ECONOMISTA

Llegó 5 minutos antes de la hora a la que había quedado. Sin bajarse del coche se echó un último vistazo por el espejo retrovisor. Por el camino se había ido poniendo caliente, la excitaba mucho pensar que iba a quedarse a solas con el viejo en su despacho y que se había vestido provocativa para él, pero no solo era eso, también su marido, el muy cornudo la estaba esperando impaciente en casa, no se había atrevido a preguntar nada, le tenía bien enseñado, pero se lo podía ver en la cara, estaba como loco porque pasara algo con Don Pedro y luego se lo contara con detalle.

Llevaba el calentón acumulado desde primera hora de la mañana, o mas bien ya era algo continuo, se levantaba por las mañanas excitada, con ganas de masturbarse. Solo pensaba en sexo. En Toni, en Víctor, en Don Pedro, en Lucas con Mariola. Se ponía a propósito unos pantalones ajustados para que los alumnos la miraran el culo en clase, desde que se vestía así terminaba las jornadas de instituto cachonda. Esa era la palabra.

Cachonda.

Todos los días se masturbaba o bien en su despacho, o en el baño, o en el coche. Y ya no le valía con hacerlo una vez. Eran dos o incluso tres veces diarias.

Esa tarde le palpitaba el coño, tenía las braguitas húmedas, la cara interna de los muslos desprendían calor y los pechos estaban muy duros y sensibles. Antes de bajarse del coche decidió quitarse el sujetador, no quiso hacerlo delante de su marido para que no fuera tan evidente que iba en plan buscona, pero en ese momento le pareció buena idea.

A cada paso hasta la puerta del instituto notó sus tetas libres botando bajo la camiseta y el roce con la tela hizo que se le marcaran los pezones. En apenas 20 metros se le pusieron mas sensibles si cabe. La puerta del instituto estaba cerrada y utilizó su llave para poder entrar. No había nadie, pero el instituto no estaba a oscuras, a primeros de Abril y a esa hora ya había suficiente claridad por los pasillos. Vió luz en el despacho de Don Pedro y fue allí directa sin pasar por el suyo. La puerta estaba abierta y el viejo estaba esperándola en su silla con el ordenador encendido.

– Te he oído llegar, los tacones suenan mucho por el pasillo, dijo Don Pedro a modo de saludo.
– Buenas tardes, dijo Claudia dejando la cazadora y el bolso en el perchero.

Don Pedro se quedó mirando al detalle su vestuario. Otra vez se había vestido provocativamente, quizás no tanto como la otra vez, pero con esa faldita de cuero parecía ir pidiendo guerra. Le volvían loco las medias de puntos negros, los botines con el tacón alto y que decir de esa camiseta, le hacían las tetas mas grandes y gordas todavía e incluso parecía que no llevaba sujetador, le bailaban mucho al andar. De momento tenía que ir con cuidado, pero no pudo evitar empalmarse. Eso era ya una costumbre cuando se jefa de estudios entraba en su despacho.

Claudia cogió una silla y se puso a su lado. Eso era muy buena señal.

– ¿Le parece si hoy hablamos un poco del presupuesto anual y temas contables?, preguntó ella.
– Me parece bien, espera que abro aquí…ehhhh, si, aquí es…

Durante 45 minutos le estuvo poniendo un poco al corriente en temas administrativos, los gastos, amortizaciones, etc…Claudia con su tablet no dejaba de tomar apuntes. De momento no era mas que una reunión entre el director y la futura directora. Nada mas.

En el fondo Don Pedro estaba decepcionado, veía que pasaba el tiempo y Claudia no tenía ningún acercamiento, es verdad que estaba a su lado, casi pegados, pero ella mantenía la distancia y estaba muy concentrada en las explicaciones que iba recibiendo, incluso ya se la había bajado la erección. Cuando ella miró el reloj pensó que aquello había terminado, sin embargo y con un gesto natural Claudia lo hizo. Otra vez.

Se cogió el pie izquierdo para ponerlo en su muslo derecho en un cruce de piernas con el que dejaba la rodilla izquierda sobre el regazo de Don Pedro. Disimulando como que miraba la pantalla del ordenador aprovechó para acercar la silla mas si cabe a la del viejo. Al mirar hacia abajo y encontrarse el muslo de Claudia le entraron los calores y se le volvió a poner dura.

No podía creérselo.

