemos lo excitante que pueden ser este tipo de cosas.

Lo seguí así a cuatro patas, extrañándome que no nos dirigiéramos al baño. Que loca idea tenía en mente mi amante? …. No tardé en descubrirlo, cuando me posicionó encima de la caja de tierra de su gato…

-‘Ok Perla, puedes empezar a orinar’ -dijo, mientras tomaba su teléfono y empezaba a grabarme.

-‘Eres un loco. Pero te amo’ -le susurré, divertida con esta nueva experiencia.

Empecé a orinar, cayendo mi chorro de orines de forma escandalosa en la caja de tierra del gato, botándola hacía afuera. No puede evitar excitarme con la situación. Si bien para alguien mas podría resultar humillante ser tratada como un animal, para mi resultaba lo contrario…..

-‘Eres mi gata, y desde hoy tendrás que orinar en esa caja cada vez que tengas ganas’ -dijo Raúl, sin perder detalle de lo que sucedía y grabándolo todo.

-‘Soy tu gata, tu perra, tu cerda, tu puta. Soy todo lo que quieras que yo sea para ti. Solamente no me dejes de buscar, ok? Ahora, necesito cagar.

También quieres que lo haga aquí o qué?? -dije divertida y dispuesta a hacerlo, mientras escapaban los últimos chorros de orina de mi peluda vagina.

Raúl me levanto tiernamente y me dirigió a el baño, esta vez de pie. Por un momento mientras hacía mis necesidades pensé en mi esposo y un leve sentimiento de culpa me invadió.

Deseché ese pensamiento, y salí del cuarto de baño. Era tarde para arrepentimientos. Me vestí y me despedí de Raúl con un beso ardiente, y tomando mi auto, me dirigí a mi casa por las calurosas y transitadas calles de mi desértica ciudad.

Unos 30 minutos después llegaba a mi casa, y ni bien estacionaba mi auto cuando ya mi odioso y regordete vecino salía a ‘recibirme’ como lo hacia usualmente casi a diario….

-‘Holaaaa! Que tal tu día? -preguntaba de forma casual, como si fuéramos los mejores amigos. Si bien con el tiempo le había tomado cariño al chaval, tampoco era como para portarnos como si fuéramos los grandes amigos. Quizás cómplices, pero amigos aún no.

-‘Bien, o más que bien diría yo. Vengo muerta y ya te imaginaras porqué’ – le dije guiñándole un ojo.

-‘Vienes despeinada, con el maquillaje corrido y caminando toda abierta. Te cogieron, verdad?? -respondió mi vecino sin pensarlo mucho, con un tono que denotaba sus celos.

-‘Uff….y que lo digas. Me reventaron el culo y me lo llenaron de leche. Traigo tanto semen dentro de mi que si no lo cago, lo vomito’ -respondí divertida.

Sabia que yo era su sueño y me encantaba provocarlo, jugar con el. Darle celos…

-‘Porque eres así? Porque me presumes tus aventuras y no me das oportunidad a mi de estar contigo? Sabes que yo te quiero bien’ -dijo en un tono triste que no pude evitar sentir un poco de pena por él .

-‘No digas tonterías, chaval. En primer lugar, tu solito vienes a preguntarme. En segundo….me quieres bien?? Que significa eso, hahaha? Y en tercero y más importante, aun no cumples la mayoría de edad y no quiero terminar metiéndome en problemas con la ley.

Y con permiso, que tengo que darme un baño. Eres mi vecino y mi complice y en serio que te aprecio. Pero ni loca me meto contigo. Hasta luego’ -le dije mientras me encaminaba a la puerta, dejando a mi pobre vecino parado en el frente de mi casa, no sin antes dedicarle una de mis horribles sonrisas.

Había sido un poco dura con mi vecino, pero ni modo. Me encantaba ser una perra, o una bitch, como decimos acá en Estados Unidos. Lo que no sabía era que pronto, muy pronto, la vida se encargaría de cobrármelas todas juntas.

Sin darme cuenta, empezó mi calvario….

Un comentario sobre “No sabía lo que me esperaba

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