La tentación de bajar la mano era muy fuerte, pero no quería precipitarse, si Claudia estaba caliente y quería jugar, ella misma le iba a facilitar el trabajo. Solo tenía que ser paciente.

En cuanto se apoyó en las piernas de Don Pedro entró en erupción. El mero contacto con el viejo hizo que Claudia se pusiera fuera de si, sin embargo la última vez le había pegado un buen corte y él estaba muy pasivo, no se atrevía a tocarla, seguía con sus explicaciones como si nada. Entonces se acabaron las sutilezas, Claudia empezó a mover el muslo sobre el paquete del viejo, lo hacía despacio, suave, con disimulo le preguntaba alguna cosa, pero lo que estaba haciendo había que llamarlo por su nombre.

Le estaba calentando la polla con su pierna.

Como él no daba el paso entonces fue Claudia la que puso una de sus manos en los huesudos muslos de Don Pedro, no había pensado hacerle nada, solo quería que el viejo la imitara y él hiciera lo mismo. Sin embargo el director se mantenía firme, no soltaba el ratón del ordenador y seguía con sus explicaciones.

– Lo explica usted todo muy bien.
– Gracias Claudia, aunque no creo que le haga mucha falta, vas a ser una gran directora.
– ¿Tu crees?, dijo ella acercando la mano al paquete de Don Pedro.
– Seguro que si.
– Tengo un buen maestro, dijo ella poniendo la mano casi sobre su bragueta.

“Venga cabronazo, baja la mano”, pensó Claudia que ya no sabía que mas hacer para que el viejo se animara. Si seguían así no le iba a quedar mas remedio que dar el siguiente paso. Directamente dejarse de tonterías y sobarle la polla. Le pareció ver que el viejo sonreía, quizás no estaban saliendo las cosas como ella había pensado y en ese momento se llegó a un punto de inflexión. Sabía que si cruzaba esa linea no iba a haber vuelta atrás. Pero Claudia no estaba dispuesta a irse del despacho sin un nuevo orgasmo, si lo hacía tal y como estaba sería humillante, se le estaba ofreciendo para que la sobara y el viejo la estaba rechazando.

Don Pedro era amable y educado, pero también tenía su orgullo, por unos instantes pensó en bajar la mirada a la mano de ella y decir “¿pero que haces?”, devolviéndola el corte que ella le había pegado en la anterior reunión, pero sabía que si hacía eso, por muy cachonda que estuviera Claudia, ella se levantaría y terminaría con aquel juego. Para siempre.

Se recostó en la silla sin soltar el ratón y se dejó hacer, Claudia parecía dispuesta a todo y no tardó en poner la mano encima de su paquete y acariciarle con delicadeza. Luego le agarró la pollita por encima del pantalón y se la apretó haciendo que rodara por su mano, dejó de hacer presión y se la volvió a apretar, paró y volvió a hacérselo de nuevo. Don Pedro cerró los ojos y sonrió a la vez que se le escapaba un pequeño bufido. Ella lo estaba haciendo. No era un sueño.

¡La muy puta le estaba pajeando por encima del pantalón!

Entonces Don Pedro soltó el ratón para bajar la mano. “¡¡Por fin, vamos!!, ¡méteme la mano en el coño!”, pensó Claudia terriblemente excitada sin dejar de frotarle el paquete. Pero el viejo no puso la mano sobre su pierna. Que va. Con tranquilidad se soltó el botón del pantalón de su traje.

– ¿Esta parte la entiendes bien, no?, dijo él.
– Si, creo que si.

Cuando escuchó ese ruido característico de cremallera Claudia miró hacia abajo. No podía creérselo. Don Pedro iba a sacarse el pito delante de ella.

Y vaya si lo hizo. La pequeña y delgada polla de Don Pedro salió como un resorte apuntando hacia el techo. Solo tenía que esperar que los dedos de Claudia le rodearan el tronco y sabía que iba a hacerlo cuando ella misma se subió la cremallera de la falda para poderse abrir mas de piernas. Y de repente sintió la mano de Claudia directamente en su miembro y tuvo una sensación parecida al inicio del orgasmo, pero por suerte pudo reprimirlo.

¡¡Le estaba tocando la polla!!

Claudia había ido mas allá de lo que tenía pensado, solo quería que el viejo la metiera los dedos, pero para hacerlo tuvo que agarrársela y claro no podía quedarse así, ya puesta empezó a pajearle. Don Pedro se había salido con la suya y lo que es peor, ¡seguía sin tocarla!. No podía mas, la entrepierna literalmente la chorreaba, entonces Claudia le cogió la mano a Don Pedro y se la puso en el coño por encima de las medias.

El triunfo de Don Pedro era total. Ella misma se le había abierto de piernas, le había cogido la mano para ponérsela en su coño y además le estaba haciendo una maravillosa paja. ¡Hacía tanto tiempo que una mujer no le tocaba la polla!. Empezó a masturbar a Claudia con el dedo corazón de la mano derecha y la palma hacia abajo, le frotaba con él intentando introducírselo dentro a través de las medias y las braguitas.

Claudia sacó las caderas hacia delante y comenzó a gemir. Se sintió muy guarra allí espatarrada de piernas sobre el viejo, pero lo que la sacaba de punto era pajearle. En su vida pensó que masturbar a Don Pedro la iba a ponerla tan cachonda.

Sintió el dedo de Don Pedro mas cerca de su coñito, como si hubiera traspasado alguna barrera, miró hacia abajo y efectivamente de tanto frotar, el dedo había penetrado las medias, rompiéndolas. Solo se interponía la tela de las braguitas entre ella y el viejo y Claudia estaba tan mojada que deseó sentir los dedos de él directamente en su piel.

Ella misma se introdujo un dedo en la apertura de las medias por donde se habían roto y tiró de ellas, Don Pedro entendió lo que quería Claudia y metiendo un par de dedos por el roto la imitó. Cada uno hizo fuerza para un lado y las medias favoritas de Claudia sonaron a tela rota cuando se rasgaron quedando prácticamente destrozadas. Luego ella misma se apartó las braguitas y las dejó así un lado ofreciéndole el coño desnudo a Don Pedro. Le miró con cara de guarra y posteriormente se acarició las tetas por encima de la camiseta para calentarle mas.

El director aceptó la invitación y le introdujo un par de dos en el coño. Claudia gimió en alto y el viejo se acordó de la otra vez y lo rápido que ella se corrió, sabía que aquello estaba a punto de terminar, lo mismo que él al que no le quedaba mucho para llegar al orgasmo. Tampoco ayudaba mucho que Claudia hubiera acelerado el ritmo al que le pajeaba, haciéndoselo mas duro.

Se quedó mirando como Claudia se agarraba las tetas por encima de la camiseta y deseó hacerlo él, giró un poco el cuerpo y le sobó los pechos con la mano izquierda. La jefa de estudios aumentó el ritmo al que movía las caderas y el volumen de sus jadeos. Don Pedro la tenía fuera de si y quiso tensar un poco mas la cuerda, a ver si había suerte.

– ¡Súbete la camiseta, enséñame las tetas!, le pidió.

Claudia ni lo dudó, se subió la camiseta y aparecieron sus dos fantásticos pechos desnudos, se quedó sujetándola para que el viejo no perdiera detalle, luego le miró a los ojos y gimiendo le preguntó.

– ¿Así está bien?…¿le gustan a usted?
– Son maravillosas, me encantan, dijo Don Pedro empezando a manoseárselas.
– ¡Ahhhhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, creo que voy a corrermeeeee!
– Espera, esperaaaaaa…

Entonces Don Pedro se inclinó sobre ella y se metió una de sus pesadas tetas en la boca, babeándola los pezones. Cuando Claudia escuchó el ruidito de succión le apretó la cabeza contra su cuerpo y no pudo aguantarse más. Incrementó el ritmo de la paja para intentar que él terminara a la vez que ella y empezó a correrse mientras Don Pedro le mamaba los pechos sin soltárselos como si fuera un bebé.

– Ahhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, asíiiiiiiiii, asiiiiiiiiiiiiiii, ¡¡¡cómaselas, ahhhhhhhhhhhhhhhhhhh, cómase mis tetas!!!!.

Claudia sintió que un líquido caliente le impregnaba la mano que subía y bajaba sobre la polla del viejo, que a su vez bufaba con la cabeza metida entre sus calientes pechos. ¡Se estaba corriendo también!, ¡Don Pedro se estaba corriendo!, no en abundancia ni con mucha potencia, pero si en un orgasmo súper intenso y placentero.

Se quedaron los dos en la misma postura un minuto mas, recuperando la respiración. Claudia todavía le sujetaba el pito, abierta de piernas, con las medias rotas y sintiendo la lengua de Don Pedro en sus pezones mientras le acariciaba con suavidad la empapada rajita.

– Hacía mucho que no estaba con una mujer, dijo el viejo en un tono cariñoso.
– Creo que es mejor que me vaya para casa, dijo Claudia apartándole y poniéndose la camiseta en su sitio.

Bajó la pierna del regazo de Don Pedro y se quedó mirando la mano impregnada de semen.

– Siento haberte manchado, espera que te doy un poco de papel.

Claudia se limpió la mano y se puso de pies, bajándose la cremallera de la falda. Tenía prisa por salir de allí una vez que se había corrido. La sensación que tenía en ese momento era que había ido demasiado lejos mientras el viejo se guardaba la polla en los pantalones. Apresuradamente cogió el abrigo y el bolso del perchero y salió del despacho de Don Pedro.

El director estuvo a punto de darle las gracias a modo de despedida, pero finalmente decidió no decirla nada a Claudia. Tal y como se había dado la tarde sabía que iba a haber mas tardes como esa. Se pasó los dedos impregnados del sabor de su jefa de estudios por la nariz pensando que se le abría un mundo de posibilidades. Si había llegado hasta allí ¿porqué no pensar en llegar a algo mas? ¿en comerla el coño o que incluso ella le hiciera una mamada?. Claudia se había puesto muy cachonda y por un momento notó que estaba dispuesta a cualquier cosa.

¿Y porqué no pensar incluso en follar con ella?

Claudia se subió al coche. Tenía las pulsaciones muy aceleradas y necesitaba pensar en lo que acababa de pasar. No podía irse a casa en ese estado. Le hubiera apetecido entrar en una cafetería y relajarse mientras tomaba una deliciosa taza de café, pero cuando miró hacia abajo se vió las medias rajadas por la cara interna de los muslos y casi le llegaba hasta las rodillas, así no podía ir a ningún sitio. Optó por conducir un rato, salió a la autovía y estuvo una hora tranquila asumiendo lo que había hecho con Don Pedro. No quería haber llegado a tanto, pero ahora ya estaba hecho y además lo había disfrutado. ¡Menudo orgasmo había tenido!. No había que darle mas vueltas. Cuando se calmó volvió a casa, ahora tenía que enfrentarse a su marido.

¿Le contaba lo que estaba pasando realmente con Don Pedro o se lo seguía relatando en plan juego como si fuera una fantasía?

Sobre las 18:00 de la tarde llegó Claudia a casa, se subió a la habitación sin casi saludar diciendo que tenía que ir urgentemente al baño y al poco bajó al salón ya duchada y con el pijama de primavera puesto. Por la noche cuando acostamos a las niñas me dijo que esperara en el salón que tenía que darme una sorpresa.

Me quedé esperando y no tardó en aparecer con la misma ropa que se había puesto por la tarde. Estaba claro que tenía ganas de jugar. Me excité casi al momento, porque el tema de Don Pedro me daba mucho morbo y no sabía que es lo que me iba a decir.

Se sentó a mi lado y al mirarla me quedé sorprendido, tenía las medias rotas, bueno rotas es quedarse corto, las tenía destrozadas en la zona de la entrepierna y le bajaba la grieta por la cara interna de los muslos. Puse cara de extrañado.

– ¿Y eso, que te ha pasado?
– ¿Tú que crees?
– No tengo ni idea.
– El viejo, se le fue la mano y luego se puso salvaje…
– Si, ya, dije yo sin creerme lo que me estaba contando.

¿Como le iba a hacer eso el director del instituto?

– ¿No me crees, verdad?, dijo Claudia.
– Pues no.
– No es ninguna fantasía David, esto es es serio, Don Pedro me ha metido la mano entre las piernas, me ha destrozado las medias y luego no solo me ha masturbado, también me ha chupado las tetas hasta hacer que me corra.
– ¡Claudia!, exclamé cuando me puso la mano sobre la polla.
– ¿Que te pasa?
– Mmmmmmmmmmmm, me encanta esto, que me digas esas cosas…sigue hablando, dije cerrando los ojos y dejando que me sobara el paquete por encima del pantalón.
– ¿Porqué no te crees lo que te estoy contando?, dijo Claudia en un tono mas serio.
– Pues porque no, porque no harías nada en el trabajo, con tu jefe, que además es un viejo…pero me encanta la fantasía y desde luego no me importaría que lo hicieras…
– Me has visto follar con otro, ¿tu crees que no sería capaz?
– No lo sé, esto es distinto, a Víctor casi no le conocemos, vive en otra ciudad, pero a Don Pedro le tienes que ver todos los días, no puede ser…

Claudia sonrió sin dejar de frotarme muy despacio.

– Sabía que no te lo ibas a creer, tengo pruebas de lo que te digo…pero si no te lo crees es cosa tuya.
– ¿Pruebas?, dije yo empezando a pensar por primera vez que lo que me estaba contando Claudia no era ninguna fantasía.
– Si cornudo, pruebas, hoy es la tercera vez que he estado en su despacho y me ha metido la mano entre las piernas, le he apartado las braguitas y me ha metido los dedos hasta hacer que me corriera y hace unos semanas cuando me hiciste ir vestida como una puta pasó lo mismo…si me haces ir así vestida te arriesgas a eso, cornudo.
– ¡Joder Claudia!, enséñame esas pruebas.
– ¿Te parece poco verme así las medias?, dijo enseñándome la entrepierna

Se puso a mi lado y se abrió de piernas pasado uno de sus muslos sobre mi.

– Así me he puesto con él, no se atrevía a tocarme a pesar de que me estaba ofreciendo, imagíname así en una silla sentada a su lado…
– Eso no es una prueba Claudia, podías haberlas roto tu…
– ¿Quieres que te cuente lo que ha pasado hoy o no?

No me rebatió lo de las medias rotas, por lo que volví a tranquilizarme pensando que todo era una fantasía de Claudia. Una fantasía muy morbosa, eso si, pero que no era realidad, por lo que me decepcioné un poquito a pesar de estar muy cachondo por lo lanzada que estaba Claudia.

– Si, claro, cuéntamelo…
– Pues me he puesto así sentada a su lado, él me estaba explicando unas cosas sobre gastos y tal y ya cuando íbamos a terminar le he puesto la pierna encima…
– ¿Y él no te ha dicho nada?
– No, estaba encantado de que lo hiciera.
– ¿Y que mas?
– Pues yo quería que él me tocara, ya te he dicho que no es la primera vez que lo hacía…y yo estaba dispuesta, pero él nada, no lo hacía.
– ¿Y porqué?
– Porque la anterior vez que estuve y me puso la mano en la pierna le dije muy seria que que hacía y ahora es como si no se atrevía.
– Entiendo.

Desde luego que la historia que me estaba contando Claudia me encantaba. Parecía tan real.

– Yo estaba con la pierna así sobre él y no me tocaba, era increíble, ¡le estaba invitando a que lo hiciera!, pero nada, entonces para ver si por fin ya se animaba pues le puse la mano en el muslo.
– ¿Le tocaste?
– Shhhhiiii, dijo Claudia en un susurro.
– Y ya te tocó él.
– No, no lo hacía y ya no sabía que mas hacer, entonces no me quedó mas remedio que dar yo el paso.
– ¿Que hiciste?, pregunté.

Claudia me sacó la polla del pantalón y comenzó a meneármela despacio.

– ¿Tu que crees?, le puse la mano sobre el paquete.
– Si, ya…
– ¿Sigues sin creerlo, verdad?
– No, pero me encanta, sigueeeee…
– Se la toqué por encima del pantalón, como te estaba haciendo a ti antes…
– Mmmmmmmmmmmmm…¿la tenía dura?
– Siiii, muy dura…
– Joder Claudia, esto es buenísimo, sigueeee…
– Pero el muy cabrón seguía sin tocarme, que es lo que yo quería, estaba muy cachonda…
– Mmmmmmmmmmmmm Claudia, voy a correrme…
– Espera no, ¿no quieres escuchar el resto?, dijo soltándomela de repente.
– Si, pero es que no puedo mas, p

Juegueteó con uno de sus dedos bordeando mis labios y luego me metió el dedo corazón en la boca para que se lo lamiera.

– Shhhhhhh, tienes que aguantar…quiero contarte lo que hizo el viejo.
– Glup, glup…dímelo, que te hizo…glup glup…
– Pues va todo chulo y se abre el pantalón, dijo bajando la mano, – echa las piernas hacia atrás y saca un poco el culo, me ordenó.
– ¿Se abrió el pantalón?, dije notando como el dedo de Claudia me rozaba con la uña el ano.
– Shhhhhiii, y no solo eso, se sacó la pollita…
– Mmmmmmmmmmmmmmmmmmmm, joder Claudia…

Si tenía alguna duda de que lo que me estaba contando mi mujer era una fantasía ya no me quedaba ninguna duda. ¿Como iba a hacer eso Don Pedro delante de Claudia?, ¿como se iba a sacar la polla?. Era imposible, pero me encantaba la imaginación que le estaba poniendo mi mujer. El relato era fantástico e incluso algunas veces lo contaba con tal convencimiento que parecía medio real. Me ponía calentísimo que se le ocurrieran esas cosas con el viejo, que posiblemente era el tema que mas morbo me diera.

– ¿Tenia buena verga el viejo?…
– No, es pequeña y fea…mas pequeña que la tuya, pero la tiene muy dura, dijo empezándome a meter el dedo que resbalaba fácil dentro de mi culo.
– Ahhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhh, Claudia, ¿la tenía dura?
– Mmmmmmmmmmmmm, si, muy duraaaa.
– Ahhhhhhhhhhhhh, ¿mas que la mía?
– Mucho masssssss dura que la tuya.

Claudia ya me follaba el culo con el dedo corazón incrustado hasta el fondo. Me había soltado la polla que reposaba sobre mi estómago, pero sentía tanto placer con lo que estaba haciendo que Claudia no iba a tener que tocármela mas para hacerme correr.

– Ahhhhhhhhhhh ahhhhhhhhhhhhhhhhh, ¿se la cogiste?, dimeeeeee, ¿le tocaste la polla a Don Pedro?
– Si cornudo, le cogí la polla…estaba muy cachonda, ¿como no iba a hacerlo?, me la estaba ofreciendo…
– Ahhhhhhhhhh ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, me voy a correrrrrrrr, ¡¡me voy a correr!!…

Claudia me acarició el punto g con la uña de su dedo y yo no pude mas. Comenzó a saltar mi semen empapándome el abdomen.

– Ahhhhhhhhhhhhhhh ahhhhhhhhhhhhhhhh ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh
– Eso essssssss, córrete cornudo, córrete…cornudito mío…
– Diosssss Claudia, ¡ha sido alucinante lo que me has contado!, me has puesto a mil, que buenooooo, ogggggggg…
– Y eso que no me has dejado que te contara el final, como me tocó, como me rompió las medias y lo que pasó después…
– No he podido aguantarme mas, ¿otro día me lo cuentas?

Me sacó el dedo del culo y con el índice se puso a recoger parte del semen que tenía en el cuerpo. Luego me metió el dedo en la boca.

– ¡Límpiame el dedo y cuando lo hayas hecho túmbate en el suelo, cornudo!

Ya sabía lo que venía a continuación. Claudia estaba excitada y se iba a sentar en mi cara hasta que se corriera. Efectivamente así lo hizo, se remangó la falda y apartándose las braguitas fue bajando hasta plantarme el coño en la boca. La imagen de sus medias desgarradas me encantaron.

Claudia se frotó contra mi cabalgándome la boca, tenía el coñito empapado y no iba a tardar mucho en correrse. Sin embargo hizo algo que me sorprendió muchísimo. Sentí que recogía parte del semen que todavía tenía yo en mi estómago o eso me parecía desde mi posición. Entonces como pude miré hacia arriba y Claudia se estaba metiendo el dedo en la boca. ¿Estaba probando mi corrida?. ¡No me lo podía creer!. Me acordé de Víctor, me había confesado que ya había conseguido correrse dentro de la boca de Claudia, e incluso en su cara y ahora mi mujer al borde del orgasmo quería volver a sentir esa sensación pastosa que te deja el semen por toda la boca. Tenía que ser eso. El orgasmo la llegó de repente saboreando mi leche.

– Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, dijo limpiándome un poco mas y metiéndose ahora dos dedos en la boca mientras se corría.

Se quitó de encima de mi y se tumbó a mi lado, no quise comentar nada de lo que acababa de hacer, pero prácticamente me había limpiado por completo la corrida. No quedaba ni rastro de ella.

Ahora lo siguiente era volver a verse a solas con Víctor dentro de 10 días. Algo rápido, viajar por la tarde-noche, follar y volver a casa conmigo y las niñas al día siguiente por la mañana.

Claudia estaba ya desatada.

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